miércoles 18 de enero de 2012

El derecho a un buen parir



Existen dos maneras de atender un parto: Bien y mal. 

Bien, es aquel parto atendido según la evidencia científica, asegurándonos de que la mamá y el bebé no sean puestos en riesgo de forma innecesaria. Respetando el ritmo normal de cada madre, el proceso fisiológico del parto y del nacimiento. 
Atender bien un parto es hacer uso de las intervenciones y la tecnología, sólo en aquellos casos en los que es realmente necesario. Es tener claro que estos casos -los que necesitan intervención- son muy pocos y no la mayoría. 
Atender bien un parto es acompañar a la mamá, su pareja y el bebé que va a nacer en uno de los momentos más importantes de su historia como familia. 
Atender bien un parto es hacer caso de las recomendaciones internacionales y nacionales. Recomendaciones que son hechas y recogidas por expertos en la materia y no por cuatro señoras que se aburrían. 
Cuando se atiende bien un parto la "opinología" no tiene cabida. Sólo hay espacio para la medicina basada en la evidencia y la vocación de servicio. 

Atender mal un parto es jugarse la carrera. Es saltarse las normas y las recomendaciones de los expertos por irse temprano a casa. Es arriesgar la salud de la madre y del bebé que se atiende con cada intervención que se realiza por desconocimiento, comodidad o simple soberbia.  Atender mal un parto es olvidar el juramento, asistir sin vocación al milagro de la vida. Seguir protocolos desfasados y dejar claro quién "es la autoridad". Dejar todo a la suerte.
Atender mal un parto es olvidar a las mujeres de nuestras propias familias y ver en la que atendemos "un caso". Aplicar sistemáticamente lo aprendido hace treinta años: cortar, empujar, dirigir, extraer, coser... sin plantearnos jamás si lo que se hace está o no bien hecho. Utilizar máquinas, maniobras e instrumentos cuando no hay necesidad; no informar o informar poco y mal y pretender que la madre tome decisiones bajo presión, miedo o sólo conociendo "parte de la verdad". 
Atender mal un parto es desconocer que existen guías y documentos con la evidencia recogida y seguir interviniendo sin necesidad. 

El derecho a un buen parir es un derecho de todas las mujeres. No es una moda de madres ecológicas, no es un derecho de madres "conscientes e informadas", no es un lujo de madres ricas, no es una idea de fundamentalistas. 
También las madres pobres, las que jamás se preguntaron nada ni se cuestionaron nada sobre el parto, las desinformadas, aquellas a las que el medio ambiente les da igual, las ateas y las creyentes... todas tienen derecho a un buen parir. 

Independientemente del estatus o de las creencias de la madre, debería ser bien atendida. Porque parir bien no tiene que ver con el dónde se pare, con si pedir o no la epidural o con poner o no música en el parto. Sí que tiene que ver con la clase de atención recibida... y no me refiero a un parto "educado" (que es lo mínimo que se debería ofrecer) sino con una atención rigurosa, que garantice la máxima seguridad y bienestar de la madre y su bebé.  Que se deje de jugar a la ruleta rusa. 

Atender bien un parto debería ser una regla y no la excepción. Y ser bien atendidas, debería ser un derecho universal y no una anécdota o tema de conversación de periodistillas mal informados. 

Dejemos de hablar de partos ecológicos, de encasillar a las madres que buscan partos normales y de empezar a llamar a las cosas por su nombre. 

¿Ud. que desea: Parir bien o parir mal?


Para un buen parir:

http://www.clau707.blogspot.com/p/he-visto.html






martes 10 de enero de 2012

Adiós bebé...

Para mi amiga Plena. 
Cuya bebé de 24 años está fuera de casa hace unos meses... 


Apenas hemos empezado el año y en estos días siento que he envejecido de golpe. Os cuento…

Capítulo I
En mi casa, el salón estaba dividido en dos. Por una parte, un espacio de sofás y tele, como en casi todas las casas, y por otro lado, la sección juguetería. Es decir, la mitad del salón lo ocupaban los juguetes de Piojilla.
La semana anterior se me ocurrió crear un espacio juguetero en la habitación en la que teníamos nuestra zona “oficina” y despejar el salón. Así que Papá Conejo y yo contamos a Piojilla nuestros planes –que aceptó encantada- y trasladamos las cocinitas, cestas de juguetes y demás artilugios infantiles, del salón a la habitación que solíamos llamar “cuarto azul”, y nuestros ordenadores y cosas aburridas, que estaban en el cuarto azul, al salón.
Cuando ya teníamos todo puesto, Piojilla nos dijo: Vale, ahora sólo falta MI CAMA.

