martes, 30 de marzo de 2010

Día del padre y más cosas

He estado muchos días perdida... voy a hacer un mini-resumen de lo que ha pasado.
Y bueno. El viernes 19, día del padre, hicimos una pequeña fiesta a los tres papás de la casa. ¡¡¡Tres papás!!! Porque este año mi hermano también fue festejado y abrazado con todas las de la ley.
Nuestro festejo fue en la casa de mis padres. Una comida maravillosa, de esas que prepara mi madre (su otra vocación: chef), tarta de pisos, chocolates para todos.
Así estamos la mitad de la familia... gorditos. Bueno, todos los que tenemos buen diente.  :-)
A Papá Conejo le sobraron los abrazos. La pequeña, desde muy temprano llenó de besos a su padre y trajo una de sus creaciones artísticas; la mayor, aunque despertó más tarde, fue abrir los ojos y buscarle. No hubo más regalos... sólo besos y cariño. Pero es lo más importante.

Decidimos irnos al pueblo. Tenemos un hogar en tierras extremeñas; lo compramos antes de que nazca Piojilla y vamos de vez en cuando. Fue un viaje de ida y vuelta muy rápido y no hubo tiempo a nada. Me quedé con ganas de seguir allí unos días, así que no descarto que nos vayamos de nuevo por semana santa.
Al volver a Madrid se me ocurrió desviarnos del camino. Le pedí a Papá Conejo que entrase hacia los Ibores, las tierras que me vieron crecer en los primeros años de mi vida.

No había vuelto en casi chorrocientos años. Cuando empezamos la ruta hacia el pueblito pequeño - 300 habitantes, si llega- me palpitaba el corazón muy fuerte. Recordaba los sabores y los olores de la tierra. El río querido, los quesos recién hechos, los jamones colgando. Yo tenía entonces la edad de mi piojilla y lo recuerdo todo. Las casas, la gente, el verdor del campo, el calor del veranito, la nieve cuando hacía frío, el sonido del viento, los colores de la tarde.
Recuerdo que mi madre me mandaba a comprar a la única mini-tienda que había, y yo iba en "mi bici" por las cuatro calles de entonces, saludando a unos, deteniendome en cada casa, probando los manjares que cada vecina invitaba.

Fue mi época Heidi. Vi nacer vacas y pollitos, ayudé a hacer queso, recogí mil flores, hice casas de piedritas, bebí agua en vaso de barro (sabe a lluvia), hice pan, jugué con ovejas... creo sinceramente que cada niño debería tener la oportunidad de vivir así al menos en los primeros años de su vida. Disfrutar al 100% de la naturaleza y ser libre como pájaro.
Recordaba todo y me me emocioné muchísimo. Aún más cuando me encontré con aquellos vecinos memorables y para mi sorpresa, me recordaban también.


Dejo aquí unas fotos del momento en que mi corazón saltó 29 años y me hice niña otra vez...  :-)

sábado, 13 de marzo de 2010

Seis cosas sobre mí...

Mi amiga Maite, queridísima integrante de las 8 grandes y bloguera en "adivina cuánto te quiero", me ha propuesto un reto. Se trata de explicar seis cosas sobre mí e ilustrarlas con una imagen. Después, proponerlo a seis personas más. (ese sí es un reto!!)

Allá voyyyyyyyyy!
1.- Me encanta cocinar  Sí.... aunque tengo que reconocer que cada día es un reto personal porque nunca sé "qué hacer para mañana". Pero si es que hasta me compro libros de cocina de esos con fotos y todo!!  Sólo que al final siempre doy a mi familia cosas de mi propia creación. No porque sea muy imaginativa o una gran chef, sino porque empiezo a cocinar sin saber qué va a salir. Lo hago en función de lo que hay, en función de lo que quieren todos, de lo que odian o lo que les gusta. No guiso nada que vaya a disgustarles: siempre hago cosas "favoritas".

