lunes, 19 de julio de 2010

Felices para siempre...

Y se casaron, tuvieron hijitos y fueron felices para siempre.
¿El final de la historia? O más bien el principio de todo?  Muchas veces llegan a casa papás y mamás desbordados que no saben explicar porqué después de aquel final de sueño: casa bonita, boda hermosa, bebé en los brazos... no logran acomodarse al nuevo status, añoran su "vida pasada", sienten que "todo esto" les supera. 

¿Qué pasa? ¿Nos sentimos engañados? ¿No era cómo nos lo habían contado? En qué momento creímos que nuestra vida sería tan vaporosa como aquellas que salen en las revistas, con niños inmaculados, casas perfectas, maridos entrañables, mujeres bellas y dispuestas? Y ahora, de repente tenemos un niño que llora, un marido enfadado, una mujer agotada, la cena fría y los platos sucios. Qué timo. Vamos, que si fuera como ir al cine, devolveríamos las entradas.

Ir al cine es siempre una experiencia cuando llevo a Piojilla. Para ella, la aventura es casi igual que ir a Disneylandia. Realizamos una serie de rituales antes de ir, llenar la botella de agua, sacar unos pañuelitos por si lloramos, hacer pis antes de salir... y luego allí, entregar las entradas, comprar palomitas (¿porqué las palomitas del cine están tan buenas?), buscar un sitio cómodo y esperar la función. Piojilla mira todo con ojos alucinados. Le impacta la oscuridad, el silencio de todos, el tamaño de las imágenes, las voces, los colores...

Esta vez hemos ido a ver la última parte de la película Shrek y me ha encantado. Se la recomiendo especialmente a los papás de hijos pequeños. Trata exactamente de esto. De cómo después del "fueron felices", la historia continúa y Shrek tiene una vida real, como la de todos. Le supera, se siente estafado y ansía volver a ser el de antes al menos por un día. De esa forma hace un pacto con el malo de la peli, con todas sus consecuencias.

Como no quiero reventar el resto de la cinta, para quien no la haya visto que deje de leer aquí.
Porque el final es que, como siempre, todo se soluciona. El mensaje es claro: la felicidad es tener con quien compartir la vida. Se fabrica con los pequeños detalles, con las sonrisas del día, con la salud de todos, con ver jugar a nuestros hijos y comérnoslos a besos. Se construye con las piedritas que nos encontramos en los zapatos de los niños, con la flor que nos regalan, con las mariposas que ven.
Ser feliz es un estado de ánimo pasajero y dulce; por eso debemos saborear el instante y mezclarlo con la rutina diaria y los pequeños amargores del día. No se trata de acumular riquezas, sino de tener cuatro cosas y poder compartirlas.
Ser feliz es que en media película, Piojilla me diga en un susurro: Mamá, ¿a que nos la estamos pasando fenomenal?




jueves, 8 de julio de 2010

Pioja vuela

Pioja acaba de embarcar el avión sola. Vuela rumbo a Alemania por vacaciones, a visitar a Piojen y su familia. Es un viaje corto que hemos planificado con ilusión todo el año y que hasta última hora nos ha tenido ocupadas:, guardando lo que llevará, sacando lo que no llevará, pesando la maleta una y otra vez... No es su primera vez lejos de casa, pero es la primera vez que se va así, en un viaje que ella ha planeado "como mayor".

Tal vez parezca una tontería, pero estoy un poco rara. Siento muchas cosas...  una mezcla de nervios y alegría; como cuando la dejé por primera vez en el colegio, como el día en que nació y le cortaron el cordón. Cada día da un paso hacia la madurez, hacia el ser adulto que será en unos años. Y hoy ha volado... pero no sólo hacia otro país, sino también lejos de mis brazos.

En el camino del aeropuerto a casa pregunté a Papá Conejo:
- ¿No tienes miedo?
- ¿Miedo a qué? me respondió.
- No sé, a que haga alguna tontería de adolescente estando lejos.
- No. Para nada. Pioja es una niña muy centrada...

Y es verdad. No es sólo la visión que tiene su padre. Con casi 15 años, Pioja es una niña tranquila, cariñosa, con las cosas muy claras. Contestataria como todo adolescente, pero buena en todos los sentidos. Para ciertas cosas, todavía es una niña pequeña que busca refugio y luego en otras me sorprende defendiendo sus ideas a rabiar, analizando lo injusto, opinando de "cómo va el mundo".

Los años pasan muy rápido. No da tiempo a darles todas las armas, a darles todos los consejos, a salvarles de todos los peligros; a ponerse delante de las balas que, en algún momento de su vida, tendrán que esquivar. El tiempo pasa sin pena y nos deja huellas y canas... Ver a los niños crecer es la forma que tiene la vida de hacerte ver que no hay tiempo. Que se te escapan de las manos, que crecen y vuelan con sus propias alas.

No da tiempo. Y así, de repente, como si no hubiera pasado más de un segundo desde que atravesó mi cuerpo para tener su propia vida, hoy le he visto cruzar el control de seguridad antes del embarque. Con su bolsito negro y su pasaporte en la mano; más alta que yo, hermosa y feliz. No me ha dado tiempo a cursilerías de madre antes de verla desaparecer entre la multitud.  Sonriendo, nos ha mirado por última vez y nos ha dicho ¡¡adiós!!

jueves, 1 de julio de 2010

Saltar al vacío


A veces hay que saltar. 
A veces hay que cerrar los ojos y dar el paso siguiente; arriesgando, jugándose todo. 
Hoy, he saltado. Todavía tengo vértigo por los días que vendrán, pero al mismo tiempo el corazón me rebalsa de alegría ante la nueva vida que empieza. He saltado. Sin ver... pero con la certeza de hacer lo correcto.
Mi último post resumía un poco mi estado de ánimo. Pues bien.... hoy, después de años en un gran despacho, he renunciado. Ha sido una decisión meditada, pero en la que no había forma de "perderse". Hacía mucho que quería irme y volcar mis energías en los proyectos personales, tantas veces aplazados por la comodidad de tener un sueldo seguro y un trabajo fijo. Pero no se pueden posponer las ilusiones definitivamente. Es dañino para la salud y para el alma.
¿Y qué haré? Quiero dedicarme más a mi familia, a mis grupos de mujeres, a comunicar, a transmitir. Esa es la vida que me llena y que me hace feliz.
Nadie podría decir que soy la misma que hace 20 años soñaba con trabajar un día en una gran empresa... ser alguien "importante" y tomar decisiones "importantes". Pues bien. Ahora que soy una mujer me doy cuenta de que no hay empresa más importante que mi vida al lado de los que amo. Y que mis decisiones no son sólo importantes, sino vitales en el seno de mi familia.
Por eso he saltado. Porque como dice muy bien la publicidad: "hay cosas que el dinero no puede comprar"...

:-)

En la foto, la última escena deThelma & Louis, dos mujeres que prefirieron morir antes que perder su libertad

- Thelma: ¡Oye Louise! No nos dejemos coger.
- Louise: ¿Qué quieres decir?
- Thelma: ¡Continuemos avanzando!
- Louise: ¿Es decir?
- Thelma, indicando la dirección del Gran Cañón: ¡Vamos!
- Louise, esbozando una sonrisa: ¿Estás segura?
- Thelma: ¡Sí, hazlo!

http://es.wikipedia.org/wiki/Thelma_y_Louise

Niños

Cuando nos enteramos de que habían atentado en Barcelona, mi hija mayor y yo estábamos en una zona igual de concurrida y turística, pero e...