viernes, 25 de febrero de 2011

Cinco

A mis mamás de Entre Mamás,
y a todas las que me ofrecen un pedacito de su vida



Hace dos días regresaba a casa muy tarde, después de haberme reunido con otras mujeres que están en la búsqueda de un parto respetado. En ese andar, tuve tiempo de reflexionar y de responder a mi propia pregunta ¿Por qué hago esto? ¿Por qué vuelvo a casa a estas horas sin ningún remordimiento?
Éste es mi objetivo vital. Aquí lo explico.
 

La maternidad te cambia. Cada maternidad te cambia. 

Cuando nació mi primera hija, desperté a un mundo nuevo. Abrí los ojos a la aventura de ser madre. Lo hice de forma instintiva y fui aprendiendo, investigando, recolectando conocimientos, consejos, lecturas... en mi propio beneficio. Sólo importaba mi bebé. Mi mundo era pequeño.

Pensaba que con eso bastaba. Me sentía responsable de aprender y de ser "buena madre" para ella. Y así, fui altiva con otras madres, pensando que seguramente yo lo hacía mejor que todas porque leía e intentaba tener una maternidad consciente.

Mi hija mayor me dio la luz para seguir ese camino y fue relativamente fácil criarla. De forma institiva la estreché en mi pecho y caminé, prácticamente sin problemas ni obstáculos. El camino fue llano. Aún ahora, lo es.  

Por eso, cuando se anunció Piojilla yo iba de lista por la vida. Pensando en el maravilloso parto que tendría porque era una mujer informada. Juzgando a otras madres ("pobres... que no lo ven") por querer partos medicalizados, por vivir crianzas tradicionales.

Y entonces, llegó ella. Barrió con todos mis esquemas; destrozó el "saber" que había acumulado durante los años previos.  Me llené de miedos y de dudas.

Su sola llegada al mundo fue una lección de humildad.  Piojilla no nació en un parto bonito. Lloré -todavía lloro- el parto que no fue y el nacimiento que no pude darle. Aunque ya no me culpe, es una herida que duele y queda

Y pasaron los días. Y la lactancia se hizo dura y frustrante. No me valía todo lo que sabía; me sentí sola. Mis creencias, mi filosofía de vida, la confianza en mi capacidad maternal se vieron amenazadas una y otra vez por el sistema. Nada encajaba.  

Así que volví a hacer búsquedas desesperadas tratando de encontrar madres comprensivas. Comencé a dedicar mi tiempo a asistir a grupos de mujeres  maravillosas y conocí gente extraordinaria que supo darme consuelo y me ayudó a dar respuestas a mis fracasos. Las encontré. Piojilla fue mi guía.

Han pasado cinco años. A cada paso que doy, Piojilla me da una lección de vida. No me ofrece la maternidad dulce y serena que me regala mi otra hija.

Hace temblar mis teorías, me enseña a diario que nada es blanco o negro.
Con su presencia pequeñita me ha ayudado a bajar la cabeza y aceptar que no lo sé todo, que queda un mundo por descubrir. Y a ofrecer a otras madres aquello que hoy conozco.

Piojilla me ha permitido echar el ancla y entender el verdadero sentido de criar en el apego. Me deja cuestionarme y mirar mi interior una y otra vez para encontrar la respuesta. Me prepara para callar cuando debo, para no juzgar cuando no comparto las decisiones de otras madres; para seguir leyendo, aprendiendo, ofreciendo lo aprendido; para amar, siempre.

Hoy he brindado por ella. Por volver a casa a las 10 de la noche satisfecha y plena de sentirme útil. Por estar reunida a diario con mis mamás queridas y sentir su abrazo, besar a sus hijos, compartir su vida.

Porque sé, que si mi hijita no hubiese llegado como llegó, aquella mañana de invierno... si no hubiese sido todo tan difícil como fue, mi vida sería otra y yo no estaría aquí.

Feliz cumpleaños amor mío.

viernes, 4 de febrero de 2011

¿Incita Dodot a cometer actos ilegales?

Muy fuerte. Leo esta página de Dodot:


y me quedo alucinada. ¿Cómo dijo que dijo?

