lunes, 15 de octubre de 2018

Padrazos


Con esta nueva propuesta que permitirá a los padres disfrutar de un permiso de paternidad de 16 semanas (igual al tiempo que tenemos las madres) he bromeado en las redes y he muerto de indignación –todo a la vez- leyendo cosas de la red. Y no es que me oponga a que ellos tengan ese tiempo, es que el de las madres es insuficiente y llevamos años de años pidiendo que se alargue. Pidiendo que no se nos lapide en nuestros trabajos por ser madres. Que llevamos la letra escarlata. 

No vemos que no es la maternidad el lastre. No son los hijos los que cercenan nuestra carrera profesional. Es el sistema y cómo está construido. Es una sociedad en la que los cuidados no valen nada. No se reconocen. Vamos a darles el mismo tiempo a ellos para que les discriminen también y no solo a nosotras. En serio?? Es de locos.

Pero en realidad estamos ciegos… Y seguramente a partir de la ley nos invadan hordas de padres implicados que ahora sois invisibles. Porque lo cierto es que incluso sin la ley se puede ser un padrazo. 

Se puede empezar, por ejemplo, apoyando y sosteniendo a la mujer que va a ser la madre de tu hijo. Pero no me refiero al gastado “estamos embarazados” o “vamos a parir en X sitio”, que además de escucharse fatal (no me imagino yo diciendo “vamos a hacernos la vasectomía… o vamos a hacernos un examen de próstata”. Sí, suena así de absurdo) es una forma muy sutil de apropiarse de un proceso íntima y estrictamente femenino. A que no dices ¿Vamos a comprarnos compresas? 

Lo cierto es que cada vez escucho a más mujeres contar que no parieron en su casa, como ellas deseaban, porque su pareja no estaba de acuerdo. O de madres que, sin quererlo, se extraen la leche para que “su pareja participe” de la alimentación del bebé… los mismos que no se levantan por la noche si el bebé llora y pide teta. 

Debo ser muy arcaica, pero todo esto me parece estrafalario. Para empezar porque no solo estamos invadiendo un territorio maternal, sino y especialmente un espacio del bebé que no volverá jamás. De esa vinculación primaria con su madre es que depende la vinculación que ese humano hará en el futuro con el mundo (incluyendo a su padre, si tiene). Esto es ciencia. Biología. Y es muy feminista, porque el superpower de la madre no lo tiene nadie más. 

Volvamos a los padres de hoy. Padres que de repente sois protagonistas de partos y de nacimientos. Que casi lo contáis en primera persona. Ok. Cada pareja maneja la situación como desea… Debe ser moderno y yo muy vieja. Tanta visibilidad me es incómoda. Porque pienso que un padrazo se hace notar en el día a día con los hechos, no en redes sociales. 

Está al lado de la mujer embarazada, apoyando cada decisión. Silencioso y flexible. Ofreciendo seguridad y reposo. Construyendo un espacio cómodo y relajado. Porque no es –solamente- acompañarle en cada cita médica. Pintar la cuna en la que dormirá el bebé. Es mucho más que presencia. Especialmente cuando el bebé ya ha nacido y el mundo parece cambiar de colores. 

Cada vez que el bebé llora por la noche y la madre – a veces rota por un mal parto o simplemente agotada por el quehacer diario- es ayudada y mimada por ti. Y te despiertas a la vez, le pasas agua, una almohada… o simplemente compartes el tiempo que dura la toma, haciendo compañía y escuchando. Cuando no te urge recuperar tus noches de pareja y dedicas ese tiempo a amar de otras maneras; sin exigir, sin protestar. 

Eres un padrazo cuando, después de terminado ese permiso paternal, llamas y preguntas. Aunque sea por mensaje de texto, como está el bebé, cómo está ELLA. Te preocupas porque no pase sola esas horas en las que no estás. De que esté cómoda. Y cuando llegas del trabajo, te arremangas y continuas la jornada doméstica en casa sin reproches… porque sabes que no hay jornada más dura que las 24 horas cuidando de un bebé recién nacido. 

