jueves, 10 de julio de 2014

Hospitales

Odio los hospitales. Me causan un sentimiento muy difícil de describir. Mezcla de angustia y miedo. El olor a medicina, las batas, el trajín, me hacen sentir muy vulnerable y temerosa. Alguna vez que mis padres han estado ingresados por alguna causa, soy incapaz de acompañarles sin transmitirles mis nervios y mi miedo a "que pase algo". 

Por eso cuando son mis hijos los que necesitan atención, tengo que hacer de mi corazón un nudo y "ser fuerte" para poder estar con ellos sin ser un obstáculo, un estorbo que impida curarles. 

Quienes me conocéis sabéis que soy muy crítica con la profesión médica, con las asociaciones y sociedades que les acogen y en general con los protocolos que se alejan de la ciencia y la evidencia. Por eso, y porque también quiero reconocer el trabajo bien hecho, escribo este post. 

Hospital de La Princesa

Ayer mi hija mayor se encontraba enferma. No solemos acudir a la medicina externa porque ya tenemos dos médicos en casa y normalmente es suficiente para cuando están resfriados o tienen pequeñas dolencias. Mis hijos son niños sanos. Pero Pioja se sentía mal a primera hora de la mañana y mis padres ya habían estado en casa, dando un primer vistazo antes de irse a sus respectivas consultas. No pensé ni parecía que fuera importante, así que me fui con los pequeños y la dejé en casa descansando. Cuando volví la encontré mucho peor y dormida. Al despertar le propuse ir a urgencias, esperando que me dijese que no hacia falta... pero me dijo que sí enseguida, cosa que me preocupó y decidí llevarla al ambulatorio del barrio. Allí, no nos atendieron rápidamente. Nos pusieron en lista y mi hija se encontraba cada vez peor: vomitando y doblada de dolor. Así que decidí, temiendo que fuese algo más, llevarla a nuestro hospital de referencia: La Princesa. 

En cuanto llegamos, con mi niña llorando y apoyada en mí, entregué su tarjeta sanitaria y antes de que terminara el registro teníamos un celador a nuestro lado, silla de ruedas lista, para llevarla a "clasificación" (donde se determina qué clase de urgencia y si es una urgencia el caso que llega) y una médica residente que hizo una señal y dijo, "me encargo". Me dejó sorprendidísima tanta rapidez. No llevábamos ni cinco minutos en el Hospital.

Desde el primer momento, empezando por la administrativa que nos hacía el ingreso, se mostraron educados, respetuosos y competentes. La primera médica tomó nota para empezar la historia, derivó rápidamente a sus compañeros y le pusieron un analgésico por vía. 

Estuvimos un poco más de cuatro horas allí. Durante ese tiempo mi hija fue revisada por varios equipos y derivada a su vez a otros. Medicina general, cirugía, ecografía, enfermería. Le pusieron una vía y le hicieron varias analíticas. Fue atendida con diligencia y cuidado. Aunque ella es mayor de edad y no pude estar presente en todos los momentos, me llamaban y me informaban de cada cosa que harían y me dejaban estar en algunas de las pruebas. 
No solo le atendieron con respeto y profesionalidad. Sentí cariño. Mucho cuidado y empatía. Todos los médicos que nos atendieron era muy jóvenes. Claramente menores que yo -hacía mucho que no sentía que un médico era más joven que yo... estoy envejeciendo- y el letrero de "residente" en su bata, pero con voces seguras y animadas. No fui la única. Vi y escuché como trataban de igual forma a todos los acompañantes y a todos los enfermos (y otros no tan enfermos que estaban en urgencias igualmente...) y sentí que mi hija estaba en buenas manos, que aún sin mi presencia, estaría bien. 
Finalmente, después de sueros y pruebas varias; de descartar algo más grave de lo que se veía, nos dieron la noticia de que no había nada que temer y que en poco tiempo le darían el alta junto con las indicaciones para casa. Salimos de allí de noche, en el mismo momento en el que llegaba en ambulancia un viejito con la cabeza rota y que seguramente se había caído... y ante mis ojos, todo volvía a pasar: el celador, la médica, la rapidez..."Pase, pase, no se preocupe, vamos.." 