Cuando tengo periodos "ordenados", pues hago menús para la semana, pero luego siempre se desordena por alguna razón o alguien tiene un antojo diferente. Intento hacer felices a todos. Mis instrumentos imprescindibles: Un picador/minipimer, dos ollas preferidas, dos cucharas de palo y un pelador viejo.

La cocina es Mi territorio. En cambio, las demás labores domésticas no son mi fuerte. Odio sacar la ropa de la lavadora y tenderla. Jamás plancho... Eso es labor de papá Conejo al que parece molarle doblar calcetines.

2.- Tengo el vicio de estudiar

Si tuviera dinero y más tiempo, no podría dejar de hacer cursos, ir a seminarios, congresos y demás escuelitas. Me encanta. Podría vivir "yendo al cole" porque no me cansa. Lástima que no pueda pagar todo lo que me gustaría hacer, ni tenga tiempo para asistir a todo lo que me llama la atención.
De pequeña, leía bajo la manta con una linternita... nada, que soy como Lisa Simpson. No tengo remedio.

Lo último que hice fue un Técnico Superior en Puericultura (que no tiene nada que ver con escuelas infantiles, sino con crianza) y quería hacer un curso en enfoque de género, pero resulto ser en Burgos y es imposible ir y volver en el día. Mis temas fetiche son la salud pública, maternidad, género, tercer sector y comunicación institucional. ¿Para qué? Realmente no es una cuestión de currículum, sino de ganas de saber. Pues veo que está todo relacionado y cada conocimiento nuevo me abre la mente; me permite entender mejor las cosas y me deja confirmar que el saber es tan grande que realmente sé una miseria.
¿Mis temas tabú? ...No me pida nadie que haga un problema de matemáticas, química o física. Huyo despavorida.
Otro de los temas tabú para estudiar es conducir...
(La imagen de irreverendos)

3.- No tengo carnet de conducir

Ayyyy es mi asignatura pendiente.
En la práctica, conduzco... bueno, conducía. Intenté hacerlo... Es que siempre he sido de "moto" y el coche no es algo que me atraiga demasiado.

Mi amadísimo Papá Conejo me exige, me solicita, me ruega, que me saque el carnet. Que me paga las clases, que me compra un coche para mi solita.... (ya lo tengo elegido y todo!! Un C1 Citroen, 4 puertas. Guapísimo)

Mmmmmmmmmmmmm. Me da pereza y me aburre muchísimo. Soy incapaz de memorizar nada.

He jurado que en abril doy el teórico (otra vez; y ya van tres con ésta). Todavía no he empezado a estudiar pero es que tampoco estudié para los otros y así me fue jijiji. Si apruebo, hacemos una fiesta. :-)
La imagen: Una señora surcoreana que reprobó 950 veces.  Me tienta romper su récord.

4.- No sé nadar

Pozi. Me ahogo hasta en un charco. Tengo una amiga que se ha propuesto enseñarme, pero yo no me atrevo.

La primera vez que llevé a Piojilla a clases de natación la profesora nos dijo a las mamás que nos metamos a la piscina con los niños. Todas las mamás saltaron a la piscina y yo las vi tan decididas que salté también. OOOOOOOOOOhhhh no hacía pie!!! Me hundí como una piedra.
La profesora me riñó: ¿Pero cómo no has dicho que no sabes nadar?

Además de haber pasado una de las mayores vergüenzas de mi vida por no haber dicho ni mu y tirarme tan hermosamente, fui salvada por piojillos de 3 años.

5.- Odio el ajo.
Con todas mis fuerzas. Y además me sienta fatal. Yo le digo a todo el mundo que soy alérgica... la verdad es que no puedo verlo ni en dibujito.
En casa cocino yo y no ha entrado un ajo nunca. Ni entrará.