Piojilla dormía en mi habitación desde que nació. Alguna vez habíamos hablado de que cuando “sea mayor” dormiría en una habitación propia. Pero la idea me parecía tan lejana, que cuando nos dijo que “sólo faltaba su cama”, mi primera reacción fue disuadirla. No lo logré… pero logré aplazar la decisión para “mañana”, esperando que “mañana” se le hubiera olvidado o lo hubiera pensado mejor.
Mi sorpresa fue inmensa cuando, apenas levantada, lo primero que hizo fue decirnos que ya era “mañana” y que teníamos que llevar la camita a SU habitación. Estuvo hablando horas de SU habitación, poniendo sus dibujos, sus pegatinas, trasladando cada una de sus cositas a SU habitación y dejando desnuda la mía.
Papá Conejo y yo sacamos juntos la cama de mi Piojilla. Yo lloraba… no puedo explicar lo que mi corazón de madre sentía. Mi Piojilla pequeña… se despedía de mí.

Han pasado ya varios días desde este episodio y aunque alguna noche ha tenido algúnn sueño extraño –ella habla dormida y sueña mucho- no ha aceptado volver al nido. Cada vez que llega una visita enseña con orgullo “SU habitación” y nos dice que pondrá un letrero de “no pasar”.  Yo he puesto un colchón extra en la mía, por si alguna vez quiere venir de visita, pero todo indica que tendré que guardarlo pronto.

Un día los hijos se van…


Capítulo II
A mediados de diciembre Piojilla nos contó emocionada que se le movía un diente. ¡¡Iba a caérsele su primer diente de leche!!! Da la impresión de que la naturaleza te da pequeñas señales para hacerte ver que los años pasan. Ahora estoy convencida de que los dientes de leche se caen para que las madres miremos con ojos nuevos a nuestros “bebés”.

Durante tres semanas Piojilla estuvo enseñándonos a diario los “progresos” de su diente… un poquito más, un poquito más. Haciendo planes: Cómo ponerlo bajo la almohada, a qué hora llega el Ratón Pérez, si la moneda que deja es de 5 céntimos o de 2 euros…

Tengo que decir que mis hijas no creen en Reyes Magos, ni papanoel, ni ratones mágicos. Pero les hace ilusión –y es una ilusión compartida- poner zapatos, leche tibia, escribir cartas, jugar a que todo es real. Lo hacemos juntos y todos participamos de esos pequeños sueños de infancia a sabiendas de que finalmente, compraremos juntos los regalos de Navidad  o que la moneda del ratón sale de mi bolsillo. El saberlo, no enturbia para nada la alegría y la ansiedad de ver “qué dejaron los reyes en los zapatos”. Son pequeños rituales llenos de ternura infantil.

Ayer, se le salió el diente en el cole. Muy precavida, fue a entregárselo a la profesora para que no se perdiera…
Cuando llegué el colegio y me enseñó la boca con un diente menos, se me llenaron los ojos de lágrimas y la abracé mucho. ¡¡Qué ilusión!!  ¡Qué mayor! Ella inmediatamente fue a pedir el diente a la profe para dármelo… La profe lo buscó en todos sus bolsillos, y con toda la pena del mundo nos confesó que se había perdido.

Piojilla es muy reservada con sus emociones fuera de casa. Puede tener una rabieta muy gorda delante de todos, pero una lágrima por algo como esto no se le escapa fuera de su habitat. Muy digna, buscó por la arena del patio durante un rato… fuimos a recorrer los rincones de su clase, los baños, el café… no hubo suerte.

Nos fuimos a casa y en el camino ya se le escapaban las lágrimas. Cuando llegamos, se desató una pequeña tragedia.  ¿Cómo consolarla?  
Decidimos que lo mejor era preparar una carta explicando al ratón lo sucedido. Piojilla me dictó –cual jefa- cada coma y cada frase. En su carta  ponía que como seguramente lo habría cogido el ratón, ya no pondría diente alguno debajo de la almohada. Pero que, de todas formas, esperaba un dinerito a cambio. Además recalcaba que su diente, “era un diente precioso” por lo que ella pensaba que en vez de 2 euros –lo prometido-  el diente valía 5.