Este post es para mostrar mi agradecimiento a aquellos profesionales que creen en lo que hacen. Para darles un abrazo a todos esos jóvenes médicos de ayer, para que no pierdan nunca el sentido de la humanidad, para decirles que admiro y valoro su trabajo y que me siento profundamente conmovida porque sé que no es fácil trabajar en según qué condiciones. Porque ayer nadie me preguntó nada raro, no hicieron mención a mi acento, no hubo un solo reproche por lo que hizo o dejó de hacer la paciente, ninguna palabra fuera de lugar, ningún tono de superioridad... 
Porque ayer no fue nada y dormimos en casa, pero le hicieron pruebas, varias y eficientes que descartaron rápidamente que no había que operar de nada y que podíamos estar tranquilas. Y no pagué. Pagamos todos... 
Porque creo, que parte de la responsabilidad para que siga funcionando un sistema de salud como el que tenemos, la tenemos los usuarios. Porque deberíamos usar este servicio cuando de verdad sea urgente y no colapsar-abusar de los medios que existen a nuestro alcance. 
Porque nunca se sabe cuándo vamos a volver... o para qué. 








viernes, 20 de junio de 2014

Hasta que volvamos a vernos...

Todavía con la resaca de un día entero pasado en la hermosa Granja La Limpia, repaso las fotos del año que acaba. Encuentro algunas de Piojilla en cumples y excursiones. Y otras, las más bonitas, al lado de sus compañeros de clase, las profes, el cole. Nuestro Cole.

Hoy es el último día de clase y los meses han pasado volando. Ha sido un año complicado para mí, pero ver a Piojilla tan feliz, contándome tantas cosas hermosas a diario, sintiéndose tan querida, disfrutando de sus cuadernos llenos de historias y caras felices... me lo compensa todo.

Nuestro cole es un sitio especial en el que me siento en casa. Es difícil explicar cuánto admiro la tarea que realizan todos y cada uno de los maestros que allí enseñan. Y digo "enseñan", pero la sensación de mi hija no es la de "tener que aprender por obligación", sino la de disfrutar cada pequeña cosa que hacen; desde los dibujos -siempre libres- hasta los proyectos que realizan en equipo para aprender las lecciones. Cada pequeña cosa es hecha con ilusión y ello se puede apreciar en cada cuaderno, en cada folio.

¿Deberes? Cuando Piojilla trae sus pequeños deberes a casa, no tienen nada que ver con lo que escucho de otros sitios:  jamás le llevan más de 15 minutos hacerlos y no son ni mucho menos obligatorios. La "orden" de la profesora es que si le llevan más de ese tiempo hacerlos, los deje para otro día. Que lo más importante que debe hacer un niño a esta edad, es disfrutar de su casa, del tiempo con sus padres.  En las vacaciones tuvo como "deberes" hacer la lista de la compra, ayudar a poner la mesa, escribir cuentos, leer lo que quiera. Piojilla se trajo un libro de chistes y adivinanzas que estuvo compartiendo con todos en casa.

¿Calificaciones? En general sus cuadernos no llevan correcciones. Ni siquiera ortográficas. Ellos mismos se dan cuenta de que las palabras se escriben así o asá en la medida de que van usándolas. Pero me llamó la atención un MMB que de vez en cuando aparecía en algún sitio. Piojilla me sacó de dudas: MUY MUY BIEN.

Este año ha sido particularmente bonito porque he visto a Piojilla desarrollando su potencial, animada por su amorosa profesora que con paciencia ha ido inculcando en ella más ganas de aprender y de hacer las cosas bien. Piojilla es una niña detallista, que se toma su tiempo en cada cosa que emprende. Muy creativa y discreta, podría pasar incluso por tímida en ocasiones.  Por ello sé que en un colegio "al uso", rápidamente etiquetarían a mi hija y ella terminaría odiándolo. Qué fácil parece todo en Nuestro Cole. Que ante la mínima preocupación que tengamos, sus profesores están no solo atentos a los niños, sino atentos a sus padres.

Pero no es la única. En Nuestro Cole, todo es así. Y es una casa pequeña, con una infraestructura sencilla, pero lo que ofrece es mucho más importante. Dan gran valor a la gestión de las emociones y por eso, desde muy pequeños aprenden a decir "no me gusta" cuando algo no es de su agrado. Grandes y pequeños respetan sus espacios y es excepcional escuchar malos rollos entre los niños. Son felices.

Ayer, en la Granja, una niña corría detrás de la que fue su profesora con ocho años.  Le perseguía con una pistola de agua y la profesora pidió paz. La niña, seguramente de último curso de primaria, dejó de disparar y escuché: Vale. Pero dame un abrazo Mer. Yo te quiero mucho. Y la profesora, abrazándola: Yo también te quiero mucho y te voy a echar mucho de menos! Y no pude evitar pensar: Yo también te quiero mucho Mer. Y a Lola. Y a todas y a cada una. Porque hacéis por nosotros tanto que no sé cómo contarlo al mundo.

