jueves, 16 de febrero de 2017

"Ni un besito a la fuerza"

Ni un besito a la fuerza



Puedes decir NO
Aprovecho que me he ofrecido a realizar un pequeño taller y lectura de cuento en la clase de mi hijo pequeño para recomendaros la lectura de este libro. En él se trata un tema al que no hacemos mucho caso y que, en general, nos parece poco importante: El pedir a nuestros hijos dar besos aunque a ellos no les haga mínima gracia.

Desde que son bebés y cuando todavía no tienen sentido de la propiocepción, (de hecho, no saben ni que existen) pueden recibir con complacencia y alegría nuestras caricias y besos. Son sensaciones de bienestar y amor que se les transmite desde sus figuras de apego principales (normalmente, madre y padre, en ese orden), necesarias para su desarrollo emocional. Poco a poco empiezan a darse de cuenta de que es algo que ellos también pueden hacer y que reciben nuestros “vivas” y aplausos cuando logran tirar el primer besito en el aire.  

Hacia los 8-9 meses el bebé comienza a distinguir entre las personas de su entorno a los “conocidos” y “desconocidos”, y dentro de los conocidos, a quienes “le caen” mejor o peor por simple afinidad. Es entonces cuando empezamos a decirles a nuestros hijos cosas como “dale un besito a la tía/abuelo/vecina” y se producen los primeros rechazos por parte del bebé. ¿Qué hacemos? Normalmente insistir y forzar ese beso.

El contacto físico no deseado es un tema complejo de abordar con nuestros hijos, especialmente en una sociedad en la que se nos exige ciertas pautas de comportamiento social como saludar con dos besos a quienes nos visitan o al despedirnos.

A un niño (igual que a cualquier persona) le puede resultar muy violento tener que besar a quien no le apetece. Le ponemos en una situación incómoda y de rechazo cuando le insistimos en ello sin pensar en sus propios sentimientos. Es importante validar esos sentimientos, pero además, respetar su decisión si no desea tener contacto con alguien en particular, sea quien sea.  Como adultos nuestro deber es dar mensajes de que respetamos esa decisión, no ser invasivos (cuesta tanto no apretujar a un niño pequeño!! Son tan lindos!!... pero esta invasión satisface una necesidad del adulto, nunca del niño). En cambio, en muchas ocasiones podremos escuchar verdaderos chantajes como “si no me das un beso es que no me quieres” o “si no me das un beso, me enfado contigo”… etc etc. O incluso peor, de insulto al niño: “vaya niño mal educado”.

Respetar su espacio vital es un imperativo. Jamás acercarnos a besuquear/abrazar a ningún niño y mucho menos al niño ajeno sin su expreso consentimiento. Preguntar, incluso a los más pequeños. Esto, no solo refuerza su autoestima y le da una idea clara de que su cuerpo es suyo y de que él pone el límite, sino que le protege contra cualquier acción que atente su seguridad física y sexual. ¿Por qué hablar de abuso y su prevención en este contexto?  El abuso sexual sucede en el 80% de los casos en un entorno de cercanía con el menor. Que el niño/niña sepa decir NO y que no le gusta X situación, saber que puede contar con un adulto de su confianza, debería ser algo que fomentemos en su hogar.

Me parece importantísimo tratar este tema en las familias, en la escuela de nuestros hijos, en nuestros entornos de vida. Hablar de ello con sencillez pero con contundencia. Hay varios recursos en la red para hablar de ello y compartirlo.

Hace unos días, me llegó esta entrevista realizada a Pepa Horno, en el que trata el tema del abuso sexual Os la comparto AQUÍ.  

Y además, dos entrevistas que me hicieron en Radio Internacional (programa “Viva la educación” sobre Besos forzados – programa EDUCA 20170128 minuto 18.18 – y angustia de separación programa EDUCA 20170211, minuto 18.  

http://www.radiointernacional.es/programas/viva-la-educacion/


Más programas…

EDUCA 20170204 – minuto 27 (el cuidado de nuestro bebé por un tercero) 

viernes, 3 de febrero de 2017

La infancia dura diez años


Llevo rumiando este post por lo menos un año... Reflexionando en lo que significa el fin de la infancia y tratando de tapar el sol con un dedo. 