Supongo que soy la reencarnación de drácula.
Por eso he puesto esta imagen. Seguro que es de alguno de mis antepasados. (Es del google y no logro identificar el autor, sorry)

6.- Soy fan de Trucco
Es una debilidad.
Generalmente no tengo preferencia por ninguna marca y voy contenta vestida de mercadillo, del chino, de segunda mano (vamos a decir Vintage, para que suene cool jijiji) o de la tienda del barrio. No me gustan las marcas-marcas. Así que es dificilísimo que se me vea en algo que supere los 20 euros. Eso sí... no puedo entrar en TRUCCO, porque me llevo hasta la dependienta.

(REZO: Por favor, que sean de fabricación responsable... todavía no lo he averiguado, pero creo que son bastante solidarios.)

Me gusta todo. Creo que el diseñador diseña para mí. Es ropa muy especial y no es una marca que guste a todo el mundo, tal vez por eso es tan "detectable" para otras truqueras como yo. Si veo a alguien con algo que me encante, seguramente que es de esa tienda. (Todo menos zapatos, que me alucinan los Camper, pero son prohibitivos para mi bolsillito). Sí... soy muy rara, lo sé.

En la imagen... ropitas guapas. De Trucco, of course.

Y fin. Ese ha sido mi post light del año... simplemente para que se pueda conocer un poco más de mí. Me he divertido mucho :-)  ¿Que os parezco?

Paso el testigo a Mimita.


viernes, 5 de marzo de 2010

Madre, hay más de una

Cuando hablo de crianza, parto, maternidad en general, tengo que lidiar mucho con comentarios como: "Claro, se nota que eres extrajera, aquí las cosas se hacen de otra manera". Y por eso me gusta mucho contestar a la pregunta del millón (del millón de veces que me lo han preguntado).
¿¿¿De dónde eres??? Pues les digo que soy de Madrid y me quedo tan contenta. Y que si quieren les enseño el DNI, porque para más inri nací en Argüelles; Distrito Moncloa. La gente se queda un poco cortada y tratan de excusar su prejuicio (mi acento, mi piel... delatan indefectiblemente mi origen) y tratan de encontrar la respuesta a ese raro deje sudamericano y a mi pelo negro y rizado, con preguntas más sutiles sobre mi procedencia.

Increíblemente, tengo una amiga de padres chinos -nacida en Sevilla y no es Usun- que se enfrenta a diario a los mismos cuestionamientos por tener ojos rasgados. Y una más, Austriaca casada con un español, a la que le han preguntado porqué lleva a su bebé metida en una bandolera... Y es que al final da igual de dónde seamos.

¿Culturas diferentes? No realmente. De hecho, dar la teta es una cuestión de supervivencia en muchos países. Llevar a los hijos cerca es inevitable cuando hay que trabajar sin descanso y colechar a veces es una cuestión de espacio en casa. Pero cuando se elige estas opciones porque así lo deseamos, seguimos teniendo que dar explicaciones de nuestras formas de criar en dependencia a nuestro pasaporte.

Estaba pensando en esto cuando me ha llegado este vídeo a través de Red Canguro. Lo quería compartir.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Congreso en Las Palmas

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo.
De hecho, son los únicos que lo han logrado”.

Margaret Mead


Alrededor de 1450 personas, de 34 países diferentes nos reunimos en la ciudad de Las Palmas este último fin de semana. Un poco de caos pero especialmente un cálido ambiente de fiesta fue el factor común en estos maravillosos 4 días. La temperatura, ideal. Nunca llegaron las tormentas anunciadas (o por lo menos, no las vi) y fue tanto así, que el viernes por la noche, tenía a mi acompañante de siempre- La Pioja Mayor- metida en el mar junto a otras amiguitas.

Estuve en ponencias muy buenas. Otras... menos. Y alguna de la que salí huyendo. Pero es mi apreciación personal, porque hubo gente que huyó de aquellas en las que yo me sentí como pez en el agua. En ponencias y talleres, se reunieron los grandes nombres del parto y la salud primal: Michel Odent, Sheila Kitzinger, Carlos González, Anthony Costello, Mario Merialdi, Marie Claire Busnel, Kertin Uvnas-Moberg, José Mª Paricio, María Jesús Blázquez, Luis Ruiz, Isabel Fernández del Castillo, Isabel Aler.... seguro me dejo a varios.