Esta última “petición” me hizo sonreír de oreja a oreja… por supuesto que llegarían los cinco euros. Aunque no tenga ni idea del valor del dinero, sí que sabe cuánto es más y cuanto es menos; ya que se había perdido el diente, qué mínimo que reparar el disgusto.  Dejó la carta sobre su mesa de noche y se durmió.

Esta mañana, el Ratón Pérez había dejado una nota y cinco euros en el mismo lugar en el que ella había dejado su carta. Pero además, al levantar su almohada descubrió un euro más!! Seguramente Papá Conejo lo puso allí antes de salir de casa por la mañana.

No os puedo contar su emoción, ni la mía. Y ya en el cole, apenas entró en su clase la escuché que decía: ¡…Sí que ha venido el ratón!

Ahora estoy sola en casa escribiendo todo esto. Con el corazón encogido mientras lo cuento… ¡Qué mayor está ya! se ha ido de mi habitación y se le ha caído un diente. Me río yo de aquellos que dicen que “No le cojas, que es malo; que se acostumbran”. ¡Qué poco duran los hijos a nuestro lado! Cuántos abrazos más deberíamos darles sólo por eso.

Este año Piojilla comienza ya la primaria y no puedo evitar pensar que la mitad de su infancia ya se ha ido…



sábado 31 de diciembre de 2011

Buenos deseos

Qué rápido se ha ido 2011... tanto, que no me ha dado tiempo a "cogerle tranquillo" y de repente ya no está.

Éste ha sido posiblemente uno de los mejores años de mi vida. No puedo decir "el más intenso" pero sí un año feliz, en el que me he dedicado a hacer lo que me gusta, he retomado con mucha fuerza mi carrera, he participado en grandes proyectos y he hecho muchas cosas bonitas. 

Sigo encontrando la felicidad en las cosas más sencillas pero importantes: Hemos tenido todos mucha salud y tranquilidad. Veo crecer a mis hijas y me parece maravillosa cada una de las etapas. Me emociono con sus pequeñas y grandes ideas y con todo aquello que piensan. No dejan de sorprenderme nunca. 

El año que se va ha sido un año de esfuerzo, de trabajar 18 horas diarias y dormir lo mínimo. Pero también ha sido un año en el que -aunque poco- mejor he dormido. Me he acostado todas las noches muy cansada pero con la sensación de que estoy donde debo estar.

¿Y qué me llevo de este año que termina?

A primeros de año, buenas noticias. Dentro de mis labores de comunicación en El Parto es Nuestro, estuve involucrada en uno de los triunfos del año: llevar el nombre de la Asociación al telediario de la 1 en prime time. Fue un reportaje muy bonito del que vimos 4 minutos... pero detrás del que hubo mucho trabajo y estuve felizmente involucrada. Fue especialmente significativo que días después tuviéramos la noticia de la muerte de Concha Colomer. 

En mi tiempo de hogar, tuve la oportunidad de visitar Ojo de Agua junto a toda la familia Conejo-Piojo, a raíz de una composición que hizo mi hija mayor sobre los colegios ideales. Pasamos allí unos días y fueron muy inspiradores (y perturbadores, todo hay que decirlo...).

En mayo operaron a Piojilla de una hernia. Tenía mucho miedo por la operación y todo lo que ello significaba, pero la pequeña de la familia nos dio una lección de valentía y serenidad. 

Logotipo creado por Louma de Amor Maternal
http://www.amormaternal.com/2011/06/todas-somos-habiba.html
Junio fue un mes terrible... Como sabéis fue el mes del caso Habiba. Ibone Olza, la Fundación Raíces y yo misma hicimos público el caso a través de diferentes medios. Me tocó estar detrás de una estrategia de comunicación de crisis en la que se involucraron mujeres y madres de todo el mundo. Junto a la labor de otras personas a las que pedimos colaboración y moderación en foros, traducciones, grupos de trabajo, logos y canciones, manifestaciones públicas y un sin fin de trabajo de hormiguita, logramos finalmente que se devolviera a Habiba su bebé. La historia tiene un final muy feliz, pues la niña volvió a ser amamantada. Una cosa que logramos fue también, el hecho de que jamás se reveló la identidad de la madre a los medios... y que a pesar de ello, con la presión de la red maternal se logró reunir a Habiba con Alma. 

