miércoles, 24 de agosto de 2011

Las otras madres

Quiero dedicar este post a la mamá de Guzmán,
con infinita admiración

Se anuncia el positivo y empieza una verdadera ruleta rusa de emociones. Meses de vértigo, ilusión y cientos de pequeños miedos. Miedo al dolor, a que el hijito no sea tan guapo como esperamos, a que algo no salga bien... Parece ser que los ocho primeros meses pasan volando y el último se detiene. Cada día es eterno y el bebé se hace esperar.  Pero el bebé nace. Es perfecto.

Muy pocas veces las madres pensamos en el siguiente día después del parto. No hay por qué. Todo ha salido bien, tenemos el hijo deseado. Es hermoso y está sano. Aunque estemos heridas y hayamos pasado un parto traumático, el milagro de la vida es nuestro. Le tenemos cerca y está bien.



No nos detenemos a pensar en el futuro porque no tiene sentido. Vivimos sin temor y sin reparar en que cada día es un regalo. Y de repente un día... la estadística nos marca. Nuestro hijo enferma. ¿Por qué a nosotros? (aunque la pregunta debería ser, y por qué no?)

Qué difícil es hablar de un tema doloroso que vemos desde lejos, pasando de puntillas para que no nos roce.  El cáncer infantil y el día a día de sus madres. Lo que no se ve, no existe, dirían los avestruces.

¿Podemos imaginar cómo es un día  para una mamá en esta situación? ¿Qué pasa por su mente? Imposible ser empático sin sufrir.
Tengo presente que la enfermedad -el cáncer o cualquier otra- nos puede elegir en cualquier momento; a cualquiera. No hace ditinciones ni discrimina realmente.  Para la enfermedad somos números. Tú no, tú sí...  El pensar "esto no puede sucedernos" es una ilusión.

Viví de muy cerca el cáncer infantil en mi propia familia. No fue una historia feliz. Este hecho marcó mi embarazo y mi primer año de experiencia como mamá. Por eso, cuando hace unos días mi amigo Eric me envío un enlace a su causa particular, me emocioné y le prometí que hablaría de ello en este espacio.

El cáncer tiene mil caras. Y a su vez, sé que específicamente el cáncer en la sangre puede tener muchas variantes. Y que no hay cura para todas. Que cada día se hacen nuevos estudios y se prueban nuevas técnicas de curación.  Que podemos hacer algo: Donar. Convertirse en donante de médula, o donar dinero o donar tiempo. Hablar sobre ello, involucrarse activamente de alguna forma. Hay muchas maneras de comprometerse con esta causa.

Hoy quiero dedicar este post a esas mamás. Las otras madres... las que no tienen dos días iguales. Las que descansan poco y mal, vigilando el sueño de esos niños que no duermen en casa. Admiro a las otras madres (y a los padres), las que viven en hospitales y aún así sonríen a sus pequeños. Tienen esperanza siempre y se cambiarían sin dudar por los hijos que cuidan. Admiro su fortaleza porque creo que yo no la tendría. Qué fácil es mirar todo desde este lado del espejo...

Tú no, tú sí, tú no, tú sí. Nunca se sabe. Quisiera no tener que pasar por la experiencia nunca. Pero si un día me tocase, quisiera que hubiese gente suficientemente generosa. Por eso quiero hacer algo además de escribir este post. Voy a hacerlo. Os animo a que lo hagáis.  



Para saber más:




Fundación Josep Carreras contra la leucemia
http://www.fcarreras.org/es/


domingo, 21 de agosto de 2011

Dulces dieciséis

A las 7.30 de la mañana entré en la sala de partos sin todavía imaginar que faltaban quince minutos para verte. Pensaba que estaría allí toda la mañana, pujando, pujando... y que nacerías a medio día, tal y como pronosticó mi madre.

Fui la última en darme cuenta de que llegabas YA. Había tanta paz en mi escenario... Nadie parecía estresado, nadie gritaba ni me decían qué hacer. Sólo expectación y la voz: puja cuando tengas ganas. 
Los primeros dos pujos fueron extraños. Una sensación de bienestar me inundó tanto que hasta me avergoncé. Y sólo cuando el médico anunció que el tercer pujo era el definitivo, caí del guindo: Nacías ya!!!

No dolió nada. No dolió nunca. Fue enormemente placentero... igual que lo fue criarte. Siempre tan dulce y cariñosa. Miré el reloj que teníamos en la sala: Acababas de llegar al mundo y estabas sobre mi pecho, eran las 7:45 de la mañana.

No dolió nada. No dolió nunca. Y sin embargo tu nacimiento fue como hacerse un tatuaje de por vida: MADRE. En madre me convertiste aquel domingo de sol.

Y de repente han pasado dieciséis años...! 


Ayer Papá Conejo y yo hicimos malabarismos para que no te dieras cuenta de la sorpresa que te esperaba en casa. No lo hablamos, pero ambos sabíamos que ésta, era tu fiesta. Y que nosotros... por primera vez no estaríamos en ella porque no pegábamos en una reunión de adolescentes.