Mi piojilla cumplirá pronto once. Despierta su cuerpo de niña hacia la mujer que será. Aparecen dos botones en su pecho y su figura se alarga, como un cisne. La miro desde lejos y lo sé: La infancia dura diez años. 

Ya sus juegos no son los mismos y se aburre con aquellas cosas que antes tanto le gustaban. Sus juguetes van poco a poco siendo relegados. Su carta a los Reyes ya no pone las mismas cosas... 

La infancia dura diez años y no vuelve. El bebé se hace niño enseguida y sin darte cuenta, has dejado de dar teta, de llevar en brazos. No recuerdo cuándo fue la última vez que la llevé en mi amada bandolera verde ni cuando aprendió a bañarse sola. 

De repente los días se han juntado, uno detrás de otro y han dado paso a una niña grande. Cada instante me aleja más de la pequeña que aún me escribe cartas llenas de corazones, "mamá eres la mejor del mundo", que juega a las profesoras y sueña con ser bailarina. Cada momento me aleja más de mi bebé chiquita... 

Y no sé cómo me parecían tan eternos sus dos años. Sus miles de rabietas encendidas. No sé qué pasó ni en qué día resolvió no tirarse más al suelo para pedir las cosas. No apunté qué día fue el que aprendió a pedir las cosas por favor ni el instante en el que se convirtió en la niña discreta, tranquila y cariñosa que es. 

Y miro el futuro a conciencia. Sabiendo ya lo que me espera en la siguiente década. El dolor de que crezca junto a esa mezcla de orgullo y felicidad. Saber que es cuestión de días para no estar más dentro de sus planes, para parecer caduca con mis formas y mi música. Para dejar de ir de la mano a su lado. Dejar de ser su heroína y pasarme de un día al otro al bando de las brujas de los cuentos que antes leíamos.

Me inunda de preguntas que a veces no sé responder. Le sorprende y llena de ilusión cada cambio de su cuerpo. Hablando sin tapujos como hemos hecho siempre. Y su extrema sensibilidad y amor a la justicia la hacen vulnerable y fuerte a la vez. Se empieza a dar cuenta de lo difícil que es ser mujer en un mundo en el que empezando por sus propios amigos y terminando en la televisión y otros medios, se ríen de lo femenino. Y el miedo... la pérdida de la inocencia que supone entender el significado de las "malas palabras" que antes no eran nada. 

Quisiera no tener que ver cómo explota su burbuja de juegos y fantasía. No tener que ser testigo de esa metamorfosis que inevitablemente ocurrirá. Esconderme bajo una armadura para que no me duelan en el futuro sus reproches de adolescente. 

La infancia dura diez años. Me lo dicen sus zapatos que ya no se compran en la zona "niños"... su altura que se acerca cada día más a la mía, sin piedad y sin pausa. (Y no te he acunado suficiente hija. Tan poco, que el otro día me dijiste que te faltaban abrazos). Hace un tiempo una madre me preguntaba qué festejar... si Navidad o Reyes. Festéjalo todo, le dije. Hazle mil fiestas de cumpleaños. Porque en breve ya no tendrá la misma ilusión por aquel juguete que tanto pedía y escribirá diarios en los que tú ya no aparezcas. 

Tanto que nos preocupa que no se vaya nunca de nuestra cama. Que quiera ser llevado por siempre en brazos. Que las rabietas duren para siempre... Qué ilusos somos. Que nos creemos que la crianza está hecha de dogmas y que los hijos nos pertenecen. 