Festejo siempre mi cumpleaños con varias fiestas en el mes... en junio fue imposible y de hecho, pasé mi "día" con mi hija mayor en una manifestación por Habiba. Pero luego, unos días después de que todo terminara, nos fuimos a Disney Paris. Fui la feliz ganadora del concurso de blogs "mamás blogueras y felices".  Con todos los gastos pagados, mis hijas se llevaron de Disney un recuerdo inolvidable gracias a estas líneas que escribo... Para mí fue un viaje de sueño, pero para mi familia, un premio más que merecido por todas las horas que paso en el ordenador. 

En julio y apenas dos días después de volver de Francia, mi Pioja Mayor embarcó hacia la tierra del Tío Sam. Verla volar tan lejos de mi lado fue motivo de dolor y orgullo. Es una hermosa mujercita ya... Piojilla y yo dejamos a Papá Conejo de Rodríguez y nos fuimos unos días a la playa.

Ese fue un concurso, y el de las frutas y verduras otro... Participamos en un concurso junto a otras 9 familias. Nos enviaron una caja de verduras y frutas a la semana, durante dos meses, y debíamos cumplir con una serie de pasos y retos. Salimos penúltimos, pero nos divertimos muchísimo. 


En septiembre, y otra vez desde El Parto es Nuestro, sacamos a la luz las famosas viñetas de la SEGO.   La Asociación fue noticia por dar esta voz de alarma y la entrada que sacamos en el Blog, junto a la nota de prensa enviada a los medios, ocupó las noticias de la semana en prácticamente todos los medios informativos del país. Una vez más, desde las redes sociales y desde el lobby materno, se presionó a los implicados y se trabajó para difundir la noticia y crear opinión pública. 

Un mes después, celebramos la Asamblea Anual de la Asociación. Una fecha que espero con ilusión todo el año. En esta oportunidad, dejé mi puesto dentro de la Junta Directiva para concentrarme mejor en las tareas de comunicación externa, grupos de Madrid y equipo blog. Fue también el mes en el que una querida amiga dejó la Asociación para dedicarse con más intensidad a sus investigaciones. Ambas sabemos que en realidad "dejarlo" es simplemente una formalidad... porque en el fondo es un honor y un orgullo pertenecer a una asociación como ésta (y un vicio del que no se puede escapar, aunque se deje de pagar la cuota). 

En octubre hice otra cosa en la que puse toda mi ilusión: Bailar caporales. Es una danza boliviana preciosa que bailé junto a los integrantes del ballet de la Asociación Pro Bolivia. Junto a ellos, volví a mis raíces y recorrí las calles de Madrid al son de la música boliviana. Me encanta bailar y es algo que quiero seguir haciendo este año. 


En noviembre defendí mi trabajo final de curso en el Diploma de Especialista en Salud Pública y Género de la Escuela Nacional de Sanidad. Lo hice, como no, sobre violencia obstétrica. Fue muy emocionante ver a mis compañeras asistir a esta defensa y hablar de este tema en las aulas de la Escuela Nacional de Sanidad ante técnicos de igualdad y expertos en género. 

En diciembre tuve la oportunidad de acompañar el nacimiento por cesárea de Martín y Aitana. Fue un momento muy emocionante, pero a la vez tuve la gran decepción de constatar en persona que una atención educada no es una atención respetuosa y que todavía -y a pesar de todos los papeles que se han escrito hasta ahora, protocolos, galardones y buenas intenciones- falta mucho para ofrecer la atención que las mujeres y los bebés merecen. 

Por último, termino el año con la gran sorpresa que me causó el "copia y pega" que hicieron de mi página Web al completo. Fue primero una sorpresa que luego terminó en gran carcajada cuando recibí un correo en el que se me "insta a borrar mi entrada" o me iniciarían acciones legales por difamación (o similar, que no recuerdo...). Sin palabras. Si hay abogados en la sala, que se pronuncien, que casi no tengo amigos abogados ;-)

Seguro que me olvido de algo... pero si sigo recordando no acabaré nunca :-)


MIL GRACIAS Y LO QUE SUEÑO EN EL FUTURO 



No os imagináis todas las cosas, ideas y proyectos que giran en mi cabeza para Entre Mamás. Cada día y a todas horas, se me van ocurriendo cosas que voy apuntando en papelitos. Lo que hoy es Entre Mamás es apenas una miguita de todo lo que quisiera ofrecer a las madres. Pero para tener esto, tengo que dar las gracias especialmente  a dos personas por su apoyo este año: En primer lugar, nada de esto sería posible sin la colaboración, entrega y pasión de mi gran amiga Zoila de Dos Manitas. Es para mí una hermana en la que confío.  

