lunes 14 de diciembre de 2009

Y... vos sabés...

Un día de diciembre, fui la primera en enterarme de que mi hermano y su mujer estaban embarazados. Fue una alegría inmensa. Planeamos cómo decírselo al resto de la familia y los Conejo-Piojo fuimos cómplices del anuncio, de su búsqueda hacia un nacimiento respetado y del feliz parto que tuvieron luego.
Pongo la versión censurada (%%&&?$) porque tiene letra, (el original es mucho más bonito) como un agradecimiento por hacerme partícipe de algo tan íntimo. Y se la dedico especialmente a mi hermano: que ha descubierto la paternidad con apego y a quien, a pesar de su metro ochenta y dos y su natural escepticismo, le ha ganado el instinto. Y ahí está... abrazando, besando, acurrucando, inventando nanas a su cachorro, volviéndose niño cada vez que le tiene en brazos...
Para tí hermano: Vos sabés!
(para escuchar mejor el vídeo, puedes poner en stop la música del blog. Baja hasta el final de la página y haz un click en el cuadrado negro)



jueves 3 de diciembre de 2009

Adviento, calendarios e ilusión

Primeros días de diciembre...

Para nuestra familia la Navidad es una época que se espera con muchísima ilusión. Se hacen dulces típicos de dos países diferentes; se mezclan tradiciones de las culturas que conocemos y de otras que hacemos nuestras; adornamos la casa entera, nos llenamos de chocolates y buenos deseos. Las niñas han preparado ya sus cartas con la lista de sus deseos y esperan con ansia la noche del 24.

Por eso, y para ir avanzando la cuenta atrás, hemos empezado el mes haciendo nuestros calendarios de adviento. Pioja y Piojen intercambiaron calendarios y papá Conejo y yo ayudamos a Piojilla a hacer el suyo propio. En estas fotos se pueden ver nuestras "hechuras":

El calendario de Pioja es una gran cuadrado rojo en el que se deben ir colocando las bolsitas encontradas y un pergamino (hecho en un folio blanco, pintado con café y con los bordes quemados para que parezca viejo) en el que ha puesto 24 pistas diferentes para que Piojen encuentre un pequeño tesoro diario.

Por su parte, Piojen ha fabricado para Pioja, un campo verde lleno de ovejas forradas de algodón y árboles. Cada oveja, cada estrella, cada árbol e incluso el pastor, esconde una cajita en la que viene la sorpresa del día. Todo ha sido dibujado a mano por ella misma.
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El calendario de piojilla es un árbol de cartón - dibujado y cortado por Papá- pintado con acuarelas por Piojilla. En ella hemos puesto pequeñas cajitas forradas de rojo y bañado todo en purpurina verde.
Y así, día a día, las tres niñas de casa buscan la sorpresa escondida y cuentan un día menos para la Navidad. ¡Qué poquito falta!

jueves 26 de noviembre de 2009

Antes de la primera paliza

No te pongas eso que se tranparenta. Con esa minifalda no.
No hace falta que enseñes nada si eres bonita igualmente. Te quiero sólo para mí.

¿Quién es ese? No le hables, le das importancia. No saludes. No salgas, no llames a nadie. Claro que puedo ver tus llamadas del móvil. ¿Para qué necesitas ir a clases de danza? Si estás mejor en casa; quién va a cuidar a los niños? Además estás gorda. Se van a reir de ti. Siempre dices estupideces. Tenías que ser mujer.

¿Tú, conducir? Jajaja, si da hasta risa. No hagas caso a tus amigas; tienen envidia de nosotros. Eso no es "pegar"; ha sido un empujón y ni siquiera ha sido fuerte. Es que me sacas de las casillas.
No llores. Por favor perdóname... no sabía lo que hacía.


Y entonces justificar: No me quedan bien las faldas. Tengo frío, por eso no me saco la chaqueta. Me di contra una puerta. Me caí de las escaleras. No sé ni cómo me hago moratones. Me ha pedido perdón; me quiere.


