jueves, 28 de junio de 2018

Y de repente adiós…

última salida, último día. 


Aquel 31 de julio a las 11 de la mañana, llamé desesperada a Lola, la directora, porque no teníamos cole. Las experiencias previas habían sido tan funestas que habíamos perdido la esperanza de encontrar aquel sitio amoroso con el que soñábamos. La historia triste de bebés “dejados” porque no hay más… la necesidad de trabajar y esa cosa extraña que llaman conciliar y que en realidad es otra falacia. Inexistente. Yo no quería seguir sacrificando a mi hijita… quería que fuese feliz.  Y contándoselo a mi amiga nos recomendó aquel cole pequeñito del que solo se sabía por el “boca a boca”. Ve a ver a Lola. Dile que vas de mi parte. Y fui.

Llegué sudando como un pollo, caminando desde mi oficina en Príncipe de Vergara a aquel chalecito en Alfonso XIII bajo ese sol juliano. Determinada a inscribir a mi pequeña de dos años en el cole recomendado. A mí no me hacía falta saber nada más que el hecho de que mi amiga querida tuviese a sus hijos allí; la entrevista me parecía lo de menos. ¿Hay plaza? Lola trató de disuadirme de mi inminente visita... Pero yo soy muy tozuda y allí me presenté a medio día. Ahora sé que me salté todos los protocolos y que fue una cosa del azar encontrarla disponible de un momento al otro el último día de julio.

En septiembre ya era nuestro cole. Y una profe amorosa y preciosa nos recibió. ¿Sabes ese tipo de persona que cuando habla cantan los pajaritos? Al más puro estilo Blanca Nieves (de la cual se disfrazó un carnaval y le quedó clavado…).  Piojilla nos contaba con detalle todo cuánto se hacía en la casita. A lo mejor recuerde que aquel año el día de su cumple cada niño llevó una flor y le hicimos un ramillete de flores...  Hicimos nuestro ese cole y fuimos felices para siempre.

Y de repente, adiós. Porque se ha hecho mayor y los 12 años marcan la nueva etapa y nos toca dejar sitio a los siguientes. Lloro.
Lloro de pena, pero también de alegría. Este estar triste-feliz que sé que entenderá el que me lea. Pena por tantos recuerdos maravillosos que quedarán atrás y alegría porque nadie nos quita lo bailado. Porque no solo fue un acierto con la pequeña piojilla. El cole nos dio luz a todos.

Es imposible resumir lo que este colegio significa en nuestras vidas. Cuánto le debemos, cuánto se ha tejido en ese patio chiquitín. Todo lo que cada maestra, cada profesor ha dejado como huella en estos niños que hoy se van. Lo bien amueblados, lo centrados, lo preparados que van a enfrentar el siguiente paso.  

El cole. Nuestro cole, ese lugar que huele a casa y con cuya comida es imposible competir, en el que mis hijos son tan inmensamente felices: es un pilar importantísimo de nuestra familia. Nos ha sostenido de tantas formas, tantas veces (y las que quedan…). He visto crecer a mi hija mediana en un hogar en el que se siente querida y apreciada. Donde la conocen y conoce a todos, donde desde que entra es bien recibida, saludada por Ana, con la sonrisa eterna: la polivalencia hecha persona, que lo mismo prepara recibos que limpia mocos, cura heridas, cura corazones.

Mi mediana siente que es una persona importante porque desde siempre es lo que ha aprendido: Todos somos válidos. Unos para una cosa y otros para otra.

He compartido muchas cosas lindas con las profes (Y Jaime) en estos años. Les he visto hacerse madres y padres, he visto crecer a sus hijos, he sido testigo de cambios transcendentales en sus vidas, de tomar otro rumbo cuando ha sido el caso.  Ellos han visto crecer a esta pequeña, que empezó tímida y ahora se come el mundo. Ya me lo decía Isa, mi amiga y profesora de Tigres en aquel entonces (la clase de 3 años) a la que quiero tanto y con cuyo estilo loco y canario me sentí tan identificada desde el primer día: “cuando estén preparados” y el mantra del cole suena en mi cabeza una y otra vez, porque no hay niño que no llegue. Todo a su tiempo.