Y así, el tic tac inexorable suena en mi alma de madre y me hace un pequeño agujero en el corazón. Cuenta atrás para que su útero abra las alas, inunde de rojo su día y tenga que abrazar a mi niña por última vez.... 


viernes, 16 de diciembre de 2016

Cuatro


Quién me iba a decir que una nueva maternidad ocuparía mi vida. Para volver a gestar, parir, amamantar, criar y reconocerme una vez más, recomponerme, reinventarme. Saborear de nuevo el puerperio, esta vez dulce, sanador y maravilloso.


Parece que ha sido un instante, pero hace cuatro años que te tengo, bebé-luz, bebé amado. No puedo decirte, hijo mío, lo que significas en mi vida. Todas las cosas buenas que has traído con tu existencia. Cómo has puesto cada cosa en su sitio, cómo nos has dado un chute de felicidad, de serenidad, de buen rollo, de tanto amor.

Las lecciones que aprendí contigo en ese embarazo inesperado y duro... todas las puertas que abriste en mi mente y que quedan por abrir. Tu nacimiento gozoso y acompañado por quienes te amamos, aquel día en el que no te esperaba nadie.

Quiero contarte pequeño, que ya había olvidado la idea de la maternidad y entonces, llegaste. Tu llegada al mundo fue una sorpresa. Y que fue la oportunidad perfecta para comprobar lo diferente que puede ser todo cuando cuentas con apoyo. Apoyo de la familia, apoyo del mundo.

Estuve cuidada, mimada y protegida por muchas amigas-hadas que no dejaron de ofrecerme aquello con lo que contaban. Me rescataron muchas veces del infierno que suponen mis embarazos. Me abrazaron, me consolaron, rieron conmigo. Buscaron entre sus tesoros, los más bonitos, para que al nacer no te faltara de nada. Y así, comandadas por tu hermana mayor siempre pendiente del detalle, me hicieron la más grande de las fiestas jamás soñadas...

Hoy es un día de darle las gracias a esas mujeres y a todas aquellas que me han regalado tanto en los últimos once años ofreciendo sus historias. Esos testimonios y ese amor me permitieron parirte en el parto libre que todas merecemos.

Hoy es un día de dar gracias también a tus hermanas. Por lo que han dejado a su paso desde sus nacimientos, tan distintos y tan removedores en mi vida. A Valeria,  que me convirtió en madre en aquel parto tan placentero. A Sofía, precursora del terremoto que lo cambió todo.

Cuatro. Te veo pequeño todavía y puedo mirar a través de mis otras maternidades el largo camino que nos queda recorrer juntos. Tal largo y tan corto el andar. Que se escapa en un abrir y cerrar de ojos pero parece que no acaba nunca.
Porque no queda ya casi ningún rastro de mi bebito... has crecido y te has convertido en un niño. Saltas y juegas, hablas y parloteas... no conoces el peligro y allí estoy yo, cerrando cada ventana; vigilando cerca pero lejos, tus pasos... cual ángel guardián perenne que somos las madres. Estás aquí, llenando todo de luz, de risas. Llenando mi vida de últimas veces, como dice mi amiga Bei.

Brindo por estos cuatro años y ese volver a empezar que me has regalado. ¡¡Menudo regalo!! Lo estoy saboreando tranquilamente... cada momento, disfrutando lentamente del instante.  Porque con tu nacimiento por fin pude entender qué es lo que en realidad importa de la vida.
Porque ahora sé que no eres mío y que es un privilegio cuidarte y verte crecer. Porque has supuesto una oportunidad y me he cogido a ella con toda el alma.

Feliz cumpleaños mi vida.

Te quiero.

Mamá.


Imagen protegida sin derecho de reproducción



viernes, 25 de noviembre de 2016

Violencias

El otro día leía indignada una noticia en la que se hablaba de que todas las mujeres nacemos con una "hernia fisiológica" llamada vagina. Esta concepción de "mujer con fallas de fábrica" es la que nos pone en el punto de mira para ser "curadas" tan pronto sea posible de nuestros procesos fisiológicos. Más abajo, al final del post, ofrezco algunos ejemplos de lo mismo pero en otras épocas. No hemos avanzado mucho. 
¿Qué sucede?  Si se remite a la noticia, la imagen que la ilustra muestra a tres señores en escena y otro que seguramente sea el moderador. No hay mujeres en palestra. Y no es casualidad. Poco tenemos que decir sobre nuestros propios cuerpos.  