Antes de la primera paliza, ya le han maltratado de muchas formas. Le han comido la cabeza; no es que sea tonta. Es que se siente así. Y por eso es muy fácil juzgar y decir "lo que yo haría/hubiese hecho en su lugar".
Antes de la primera paliza, ya no se es una mujer. Ella se ha reducido a cero. Ya no piensa, no se ama. Antes de la primera paliza, primero han destrozado su amor propio y casi agradece tener a alguien que "le ame".


Vale. Este no es un post sobre niños. O casi... porque ellos son testigos mudos y sufren también.
Dejo este vídeo que hace pensar mucho y es mi forma de apoyar el día internacional contra la violencia de género.
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domingo 22 de noviembre de 2009

20 años: Declaración de los derechos del niño

Hace unos días que Piojilla vio en la tele una noticia sobre el hambre del mundo. Se veían imágenes de niños hambrientos de otras latitudes, madres sin expresión, gente gris... como si todo fuera en blanco y negro. Me vio triste y me preguntó qué me pasaba. Entonces le expliqué, como pude y entienden sus 3 añitos, que existen otras realidades. Que hay mamás que lloran; que hay hijitos que no tienen qué comer y que mueren de frío y de pena.

Entonces, ella, en su inmenso corazón y su tierna inocencia me dijo:

Ya sé mamá: tengo una idea!! Les traemos a casa y les damos comidita y les prestamos nuestras mantas. Así no tendrán ni frío ni hambre. Les queremos a todos.

Y no tuve corazón para decirle que no era tan simple. Que no entraban todos en casa, que no eran suficientes nuestros brazos, que no había comida para todos... y de repente, pensé: todo esto son excusas. Porque tal vez, si cada uno hiciese algo, si estuviésemos dispuestos a renunciar a la mitad de nuestras "riquezas" para equilibrar la situación... entonces seguro que sería posible cambiar las cosas.

Y por eso, le sonreí y le dije: Sí hijita... es una gran idea.

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A 20 años de la declaración de los Derechos del Niño, sigue siendo eso: Una declaración de intenciones. Aquí va, para recordarla y no olvidar los niños que ayer fuimos.

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domingo 15 de noviembre de 2009

Llega el amor

Ay el amor, el amor...

Recuerdo el amor de la adolescencia con mucha ternura. Se ama intensamente. Y acaso, nunca más se siente esa ansiedad que retumba en el corazón al “verle desde lejos”, al esperar una llamada, darse el primer beso. Se ama con inocencia, se espera todo, se da todo...
Después del primer amor y especialmente, de las primeras lágrimas del desamor... cambian muchas cosas en nuestra forma de ver la vida. Nos hacemos un poco mayores; a veces, maduramos y todo.

El primer amor es doloroso. Especialmente porque no suele ser el último. Se sienten mariposas cuando es correspondido y cristales rotos cuando no lo es. Todas las canciones de amor están escritas para ti cuando se ama. Pero cuando todo acaba, parece que en la radio sólo ponen canciones tristes.

Hablo del primer amor; no del noviete de un día... del rollo de vacaciones. Hablo de la primera vez que los sentimientos se apoderan de la razón y los días se hacen cortos si está él y eternos, si no está.

Lo estoy viviendo de cerca. Casi lo siento en mi alma. Y no es por estar yo enamorada -que también- sino porque... se adivina? Ufff... casi ni me salen las palabras. Me cuesta escribirlas:

Mi Pioja, ama.

Qué verbo tan difícil y tan sencillo a la vez. Veo todo desde un palco, intentado ser discreta y prudente. Sólo pregunto si veo el camino llano, y agradezco mucho que ella confía en mi y me lo cuenta (¿todo?).
La veo ilusionada y feliz. Me aterra. Me dan miedo miles de cosas; supongo que las típicas cosas que dan miedo a las mamás de adolescentes. No quiero ni decirlo en alto, por si acaso...
Está enamorada. Ayyyy. Papá Conejo, mudo. Y yo, por lo menos suspiro aliviada de saber que es un niño como ella, que conozco a sus padres, que tiene permiso hasta la misma hora y que vive en nuestro barrio. No sé cómo hubiera reaccionado si hubiese sido un chico cuatro años mayor, con moto y mucha vida detrás... admiro a mi madre cuando le tocó y temo que un día, ese día llegue.
Escucho la música en la habitación de mi Pioja, ajena a lo que escribo. Ajena a mis pensamientos y a mis temores. Sonríe cuando pregunto; a veces soy su cómplice. A veces no… y sólo escucho risitas, murmullos.

