miércoles, 25 de febrero de 2015

Nueve

¿¿Así que eres de las que no quiere epidural?? ¡¡Pues ya verás cómo la pides!!

Me sentenció.

No le tembló la voz... y luego de un tacto que me hizo ver estrellas, después de decirme que "no sea quejica" y reírse de "mis pretensiones", cerró la puerta y me dejó sola.
Yo entonces no lo sabía, pero ese momento iba a determinar no -solo- mi parto, sino mi vida de allí en adelante.

El poder de la palabra... el poder de construir o destruir. Mi matrona, la que me tocó ese día, sentenció así mi parto y nacieron a mi hija en un sinfín de despropósitos; uno detrás de otro. La vi salir y era gris, casi negra. Sin tono. Muda. Parecía un pez, sin vida... Y no nos dejaron hacer fotos. "Por si acaso" dijeron.... ¿Por si acaso qué?
Pensé por un momento que mi niña estaba muerta. Se la llevaron a intubar y "salvarla". "Parto precipitado" dijeron... pero entre la oxitocina que me pusieron y cómo se desencadenó todo después, lo extraño es que no pasara nada más. 

Apuntaron "parto normal". Un parto habitual, más bien. Uno más. 
Fui educada y di las gracias. Por el cero acompañamiento, por las formas al tratarme, por la condescendencia, por decirme "mami", por hacerme creer que negociaba, por robarme lo que con tanta ilusión había planificado... 

Pero tres días después, ya en casa y sola con mis dos hijitas (los permisos de paternidad duraban 2 días entonces), rebusqué en viejos enlaces y encontré el de aquellas mujeres. Cuando leí sus historias por primera vez, semanas antes del parto, pensé que estaban fatal de la cabeza. "pobres mujeres... sin información, sin apoyo". Yo, hija de médicos dedicados al parto sin temor. Yo, que ya había parido con placer y feliz. Yo, que estaba tan informada: tanto!... o eso pensaba. ¿¿¿Qué me iban a enseñar estas mujeres???  Hacer click en ese enlace fue como mirarme en un espejo. Y me hice socia. 

Nueve. Nueve años y parece que fue ayer. Dicen que un fracaso nunca lo es. Es una oportunidad de crecer y de hacer las cosas de otra forma. Tenía 29 años entonces y había dedicado los diez años anteriores a estudiar a las mujeres y sus necesidades. Teoría pura... sin empatizar, sin involucrarme.   

Y entonces, la oportunidad de reencontrarse con una, aparece. En todo este tiempo he podido escuchar y leer historias realmente horribles. Partos traumáticos y dolorosos. Dolor de cuerpo y sobre todo, de alma.  Lactancias terribles... bebés separados. Mi parto, aquel parto, no fue espeluznante. Fue uno de tantos. y sin embargo, me enseñó tantas cosas!  Igual que en Matrix, cogí la pastilla que debía y no hubo vuelta atrás. 



Hoy brindo por aquel día. Por todo lo que me dejó. Por todo lo que aprendí y aprendo. Por la oportunidad de dar la mano a las mujeres. Por aquellas que me acompañan a diario, que me dan tanto. Y doy las gracias a la vida por este ser luminoso que es mi hija, que me enseña, que me ha permitido descubrir la maternidad de otras formas y ofrecer a otras madres un espacio para estar. Porque sin ella, todo sería diferente.

Siempre que puedo le cuento a Piojilla que ella nació en un día de invierno-invierno, frío. Que nevaba.  Y ella, fue el único rayo de sol de aquel día frío y gris.  Nueve años después, ahora mismo, miro por la ventana y el sol brilla.

Felicidades hija mía. Salud!









martes, 17 de febrero de 2015

Doulas, caníbales y sectarias

Ha llegado a mis manos (no sé si como prensa o como bruja caníbal) el informe realizado perpetrado (diría mi viejo jefe) por el Consejo General de Enfermería.
Vergüenza ajena... eso es lo que da al leerlo. Por qué no entiendo cómo un colegio profesional puede gastar su tiempo (y dinero) en elaborar un informe de copia pega, sin un mínimo de contraste, sin un mínimo de investigación real, lleno de faltas ortográficas y gramaticales; pero especialmente falto de rigor y de verdad, con acusaciones generales muy graves.