Eres un padrazo cuando te interesas por los juegos de tu bebé, y te preocupas al pensar que la baja de ella se termina y que tu bebé tendrá que pasar el día en otros brazos, seguramente mucho menos amorosos. 

Y el tiempo sigue. Porque se nos olvida que nos quedan unos 20 años de hijo. Que no se acaba todo a los 3 años, ni cuando le toca ir al cole. Eres un padrazo cuando te coges excedencia, reduces tu jornada. En vez de que seamos siempre nosotras las que renunciemos a esa parte de nuestra vida para que tu criatura esté bien cuidada. Eres un padrazo cuando vas a las reuniones del cole y participas de los grupos de WhatsApp en los que se habla del disfraz que usarán los niños para el carnaval. Cuando vas a comprar el disfraz y sabes de qué talla. Cuando sabes los nombres de sus amigos. Y quién le cae mejor o peor. 

Eres un padrazo cuando te coges el día a cuenta de vacaciones cuando está enfermo. Cuando pones la lavadora con el uniforme de deporte de tu crío y sabes a qué temperatura va (y si no sabes, investigas…). Eres un padrazo cuando tus hijos no ven diferencia alguna si eres tú o mamá la que hace labores domésticas. No les parece algo “de chicos” o “de chicas”. Es de personas que viven en una casa… y es así de natural. Cuando no hace falta pedírtelo porque te nace hacerlo. 

Eres un padrazo cuando lees cuentos a tu pequeño antes de dormir, le pones el pijama, le acuestas y le das un beso de buenas noches. Y a tu hijo/hija le gusta que seas tú o mamá, porque lo hacéis igual. Eres un padrazo cuando estás horas y horas con ese problema de mates que no sale y cuando buscas la información en Google porque no te acuerdas de lo que diste en tus años de secundaria. 

Eres un padrazo cuando abrazas a tu criatura porque alguien le rompió el corazón. Cuando te levantas a las 2 de la mañana a recogerle de la fiesta porque prefieres ir tú a que tome un taxi. Cuando es tu criatura la que te llama sin dudar y sin miedo porque sabe que estarás dispuesto y listo para salir, sin importar la hora. Eres un padrazo cuando tu peque no tiene miedo de contarte que en su grupo fuman, beben… y pide consejo. Que te cuenta que ha hecho el amor por primera vez. 

Eres un padrazo cuando le ayudas en su primera mudanza. Y escoges junto a ese exbebé que un día fue, los muebles y el color de las cortinas. 

 Y así…esas cosas que hacemos las madres comunes y corrientes pero que a ti te convierten en padrazo.  Eres un padrazo. ¿Lo eres? Cógete las 16 semanas, que seguro serás de mucha ayuda.

jueves, 28 de junio de 2018

Y de repente adiós…

última salida, último día. 


Aquel 31 de julio a las 11 de la mañana, llamé desesperada a Lola, la directora, porque no teníamos cole. Las experiencias previas habían sido tan funestas que habíamos perdido la esperanza de encontrar aquel sitio amoroso con el que soñábamos. La historia triste de bebés “dejados” porque no hay más… la necesidad de trabajar y esa cosa extraña que llaman conciliar y que en realidad es otra falacia. Inexistente. Yo no quería seguir sacrificando a mi hijita… quería que fuese feliz.  Y contándoselo a mi amiga nos recomendó aquel cole pequeñito del que solo se sabía por el “boca a boca”. Ve a ver a Lola. Dile que vas de mi parte. Y fui.

Llegué sudando como un pollo, caminando desde mi oficina en Príncipe de Vergara a aquel chalecito en Alfonso XIII bajo ese sol juliano. Determinada a inscribir a mi pequeña de dos años en el cole recomendado. A mí no me hacía falta saber nada más que el hecho de que mi amiga querida tuviese a sus hijos allí; la entrevista me parecía lo de menos. ¿Hay plaza? Lola trató de disuadirme de mi inminente visita... Pero yo soy muy tozuda y allí me presenté a medio día. Ahora sé que me salté todos los protocolos y que fue una cosa del azar encontrarla disponible de un momento al otro el último día de julio.