Recuerdo mi primer amor, mi primer desengaño; las cartas eternas y las lágrimas sinceras. Era entonces una niña y me sentía una mujer. No tenía miedo de nada; creía que mi madre exageraba.
Hoy exagero yo, es parte de la vida…

domingo 8 de noviembre de 2009

Mujeres grandiosas


Somos pequeñas; nada valemos;
no realizamos gigantescos esfuerzos ni titánica labor;
pero cayendo una tras otra durante días, años y siglos,
llegaremos a romper la roca

("Gotas de agua" - C. C Vigil)




Un año más, he asistido a la Asamblea de Socias de El Parto es Nuestro.
Cada vez que me reúno con las mujeres de EPEN, salgo fortalecida y llena de energía. Como diría mi amiga Ángela, esto es casi un vicio: Verlas, abrazarlas, conocerlas, reconocerlas, escuchar sus voces, sentir la emoción de sus historias, de su lucha personal, conocer del grano de arena que cada una pone para hacer juntas la lucha de todas.

No hay espacios suficientes para agradecer a cada una de estas mujeres su amor y pasión por esta causa. Tal vez ahora no lo sabe nadie, pero estas mujeres están haciendo historia. Son parte de ella y la construyen día a día. El trabajo es inmenso y es pequeño, es multifacético e importante en todas sus escalas y ámbitos. Nadie hace poco.

Muchas de ellas han canalizado su dolor hacia la contención y el acompañamiento de otras mujeres. Otras han llegado hasta aquí antes de cualquier odisea maternal y pueden contar partos bonitos y nacimientos respetados. Cada día son más y eso nos hace fuertes y nos enseña a sonreír; a curar heridas con la paz ajena.

Son mujeres cuyo trabajo diario es invisible y a veces "disfrazado" y anónimo. Son aquellas que revisan documentos hasta altas horas de la madrugada, coordinan cursos para sanitarios, organizan jornadas y participan en ponencias. Las hay viajeras, que van saltando de ciudad en ciudad difundiendo la evidencia que les da razón, compartiendo los testimonios que nos unen, saliendo en revistas y publicando libros. Socias-hormiguita trabajando en lo que parece que no se ve y son las que mueven montañas: detrás de cada embarazada cercana, contestando si preguntan, callando cuando es prudente. Son mujeres que recortan papelitos, hacen listas, llenan datos, contestan e-mails, atienden el teléfono, buscan información científica como nadie, organizan bancos de fotos, hacen estadísticas, prestan sus libros, recopilan enlaces, hablan con la vecina, asisten a las conocidas y a quien no se conoce tanto...

Son las mujeres que alegran, que tienen la palabra justa, la llamada certera. La lágrima que acompaña, la mano que sostiene. Mujeres que hoy he abrazado, otras a las que no he visto pero que han estado allí en corazón y en espíritu. Madres generosas que ofrecen a esta causa lo más valioso que tienen: su tiempo y su energía.

Gracias una vez más por todo aquello que hacéis. Gracias por compartir vuestra ilusión; por vuestro esfuerzo. Tal vez no falte tanto... Un día todo este sueño será verdad. Un día, nuestros nietos alucinarán con las historias de sus abuelas, de mesitas en la puerta del Sol y asambleas con niños colgados a la teta...

Un día, dudarán de nosotras y pensarán que chocheamos: Pero abuela, si nunca se ha separado a los niños de sus madres... desvarías.
Y nosotras sonreiremos con sonrisa de viejitas y nos acordaremos de días como éste.

Os quiero.




lunes 2 de noviembre de 2009

halloween


Escribí esta entrada en dos partes, porque aunque empecé en la fecha que aparece, resulta que la fiesta terminó con novedades... (ver final)
y por eso termino de escribirla hoy.