No es algo único. La publicidad, los medios y en general la sociedad observa los procesos femeninos con asco y en secreto. La menstruación sigue siendo tabú incluso en las nuevas generaciones. Solo hace falta entrar en cualquier foro en el que se esté hablando de ello. Es decir "copa menstrual" por ejemplo... y un montón de insultos aparecen sin más. Ni qué decir de las imágenes que acompañan... sangre azul que seguramente no tengan ni las señoras en la Casa Real. 

El embarazo y el parto no son en absoluto la excepción. Al revés. Cual si fuéramos globos a punto de estallar, el efecto nocebo nos persigue allá donde vamos. No comas esto, no engordes, engorda, hazte el masaje perineal o te hacen la episiotomía. Llegamos al parto vendidas desde la infancia. Porque la violencia contra las mujeres no solo se reduce al daño físico o al psicológico, sino al hecho de someter, victimizar, discriminar, apartar, menospreciar a las mujeres y lo femenino solo por serlo. Y eso, lastimosamente nos ocurre desde que somos bebés. Desde que nacemos -o incluso antes- estamos marcadas para "la debilidad" y "la sumisión". 

Violencias. Porque las violencias que se ejercen contra las mujeres son tantas y en tantos contextos, que las hemos normalizado. 

En este sentido, la violencia obstétrica, invisible y aceptada, no es más que una consecuencia natural de las miles de violencias a las cuales nos someten desde la cuna. No es más que el paso siguiente en la apropiación de nuestros cuerpos. En la patologización de nuestra biología. En la sumisión de lo femenino. 

La "lucha contra la violencia obstétrica" no se ganará en paritorios mientras existan otras violencias imperceptibles campando a sus anchas. Cuando las generaciones venideras consideren que la igualdad en la diferencia es posible, cuando criemos a nuestras hijas e hijos en verdadera corresponsabilidad y dejemos de darle continuidad a los patrones de género que tanto daño hacen... cuando dejemos de tener miedo al salir a la calle, quiero creer que a lo mejor la siguiente generación, las hijas de mis hijas, tengan esa suerte y recuerden con estupor aquellos tiempos en los que se arrancaba a las mujeres de sus casas para llevarlas a parir. 

Mientras tanto, permitidme que hoy 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, me sienta impotente ante todo lo que queda por hacer. 



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...........................(Extracto de "Violencia Obstétrica, la que no se dice, la que no se ve". Claudia Pariente. Noviembre de 2011. Escuela Nacional de Sanidad.) 

¿Pero de qué tipos de violencia hablamos? Cuando se habla de violencia los primeros pensamientos que ocupan nuestra mente se refieren a la violencia física y explícita o a la violencia dentro de la familia sea física o psicológica. Pero es mucho más amplia y llega aún a más espacios: se trata de una violencia estructural cuyo último fin es el de mantener la subordinación femenina al poder hegemónico patriarcal. 

La Organización de Naciones Unidas reconoce este concepto y lo define en el primer artículo de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993. A los efectos de la presente Declaración, por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.  
En los hechos, la violencia contra las mujeres está instalada en nuestra sociedad de forma mucho más sutil e imperceptible y se cuela en todas las ramas del saber humano.  

Una de esas ramas es sin duda la profesión médica. Desde el poder que la medicina da a quienes la ejercen sin la suficiente vocación para hacer de su oficio un servicio, se han medicalizado todos los procesos fisiológicos propios de la mujer, sometiéndola a todo tipo de tratamientos y procedimientos que no sólo suponen un riesgo para su salud, sino que también le atribuyen los atributos de “débil” y “enferma” a lo largo de su vida; la mujer sólo tiene una oportunidad: dejar en manos de sus salvadores su vida sexual, afectiva, física y psicológica.   

