lunes 14 de diciembre de 2009
Y... vos sabés...
jueves 3 de diciembre de 2009
Adviento, calendarios e ilusión
Para nuestra familia la Navidad es una época que se espera con muchísima ilusión. Se hacen dulces típicos de dos países diferentes; se mezclan tradiciones de las culturas que conocemos y de otras que hacemos nuestras; adornamos la casa entera, nos llenamos de chocolates y buenos deseos. Las niñas han preparado ya sus cartas con la lista de sus deseos y esperan con ansia la noche del 24.
El calendario de Pioja es una gran cuadrado rojo en el que se deben ir colocando las bolsitas encontradas y un pergamino (hecho en un folio blanco, pintado con café y con los bordes quemados para que parezca viejo) en el que ha puesto 24 pistas diferentes para que Piojen encuentre un pequeño tesoro diario.
Por su parte, Piojen ha fabricado para Pioja, un campo verde lleno de ovejas forradas de algodón y árboles. Cada oveja, cada estrella, cada árbol e incluso el pastor, esconde una cajita en la que viene la sorpresa del día. Todo ha sido dibujado a mano por ella misma.jueves 26 de noviembre de 2009
Antes de la primera paliza
¿Quién es ese? No le hables, le das importancia. No saludes. No salgas, no llames a nadie. Claro que puedo ver tus llamadas del móvil. ¿Para qué necesitas ir a clases de danza? Si estás mejor en casa; quién va a cuidar a los niños? Además estás gorda. Se van a reir de ti. Siempre dices estupideces. Tenías que ser mujer. domingo 22 de noviembre de 2009
20 años: Declaración de los derechos del niño
Hace unos días que Piojilla vio en la tele una noticia sobre el hambre del mundo. Se veían imágenes de niños hambrientos de otras latitudes, madres sin expresión, gente gris... como si todo fuera en blanco y negro. Me vio triste y me preguntó qué me pasaba. Entonces le expliqué, como pude y entienden sus 3 añitos, que existen otras realidades. Que hay mamás que lloran; que hay hijitos que no tienen qué comer y que mueren de frío y de pena.
Entonces, ella, en su inmenso corazón y su tierna inocencia me dijo:
Ya sé mamá: tengo una idea!! Les traemos a casa y les damos comidita y les prestamos nuestras mantas. Así no tendrán ni frío ni hambre. Les queremos a todos.
Y no tuve corazón para decirle que no era tan simple. Que no entraban todos en casa, que no eran suficientes nuestros brazos, que no había comida para todos... y de repente, pensé: todo esto son excusas. Porque tal vez, si cada uno hiciese algo, si estuviésemos dispuestos a renunciar a la mitad de nuestras "riquezas" para equilibrar la situación... entonces seguro que sería posible cambiar las cosas.
Y por eso, le sonreí y le dije: Sí hijita... es una gran idea.
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A 20 años de la declaración de los Derechos del Niño, sigue siendo eso: Una declaración de intenciones. Aquí va, para recordarla y no olvidar los niños que ayer fuimos.
(para quitar la música del blog, ir al final de la página y hacer click en el cuadrado negro)
domingo 15 de noviembre de 2009
Llega el amor
Recuerdo el amor de la adolescencia con mucha ternura. Se ama intensamente. Y acaso, nunca más se siente esa ansiedad que retumba en el corazón al “verle desde lejos”, al esperar una llamada, darse el primer beso. Se ama con inocencia, se espera todo, se da todo...
Después del primer amor y especialmente, de las primeras lágrimas del desamor... cambian muchas cosas en nuestra forma de ver la vida. Nos hacemos un poco mayores; a veces, maduramos y todo.
El primer amor es doloroso. Especialmente porque no suele ser el último. Se sienten mariposas cuando es correspondido y cristales rotos cuando no lo es. Todas las canciones de amor están escritas para ti cuando se ama. Pero cuando todo acaba, parece que en la radio sólo ponen canciones tristes.Hablo del primer amor; no del noviete de un día... del rollo de vacaciones. Hablo de la primera vez que los sentimientos se apoderan de la razón y los días se hacen cortos si está él y eternos, si no está.
Mi Pioja, ama.
Qué verbo tan difícil y tan sencillo a la vez. Veo todo desde un palco, intentado ser discreta y prudente. Sólo pregunto si veo el camino llano, y agradezco mucho que ella confía en mi y me lo cuenta (¿todo?).
La veo ilusionada y feliz. Me aterra. Me dan miedo miles de cosas; supongo que las típicas cosas que dan miedo a las mamás de adolescentes. No quiero ni decirlo en alto, por si acaso...
Escucho la música en la habitación de mi Pioja, ajena a lo que escribo. Ajena a mis pensamientos y a mis temores. Sonríe cuando pregunto; a veces soy su cómplice. A veces no… y sólo escucho risitas, murmullos.