¡¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!
Sustos, arañas, tumbas y brujas. Todos nos hemos reunido en casa de los abuelos para festejar el cumpleaños de Piojen -dulces 16- y la "noche de brujas" o Halloween para los más guiris.
Nos hemos divertido muchísimo.

Hemos preparado todo con anticipación, recogiendo ideas, haciendo mini-presupuestos (casi no hemos gastado nada), confeccionando trajes y disfrazando la casa de castillo tenebroso.

Piojilla iba disfrazada de brujita feliz, Pioja de "la muerte-guapa", Papá Conejo de "el señor de las tinieblas", mi padre -el mejor disfraz- de Drácula anémico; mi cuñada Ale de "egipcia muerta", mi hermano de Jedi (repitió traje porque se lo cosió mi madre y está tan bien hecho que hay que ponérselo en todas las ocasiones), Luciano de "esqueleto gordito" y mi madre de una fantástica Cruela de Vil.
La cumpleañera se vistió de "Maga mala", con unas súper pestañas y uñas postizas.


También disfrazamos a la perrilla (un bichón maltés, hermano de mis hijas), de diablesa.
Además, mis padres invitaron a unos amigos que vinieron de Morticia Adams, Cleopatra valenciana y Jeque Petrolero, respectivamente. Sólo faltó mi hermana, que está de viaje y no pudo participar de la fiesta :-( más que por teléfono.

En fin... comimos, jugamos a carrera de desafíos (party & Co., por si lo queréis comprar) y terminamos en "tablas" porque el equipo juvenil nos estaba dando una paliza y no podíamos alcanzar sus méritos, ni siquiera haciendo trampa.

El concurso de disfraces fue muy reñido, pero finalmente ganó la piojilla, que hubiera sido la única que se hubiera enfadado si no le dábamos el premio: Una hermosa calabaza llena de chuches y caramelos.
(en la foto, se ven unas tumbitas de chocolate)

Terminamos a las 3 de la mañana muertos de risa y de sueño. Hasta ahí la fiesta.

Pero luego...Piojilla había estado resfriada desde días antes y cuando le abracé y le di unos besos de buenas noches, le sentí con la cara ardiendo... A las 6 de la mañana tenía 40 grados y para poderle bajar la fiebre - no hubo forma de bajársela con otras cosas- tuve que meterme con ella a la bañera. Tenía "la gripe". Sí, esa.

Hoy, 8 días después y luego de haber pasado esta semana en el encierro absoluto, está mucho mejor. De momento no ha caído nadie más o tal vez sí y no nos hemos dado cuenta jijijiji.


jueves 29 de octubre de 2009

Maltrato y Violencias

Hace unos días en el encuentro de octubre de Entre Mamás, tuvimos la oportunidad de contar con Pepa Horno, responsable de violencia contra la infancia de Save the Children.
Fue un debate intenso y participativo en el que los papás y mamás que allí se encontraban preguntaron, asintieron y en algún caso, rebatieron el discurso. No sólo hablamos de violencia y maltrato, sino también de apego, de relaciones con los abuelos, nuestras propias relaciones afectivas.

Resumo algunas de las conclusiones más importantes:
¿Por qué maltratamos? Esencialmente porque podemos. Maltratamos porque tenemos una relación en la que podemos ejercer algún tipo de poder y podemos aprovechar de ella. Maltratamos cuando queremos que una persona haga algo en nuestro beneficio y utilizamos el amor (el que nos tiene la víctima) como arma de sumisión. Podemos aprovechar del amor para lograr manipular a nuestra conveniencia; usar el chantaje emocional que es también otro tipo de violencia.

Cuando decimos a nuestros hijos: Pórtate bien y te daré una chuche... O, si no te portas bien no te la doy. Si me quieres, no harás eso. No me quieres, por eso lloras... Estamos siendo violentos, manipulando sus deseos, sus miedos, su amor por nosotros.
La violencia es global. Se utiliza las mismas formas de coacción en todas partes, sin importar las latitudes. Justificamos el maltrato porque nunca lo vemos desde el punto de vista del que lo sufre, sino desde el punto de vista del que lo ejerce. El cachete es el último recurso de quien se quedó sin argumentos; sirve de descarga personal, pero no enseña nada. No deja nada positivo y menoscaba la relación entre los padres y el hijo.