Así que calladitos y cómplices, papá y yo nos fuimos a ver la tele, exiliados del jolgorio pero satisfechos de haber logrado reunir unos amigos para ti. Lo sabíamos desde siempre. Un día te nos escaparás de verdad.

Parirte no dolió nada. Criarte no dolió nunca. Y anoche, mientras recogía lo que quedaba de tu fiesta de cumpleaños, recordé cada momento; revisé cada recuerdo. Y esa imagen de bebita recién nacida no concuerda con la mujer que eres hoy. Duele hija, sentirte tan mayor y no poder detener el tiempo... pero también me alegra verte y saber, que a pesar de todos los errores que pude cometer mientras creciste, eres lo que siempre soñe: una jovencita juiciosa, sana, alegre y feliz.

Es tarde. Suena tu música desde lejos y cierro la puerta de mi habitación. Te escucho cantar y reir. Yo todavía puedo oler el momento de tu nacimiento y no sé dónde se han ido los años. ¿En qué momento te has hecho mujer?  El orgullo me invade y mis ojos se nublan. Te vas a comer el mundo; lo sé.

Felices dulces dieciséis.

martes, 9 de agosto de 2011

Feliz no-cumpleaños

Con amor, a mi mamá, por su complicidad de siempre

Cumplo años en junio. Recuerdo que cuando tenía unos 7 años se me ocurrió la brillante idea de celebrarlo... en septiembre. 

Me vino esta idea porque buscando tesoros entre las cosas olvidadas, encontré unas viejas tarjetas navideñas en blanco; muchas... y pensé durante un buen rato ¿qué podría hacer con ellas?
Así que mi mente infantil rápidamente le encontró un uso. Serían las invitaciones a mi cumpleaños. ¿Qué más daba si estábamos en septiembre?
Ni corta ni perezosa, sin pedir permiso a nadie y sin contar a nadie mi proyecto fiestero, rellené una a una las tarjetitas con mi tierna letra de segundo de primaria.

"Te invito a mi cumple en tal fecha. Lugar... Calle tal pascual. Piso tal."

Entregué a cada niña de mi clase una tarjetita y se me olvidó por completo el asunto.
El día señalado, a la hora debida, sonó el timbre. Abrió mi madre y yo estaba muy ocupada jugando en mi habitación. Le sorprendió muchísimo encontrar del otro lado de la puerta a una niña "invitada" que llegaba con su regalito en una mano y su mamá en la otra. No dijo ni mu.

Y vale, ya estando allí... pues les hizo pasar. Me llamó y yo salí tan contenta, vestida de andar por casa, sin acordarme de que era mi cumpleaños y de que venían a mi fiesta. Y sonó el timbre otra vez, y otra y otra.

Mi mamá tardó dos invitados más en comprender que había una fiesta organizada y que teníamos POCO o NADA que invitar a los recién llegados. Rápidamente armó el salón en disposición "fiesta" y se puso a preparar una tarta o algo que se le asemeje. Mandó a comprar unos refrescos y alguna chuchería.

Tuve mi fiesta. Mi madre jamás me puso en evidencia delante de mis amiguitas y yo recuerdo hoy ese episodio con todo el amor del mundo.

Luego, ya recogiendo lo que quedaba de mi súper idea, me explicó que no se podía dar una fiesta sin avisar a los papás y que la próxima vez que se me ocurriera algo así, se lo preguntara previamente. Nada más. No fui regañada ni castigada por ello.
.............


El sábado celebramos el segundo cumpleaños de mi sobrino. Piojilla estuvo muy atenta a todo el movimiento que ello originó. Globos, tarta, chuches, piñata...  miraba con cierto recelo todo el alboroto y los preparativos. Y entonces, muy bajito, en secreto, me dijo:

- ¿Mamá, a que hoy también es mi cumple?
- No hijita, hoy no es tu cumple... tu eres de febrero - le dije
- ¿Pero a que lo podemos celebrar también?

Me quedé un ratito callada... y por un momento pensé en decirle que no. Que su cumple ya había pasado y que ya lo celebramos en su día. Pero entonces recordé la historia de mi cumpleaños inventado y como mi madre fabricó de la nada una fiesta en la que fui feliz.

- Claro que sí cariño. ¿Pero qué te parece mañana?
- Vale!

Y entonces ella, muy feliz sacó de quién sabe donde, los platos, vasos y adornos que habían sobrado de su cumple celebrado en febrero. Y el domingo, con todos nosotros cantando el cumpleaños feliz, tuvo tarta, sopló las velas otra vez y pidió un deseo.

Cierro este post dando las gracias a Piojilla por esta lección. A veces hace falta que un niño nos recuerde que la felicidad está hecha de estas pequeñas cosas...  te quiero mi amor.

jueves, 4 de agosto de 2011

Historia de pises eternos

Escribo este post a raíz de los correos de algunas mamás que preguntan qué deben hacer para que sus hijitos puedan dejar el pañal de forma respetuosa.  Comienza agosto, y con este mes, la oportunidad de dejar el pañal a marchas forzadas parece ser la meta de todos. Y no es que las madres se empeñen en que sus hijos vayan más rápido, sean más independientes y se vayan pronto de casa. Es que la presión es externa.

