miércoles, 31 de julio de 2013

Ante la duda: teta

Si tiene sueño: teta
Si acaba de despertarse: teta
Si tiene hambre: teta
si quiere mimos: teta
Si está enfermito: teta
Si esta contento: teta
Si está triste: teta
Si hace pucheros: teta
Si está intranquilo: teta
Si pone caras raras: teta
Si solo quiere teta: teta
Si estamos felices: teta.
Ante la duda: TETA


Ésta es mi filosofía tetil y lo que transmito a las mamás cuando se hacen estas preguntas: 

¿Cuál es el horario de las tomas?
¿A demanda es cada cuánto? 
¿Cómo sé que ha terminado? 
¿Cuánto dura una toma? 


Y es que todo es mucho más fácil y más placentero que eso. 
¿Cuántas? Ni idea... ¿Se cuentan? ¿Para qué? (en todo caso, si hay que contar algo, prefiero contar pañales).

Dicen que hay que dar "teta a demanda".... En mi caso, doy a demanda pero sobre todo a oferta. No espero a "que pida" ni controlo de qué lado o cuánto tiempo le he dado de comer. 

¿Porqué tanto caos? ¿Será bueno o saludable para el bebé este "descontrol"?  No deberíamos apuntar cada toma y sus respectivos tiempos y formas? Acaso esas nuevas aplicaciones para smartphones que te dicen cuánto comió en función del tiempo que tardó, no son lo último para madres organizadas? 

Realmente no hay tal desorden. Porque la mayoría del tiempo un bebé no tiene más necesidades que ser acunado en brazos y tomar teta de mamá.  Eso, junto a estar limpio y cómodo hacen el resto. Es el secreto de un bebé feliz, sin lágrimas. 

Dar la teta es cómodo si alguien nos ha explicado el cómo. Dar la teta es placentero y una experiencia feliz si tenemos información, apoyo y confianza. Y si carecemos de reloj. 

Porque la lactancia materna es mucho más que un alimento. Es amor. Amor infinito. Amor de dos. Y para amarse no hay relojes. 

viernes, 12 de julio de 2013

Una boda perfecta


Sentada frente al televisor, cojo el mando, intentando desconectar. Una chica llora y la parte cotilla que habita en mí se interesa por las razones. Me acomodo y me dispongo a ver de qué va…

La chica llora por la emoción de –por fin- haber elegido su vestido de novia. Se trata de un programa en el que un señor, un organizador de bodas, se ocupa de montar la “boda de los sueños” de una mujer a la que se escoge (supongo que previo casting… o azar, ni idea).

El programa y su protagonista

Durante todo el programa se ve cómo cada detalle cuenta. Las velas, las flores, las luces. El sitio que se escoge y la lista de cosas imprescindibles que la novia ha escrito para que el organizador las consiga. Flores maravillosas, espacios luminosos y escenario de película. Poco a poco, la boda perfecta va tomando forma.

Una sesión maratoniana de peinados y maquillajes sucede a la prueba de los infinitos vestidos que se le ofrecen. Por fin elige uno y rompe a llorar, emocionada, porque se ve preciosa y se imagina ya entrando del brazo de su padre y dando el “sí quiero”.

La boda sale genial. Los novios están felices. Tanta preparación ha valido la pena. Ha sido extenuante buscar todos estos meses el lugar perfecto, el banquete ideal. Le dan las gracias al organizador por ayudar con los preparativos del "día más importante de su vida".

El programa acaba. No puedo evitar pensar en el futuro parto de la novia. Y me pregunto si esta chica planificará con igual dedicación su parto, si buscará de la misma manera el mejor lugar para el nacimiento de su bebé… si tendrá la misma ilusión visitando hospitales, confeccionando un plan de parto, eligiendo meticulosamente el equipo que le atenderá en el (¿segundo?) “día más importante de su vida”.  

A continuación, el siguiente programa titula “Embarazada y con glamour”….


Jolín…. Tengo que volver al trabajo. No he desconectado


El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...