Que es importante para la madre/padre tener un espacio personal que le permita seguir creciendo y seguir desarrollando alguna actividad que le haga feliz, para no agobiarse con la crianza y terminar "superado": 24 horas de criar a un niño pueden ser muy cansadas. (Al respecto, apunto yo, también habla Jean Liedloff en el Concepto del Continuum). Y bueno, algo me gustó mucho -más viniendo de una experta en el tema como es ella- es que nos cuente que aunque todo esto lleva estudiándolo muchos años; dando talleres por todo el mundo y revisando teorías y datos... sólo cuando fue madre pudo trasladar lo aprendido a la vivencia diaria y todos los conocimientos cobraron una nueva dimensión. Que ser madre le había supuesto un paso adelante y la apertura hacia una visión diferente de la realidad.


Y desde aquí, mis propios comentarios sobre el tema:

Las palabras violencia, maltrato, no se refieren sólo al castigo físico. La humillación verbal es también dolorosa y con el agravante de que tarda más tiempo en curar. Deja cicatrices eternas, angustia, baja autoestima... decir a un niño "eres tonto", puede que no parezca tan grave como verdaderamente es: debería compararse al hacer un agujero en la pared, que aunque se rellene o se arregle, jamás queda igual: las marcas quedan.
E. Punset decía hace unos días en su blog que Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto algo que está científicamente comprobado, por lo visto. Si tratamos con esmero las relaciones de pareja, si se hacen terapias para buscar soluciones a los problemas de comunicación entre un hombre y una mujer... porqué con los hijos es diferente? ¿por qué siempre tenemos la razón?
¿Por qué si vemos en la calle un hombre/mujer, pegando a su pareja, somos capaces de llamar a la policía o entregar nuestro pecho (salen luego los héroes en la tele) para evitar el maltrato y luego no somos capaces de reaccionar si vemos un padre/madre pegando a su hijo? Por qué está socialmente aceptado el "cachete pedagógico" (qué horror de nombre) aunque la ley lo prohiba?

Pero voy aún más allá: ¿no son los castigos una forma de maltrato? ¿No es una forma de ejercer un poder vertical? ¿De aprovechar nuestra "autoridad" sobre el hijo? No es la autoridad moral - esa coherencia entre el hacer, el decir y el ser, como me enseñaban los curas en el cole - más importante que el autoritarismo ligado al miedo y no al respeto?
Esos límites que tanto nos aconsejan a las madres que "debemos imponer" y de los que se habla tanto, no serían mejor entendidos desde el buen ejemplo que ofrezcamos? desde la confianza mutua y no desde la imposición sin sentido?
¿Que deseamos verdaderamente para nuestros hijos? ¿Que obedezcan porque "lo digo yo" o que vayan creando conciencia desde pequeños entre lo bueno y lo malo?
El debate podría ser infinito... y personalmente, me queda un largo camino que recorrer, muchísimo para seguir aprendiendo... Con Piojilla, lo tengo clarísimo. Pero con Pioja, me cuesta. Me ocurre que la veo tan mayor que sobreestimo su capacidad de razonar y a veces, muchas más de las que quisiera, se me olvidan mis 14 años...

Os copio este link (recogido por Adivina cuánto te quiero) desde el que se pueden seguir extrayendo bases de análisis y comentarios sobre castigos y castiguitos: otra forma de violencia, lo querramos ver o no. Aletha Soler nos habla del "tiempo fuera"... un inocente castigo que se usa con mucha frecuencia en las escuelas:
foto: Anuncio de la Juvenile Protective Association en una campaña para generar conciencia sobre las profundas heridas psicológicas que deja el abuso verbal. (Fuente: Delyrarte.) (del blog de E. Punset)

martes 20 de octubre de 2009

cumple con mariachis

Habíamos estado planeando la fiesta por lo menos unas dos semanas. Queríamos algo especial y emocionante. Que no esperase nada y se sorprenda de verdad...
Así que este año hemos festejado el cumpleaños de mi papá con una fiesta con mariachis incluidos. Queríamos que tenga cerca a la gente que aprecia y por eso llamamos a una pareja de amigos suyos que llegaron desde Sevilla exclusivamente para la fiesta.