Voy a hablar primero como profesional de la comunicación en salud, desde la sorpresa e indignación que me produce que tantos medios hayan reproducido la noticia sin haber buscado otras versiones, sin verificar la seriedad del documento ni su contenido.

Un documento en el que se acusa a las doulas de cosas de lo más increíbles... una web en la que por ejemplo, hay un vídeo en el que se habla de niños y madres muertas a manos de las doulas y en el que se dice que no se denuncian esas muertes porque la secta-doula les ha lavado el cerebro a las madres y sus familias... y así, por el estilo, el tono, la forma y el formato de este insulto a la inteligencia.

En el mismo informe han mezclado tantas cosas, tantas personas (se ven involucradas sin beberlo ni comerlo, muchas matronas referencia en España, psicólogas perinatales muy conocidas, médicas y fisioterapeutas que abogan y ejercen con respeto por las madres), tantos conceptos, que no hay forma de leerlo sin -como mínimo- carcajearse. Un colectivo entero ha quedado a la altura del betún difundiendo esto.... me pregunto cuántas matronas y enfermeras estarán muertas de vergüenza ahora mismo, con tanta barbaridad dicha en su nombre.

No entiendo que, si el tema doulas les preocupa tanto, no invitan a una mesa redonda a un grupo que las represente y que pueda contar lo que se hace y no se hace desde la función del acompañamiento maternal. Y sobre todo, no entiendo que se desconozca de esa manera la evidencia científica, se ninguneé el sentir de las madres... qué terrible debe ser perder el poder que se ejercía y cuán desesperados deben sentirse algunos al ver que las mujeres son  cada vez más libres para decidir lo que desean. Es el sistema patriarcal de la atención a las madres puesto en evidencia de la forma más explícita. Quienes escriben esto se desenmascaran y se retratan solos.

Como doula me siento impactada. Me impacta el desconocimiento y la rabia con la que se ha escrito todo... Y escribo desde el cansancio. Desde la profunda tristeza por la desprotección a la que como mujer me siento expuesta.

Me impresiona que no se pueda entender,  a pesar de las mil y una veces que se dice desde todos los ámbitos, que la doula no es personal sanitario ni pretende serlo y que por lo tanto, su actuación no tiene que ver con intervenciones sanitarias de ningún tipo, ni con la toma de decisiones que afecten la salud de nadie, ni con el seguimiento de embarazo, ni atención del parto, etc. La doula acompaña, ofrece a la madre un espacio de confort en todos los sentidos, para que pueda hablar de sus necesidades sin sentirse juzgada; ofrece información basada en la evidencia, sin guiar ni aconsejar. No interfiere con sus decisiones ni trabaja para que la madre tenga un parto de X forma. Escucha. Sostiene.




¿Por qué les cuesta tanto entender que no somos ni pretendemos ejercer como sanitarias y que quien se extralimita en sus funciones lo hace a título personal, igual que en cualquier oficio o profesión? Por qué hacer una caza de brujas, metiendo en el mismo saco a todo el mundo?
¿Por qué no perseguir la mala praxis primero de puertas para adentro? ¿Es que se quiere desviar la atención de lo que de verdad importa? ¿Es más fácil hacer carnaza de un colectivo como el nuestro, en vez de defender su espacio de trabajo allí donde verdaderamente está siendo usurpado?

Las doulas somos PRO-matronas. Estamos convencidas de que quien debe atender nuestra vida sexual y reproductiva es la matrona. Reivindicamos su papel y su importancia, exigimos que los centros de salud y los hospitales contraten más matronas. Deseamos que tengan acceso a actualización constante y se les facilite su trabajo en todos los ámbitos, público y privado. Y es una lástima que no pueda entenderse el acompañamiento como un complemento que puede favorecer su trabajo. No le quitamos nada a nadie.

En todo caso, y a pesar de lo grave de las acusaciones, todo esto que se ha hecho contra las doulas en realidad es un favor. Porque la palabra doula ha salido en todos los telediarios, gratis. Y aunque se hayan dicho barbaridades, la gente no es tonta y buscará. Y escuchará otras versiones y conocerá de alguna forma que esta figura existe.

fotograma del programa Amigas y conocidas en la 1


Nos da a las doulas la oportunidad de contar lo que hacemos a mucha gente. Nos da la oportunidad de salir en los medios de comunicación y mostrar quienes somos. Dará  lugar a que la gente busque "doula" en google y se encuentre con códigos éticos, artículos,  libros maravillosos sobre el tema y doulas respetuosas.

