miércoles, 21 de septiembre de 2011

MONIGOTES DAÑINOS

Hoy presto mi muro a uno de los hombres de mi vida.
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MONIGOTES DAÑINOS

Empiezo por recordar una de las acepciones que tiene la palabra, según la RAE:

ÉTICA: Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana

A partir de esta definición quiero comentar y expresar con mucho respeto, al margen de la intencionalidad que puedan tener, la " FALTA DE ÉTICA" en la publicación de estos dibujos grotescos y de mal gusto.

Monigotes dañinos, tanto para la vista como para la dignidad, por el mensaje ofensivo que llevan y que, con mucha razón, han despertado la reacción en el colectivo de mujeres y la de  otras personas profesionales dentro de las que me incluyo.

Y mi protesta es mayor, por haberse permitido su publicación en una revista científica de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), entidad que debería velar y tener como objetivo el bien de la mujer en general.

No tendría que haber olvidado el autor que la mujer, (niña, adolescente, adulta o mayor), es el centro de nuestra especialidad. De quien aprendemos durante nuestra formación y a la que le debemos el ejercicio de nuestra profesión.

Sólo éste es ya un motivo más que suficiente para reservarle como gineco-obstetras, un lugar preferente, trato respetuoso, considerado y de admiración; es ella el eje sobre el que gira la maternidad y por ende la perpetuación de la especie humana.

Reconocer el error corresponde a personas nobles. Por ello, creo que lo mínimo que debería hacerse es retirar la publicación, dar explicaciones a las afectadas y hacer llegar, como corresponde, las disculpas del caso.


Jorge Pariente Leaño
Médico Ginecólogo


Viñeta de la SEGO

Las viñetas de la SEGO: Inadmisibles

No he podido escribir últimamente en el blog… y hoy, después de unos días de verdadera indignación, necesito echar fuera los demonios.

Soy hija de médicos. Mis padres han dedicado más de media vida al cuidado de las mujeres, sus embarazos y sus partos. Jamás (pero jamás de los jamases) les he escuchado bromear con ello y mucho menos burlarse de sus pacientes. He crecido viéndoles amar y respetar el milagro del nacimiento. Me han inculcado esa admiración desde siempre.

Por eso me parece inaudito que se pueda hacer chistes tan groseros, como los que ha publicado la SEGO en su gaceta electrónica.
Que estos dibujos existan no me produce tanto horror (finalmente hay gente desubicada y cruel en todas partes) como el hecho de que su Sociedad Científica –que se debe a las mujeres que atiende y de las que finalmente, vive- difunda, celebre y considere “humor” estos dibujitos de mala muerte.


Me preocupa que, por un lado, aquellos caducos y trasnochados médicos del siglo pasado, ejerzan la medicina y el poder al mismo tiempo. Que estas viñetas no sean más que un reflejo del verdadero sentir (y proceder) de aquellos a los que, no sin razón, hemos apodado GINESAURIOS.

Por otro, que aquellos que dicen sentirse comprometidos con las mujeres no hayan sido capaces de dar la voz de alarma. Que no hayan protestado o hecho visible esta infamia. Ojalá que el motivo sea porque nadie lea la susodicha gaceta.

Me preocupa que, en una sociedad médica en la que también se acogen mujeres, ninguna se haya sentido ofendida con las viñetas en cuestión. Que ninguna se “subleve” del machismo que acampa feliz entre tanta bata.

Han sido unos días largos. Ya varios medios han lanzado la noticia y se han pronunciado. A esta hora, se han hecho miles de descargas y se han cruzado miles de e-mails. Cientos de mujeres están indignadas al mismo tiempo, enviando cartas, rellenando formularios de queja….

Dentro de las respuestas a este tema, he recibido algunas sorpresas. Gente que yo pensaba que apoyaría la denuncia no sólo no lo ha hecho, sino que nos ha cuestionado y señalado como exageradas y dramáticas. Y también al revés: gente con la que yo no contaba, nos ha llamado indignada e incluso nos anima a denunciarlo ante la justicia.