Pero además, la inestimable colaboración de mi hermana pequeña, Esperanza, que se ha involucrado como nadie en este año y que ha dado un giro a la visión que yo tenía de todo este mundo materno. Ella, que es experta en marketing, ha puesto a mi servicio su saber y su cariño. Desde Londres -ciudad en la que ahora está- me envía sus ideas y conceptos nuevos desde una óptica diferente, pues no es madre todavía. 

Y desde luego, a mis hijas y mi marido, su apoyo logístico y cálido abrazo diario. A mis padres por estar ahí y darme ánimos cuando veo las cosas negras. A mi hermano por salvar mil y un veces mi ordenador de la muerte segura... y a las madres que hacéis de Entre Mamás con vuestra presencia, vuestros ánimos, vuestra confianza, un lugar que muchos quieren copiar y en el que se inspiran a diario otros. 

No sé cómo será este año que empieza, pero siento que será inolvidable. Preveo grandes cambios... y seguramente hacia la mitad del año tome decisiones drásticas en muchos sentidos. Por un lado, tengo muchas ganas de continuar con este proyecto querido que es Entre Mamás y hacerlo más grande y mejor. Mi cabeza es una olla exprés. 

Pero también he de decir que el ver que hay cada día más espacios para madres y ver que esa necesidad estará cubierta en poco tiempo en nuestra ciudad, me produce cierta sensación de replantearme hacer otras cosas que también siento vitales. Por ejemplo, y ya que mi hija pequeña termina la educación infantil... estoy tentada de volar hacia Ojo de Agua y continuar allí -o en algún sitio parecido- la educación de la pequeñita... Mi hija mayor termina la secundaria y otro tipo de bachillerato -a distancia o bachillerato internacional- está dando vueltas en su cabeza desde hace un tiempo... así que sería el momento perfecto para dar un salto y volver a empezar. Papá Conejo tiene un trabajo en el que suele viajar, y seguramente daría lo mismo volver aquí que volver allá. 

O quizá... nada de esto ocurra y las niñas decidan que Madrid es el camino y entonces, me entregaré con más pasión a este sueño que es Entre Mamás, a mi querido trabajo en la Asociación El Parto es Nuestro y a mi labor dentro de la Editorial OB STARE que me permite desarrollarme profesionalmente en las áreas que amo: la comunicación y la maternidad.

Y desde luego... compaginar todo ello con la vida normal pero llena de creatividad y magia que es ser madre y ama de casa. ¿Casi nada, no? 

Feliz año queridos amigos y amigas. Que sea un año maravilloso. Que tengamos todos salud, que la crisis sea sólo una nube que amenace pero no cuaje... y que la alegría de estar vivos nos inunde los corazones a todos. 

Es mi sincero deseo. 

Claudia

miércoles 28 de diciembre de 2011

Carpe Diem

Un 28 de diciembre, día de inocentes, mi padre se enteró por una boca ajena en la que confié, que en mi interior crecía un bebé. 
Había planificado dejarle una carta explicándolo todo y salir huyendo de casa hacia quién sabe donde... Mi miedo era una mala reacción que no existió nunca. Antes de que pudiera recoger mis cuatro tesoros y seguir mi plan de escape, alguien se me adelantó, contó mis planes y mi padre encontró mi carta y "despedida" en borrador... 

Fue un día duro. Lejos de lo que yo creía, mi papá habló con serenidad y consoló todas mis lágrimas: "no había porqué llorar". En cambio, no le gustó mi intento de huida y aquella carta que pensaba dejar como único rastro. No me había criado cobarde. 

Hablamos largo sobre mis planes futuros sobre lo que implicaría la crianza de un bebé; cómo compaginarla con mis estudios (que yo no quería dejar y no dejé); cómo hacer para que a pesar de las circunstancias adversas, había que intentar hacer siempre el mejor esfuerzo. Disfruta de tu embarazo, sé feliz. Haz de tu vida algo extraordinario.