Es la oportunidad ideal para dar un gran paso hacia la profesionalización de la doula. El momento perfecto para que desde las Asociaciones que nos acogen se trabaje para ejercer control sobre quienes no cumplen los códigos éticos existentes y se desmarque públicamente de cualquier actuación o actividad que no sea propia del acompañamiento a las madres.

Pero por encima de todo, nos da la oportunidad a las mujeres de alzar nuestra voz por nuestro derecho a decidir. Nos ofrece el escenario perfecto para exigir mayor actualización en los sanitarios que nos atienden, la revisión de la evidencia científica existente y el respeto por nuestras elecciones.




miércoles, 4 de febrero de 2015

El avestruz que esconde la cabeza

Todos los días, y repito TODOS los días, se reciben en Entre mamás llamadas de mujeres que buscan ayuda. Ayuda de diferentes tipos. Normalmente mujeres con problemas de lactancia ocasionados por peregrinos consejos de los sanitarios que las atendieron. En otras ocasiones, mujeres rotas, física y emocionalmente, con historias de partos al uso donde se les robó el nacimiento de sus hijos, se hizo todo lo que no había que hacer y se las mandó a casa sin recursos... 

Por si alguien no lo sabe, Entre mamás existe porque una vez, una de esas mujeres rotas fui yo. Y si un sitio como este, y similares a este que van apareciendo, tienen éxito, es porque la situación no ha cambiado y muchas mujeres -cada vez más- sienten la necesidad de sanar sus heridas al calor de un espacio en el que puedan ser acompañadas en sus elecciones; hablar con otras madres, servir de sostén para la siguiente. 

Yo no digo que no existan profesionales que hagan bien su trabajo. Conozco muchos buenos profesionales. Y comparto todo lo que hacen y trato de difundir su labor porque creo que es importante crear esas redes y dar a conocer a estas personas, que se juegan en ocasiones sus puestos, al trabajar en condiciones de absoluto mal rollo y hasta clandestinidad. Que en ocasiones se ven obligadas a salir del sistema y trabajar por su cuenta, porque no son capaces de seguir soportando la presión de hacer las cosas mal a sabiendas, porque realmente tienen vocación y no pueden perpetuar un tipo de atención que no tome en cuenta a las mujeres. Agradezco infinitamente a esos profesionales por creer en nosotras y en nuestra capacidad de gestar, parir, amamantar, criar. Les deseo éxito en todos los proyectos que emprendan.

Pero no son mayoría. Digan lo que digan. Cada vez que desde las redes sociales de Entre Mamás se denuncia una mala atención, nos llegan mensajes en abierto y por privado porque hay quien se siente insultada en su profesión. Porque consideran una falta de respeto que se nombre, que se hable del dolor de las mujeres. Porque "esonopasaenmihospitaljamás" y "usáis a conveniencia la información para desprestigiarnos"

¿Qué hacemos con ese dolor?  ¿Lo escondemos? ¿Lo disfrazamos? ¿Por qué tantas madres han de sentirse culpables por "no haber podido amamantar" cuando lo que pasó fue que recibieron consejos funestos? ¿Por qué se presiona a las madres para dar el pecho y cuando se presenta algún problema la abandonamos a su suerte? ¿Por qué han de sufrir las consecuencias de episiotomías realizadas sin su consentimiento? ¿Por qué queremos que crean que no hicieron suficiente ejercicio, que no se echaron suficiente aceite de rosa mosqueta, que no masajearon lo suficiente su periné y que por ello fueron cortadas? ¿Por qué la mayoría de las mujeres pensamos que parir tumbadas, monitorizadas y llevarnos "puntos ahí", es de obligado cumplimiento? 

Hospital en Madrid. Fotograma del programa Baby Boom - La Sexta 

¿Por qué tenemos que "pelear por nuestros derechos", "informarnos mucho" para un buen parir y una buena lactancia? ¿Por qué no podemos simplemente confiar en que lo que nos cuentan es correcto y saludable? 