Faltó la voz de las mujeres. De las usuarias. Hubo mucha técnica, mucha ciencia de vanguardia... pero pocas emociones y poco descubrir que detrás de cada nacimiento hay una historia que contar. Protagonistas eran todos, menos quienes de verdad se convierten en madres o los hijos que han nacido. Tal vez por eso, muchas mujeres fueron "echadas" con sus hijos fuera de las salas; primero de forma discreta y luego abiertamente. Allí no cabían. Algo muy extraño en un Congreso en el que se habla de tratar con respeto a mujeres y niños.  

Desde mi punto de vista, la mejor intervención fue la de Anthony Costello, que contó de qué manera los grupos de madres, las reuniones entre iguales, estaban logrando bajar los índices de mortalidad materna, los de mortalidad perinatal y neonatal y especialmente los de depresión postparto. El estudio sale en Lancet en marzo. No sé cómo fue la traducción (bastante mala en general), pero luego ningún medio de comunicación dio a conocer con exactitud el mensaje y pusieron cosas como "la mejora en la información baja los índices de mortalidad". Y ese no era el mensaje real.

Me encantó S. Kitzinger y su personalidad tan guerrera a pesar de los años. Fue emocionante conocerla y darle dos besos. Es una mujer que desprende energía.
Lo mejor fue poder ver, reconocer, besar, abrazar a todas aquellas caras queridas que llegaron al encuentro. Ver a sus hijos, reír, comer, charlar hasta lo interminable.

Alguien me dijo que era bastante irresponsable sacar a la niña del cole para llevarla a un congreso. No es la primera vez -desde luego, no será la última-  que me acompaña en estos andares. Me gusta llevarla y creo que disfruta de la libertad de sentirse entre gente querida, de conversar con mis amigas, de participar en las actividades para "grandes".  Dudo de que en 4 días de cole -tal vez ni siquiera en 4 años- pudiese aprender todo lo que estos viajes le aportan. Mi Pioja asiste en calidad de "hijita" pero alguna azafata nos puso pegas al entrar (está tan mayor!); finalmente entra y escucha. Comenta las idas y venidas, las conferencias, se autocuestiona y me pregunta. ¿Por qué hay una tela en la cesárea? ¿Entonces cómo va a ver nacer a su hijo? Me gustan tus amigas, mami. Qué dulce es Lucy. Qué divertida es Marta. He cuidado mucho a Anna... Ángela me ha dicho que me queda muy bien el bebé. Las hijas de Isabel son estupendas, me caen genial.
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Las cosas cambian, lentamente. Nuestra generación todavía contempla asombrada (y la anterior, a veces indignada) de qué forma luchamos por nuestro derecho al buen parir. En muchas ocasiones, pierdo la esperanza y siento que todo esto es arar en el mar; que nuestra lucha es apenas nada y que nuestras voces casi no se oyen.  Pero de repente escucho a Michel Odent dando las gracias a las mujeres por ser el motor del cambio. Escucho a Costello decir que las charlas entre mujeres son el bálsamo que repara las heridas y salva personas.  Escucho a Rosa Zaragoza cantar su rumba de las madres y a la gente bailar y cantar con ella.

Con el rabillo del ojo, veo a mi hija llorar emocionada. Siento que ya es parte de todo esto. Que su generación lo tendrá más fácil... que parirá como una diosa. Me mira y se seca las lágrimas. Sonríe y comenta bajito: "Es que me ha tocado lo que han dicho". Mi amor de madre se desborda cuando me dice: ¿Sabes mamá? quiero me traigas siempre.

Cinco

Mi pequeño. Mi dulce amor, bebé hecho de dulce y besos de azúcar. Cinco años que han volado y casi no puedo creerlo. Como si hubiera sido...