Han pasado 17 años desde entonces. Mi mayor lección de aquella fecha es justamente ese mensaje. Un mensaje que quisiera poder transmitir a mis hijas a diario: 
Quiero que sepan que pequeñas acciones pueden cambiar el mundo. Que no hace falta ser el más importante, ni el más reconocido para ser buena persona, ser parte del cambio y para hacer de nuestras vidas algo extraordinario. 
Que hay que seguir los sueños, aprovechar el momento y vivir el presente intensamente. 

A punto de terminar el año, quiero abrazarlas fuerte y visualizar el futuro. Saber que conseguirán aquello que se propongan y que saborearán cada día la vida. Que podrán pensar libremente, actuar con conciencia y ser felices. Su felicidad, será la mía.



CARPE DIEM. 
Extracto de una de mis películas favoritas: Dead poets society

viernes 23 de diciembre de 2011

Nacer por cesárea


http://mspe.blogspot.com/2011/12/desde-casa.html
(c) Derechos reservados



Voy a tomar prestado el título del libro de mi querida Ibone Olza, para contar el nacimiento de dos niños queridos y el acompañamiento en la cesárea de su mamá, Dakota.
Conocí a Dakota cuando como todo buen perro verde que se precie, me encontraba en la búsqueda de otros perros verdes como yo.  Entonces tenía muy clara mi filosofía de crianza y maternidad, pero fue Dakota la que me presentó, “oficialmente”, el primer grupo de gente que conocí con ideas parecidas en Madrid.
De aquello han pasado ya muchos años… y nuestra amistad se ha hecho sólida y fuerte. He sido testigo de su búsqueda, del camino recorrido, de cada triunfo y de la pena  inmensa ante los fracasos. Por eso, cuando me propuso acompañar el nacimiento de sus pequeños, Martín y Aitana, le abracé emocionada. Es muy difícil entender lo que significa este nacimiento, si antes no se conoce la historia que hay detrás y todo lo que ha costado la llegada de estos niños al mundo.
El antes
Durante el último tercio de su embarazo tuvo cierta presión para planificar una cesárea. Le daban muchos motivos; ninguno causa real para sacar de su nido a los pichones. Todavía no entiendo por qué ese apuro y ese miedo.
Cuando le diagnosticaron colestasis*, tenían los motivos. Una noche antes, pregunté a un ginecólogo de mi absoluta confianza que era esto y luego de que me lo explicó y de entender en qué casos podía ser necesaria una intervención (casi nunca…) me quedé con la sensación de que sería una cesárea innecesaria. Cuando Dakota me contó que en su informe de entrada al hospital lo que ponía era “sospecha de colestasis”, las mías –mis sospechas- se confirmaron.
Entiendo que como madres, ante un pronóstico adverso,  hagamos lo que tengamos que hacer para procurar el bienestar de nuestros hijos. Es lógico que lo hagamos. Lo que no logro entender es el afán por asustar de aquellos que nos atienden y especialmente, el valerse del miedo para intervenir innecesariamente.
El día “D”, muy tempranito, nos encontramos en el hospital. Dakota y yo ya habíamos estado allí antes juntas, en otra situación muy diferente… Fue inevitable recordarlo…sin embargo, esta vez estábamos allí esperando vida , emocionadas ante el acontecimiento. Estuvimos un rato hablando a los bebés. Su madre, su tía y yo, llenando a Dakota de mimos. Una red de mujeres apoyándole y dando ánimos. Y también su hermano, ocupándose de todo lo logístico. ¡Qué gran familia!
En un momento me tocó coger la cámara y la tía Puri, una señora rubia encantadora, se puso a cantar a los bebés mientras acariciaba la barriga de Dakota. Mi emoción se desbordaba mientras grababa en vídeo aquel momento tan íntimo.
¡¡Todo listo!! ¡¡Nos vamos!!
Quirófano. El azul y el verde impera. Son gentiles y educados. Dakota y yo bromeamos sobre lo guapo que es el anestesista…  un chico joven, residente, que fue extremadamente cuidadoso y siguiendo las indicaciones de su jefa, se encargó de administrar la poción encargada de dormir a Dakota de cintura para abajo.
¿Atamos? Pregunta el residente.
Y yo, lo más dulcemente que puedo- pero no hará falta… además que necesita su brazo para poder coger a los bebés…
La jefa: Bueno, pues no atamos ¿Pero que sepas que atamos a todas las señoras, eh? Como te van a dar a los bebés te dejamos libre.
Una mujer a la que van a hacer una cesárea está, literalmente, crucificada. En otro contexto, parecería un sacrificio. Pies atados, madre inmóvil, brazos en cruz… atados por correas. Una cortina nos hace invisible el escenario. La diferencia es que en esta operación nacen los hijitos y se está despierta. Estar sola en un momento así, atada de esta manera tiene que ser terrible. A mí me han “dejado” pasar. Privilegio que sólo puede tenerse en una cesárea programada y sólo en este hospital. No entiendo porque no se hace siempre, si es que el acompañante está en un ladito que no molesta, que no interrumpe. Si un acompañante puede aportar tanto a la madre con su presencia.
Yo miro reojillo lo que va pasando. Acaricio la cabeza de Dakota. Le cojo la mano y le hablo un poco. De fondo se escucha a Rosa Zaragoza y es como si estuviéramos las dos solas y en otra habitación los demás. Dakota está en un estado de semi inconsciencia. Casi como si fuera a dormirse… pero habla.