En septiembre ya era nuestro cole. Y una profe amorosa y preciosa nos recibió. ¿Sabes ese tipo de persona que cuando habla cantan los pajaritos? Al más puro estilo Blanca Nieves (de la cual se disfrazó un carnaval y le quedó clavado…).  Piojilla nos contaba con detalle todo cuánto se hacía en la casita. A lo mejor recuerde que aquel año el día de su cumple cada niño llevó una flor y le hicimos un ramillete de flores...  Hicimos nuestro ese cole y fuimos felices para siempre.

Y de repente, adiós. Porque se ha hecho mayor y los 12 años marcan la nueva etapa y nos toca dejar sitio a los siguientes. Lloro.
Lloro de pena, pero también de alegría. Este estar triste-feliz que sé que entenderá el que me lea. Pena por tantos recuerdos maravillosos que quedarán atrás y alegría porque nadie nos quita lo bailado. Porque no solo fue un acierto con la pequeña piojilla. El cole nos dio luz a todos.

Es imposible resumir lo que este colegio significa en nuestras vidas. Cuánto le debemos, cuánto se ha tejido en ese patio chiquitín. Todo lo que cada maestra, cada profesor ha dejado como huella en estos niños que hoy se van. Lo bien amueblados, lo centrados, lo preparados que van a enfrentar el siguiente paso.  

El cole. Nuestro cole, ese lugar que huele a casa y con cuya comida es imposible competir, en el que mis hijos son tan inmensamente felices: es un pilar importantísimo de nuestra familia. Nos ha sostenido de tantas formas, tantas veces (y las que quedan…). He visto crecer a mi hija mediana en un hogar en el que se siente querida y apreciada. Donde la conocen y conoce a todos, donde desde que entra es bien recibida, saludada por Ana, con la sonrisa eterna: la polivalencia hecha persona, que lo mismo prepara recibos que limpia mocos, cura heridas, cura corazones.

Mi mediana siente que es una persona importante porque desde siempre es lo que ha aprendido: Todos somos válidos. Unos para una cosa y otros para otra.

He compartido muchas cosas lindas con las profes (Y Jaime) en estos años. Les he visto hacerse madres y padres, he visto crecer a sus hijos, he sido testigo de cambios transcendentales en sus vidas, de tomar otro rumbo cuando ha sido el caso.  Ellos han visto crecer a esta pequeña, que empezó tímida y ahora se come el mundo. Ya me lo decía Isa, mi amiga y profesora de Tigres en aquel entonces (la clase de 3 años) a la que quiero tanto y con cuyo estilo loco y canario me sentí tan identificada desde el primer día: “cuando estén preparados” y el mantra del cole suena en mi cabeza una y otra vez, porque no hay niño que no llegue. Todo a su tiempo.

En el cole las cosas importantes no se ven, no son tangibles. Están en pequeñas cosas, como cuando actúan unos para los otros, en la máxima sencillez pero impecables. Cada uno en su papel de pirata, gato, gusanito o lo que toque. Haciendo sus propios trajes y ayudándose unos a otros.  O en los "mil cambios de look" que tiene el pequeño hall de la entrada. O en el cartel de la puerta, que tuve la brillante idea de querer cambiar (Gracias Clara por abrirme los ojos y decirme que tú no participarías de ese crimen...) y que pone “Secundaria”, de aquellos tiempos en los que existía EGB… porque es parte de su alma y el cartel es mucho menos importante que ir a la granja, tener unos viajes maravillosos y buena comida. Lo que hace grande a este cole es su equipo. Los que estamos dentro sabemos lo que hay.

Hoy decimos adiós a una etapa preciosa en la que hemos recibido muchísimo más de lo que hemos podido dar. Creo que nuestros pequeños no se dan cuenta todavía. Están en esa fase en la que tienen la patita dentro… y seguramente no será hasta septiembre, cuando las puertas de la jungla se abran para ellos, que echarán de menos este oasis. A mí no me da miedo. Piojilla ha recibido tantos y tan buenos recursos en estos años que sé que lo va a hacer de maravilla. Ha sido un privilegio. De verdad.