Cuando leo algo como esto, y leo uno a uno los comentarios... y que en prácticamente todos los casos no fue posible amamantar, me pregunto si de verdad estamos tan mal hechas o es que algo falla en el sistema. Y que encima nos llamemos a nosotras mismas "malamadres"... cuando lo que pasa con las madres es que hacemos lo que podemos. 

Cuando sale a la luz un libro como éste y NINGÚN comité ético sanitario se pronuncia, cuando no hay una declaración de intenciones oficial y firme, cuando no se castiga de ninguna manera este atentado a la salud pública, me pregunto qué intereses ocultos puede haber detrás.

¿De verdad es simple ignorancia? 
¿De verdad es solo agachar la cabeza cual avestruz? 

No pasa nada. Podéis seguir siendo condescendientes y deciros a vosotros mismos en vuestras asambleas profesionales que lo hacéis todo muy bien; la culpa es de las que no se informan, la culpa es de las locas de los partos que meten ideas raras en la cabeza a otras mujeres y les meten miedo; la culpa es de espacios como Entre mamás, intrusas que apoyamos a las madres que nos buscan.

Y mientras se nos reparten las culpas, las madres seguiremos luchando unas contra las otras. Juzgando los actos de quien no pudo amamantar y de la que amamantó cuatro años. De la que tuvo un parto programado con su gine de confianza y de la que parió en su casa. Incendiando las redes tratando a unas de talibanas y a otras de malasmadres. 

O quizá organicemos reuniones, nos demos apoyo unas a otras, nos pasemos recursos y datos de profesionales implicados, nos demos un abrazo, nos sequemos las lágrimas y hagamos una verdadera revolución maternal...   

martes, 16 de diciembre de 2014

Dos


Dos años han pasado desde aquel momento mágico en el que recibí al bebé que poco a poco deja de serlo. 
Le veo crecer y trato de tatuar en mi alma cada travesura, cada carita tierna, cada palabra nueva... atesorando esos momentos que no vuelven. Que sé con absoluta certeza, porque ya lo he vivido, que son imposibles de repetir, que se escapan entre los dedos como si fueran arena. 

Perdonad mi ausencia. Sé que casi no escribo. Mi blog está un poco abandonado porque mi energía está entregada a otras cosas. Especialmente a mi chiquito, Piojillo pequeño y dulce, que me acompaña a todas horas. 

Sube y  baja, trepa, canta, salta.... Las madres de un deambulador sabréis lo difícil que es concentrarse con esa pequeña presencia cercana y lo preocupante que puede llegar a ser el silencio. Hay muchas cosas que he limitado en mi diario hacer, a las que he renunciado para poder dedicarme en exclusiva a criar a mi hijo pequeño. No me ha costado nada. 

De hecho, me siento privilegiada de poder hacerlo. De estar con él en todos sus instantes. De que nadie me cuente "como fue el día" porque somos nosotros los que tenemos tanto que contar. Vivir otras maternidades, las mías y las de otras madres, ha sido clave para apostar por cambiar radicalmente mi espacio de trabajo y prepararlo todo para poder ofrecerle mi tiempo. 

Ya tiene dos años... la infancia dura tan poco... Sé que podré volver a todas mis actividades en cualquier momento. Que aquello que no me espere, pues no sería para mí. No tengo miedo de dejar pasar el tiempo sin estar presente en todos los ámbitos en los que profesionalmente me manejaba hasta hace poco. Ya volverá ese ritmo. Ahora, pausa. En total libertad y con la seguridad de que es la mejor inversión de futuro que puedo hacer.  

Y mientras tanto, quiero disfrutar de lo alucinante que es ver a una hormiga avanzar, buscar tractores y excavadoras en las obras, mirar al cielo cuando suena un avión, saltar desde piedras inmensas en los parques, recoger flores y palitos, dar la teta mientras huelo su cabeza, mirarle embelesada mientras duerme. 

Gracias hijo mío por darme tanta claridad mental. Por que gracias a ti entiendo, por fin, qué es lo verdaderamente importante. Te quiero. Felices 2. 


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Yo no quería una doula

Yo no quería una doula. O al menos, no había pensando en ello en este último parto. No sentí necesidad de alguien que me acompañara, salvo por mi propia familia. 
Por eso, cuando en el pack contratado se incluía una doula... no me gustó demasiado la idea. A pesar de ello, decidí darle la oportunidad de conocernos y tratarnos. Ya nos conocíamos en otros ámbitos, puesto que también acompaño madres, e inevitablemente nos habíamos visto muchas, muchas veces en otros contextos.