Sacan a Martín. Lleno de energía, con un color perfecto, lleno de grasita y su olor de recién nacido. Se me escapan las lágrimas. Le ponen encima del pecho de su madre. Piel con trapo… “que se va a enfriar”. Intento sacar el trapo que les separa. Ya están piel con piel, tapaditos y juntos. Dakota le habla, le susurra y le abraza. Le llena de besos. Son las 12:22 es un gordito delicioso.
Pasan 3 minutos. Llega Aitana. La coge una enfermera que sentencia: Este bebé tiene un poquito de distress**. Nos lo llevamos. Alguien le dice que se lo enseñe a la madre. “Dale un beso que se va con nosotras”. Un poquito de distress… nadie explicó a Dakota lo que significaba. Se lo dije. Nos dicen que será sólo un momento.
Con Martín en el pecho, los obstetras están a lo suyo, hablan de sus cosas. Veo la herida, no es muy grande. Ha sido lo que yo pienso que es una cesárea educada, pero todavía está lejos de ser una cesárea respetada. Las enfermeras están repitiendo a coro “mimame mamá, mimame mamá” de la Rumba de las madres. Cantan. Preguntan mucho por la música y nos parece curioso.
Entonces viene alguien que revisa a Martín en el pecho de su madre.  Un poco ruda maneja al bebé toscamente y  le dice a otra, les ves? Le ves? Y dice que tienen que llevárselo. Dakota escucha cianótico, pero el niño se ve bien y yo no lo escucho.  Un poquito más allá le pregunto a la enfermera qué pasa y ella me dice que nada, que todo está bien. Es que nos lo tenemos que llevar a revisar; enseguida os traemos a los dos. Entonces la médica (¿? nunca se presenta…) me dice que está todo bien, pero que no puede estar aquí porque el bebé se enfría. Y yo insisto, ¿pero hacéis método canguro no? Y ella: ¡Pero es que son dos! Yo en mis trece: sí, uno puede coger la madre y otro yo… Te he dicho que no. No insistas. No se puede. Esta vez ya de malas maneras.
Nos quedamos sin bebés unos 20 minutos. Luego traen a Aitana y nos dicen que al otro se lo quedan porque nació con distress. Yo: No, era la niña de la que dijeron eso. “pues habrán cambiado”, me contesta la enfermera. Le han quitado toda la capa de grasita con la que nació y está brillando de lo limpia que está. No puedo imaginar cómo tuvieron que frotar para dejarla tan limpia… eso me entristece.
La separación innecesaria en un Hospital IHAN y NIDCAP
Llevan a REA a Dakota.
Estuvimos hablando y admirando a Aitana unas dos horas. Durante ese tiempo fui varias veces a neonatos a ver qué pasaba que no traían a Martín. Primero me dijeron que había cambio de turno y que serían las enfermeras del siguiente turno las que devolverían al bebé en cuanto entrasen. Pregunté insistentemente si el niño estaba bien y siempre me contestaron que sí. Me dieron la orden de cambiarme de ropa (hasta ese momento seguía con el pijama del quirófano y mi presencia era imperceptible) y de que rellenara unos papeles súper importantes de afiliación. Que lo hiciera de forma inmediata. Como en teoría era súper importante, fui… y tardé. Faltaban datos que no habían puesto, la firma de los médicos que atendieron, etc., etc. Cuando volví lo primero que pasó fue que el médico de turno en REA me preguntó que por qué me había ido. Que no podía dejar a Dakota sola y que no era en lo absoluto urgente ni que me cambiase de ropa y mucho menos que rellene ningún papel. Me di cuenta de que en neonatos querían simplemente mantenerme ocupada. En los papeles figuraba que era Aitana la bebé que estaba en Nenonatos, y Martín con su mamá... exactamente al revés.
A la tercera vez, ya en el siguiente turno de enfermeras me dijeron: ¿Por qué no traes al otro bebé para hacerle la revisión por el pediatra? Mientras, te vas a comer y en 15 minutos cuando vuelvas, ya recoges a los dos…. Muy obediente, llevé a Aitana a neonatos, y le dije a Dakota cual era la situación. Mentí: Le dije que me dijeron 20/25 minutos  para darnos un poco de tiempo.  Ella se quedó sola mientras tanto y las dos nos despedimos con la esperanza de que al volver, tendría a sus dos bebés con ella.
Pero no fue así. Cuando volví, fui primero a neonatos donde no quisieron darme a los bebés. Volví junto a Dakota y le dije que tardarían un poquito más, un poquito más… Y así durante tantos poquitos que la madre empezó a estar intranquila y pensaba que había pasado algo.
Pero en realidad no pasaba nada. Los niños estaban perfectamente. No los devolvían porque no había un pediatra por allí… y cuando lo hubo y volví por enésima vez a neonatos a llevarme a los niños, prácticamente me echaron. Eran las ya 5 de la tarde y los bebés habían nacido antes de las 12:30.  Le pregunté a la pediatra qué pasaba, que porqué si los niños estaban bien, no se los daban ya a su mamá. Cuestiones burocráticas… Me dijo que estaba ella sola, que no daba abasto y que era lo que había.
-          ¿Sabes? –le dije- Esta mujer ha elegido este hospital porque tenéis un protocolo de no separación, de hacer piel con piel y método canguro. Sus bebés han nacido hace cinco horas y siguen aquí. Separados.
-          Pues si discutimos menos, tardamos menos.