Recuerdo mi primer amor, mi primer desengaño; las cartas eternas y las lágrimas sinceras. Era entonces una niña y me sentía una mujer. No tenía miedo de nada; creía que mi madre exageraba.
domingo 8 de noviembre de 2009
Mujeres grandiosas

lunes 2 de noviembre de 2009
halloween







jueves 29 de octubre de 2009
Maltrato y Violencias
Fue un debate intenso y participativo en el que los papás y mamás que allí se encontraban preguntaron, asintieron y en algún caso, rebatieron el discurso. No sólo hablamos de violencia y maltrato, sino también de apego, de relaciones con los abuelos, nuestras propias relaciones afectivas.
Resumo algunas de las conclusiones más importantes:
¿Por qué maltratamos? Esencialmente porque podemos. Maltratamos porque tenemos una relación en la que podemos ejercer algún tipo de poder y podemos aprovechar de ella. Maltratamos cuando queremos que una persona haga algo en nuestro beneficio y utilizamos el amor (el que nos tiene la víctima) como arma de sumisión. Podemos aprovechar del amor para lograr manipular a nuestra conveniencia; usar el chantaje emocional que es también otro tipo de violencia.
Cuando decimos a nuestros hijos: Pórtate bien y te daré una chuche... O, si no te portas bien no te la doy. Si me quieres, no harás eso. No me quieres, por eso lloras... Estamos siendo violentos, manipulando sus deseos, sus miedos, su amor por nosotros.
La violencia es global. Se utiliza las mismas formas de coacción en todas partes, sin importar las latitudes. Justificamos el maltrato porque nunca lo vemos desde el punto de vista del que lo sufre, sino desde el punto de vista del que lo ejerce. El cachete es el último recurso de quien se quedó sin argumentos; sirve de descarga personal, pero no enseña nada. No deja nada positivo y menoscaba la relación entre los padres y el hijo.
Que es importante para la madre/padre tener un espacio personal que le permita seguir creciendo y seguir desarrollando alguna actividad que le haga feliz, para no agobiarse con la crianza y terminar "superado": 24 horas de criar a un niño pueden ser muy cansadas. (Al respecto, apunto yo, también habla Jean Liedloff en el Concepto del Continuum). Y bueno, algo me gustó mucho -más viniendo de una experta en el tema como es ella- es que nos cuente que aunque todo esto lleva estudiándolo muchos años; dando talleres por todo el mundo y revisando teorías y datos... sólo cuando fue madre pudo trasladar lo aprendido a la vivencia diaria y todos los conocimientos cobraron una nueva dimensión. Que ser madre le había supuesto un paso adelante y la apertura hacia una visión diferente de la realidad.
Y desde aquí, mis propios comentarios sobre el tema:
Las palabras violencia, maltrato, no se refieren sólo al castigo físico. La humillación verbal es también dolorosa y con el agravante de que tarda más tiempo en curar. Deja cicatrices eternas, angustia, baja autoestima... decir a un niño "eres tonto", puede que no parezca tan grave como verdaderamente es: debería compararse al hacer un agujero en la pared, que aunque se rellene o se arregle, jamás queda igual: las marcas quedan.E. Punset decía hace unos días en su blog que Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto algo que está científicamente comprobado, por lo visto. Si tratamos con esmero las relaciones de pareja, si se hacen terapias para buscar soluciones a los problemas de comunicación entre un hombre y una mujer... porqué con los hijos es diferente? ¿por qué siempre tenemos la razón?
¿Por qué si vemos en la calle un hombre/mujer, pegando a su pareja, somos capaces de llamar a la policía o entregar nuestro pecho (salen luego los héroes en la tele) para evitar el maltrato y luego no somos capaces de reaccionar si vemos un padre/madre pegando a su hijo? Por qué está socialmente aceptado el "cachete pedagógico" (qué horror de nombre) aunque la ley lo prohiba?
Pero voy aún más allá: ¿no son los castigos una forma de maltrato? ¿No es una forma de ejercer un poder vertical? ¿De aprovechar nuestra "autoridad" sobre el hijo? No es la autoridad moral - esa coherencia entre el hacer, el decir y el ser, como me enseñaban los curas en el cole - más importante que el autoritarismo ligado al miedo y no al respeto?
Esos límites que tanto nos aconsejan a las madres que "debemos imponer" y de los que se habla tanto, no serían mejor entendidos desde el buen ejemplo que ofrezcamos? desde la confianza mutua y no desde la imposición sin sentido?
¿Que deseamos verdaderamente para nuestros hijos? ¿Que obedezcan porque "lo digo yo" o que vayan creando conciencia desde pequeños entre lo bueno y lo malo?
El debate podría ser infinito... y personalmente, me queda un largo camino que recorrer, muchísimo para seguir aprendiendo... Con Piojilla, lo tengo clarísimo. Pero con Pioja, me cuesta. Me ocurre que la veo tan mayor que sobreestimo su capacidad de razonar y a veces, muchas más de las que quisiera, se me olvidan mis 14 años...