En el cole las cosas importantes no se ven, no son tangibles. Están en pequeñas cosas, como cuando actúan unos para los otros, en la máxima sencillez pero impecables. Cada uno en su papel de pirata, gato, gusanito o lo que toque. Haciendo sus propios trajes y ayudándose unos a otros.  O en los "mil cambios de look" que tiene el pequeño hall de la entrada. O en el cartel de la puerta, que tuve la brillante idea de querer cambiar (Gracias Clara por abrirme los ojos y decirme que tú no participarías de ese crimen...) y que pone “Secundaria”, de aquellos tiempos en los que existía EGB… porque es parte de su alma y el cartel es mucho menos importante que ir a la granja, tener unos viajes maravillosos y buena comida. Lo que hace grande a este cole es su equipo. Los que estamos dentro sabemos lo que hay.

Hoy decimos adiós a una etapa preciosa en la que hemos recibido muchísimo más de lo que hemos podido dar. Creo que nuestros pequeños no se dan cuenta todavía. Están en esa fase en la que tienen la patita dentro… y seguramente no será hasta septiembre, cuando las puertas de la jungla se abran para ellos, que echarán de menos este oasis. A mí no me da miedo. Piojilla ha recibido tantos y tan buenos recursos en estos años que sé que lo va a hacer de maravilla. Ha sido un privilegio. De verdad.

Y nada más… Gracias Cole. Gracias Lola por este regalo. Han sido diez años estupendos.

Y si eres una madre y me lees: no lo dudes. Si estás buscando todo lo que yo he encontrado… Ve a ver a Lola. Dile que vas de mi parte.  

domingo, 10 de junio de 2018

"No te sabes vender"



No sé cuántas veces he tenido que escucharlo. “No te sabes vender”. Y lejos de ofenderme, siento que me define. No me sé vender porque no estoy a la venta. Porque no todo se puede comprar… y si hay algo que para mí es valioso son mis valores, mi reputación, mi prestigio.

No sé venderme. No escribo estos post (en mi pobre y abandonado blog, ni en ningún sitio) buscando visitas, likes o buscando palabras para que el SEO sea correcto y me encuentren por casualidad (como esos artículos que comienzan con “vende más que nunca”, “10 cosas que nunca hiciste” bla bla). Qué pereza y qué horror perder de esa forma la libertad.

No sé venderme. Y mira que me han ofrecido muchas veces cantidades que me podrían arreglar el mes fácilmente. Pero a cambio de mi nombre, mi palabra y mi dignidad. Para contar a las madres que me leen o me visitan, virtudes maravillosas de productos innecesarios o contraproducentes. Lo siento por aquellos que tengan que hacerlo. Prefiero tener pocos seguidores y que tengan la certeza de que jamás les mentiré ni les engañaré. Jamás recomendaré ningún producto, libro, alimento, sin que mis hijos los hayan probado y yo aprobado. Y si alguna vez me equivoco, no será deliberado.

Mi vida laboral gira en torno a las madres y sus necesidades pero estoy convencida de que crearles más necesidades de las que ya tienen es ruin y egocéntrico. El éxito es que no te necesite nadie de esa forma, que tu palabra sea bálsamo sin crear dependencia, sin vender humo.

Hablando con una amiga un día, me di cuenta de que mi hacer no siempre es visible (y afortunadamente no es mi objetivo ser la gurú de nadie), pero que dejarlo claro a lo mejor sí es necesario: Tengo tres proyectos en los que ocupo mi tiempo, para los que me he formado y me sigo formando y que me hacen sentir plena profesionalmente. Hoy, otro cuarenta de mayo, me gustaría resumirlos y que no queden dudas de lo que hago y lo que soy:

www.entremamas.org es un proyecto social cuyo objetivo es crear redes de madres. Es lo primero que ofrezco cuando alguien necesita apoyo y acompañamiento, básicamente porque es gratis. Sería muy cómodo pero muy feo hacerle creer a una madre que necesita una doula cuando a lo mejor solo necesita estar con otras madres. O venderle un acompañamiento individual cuando en un espacio grupal y gratuito seguramente sus dudas o necesidades quedarían resueltas. A través de Entremamás.org –constituida como un proyecto sin fin de lucro- se ofrece a las madres que llegan, información, resolución de dudas a través del mail, del teléfono (o incluso presencialmente) de forma gratuita. Es además un espacio de encuentro, de proyección social a través de la participación ciudadana, colaboración con otras entidades, participación en charlas, encuentros, debates en los que se visibilice la maternidad.

Para mí es importantísimo comunicar, crear incomodidad en la sociedad para que se escuchen las demandas de conciliación, derecho a una maternidad digna y a una crianza saludable para nuestros hijos. Y todo ello lo intento desde Entremamas.org, un proyecto autogestionado que no recibe ningún tipo de subvención.