¿Qué pasa?  Es todo tan simple que tal vez por eso parece invisible. Por un lado, en España se escolariza muy pronto. Muchísimas madres se ven obligadas por las circunstancias a dejar a sus pequeños en la guardería desde los 4 meses e introducirlos en un sistema ajeno a su habitat. Hay quienes pueden darse "el lujo" de esperar un poco más, de renunciar a su puesto de trabajo, de pedir una excedencia o de reincorporarse con una jornada flexible o reducida. Lamentablemente, son pocas...

Pero de forma impepinable, un día el bebé dejará de serlo y cumplirá 3 años. O será ese "su año" y aunque el niño sea de últimos de diciembre y hasta entonces no cumpla 3, será inscrito en una escuela infantil junto a todos los "tresañeros" de la clase, so pena de quedarse sin plaza el año siguiente.  No hay nadie que cambie pañales allí. Y en el mejor de los casos, son los padres los que deben poner unos billetes para pagar entre todos a alguien que pueda hacerse cargo del tema.

Todos los psicólogos, estudiosos y webs que se respeten, apuntan a que el control de esfinteres es un proceso madurativo y que, como tal, llegará a su debido momento. Por ello, hay niños que controlan primero y otros después; igual que andar, escribir, hablar...  POCOS DUDAN YA DE ELLO.

Por otro lado, si preguntamos a nuestro alrededor, parece ser que todos los niños "controlan" el pis... Todos, menos el nuestro. ¿Existe una especie de complot nacional para mentir al unísono?


Mi experiencia

Mi Pioja mayor decidió que no quería usar más pañal poco antes de cumplir los dos años. Recuerdo perseguirla por todos los rincones con el pañal en la mano y el ruego, de ponérselos. Pero no había manera. Se los arrancaba. Y tuve que tirar muchos pañales destruídos sin usar. Se hizo pis sólo en dos ocasiones. Una de ellas, cuando en el primer día de aquella guardería en la que pretendía dejarla dos horas por la mañana, nadie le hizo caso cuando pidió hacer pis. Y se hizo encima... pero además, me esperaron con la niña completamente mojada. Ella, que sólo asistió ese primer y único día, todavía recuerda ese episodio. Con seguridad que la dueña de la guardería también.
Entonces no me preocupaba por pises ni tenía a nadie de referencia que me pudiese decir lo "extraordinario" del caso. La verdad es que ni me inmuté y no me pareció ni mal ni bien. Es lo que tiene la juventud y la falta de experiencia.

Piojilla es un caso más "tipico". Dejó el pañal de día con un poco más de dos años. Para el pañal de noche no hay miras.
Como anécdota, contaré que este año Piojilla pasó tres días y dos noches en la granja. Mojó la cama las dos noches y le importó un pimiento. Su profesora, amorosa y dedicada, nos envío previamente un papelito en el que nos pedía más mudas y pañales para todos los niños que todavía no controlasen. Ella fue la que en persona cambió a mi hija de ropita; a la mía y a otros cuatro que también se hicieron pis. Piojilla tiene 5 años.

¿Me preocupa? En absoluto. Mi madre me cuenta que yo me hice pis hasta por lo menos los 5 y medio... de día y de noche. Yo no recuerdo que me hayan regañado ni una sola vez por ello. Pero además, puedo respaldar mi no-preocupación con algo mucho más tangible y fiable que cualquier otra abrumadora evidencia científica: Las estanterías de los supermercados.


Hay pañales para todos los gustos
Foto: Drynites

Todas las compañías pañaleras tienen pañales de múltiples tallas. Creo que mi Piojilla (20 kilos aprox) usa una L y luego hay XL y las siguientes son braguitas de noche para un peso de 30 a no sé cuántos kilos. Qué mal negocio estarían haciendo sus fabricantes si no hubiera niños que los usaran... porque fijaros que no compramos pañales en tiendas especiales, están allí -mil marcas diferentes- a la vista de todos y en TODOS los supermercados. Y si no están, es porque se han agotado.


 producto para evitar fugas
Foto: pipistop

Así que se puede concluir que el culpable de esta tortura pisística no es otro que el sistema que hemos creado. Intolerante e irrespetuoso con su propia especie. Permitimos que nos absorba -no vaya a ser que nos quedemos fuera y nos vean como a perros verdes- y preferimos mentir a los vecinos, regañar a nuestros hijos, levantarlos a las 3 y a las 4 de la mañana, llevarles al psicólogo o peor aún, adiestrarles con verdaderos instrumentos de tortura para que dejen de mojar la cama.

¿De verdad vale la pena? 


Pd. Ninguna compañía pañalera ha patrocinado este post ;-)

Pd2. Se han usado estas fotos con afán ilustrativo y son propiedad de sus respectivas marcas.





Cinco

Mi pequeño. Mi dulce amor, bebé hecho de dulce y besos de azúcar. Cinco años que han volado y casi no puedo creerlo. Como si hubiera sido...