Creo que queda muy claro que hacer visible este hecho no es un linchamiento público contra nadie. Los mismos dibujos en otro contexto hubieran merecido nuestro desprecio y tal vez una nota, pero nada más. Lo grave y lo que no se puede admitir bajo ninguna de las maneras, es que se refleje en una publicación oficial de la Sociedad que reúne justamente a los profesionales que se dedican a la salud de las mujeres.

Es inadmisible, vergonzoso y cobarde.

A estas horas espero la reacción de las instituciones. Las de aquellos organismos que defienden a las mujeres y que nos llenan de discursos cada 25 de noviembre. De momento, ninguna.

Empezaba este post hablando de mis padres. Hoy, en algunas latitudes, se celebra el día del Médico y por eso les dedico esta nota a ellos. Excelentes profesionales, amantes de su trabajo y con alta vocación de servicio. Son ellos –que se indignaron tanto como yo con estas viñetas y lo que representan- los que me han enseñado el valor del respeto humano.  A mis padres y a los demás profesionales que creen en lo que hacen y lo hacen con amor: gracias.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Tejer la red

Escrito para la revista Bonding, en septiembre

Cuando nace el bebé, despertamos a una realidad que no habíamos imaginado. Es todavía tan chiquitín que no podemos entender cómo lo invade todo… el mundo entero gira en torno a él.

Como madres nos vemos superadas y ansiosas por intentar comprender lo que ha pasado y la mezcla de sentimientos que invade nuestro corazón no es políticamente correcta. El estado civil “madre” no nos lo había contado nadie.

Nuestras amistades se nos hacen lejanas. Podemos estar rodeadas de gente pero pocos comprenden nuestra “soledad”. En casa, a solas con el bebé que nos demanda, somos felices y a la vez, deseamos volver en el tiempo por lo menos un instante… sentir que somos las mismas. Que nada ha cambiado. Es el puerperio, dulce y amargo a la vez. 

La tienda roja de Entre Mamás
(derechos de imagen reservados)

Cuando una madre decide asistir por primera vez a un grupo de apoyo, no sabe que las redes que teje son duraderas y poderosas. Tanto, que después tendrá inmensas ganas de ayudar y acoger también a otras madres.  Su primer día tal vez sea un grito desesperado; o las ganas de salir de casa y cambiar de aires; o simplemente el deseo de conocer otras madres y entablar una amistad.
Tímidamente, las mamás hacen su entrada y escuchan. Sonríen. Y tal vez se animen a contar algo. Vienen buscando empatía y calor humano; a veces alguna respuesta.

Lo que no se imaginan es que encontrarán mucho más. Que cada experiencia materna, cada emoción y cada duda que se comparte, es altamente saludable para todas. Nos acompañamos mutuamente. Caminamos juntas por la misma senda y hacemos camino a las demás. Es lo que Casilda Rodrigáñez define como “tejer la urdimbre”.

Efectivamente, los grupos de mujeres salvan vidas. Y no es metáfora: Hace poco un experimento realizado en la India y luego publicado en la revista The Lancet, demostró que los grupos de madres son una ayuda sustancial y eficaz para reducir las tasas de mortalidad en un 45%  y disminuir la depresión posparto en un 55%. (*1)

Pero, ¿para qué sirve un grupo de apoyo? Asistir a un grupo de apoyo sirve entre otras cosas para salvar lactancias. Para recuperar partos robados. Para acompañar puerperios duros y llorar. Para reír y compartir noticias. Para levantarnos la autoestima. Nos hace olvidar por un momento los pedruscos de la maternidad y nos hace sentir acompañadas y queridas.
De allí salen amistades y buen rollo. Y también algún mal entendido inevitable.

Los grupos de apoyo son necesarios y altamente recomendables en todo tipo de sociedades. No sólo deberían estar siempre subvencionados, sino que deberían ser una prioridad de salud pública. Si cada mujer que pare tuviera siempre donde acudir con sus preocupaciones y sueños, seguramente tendríamos menos llenas las consultas médicas de todos los ámbitos.

Si estás dudando, si tienes un grupo cerca y tientes curiosidad por asistir, da el paso. Que no se nos olvide nunca: Las mujeres que se reúnen, salvan vidas.



 (*1)
El estudio en el Lancet, desde el Blog de El Parto es Nuestro

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