Os copio este link (recogido por Adivina cuánto te quiero) desde el que se pueden seguir extrayendo bases de análisis y comentarios sobre castigos y castiguitos: otra forma de violencia, lo querramos ver o no. Aletha Soler nos habla del "tiempo fuera"... un inocente castigo que se usa con mucha frecuencia en las escuelas:
martes 20 de octubre de 2009
cumple con mariachis

domingo 11 de octubre de 2009
Llantinas
Pero mi madre también me dijo algo que sólo ahora tomo en cuenta: Cuando se le pase la edad de las rabietas, llegará la edad "de las llantinas". Esta es una etapa que no todos los niños pasan; o que algunos viven como una mezcla de "rabietas + llanto" y muy pocos, como si no pasara nada. Suele coincidir con la entrada en el cole, la llegada de un hermano, el cambio de casa... es decir, con pequeñas crisis de existencia.
Cuando nació mi sobrinito, hace dos meses, Piojilla no le hizo mucho caso, intentó ignorarlo. Pero como el bebé vino para quedarse, se sintió celosa - aunque disimulaba bien los primeros días - y comenzó a llorar ante cualquier tipo de frustración, real o imaginaria. Yo pensaba que era cuestión de días, o semanas.... pero después de dos meses de haber nacido el pequeñín, creo que puedo afirmar que hemos entrado con los dos pies y de forma rotunda a la etapa de "las llantinas".
La diferencia entre rabietas y llanto es casi imperceptible, aunque las mamás que tengan un hijito que haya pasado ambas "etapas" creo que entenderán perfectamente cuál es. La rabieta es fuerza y vigor. Puede durar mucho tiempo (aunque dure 2 minutos, siempre parece más larga) y cuando pasa, da la impresión de que el niño se ha descargado y vuelve a estar contento. El llanto es un sonido eterno, no siempre acompañado de lágrimas. Parece que "hablan" llorando y que lloran por todo, enlazando causas y sin dejar apenas tiempo entre un llanto y otro:Quiero agua; en ese vaso no, en el mío; agua fría; no está fría, está caliente. Del grifo no; no me gusta: de la jarra, de esa jarra nooooo. Hazme un dibujo, así no, más pequeño, más grande, más bonito, más arriba, yo queriba un perrito pequeño, no, más pequeño..... así hasta el infinito, en el mismo tono lastimero.
Creo que con toda esta explicación queda más que claro -me sirve para mi propio análisis también- que la necesidad de la Pioji soy yo y que tiene pocas ganas de dejar de ser "mi bebé", aunque la talla de los vaqueros y su andar de niña, griten lo contrario. Que tengo que armarme de (más) paciencia y abrazar más, acompañar más, jugar más... Más, Más, Más.
Suspiro....
He retomado "llantos y rabietas" por lo menos para sentirme acompañada en esta historia y también estoy buscando más información sobre el llanto, los celos y los 3/4 años. Desde luego también he vuelto a contar hasta 10, hasta 20... y hasta cien. Me supera, claro que sí!! pero cada vez que estoy a punto de perder la calma recuerdo aquella frase que tantas veces me ha ayudado: Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.* Aplicable a todo y siempre, a que sí?
(* Atribuida a R. Stevenson, autor de la gran obra, El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde que tanto me gusta y que es un gran manual sobre la conducta humana)
sábado 3 de octubre de 2009
Fiesta de nacimiento
Para quienes estilan hacer un bautizo la "primera fiesta" del bebé y familia suele ser esa. Para quienes no lo hacemos, es un poco difícil ponerle nombre a la reunión de "presentación en sociedad" del pequeñín que ha nacido. Así que me referiré a este día como "La fiesta de nacimiento". 
martes 29 de septiembre de 2009
Cinco puntitos, nada más
Pepita tiene un secreto. No le había dicho a nadie que durante mucho tiempo le ardía “ahí” y que poco a poco se fue resignando a sentir la piel tirante. Por lo menos es mucho mejor que desgarrarse, le habían dicho. Y no había escuchado quejarse nunca a sus amigas. Será lo normal, pensaba.
Pepita no ha podido olvidar “ese cortecito de nada”, esos “5 puntos nada más”. Le duele; le tira; le arde. El otro día, se animó a tocar el dolor y le sorprendió su textura rugosa, que antes ella recordaba lisa. Y es que hace poco fue a una revisión y preguntó qué le pasaba. “Eres de las que no cicatrizan bien”, le dijeron. Ya no volvió a preguntar nada. ……
Recuerdo mi propia episiotomía como un periodo de invalidez. No de 40 días… sino de meses y meses. Dolía amar, molestaba al caminar, al sentarme, al ir al baño. Y me preguntaba constantemente, hasta cuando. Y puedo comparar, porque también tuve un desgarro en otro parto. Pero tengo que ser sincera: Me acuerdo menos de él, porque no me dolía tanto y porque curó enseguida. Volví a ser la misma.
Me pregunto por qué callamos. Por qué ocultamos nuestra pena y nuestro dolor. Por qué nos cortan por rutina y porqué somos incapaces de reclamar ante la mutilación. Por qué nos cuesta, después de haberla sufrido, reencontrarnos con nuestro periné, reconocernos y volvernos a querer. Y desde aquí grito: para que no permitamos el cortecito por sistema, para salir del armario y enfrentar nuestro miedo y nuestra tristeza, para acompañarnos mutuamente y que se nos oiga.
¿Quiere Ud, cortar, señor? Le doy ideas…