Todavía no sé cómo vamos a pagarlo. Y no me refiero a lo económico que también es importante... sino a todo aquello que recibo a diario de este cole maravilloso donde mi hija es tan feliz.

Gracias por todo lo que hacéis. Gracias por amar tanto vuestro trabajo. Por amar a nuestros niños. ¡¡Ya me muero por volver a Nuestro Cole, que es nuestra casa!! ¡¡Adiós!! ¡¡Hasta que volvamos a vernos!!




Más sobre nuestro cole: FIN DE CURSO


sábado, 14 de junio de 2014

Fair play en pediatría

Las madres no pedimos mucho cuando vamos al pediatra. 
Un trato educado es lo básico. Pero un mínimo de actualización y evidencia detrás de cada consejo, también se agradece. 

Muchas madres me preguntan por qué los pediatras dan consejos tan desafortunados si existe un montón de información en Internet, en su propia página web, que es fácil de leer y difundir en las consultas de pediatría. Por qué se sigue diciendo que los bebés deben "descansar" entre toma y toma un mínimo de 2-3 horas, que deben mamar 10 minutos de cada pecho. Por qué se les da tablas como ESTA a las madres, y de forma tan vergonzosa el sello de la AEP (Asociación Española de Pediatría) comparte esquina con el logo de una famosa industria láctea. 

Me preguntan por qué acaba de salir un documento que - a pesar de que existe evidencia suficiente para debatir sobre el tema- vuelve a señalar el colecho como posible causa de muerte súbita... Cientos de preguntas que nos hacemos a diario a las madres y nos hacen visitar desconfiadas a los médicos de nuestros hijos, a cambiar una y otra vez de facultativo porque NO NOS PODEMOS CREER, que el pediatra tenga las cosas menos claras que una sencilla mamá. 


Es verdad que no todas las madres están atentas a la información científica que la propia página web de la AEP difunde. Es cierto que no todas las madres buscamos datos en profundidad y que muchas confiamos y empezamos a dar fórmulas de ayuda y papillas con 4 meses porque así nos lo han indicado. Confiamo. Creemos. Y es que, la normalidad debería ser poder asistir con confianza al pediatra, sin hacernos un máster en salud-infantil.  Seguir las indicaciones del pediatra debería ser lo habitual, pero también debería serlo que el pediatra nos ofrezca unas indicaciones en línea con las buenas prácticas. 

Es cierto también que muchas madres abusamos de los servicios de la seguridad social y que las consultas están abarrotadas de emergencias que no lo son, de casos que no requieren otra cosa de descanso y sopita de pollo, de niños que podrían curarse solo con mimos y estar en casa. Aunque ese es otro tema del que hablaré en otro post, -desempoderar a las madres tiene estas consecuencias entre otras- entiendo perfectamente la situación de un médico que no tiene más de 5 minutos para "atender" al niño que viene. ¿¿¿Qué se puede hacer en 5 minutos??? por mucha buena voluntad que tenga, por muchas horas que pase leyendo sobre las nuevas prácticas, por mucho que intente cumplir con su juramento hipocrático: Es imposible hacerlo con calidad. Y aunque hay pediatras maravillosos y gente que día a día se juega su puesto ignorando a la industria, el común de los profesionales prefiere mirar hacia otro lado. 

Pero no hablemos de los casos particulares, sino de la Sociedad que los acoge. Las madres no podemos dejar de observar que algo raro pasa en la AEP. Las madres no somos tontas. Nos damos cuenta de que repartir a TODAS las madres un papelito con consejos nutricionales donde se indica un YOGUR específico de una marca específica, no es casual. Que cuando nos dicen que tome CEREALES (de caja; no arroz o sopita de pasta) y nos citan una a una las marcas que podemos comprar, incluso antes de los 6 y 5 meses, no es coincidencia.  Que cada vez que nos dicen que a nuestro bebé se le pasarán los "cólicos" si le damos el tarrito X -azúcar + manzanilla en polvo- algo raro está pasando. 

Recientemente me llegó una nota de prensa que me pareció escandalosa. FENIL, la Federación Nacional de Industrias Lácteas,  de forma clara y contundente nos informaba a los periodistas que el consumo de lácteos estaba bajando drásticamente en las familias y que de alguna forma tenían que volver a reforzar la creencia de que los lácteos eran imprescindibles y buenos. Y que para ello, era vital dirigir su campaña a los pediatras para que estos a su vez, actúen como parte importante de su técnica de ventas. Por ello, patrocinaban el Congreso Extraordinario de Pediatría. 

¿¿¿Asqueroso??? ¿ Inmoral? ¿de Vergüenza? 