Pero ahora, la madre era yo y la doula ella. Que extraño se me hacía todo. 

Y el día de conocernos llegó y me pareció simpática, agradable, dulce. Hablamos de mis necesidades, de mis preferencias, de mis preocupaciones. Hablamos de plan de parto y le dije que no necesitaba escribirlo, porque sabía que mi voz era suficiente y que solo necesitaba una cosa: estar bien acompañada. Ella sabía exactamente a qué me refería.

Nos vimos unas cuantas veces más. Siempre fueron visitas tranquilas, sin prisa. Charlar y contar mis deseos, mis preocupaciones (que luego se hicieron reales), reírnos, llorar. 

El día de mi parto (lo cuento aquí) fue la primera en llegar. Aguantó pacientemente mi (mal) humor. Me ofreció algo de beber, intentó que esté cómoda. Casi no habló. Pero su presencia era la única cosa que me hacía sentir segura, a pesar de que yo sabía que ella ni era personal sanitario ni podría hacer nada si mi matrona no llegaba a tiempo. Pero jamás hizo el intento de intervenir, ni sugirió, ni ofreció hacer absolutamente cosa que no le correspondiese. Simplemente estaba. Sentada a mi lado mientras yo caminaba de un lado a otro, asintiendo lo que yo decía, ofreciendo una infusión, acomodando las cosas que se necesitaban, controlando los minutos según mis indicaciones... Casi todo el tiempo en silencio (que yo pedía) o hablando, cuando le preguntaba. 

Cuando sentí que perdía el control sobre mi parto soñado me dijo dos frases que me volvieron a la tierra y a todo aquello en lo que creo. Me devolvió la fe en mi cuerpo y en mi espíritu, perdidos durante dos contracciones intensas; las únicas que dolieron. Fueron solo palabras. Palabras llenas de fuerza y confianza. 

Y luego el timbre sonó (llegaba la matrona) y pedí que me desvistieran. Entre ella y mi marido me quitaron la ropa. Estaba en completa.  Yo sentía que mi doula se adelantaba a mis deseos. Rápida pero suave. Es difícil de explicar su "estar", porque realmente no era visible... 

Mi matrona hizo su trabajo. Me hizo un solo tacto. Atendió mi parto. Acompañó ese momento con gran profesionalidad; con amor. Mi doula estaba allí, junto a mí y a una distancia prudente. Puso un cojín para que esté cómoda, me puso una mantita encima cuando nació el bebé para que estemos calientes, encendió el radiador -era invierno- , acomodó el escenario casi sin ser vista. Habló con mis hijas, con mi marido. Les aportó serenidad. 

Ya nacido mi bebé, me entró sed, y antes de que acabase la frase pidiendo algo de beber me ofreció un zumo de naranja. Se llevó las fundas del sofá que se habían manchado y cuando escuché la lavadora sonar lejana, me sorprendió no haberme dado cuenta del minuto en el que había hecho todo eso...  yo había sentido su presencia en todo momento. 

Podría contar muchas cosas más. Todo lo que NO hizo. No me tocó, no hizo tactos. No pretendió ser matrona a pesar de que no hubo ninguna hasta casi el expulsivo. No dio consejos. No decidió nada por mí. No me sugirió absolutamente nada, sino que apoyó cada cosa que se me ocurrió en cada momento; con tranquilidad. Su presencia fue luz. No realizó ningún procedimiento sanitario ni intentó cambiar mi opinión. No vigiló nada ni hizo ninguna otra cosa que estar a mi lado, donde yo la necesité. Nunca me sentí juzgada, no sentí que tuviera galones. No escuchó el latido del corazón de mi bebé, no me tocó la barriga, no me dijo que estaba con tal o cual centímetro de dilatación. Me dio la mano.

No hizo nada... pero hizo tanto. Yo no quería una doula, y sin embargo, que diferente hubiera sido todo sin su presencia.  Gracias Paca.

En esta foto, tomada por alguna de mis hijas con el móvil, mi marido, mi matrona y mi doula,
junto a mí y mi bebé