Hemos aparecido en su casa por sorpresa, con los charros por delante y toda la comitiva festejadora detrás, animando, dando vivas y abrazando al cumpleañero.
Decidimos festejar una noche antes para que sea realmente una sorpresa. Meditamos cada paso para que no nos "pille", cronometrando cada entrada y cada salida de su casa y fingiendo estar todos muy ocupados cada uno con sus cosas. Pero no...
Tocamos el timbre. Mi hermano tenía la cámara lista y al grito de Venga Marichiiiiiiiiiiiiis!!! (yo misma, a voz en cuello) comenzaron a tocar las mañanitas ante el ojiplático de mi papá, que abría la puerta. Mi mamá estaba súper contenta y se había cuidado mucho de no dar ninguna pista, pero al mismo tiempo había preparado en la clandestinidad una variedad de tapas y salsas que fuimos sacando de su escondrijo.

Bailamos, reímos, cantamos... hasta pasada la media noche, que sopló las velas de sus tres "ensaimadas cumpleañeras" (regalo de una gran amiga mallorquina que no pudo llegar a Madrid). Mi papá se emocionó muchísimo y aguantó las lágrimas todo lo que pudo (algunas se le escaparon, qué gustito llorar por estas cosas) y a nosotros también de verle tan feliz.
Pusimos la guinda del pastel al día siguiente, con unas "salteñas" que mi cuñada y mi madre hicieron para el almuerzo del domingo, recordando así también nuestra querida y lejana Sucre. Un cumple feliz.

Papito querido, espero que haya sido un día hermoso y que recuerdes siempre con cariño este día. Te quiero.

domingo 11 de octubre de 2009

Llantinas

Hace un año mi madre intentaba consolarme cada vez que la Piojilla tenía una rabieta y yo un casi-colapso nervioso. Me decía que los niños son así, que es una fase, una etapa hacia su propia identidad. Siempre lo entendí así y, a pesar de que los ejercicios de paciencia nunca han sido bastantes, estaba "preparada" para la etapa rabietil.

Pero mi madre también me dijo algo que sólo ahora tomo en cuenta: Cuando se le pase la edad de las rabietas, llegará la edad "de las llantinas". Esta es una etapa que no todos los niños pasan; o que algunos viven como una mezcla de "rabietas + llanto" y muy pocos, como si no pasara nada. Suele coincidir con la entrada en el cole, la llegada de un hermano, el cambio de casa... es decir, con pequeñas crisis de existencia.

Cuando nació mi sobrinito, hace dos meses, Piojilla no le hizo mucho caso, intentó ignorarlo. Pero como el bebé vino para quedarse, se sintió celosa - aunque disimulaba bien los primeros días - y comenzó a llorar ante cualquier tipo de frustración, real o imaginaria. Yo pensaba que era cuestión de días, o semanas.... pero después de dos meses de haber nacido el pequeñín, creo que puedo afirmar que hemos entrado con los dos pies y de forma rotunda a la etapa de "las llantinas".

La diferencia entre rabietas y llanto es casi imperceptible, aunque las mamás que tengan un hijito que haya pasado ambas "etapas" creo que entenderán perfectamente cuál es. La rabieta es fuerza y vigor. Puede durar mucho tiempo (aunque dure 2 minutos, siempre parece más larga) y cuando pasa, da la impresión de que el niño se ha descargado y vuelve a estar contento. El llanto es un sonido eterno, no siempre acompañado de lágrimas. Parece que "hablan" llorando y que lloran por todo, enlazando causas y sin dejar apenas tiempo entre un llanto y otro:

Quiero agua; en ese vaso no, en el mío; agua fría; no está fría, está caliente. Del grifo no; no me gusta: de la jarra, de esa jarra nooooo. Hazme un dibujo, así no, más pequeño, más grande, más bonito, más arriba, yo queriba un perrito pequeño, no, más pequeño..... así hasta el infinito, en el mismo tono lastimero.