Buscando cómo es posible que una industria sea tan cara dura y una sociedad científica permita semejante barbaridad y acepte sin ningún inconveniente venderse, vender su ética y ofrecer así información sesgada y manipulada, me  metí en la web del Congreso y encontré esta joya. No falta ninguno. Ahí tenéis las respuestas.




Más info:

DIMITE EL 60% DEL COMITÉ DE LACTANCIA MATERNA DE LA AEP

Plataforma NO GRACIAS

Revuelo en la Asociación Española de Pediatría

¿Por qué falla la lactancia?


martes, 13 de mayo de 2014

Así nos va...



Veo este vídeo de una nueva promoción de matronas y no puedo evitar sentir vergüenza ajena. 
Chicas de menos de 30 años, riéndose de las mujeres que atenderán en el futuro. No me parece ni un poco gracioso; y me pregunto cómo reaccionaría el colectivo de matronas si las mujeres hiciéramos un vídeo riéndonos de las absurdas barbaridades que se oyen a diario en las consultas, si nos mofáramos de su profesión y de su saber con un vídeo como este. En cambio, hacemos vídeos así.

Pero además, en cosas como esta es que se ve todo lo que han aprendido en estos años. Paternalismo puro. Intervención innecesaria. Faltas de respeto a la mujer, a su pareja. Miles de epidurales, cero acompañamiento.  Si hasta la misma letra lo dice: "hazla puérpera enseguida"...

Lo dicho. Así nos va.



El vídeo se llama "Niña sube la oxitocina" y os lo dejo aquí. Penoso. 
Supongo que en unos días este vídeo desaparecerá (a alguien le dará vergüenza infinita.... ojalá) pero no hay que olvidar que lo que se sube a Internet permanece para siempre.





miércoles, 7 de mayo de 2014

Violencia obstétrica, invisible

Ha llegado a mi muro de facebook el durísimo trailer "Puja" sobre violencia obstétrica.


Puja - El documental (trailer) from Max Boniface on Vimeo.


Os lo dejo aquí para la reflexión y el debate, porque esto que veréis, no es algo aislado que solo pase en sitios lejanos. A diario, llegan mujeres a Entre Mamás contando sus partos intervenidos sin necesidad, separaciones forzadas, inducciones fallidas, lactancias frustradas, sentimientos de culpa por no haber estado "a la altura", cuando en realidad después de haber pasado por todo esto, es una suerte que todavía puedan conservar las ganas de atender a su bebé.

Las madres lloran y cargan con sus sentimientos encontrados de forma silenciosa. Llegan a casa en la más profunda soledad, con la misión de sonreír y encontrar la maternidad "maravillosa", y lo que de verdad les pasa es que se sienten superadas por los acontecimientos y tardan un tiempo en procesar que "todo aquello" les ocurrió a ellas, tardan en cerrar sus heridas -físicas y emocionales- y como consecuencia, en hacerse con ese bebé que demanda atención y tiempo, pero sobre todo, amor.

Nos mandan negar nuestros instintos. Nos mandan a callar mientras parimos, nos tumban, pinchan, cortan, extraen. Hacen lo propio con nuestro cachorro. Nos prohíben que arrullemos a nuestros hijos, que se mal acostumbran y se hacen dependientes. Se niega una y mil veces desde todos los ámbitos la necesidad infinita que tiene el bebé de su madre y viceversa.  Nos ofrecen nidos y biberones. Nos dicen que todo es por nuestro bien.

Y luego están los múltiples inventos para que nuestros hijos nazcan mejor y quedemos menos maltrechas. Leo indignada sobre la invención de toda clase de artilugios para que no nos hagan episiotomías, no nos destrocemos el clítoris, no salgamos heridas de "ahí", como si estuviera en nuestras manos salir ilesa. y así es que luego llegan las mujeres pensando que no hicieron suficientes ejercicios de Kegel, que no se pusieron suficiente aceite de rosa mosqueta, que no usaron de forma conveniente el "EPi-no" (esa especie de pera de la angustia que no entiendo cómo se puede vender libremente...) y que no pasa nada por hacerse pis encima, mientras no huela, porque hasta María Adanez usa compresas para "sus pérdidas".  . Vomitivo.

Que las mujeres traigamos de esta forma a nuestros hijos no es casual sino causal. Es una forma de dominar nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Tanto mal se ha hecho en estas dos generaciones, que creemos que ESTA es la normalidad y la aceptamos, nos resignamos a ella e incluso ponemos una reclamación cuando por casualidad el profesional que nos atiende está actualizado y nos hace pocos tactos y nos deja dilatar en intimidad.

La violencia obstétrica está tan socialmente aceptada y es tan invisible que nos dejamos hacer...