Segundo pilar: “Te acompaño” que podéis encontrar en la web www.entremamas.es 
Es un proyecto de acompañamiento individual que surgió de manera paralela porque muchas mujeres me pedían más espacio, más tiempo y más dedicación que lo que mi voluntariado ofrecía. Es una forma de ganarme la vida: independiente del proyecto inicial pero complementario. Actualmente estoy en contacto con unas tres - cuatro madres a la semana, con picos de más intensidad o menos, según las necesidades que las actividades de Entremamas.org me dejen libre.  

¡Y claro… no voy contando por ahí mis acompañamientos! Recuerdo la siguiente anécdota: una vez se organizó una mesa de debate en un colegio profesional en el que se interesaron por la labor de las doulas. Querían una doula que explicase su trabajo y debatir con ella sobre el tema. Alguien sugirió mi nombre y otra persona (que me conoce, pero por lo visto, no muy bien) se opuso a que yo fuese la elegida. La razón fue “que yo no estaba en activo”.
Y lo que había detrás de aquella razón peregrina es que procuro ser invisible.   JAMÁS publico en ninguna parte si acompaño a una madre así o asá. No me hago fotos con ellas (alguna de ellas se hace fotos conmigo, que no es lo mismo) y mucho menos la publico en Facebook o redes sociales similares. Me parece un descaro como una casa pedirle a una madre una foto para hacerse publicidad… y más en un momento tan vulnerable como es el nacimiento de su bebé, en el que estará tan eufórica que dirá que sí a todo.
Doulear (acompañar) no va de una. No somos nosotras las protas de la foto. Hay mil formas de hacer conocer nuestro trabajo sin necesidad de invadir la intimidad de nadie. Especialmente de nadie que haya confiado en nosotras un momento sagrado. Y eso, comunicar es la tercera pata de esta mesa:

www.claudiapariente.com es mi forma de ganarme la vida desarrollando proyectos en comunicación para la salud.  Ofrezco varios servicios relacionados, desde la consultoría, formación, asesoramiento sobre las formas de comunicar, de contar lo que un profesional sanitario quiere decir al público que le sigue. Comunicación en salud, un tema que es transversal a mis otras dos ocupaciones. Porque todo es comunicar e incide de forma directa en la salud pública.
 
Mi profesión me apasiona y desde que estaba en la facultad dedicaba mis trabajos prácticos a los temas de mujer, infancia y maternidad que tanto me gustan. Hacerme madre muy joven fue una inspiración para ello.


Y esta soy. Hoy escribo para quien tenga dudas y quiera cotillar un poco mi hacer. No pasa nada. Sé que soy una persona pública. Las búsquedas en Google con mi nombre son de lo más variopintas (no os podéis imaginar lo que la gente busca de mí…)

Gracias a quienes me siguen, a quienes me aprecian, a quienes valoran lo que hago. Hoy una madre me abrazó llorando emocionada acordándose de lo importante que fue para ella compartir su maternidad con otras madres hace casi ocho años. Para mí reunirme con ellas es catarsis. Cada semana, un regalo. Y tal vez por eso hay personas que se piensan que no trabajo o que mi trabajo es no hacer nada. Algo de razón tienen.

Me quedan cosas por hacer. Escribir más, publicar cosas. Dedicarle a este blog más tiempo, ir a más cursos, más encuentros, más debates. No siempre es posible…  Pero aunque no logre hacer todo lo que quisiera, amo mi trabajo y sentarme en mis cojines de colores mientras veo crecer a mis hijos y a niños ajenos.  Eso no se puede comprar y nunca estará a la venta. La gente – y creedme: ha venido gente muy poderosa a que le cuente lo que hago- puede inspirarse, copiar tal cual el color de las cortinas. Pero hay algo que nunca podrá llevarse y es mi espíritu, mi pasión. Cada una tiene lo suyo y esa es su marca; la huella que deja.


Y nada más… Después de este tocho os quedará claro que No sé venderme. Ni falta que me hace.  Pero os agradezco haber llegado hasta el final de este post y acompañarme. Saber que hay alguien ahí es lo que me ha animado a sentarme este rato al ordenador y recibir mi cumpleaños tecleando.  :-)  Gracias!

Vivir a tres velocidades

Hace tiempo que no escribo... y me he dado cuenta de que tengo mucho que contar, pero en realidad pasan varias cosas. Por un lado, lo satur...