Encuentro
Durante el tiempo que estuvieron en neonatos no dejaron pasar al hermanito de 5 años, que esperaba ansioso poder ver a los bebés. Como yo tenía que pasar por el mismo sitio en el que el hermano mayor esperaba, me detuve 5 segundos para que pueda darles un besito. Nueva reprimenda de la enfermera acompañante. Era sólo un beso…
Finalmente los bebés fueron reunidos con su mamá y fueron instalados en la habitación. En ella esperaba la familia: feliz y emocionada. La Tía Puri me dijo algo que fue muy especial en lo que no había caído. “hoy recé también por aquellos padres que han hecho este milagro posible”: Sin lugar a dudas, fue un gran acto de generosidad.
Llenaron de besos a Dakota y antes de irme pude ver aquel cuadro -tan esperado- en primera fila. Mi amiga, por fin, con sus tres soles. Iluminándolo todo.

En el largo camino a casa tuve tiempo para pensar en miles de cosas; en aquello que no salió como esperábamos, en aquello que dije y en lo que pude haber dicho y hecho por ella. Me quedó la sensación agridulce de haber sido “engañada” por simples destellos dorados: Esos galardones que ostenta ya este hospital y que me parecieron gato por liebre.
Pero tuve tiempo para más. Sobre todo, tiempo para pensar en lo valiente y perseverante que ha sido mi amiga. Tiempo para dar gracias a la vida por ser testigo de este milagro y a Dakota por haberme ofrecido el privilegio de acompañarla... para ver una y otra vez las fotos de esos pequeños luceros….
Mis ojos se nublan de nuevo. ¡¡LO HA LOGRADO!!




Contado por ella: 


* Colestasis:
es cuando la excreción de la bilis (del hígado) se interrumpe. Puede ser  grave cuando los índices de bilirrubina son tan altos que la madre se tiñe de amarillo, siendo visible a simple vista. Normalmente, en otros países no es una indicación de cesárea, salvo en casos extremos. En los demás casos el tratamiento suele reducirse a aliviar el picor, síntoma característico. 

** Distress: Dificultad respiratoria que suelen tener los bebés cuando son inmaduros o son extraídos antes de tiempo del útero materno. En todo recién nacido con dificultad respiratoria se indica una radiografía de tórax y gasometría arterial.