La diferencia está en que el llanto constante es también mucho más agotador que la rabieta. Y que muchas veces es un reflejo de nuestro estado de ánimo, de nuestra situación en casa, de los cambios que hay y de cómo reaccionamos ante esas lágrimas. A la piojilla le ha sentado fatal dejar de ser "la pequeña" de la familia... me pide que no coja al bebé, que no le hable, que le coja a ella. De repente se ha vuelto bebé también y cuando le pregunto qué quiere, qué necesita, me dice muy claramente: "quiero mamá" en un lenguaje y tono de bebé chiquitina.
Esta situación se repite cada vez que hay otro niño más pequeño que ella, pero siempre y cuando YO ESTÉ PRESENTE (o papá, con menos frecuencia). Si Piojilla está en el cole, con otros adultos, pues está más fresca que un limón y es la niña más tranquila del mundo. No sólo no llora, no gimotea, sino que se comporta como toda una niña-mayor (¿existe eso?), habla con absoluta propiedad y dice hasta "por favor y gracias". Alucino.

Creo que con toda esta explicación queda más que claro -me sirve para mi propio análisis también- que la necesidad de la Pioji soy yo y que tiene pocas ganas de dejar de ser "mi bebé", aunque la talla de los vaqueros y su andar de niña, griten lo contrario. Que tengo que armarme de (más) paciencia y abrazar más, acompañar más, jugar más... Más, Más, Más.

Suspiro....

He retomado "llantos y rabietas" por lo menos para sentirme acompañada en esta historia y también estoy buscando más información sobre el llanto, los celos y los 3/4 años. Desde luego también he vuelto a contar hasta 10, hasta 20... y hasta cien. Me supera, claro que sí!! pero cada vez que estoy a punto de perder la calma recuerdo aquella frase que tantas veces me ha ayudado: Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.* Aplicable a todo y siempre, a que sí?


(* Atribuida a R. Stevenson, autor de la gran obra, El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde que tanto me gusta y que es un gran manual sobre la conducta humana)

La viñeta, de google...

sábado 3 de octubre de 2009

Fiesta de nacimiento

Para quienes estilan hacer un bautizo la "primera fiesta" del bebé y familia suele ser esa. Para quienes no lo hacemos, es un poco difícil ponerle nombre a la reunión de "presentación en sociedad" del pequeñín que ha nacido. Así que me referiré a este día como "La fiesta de nacimiento".

Realmente, de lo que se trata, es de una pequeña excusa para contar al mundo lo felices que estamos todos con la llegada del piojín; lo orgullosos que están los papás, lo ilusion
ados que están los abuelos. Que peleamos todos un poco por tenerlo en brazos, por arrullarlo, por oler su olorcito a bebé y darle doscientos besitos.

Os lo cuento: Este fin de semana mi hermano y mi cuñada han festejado la llegada al mundo de más pequeño de la familia. Para esta ocasión, además de ponerse guapísimos, se han esmerado en hacer todo tipo de tapas, tartaletas y comiditas en miniatura... cientos y cientos de ellas (todo hecho en casa.... tan rico!) y una sabrosa tarta de chocolate como postre.

Como invitados han estado las matronas: Juanjo y María. También Marce, compañera de Juanjo. Algunas amigas del mundo del parto, otras del mundo canguro, otras del mundo mamá: éramos el lado "hipi-guay". En la sección "solteros y otros amigos", otros tantos chicos acapararon la mesa de las comidas y nadie les movió de allí en toda la noche. Muy buen sitio, desde luego.
También estaba la sección "doctores y ramas anexas" en las que se ubicaron mis padres, los médicos jefes de mi cuñada y otras tantas personas del mundo sanitario. Podrían parecer los más serios, pero eran los que más bromas hacían. Éramos un grupo diverso y divertido y sólo hubo silencio cuando los papás festejadores anunciaron a todos que iban a discursear:

Con toda emoción, dieron las gracias por la presencia y nos explicaron que su ilusión era poder reunir a toda la gente importante en sus vidas para poder presentar al bebé y contarle algún día cómo fue la fiesta de su nacimiento. Para mi es una felicidad ser parte de ese grupo selecto.