Desde este blog, me gustaría recordar que:

El castigo físico incumple tres de los cuatro pilares de la legislación de la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989: el interés superior del niño, su derecho a la supervivencia y al desarrollo, y el derecho a que sea respetado su punto de vista. El artículo 19 de la Convención reclama a los Estados a tomar medidas "para proteger a los niños y niñas de cualquier forma de violencia física y mental". El comité, que supervisa el cumplimiento de la Convención en todo el mundo, formuló en 1995 una recomendación para "prohibir el castigo físico a los niños y niñas en la familia". (1)

En España, con la ratificación de la Convención en 1990, el Código Penal sanciona explícitamente todo tipo de violencia ejercida contra los niños y niñas. Se considera que el castigo físico no es legal. El último resquicio que quedaba en el código civil, fue cambiado a partir de la ley de adopción. (2)

Este artículo, 154 del Código Civil, permitía que los padres o tutores "corrigieran" moderadamente a los hijos. A partir de ahora dice, en cambio, que éstos deben "respetar su integridad física y psicológica".(2)

Pues eso señores. ¡Que están incitando a cometer delitos!

Fuentes:

(1) Guía infantil - Legislación contra el castigo físico
(2) El País - El bofetón queda fuera de la ley

jueves, 3 de febrero de 2011

Curiosidad por la muerte

Piojilla se muestra interesada por la muerte. Desde hace unos meses, y después de que falleciera el abuelo, nos ha hecho un montón de preguntas acerca de lo que significa morir y a dónde vamos.

No estamos muertos. Dice de repente. O "¿se va a morir?", cuando ve a alguien muy viejito o enfermo. No tiene todavía una idea exacta de lo que significa no vivir más, no existir.

Y sin embargo le inquieta.

Una noche vio una imagen en la televisión e intenté cambiarla antes de que pueda verla. Intento fallido. Me pidió que pusiera el mismo canal y no tuve más remedio que hacerlo; no quiero ocultar a mis hijas nada que de todas formas verán y de las que puedo explicar algo si estoy presente.

Era una escena de hospital en la que un hombre se despedía de su hijo y moría.

-Ha muerto? pregunta.
-Sí. Le digo yo.
-Y ahora ¿dónde está?

La pregunta me tomó por sorpresa, porque no sabía a qué se refería. Así que contesté torpemente "pues ahí... no le ves? está en la cama.

Y ella insiste: ¡¡Noooo!! ¿¿¿DÓNDE ESTÁ???

Entendí que se refería a su "ser". Que había dividido en su cabecita pequeña, sin que nadie le dijese nada, la idea de un ser corpóreo y otro... espiritual? o volátil... o algo.

Qué difícil. Qué difícil contestar a algo que no sabes y que no admite un "no sé" por respuesta.

- "Pues no lo sé... tal vez está por ahí, volando un rato" le dije, sin saber si estaba bien o no mi respuesta; si estaba libre de mis propios adoctrinamientos subconscientes o de verdad me creía que el espíritu salió volando.

Evité hablar de cielos (no creo en los infiernos, así que si hay que creer en algo, que todo sea bonito), que es la típica respuesta que se da a los niños cuando muere alguien, porque no quiero criar en el temor de ser "bueno" o "malo" (¿y según la vara de quién?).

Así que quedó coja mi respuesta, a falta de más sustancia y de una mejor explicación.

Pero fue todavía más difícil contestar a la curiosidad por su propia muerte. Fue duro porque me obliga a reconocer que el final nos llegará a todos; incluso a ella, algún día.

- ¿Me voy a morir un día, mamá?
- Pues... un día, todos moriremos; sí.
- Y yo?
- Pues sí hijita, también...
- Y ¿cuándo?
Trago saliva. No puedo ni imaginármelo. Ni quiero. Creo que ni siquiera debo.
- Pues eso nunca se sabe Pioji…
Callo y espero. Ya no pregunta nada.

Tabú invencible y doloroso. La muerte. No puedo contestar más a sus preguntas sin cuestionarme yo misma. No sé hacerlo. No sé a dónde vamos, si vamos a algún sitio...

¿Lo sabe alguien con certeza?



El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...