Tal vez por ello, a lo largo de la historia, podemos encontrar multitud de afirmaciones  en las que desde la medicina se observa a la mujer como objeto pasivo, se le priva de libertad de acción y se le limita en su decisión.  

Veamos algunos ejemplos:  

1869 – Dr. Diriz  
“Se habla para las mujeres de dolencias del estómago, del hígado, de riñones, el corazón, etc.; sin embargo, en la mayoría de los casos si se investiga a fondo, se descubrirá que estas enfermedades no son tales, sino reacciones reflejas o los síntomas de una sola enfermedad, concretamente de la matriz”.  

Para curar estas dolencias, se aplicaban entonces sanguijuelas en los labios vulvares, pechos o incluso cuello del útero; o se provocaba la llamada “contrairritación”, que consistía en provocar llagas en inglés y muslos de la mujer enferma.  
Entre 1860 y 1890 se realizaron miles de intervenciones, extirpando ovarios con carácter preventivo a “aquellas mujeres con carácter díscolo, con excesiva afición a la comida o las inclinaciones eróticas”. 

1970 - Tratado de ginecología de Santiago Dexeus 

“Este síndrome (hablando de la tensión premenstrual) tiene un aspecto social que obliga a formular diagnósticos. En las mujeres jóvenes existe una mayor predisposición a la delincuencia y alteraciones de conducta. En las casadas se altera la paz familiar y aparecen trastornos en el área sexual y a veces una tendencia impulsiva a la violencia y al crimen” 

Sin lugar a dudas, la especialidad desde la que se cometen más atentados contra estos derechos femeninos, es la obstetricia. Por ser un periodo especialmente vulnerable  y delicado, las mujeres están más expuestas a este tipo de violencia; una violencia que se calla y admite.  

...........................(Extracto de "Violencia Obstétrica, la que no se dice, la que no se ve". Claudia Pariente. Noviembre de 2011. Escuela Nacional de Sanidad.) 





jueves, 17 de noviembre de 2016

Grupos de Madres de Entre Mamás


Con frecuencia me preguntan sobre #gruposdemadres en otros sitios o me piden que abramos alguno cerca de sus barrios. Me encantaría (y en ello estamos) tener grupos #Entremamás en muchos sitios. Es un objetivo de esta gestión el ofrecer apoyo y acompañamiento en otros distritos y zonas de Madrid (y en algún momento, también fuera de la Comunidad.) Empezamos con buen pie, abriendo el primero en el Distrito de Barajas. Barrios con mucha población joven y familias recién instaladas, niños y niñas de menos de 3 años y muchas embarazadas. Para llevar los grupos y proponer otras actividades dentro de la filosofía que caracteriza a Entre Mamás contaremos con la colaboración de doulas EM. En Barajas propiamente, estará Esther Jiménez.
Esther es psicóloga, Experta Universitaria en Inserción Social: Servicios Sociales Comunitarios y Economía Social. Formadora, Orientadora Laboral y Técnica de empleo con más de 15 años de experiencia, se formó como doula en nuestra casa y llevará la coordinación de Entre Mamás en Barajas. Es madre de dos hijos.
Nuestros grupos de apoyo son la columna vertebral de este proyecto. Y la intención es repetir la experiencia Entre Mamás en otros lugares. Ofrecer un espacio de contención, de información basada en evidencia científica, de acompañamiento sin juicios. Un sitio abierto a todas las madres.
Los grupos de madres son una cuestión de salud pública. Sirven para muchas cosas: para crear redes, ayudarnos unas a otras, echar unas risas, llorar un poco si lo necesitamos. Salvan vidas.
Nos queda camino para estar en todos los lugares en los que nos gustaría. Y ojalá existiesen muchos grupos, en muchos sitios. Por eso os animo a que os reunáis. A que le toquéis la puerta a la vecina, esa que está recién parida, o la que tiene niños pequeños de la edad de los tuyos. Bajad a los parques y haced piña.

¡No hace falta ser multitud! Dos madres son un grupo.