Festejamos hasta altas horas de la noche. Los niños -hijos de todos- corrían como locos de un lado a otro y finalmente abrimos los regalos, como si fuera navidad. Fue una hermosa fiesta y cuando sea mayor se la contaremos y le enseñaremos las fotos del día en el que le dijimos: ¡¡Bienvenido al mundo!!

En la foto: Luciano, bello durmiente.

martes 29 de septiembre de 2009

Cinco puntitos, nada más

Pepita ha sido mamá. El pequeñín ya casi tiene un año y las dificultades de aquellos primeros meses de crianza, parecen haber quedado atrás. Todo el mundo pregunta qué tal y ella contesta que bien. La vida debería sonreír cuando su hijito sonríe, pero no es así. Pepita ha sido mamá pero no ha dejado nunca de ser mujer y hay una sombra que empaña su alegría.

Pepita tiene un secreto. No le había dicho a nadie que durante mucho tiempo le ardía “ahí” y que poco a poco se fue resignando a sentir la piel tirante. Por lo menos es mucho mejor que desgarrarse, le habían dicho. Y no había escuchado quejarse nunca a sus amigas. Será lo normal, pensaba.

Pepita no ha podido olvidar “ese cortecito de nada”, esos “5 puntos nada más”. Le duele; le tira; le arde. El otro día, se animó a tocar el dolor y le sorprendió su textura rugosa, que antes ella recordaba lisa. Y es que hace poco fue a una revisión y preguntó qué le pasaba. “Eres de las que no cicatrizan bien”, le dijeron. Ya no volvió a preguntar nada.

Pepita ve la tele y sale un anuncio de compresas para la incontinencia. Antes no le hubiera prestado atención. Ahora interrumpe su merienda y para las orejas. Las chicas que las recomiendan deben tener su misma edad, así que será lo normal usarlas, piensa.
Cuando Pepito, su marido, llega a casa, Pepita empieza a pensar de qué forma podrá escabullirse esta noche. Y es que hacer el amor ya no es como antes. No es sólo el dolor lo que incomoda, sino el miedo. Pepita ha perdido una parte importante de su ser con ese corte: su autoestima… ya no se reconoce. Sufre.

……

A veces las lágrimas de las mamás que llegan a mi casa, no son fruto de esa lactancia que no funciona, de esa maternidad borrascosa que no se parece en nada a la de las revistas. A veces – demasiadas veces- las lágrimas esconden un mal parto. Esconden la pena de no haber logrado el día soñado… de haberse sentido “cosas” en el paritorio. Nadie pregunta, nadie nos ve. Y después de toda una cadena de “técnicas interminables”, Cortan.

Recuerdo mi propia episiotomía como un periodo de invalidez. No de 40 días… sino de meses y meses. Dolía amar, molestaba al caminar, al sentarme, al ir al baño. Y me preguntaba constantemente, hasta cuando. Y puedo comparar, porque también tuve un desgarro en otro parto. Pero tengo que ser sincera: Me acuerdo menos de él, porque no me dolía tanto y porque curó enseguida. Volví a ser la misma.

Me pregunto por qué callamos. Por qué ocultamos nuestra pena y nuestro dolor. Por qué nos cortan por rutina y porqué somos incapaces de reclamar ante la mutilación. Por qué nos cuesta, después de haberla sufrido, reencontrarnos con nuestro periné, reconocernos y volvernos a querer. Y desde aquí grito: para que no permitamos el cortecito por sistema, para salir del armario y enfrentar nuestro miedo y nuestra tristeza, para acompañarnos mutuamente y que se nos oiga.


¿Quiere Ud, cortar, señor? Le doy ideas…
Viñeta: La rata gris.