Y nada más… Gracias Cole. Gracias Lola por este regalo. Han sido diez años estupendos.

Y si eres una madre y me lees: no lo dudes. Si estás buscando todo lo que yo he encontrado… Ve a ver a Lola. Dile que vas de mi parte.  

domingo, 10 de junio de 2018

"No te sabes vender"



No sé cuántas veces he tenido que escucharlo. “No te sabes vender”. Y lejos de ofenderme, siento que me define. No me sé vender porque no estoy a la venta. Porque no todo se puede comprar… y si hay algo que para mí es valioso son mis valores, mi reputación, mi prestigio.

No sé venderme. No escribo estos post (en mi pobre y abandonado blog, ni en ningún sitio) buscando visitas, likes o buscando palabras para que el SEO sea correcto y me encuentren por casualidad (como esos artículos que comienzan con “vende más que nunca”, “10 cosas que nunca hiciste” bla bla). Qué pereza y qué horror perder de esa forma la libertad.

No sé venderme. Y mira que me han ofrecido muchas veces cantidades que me podrían arreglar el mes fácilmente. Pero a cambio de mi nombre, mi palabra y mi dignidad. Para contar a las madres que me leen o me visitan, virtudes maravillosas de productos innecesarios o contraproducentes. Lo siento por aquellos que tengan que hacerlo. Prefiero tener pocos seguidores y que tengan la certeza de que jamás les mentiré ni les engañaré. Jamás recomendaré ningún producto, libro, alimento, sin que mis hijos los hayan probado y yo aprobado. Y si alguna vez me equivoco, no será deliberado.

Mi vida laboral gira en torno a las madres y sus necesidades pero estoy convencida de que crearles más necesidades de las que ya tienen es ruin y egocéntrico. El éxito es que no te necesite nadie de esa forma, que tu palabra sea bálsamo sin crear dependencia, sin vender humo.

Hablando con una amiga un día, me di cuenta de que mi hacer no siempre es visible (y afortunadamente no es mi objetivo ser la gurú de nadie), pero que dejarlo claro a lo mejor sí es necesario: Tengo tres proyectos en los que ocupo mi tiempo, para los que me he formado y me sigo formando y que me hacen sentir plena profesionalmente. Hoy, otro cuarenta de mayo, me gustaría resumirlos y que no queden dudas de lo que hago y lo que soy:

www.entremamas.org es un proyecto social cuyo objetivo es crear redes de madres. Es lo primero que ofrezco cuando alguien necesita apoyo y acompañamiento, básicamente porque es gratis. Sería muy cómodo pero muy feo hacerle creer a una madre que necesita una doula cuando a lo mejor solo necesita estar con otras madres. O venderle un acompañamiento individual cuando en un espacio grupal y gratuito seguramente sus dudas o necesidades quedarían resueltas. A través de Entremamás.org –constituida como un proyecto sin fin de lucro- se ofrece a las madres que llegan, información, resolución de dudas a través del mail, del teléfono (o incluso presencialmente) de forma gratuita. Es además un espacio de encuentro, de proyección social a través de la participación ciudadana, colaboración con otras entidades, participación en charlas, encuentros, debates en los que se visibilice la maternidad.

Para mí es importantísimo comunicar, crear incomodidad en la sociedad para que se escuchen las demandas de conciliación, derecho a una maternidad digna y a una crianza saludable para nuestros hijos. Y todo ello lo intento desde Entremamas.org, un proyecto autogestionado que no recibe ningún tipo de subvención.


Segundo pilar: “Te acompaño” que podéis encontrar en la web www.entremamas.es 
Es un proyecto de acompañamiento individual que surgió de manera paralela porque muchas mujeres me pedían más espacio, más tiempo y más dedicación que lo que mi voluntariado ofrecía. Es una forma de ganarme la vida: independiente del proyecto inicial pero complementario. Actualmente estoy en contacto con unas tres - cuatro madres a la semana, con picos de más intensidad o menos, según las necesidades que las actividades de Entremamas.org me dejen libre.  

¡Y claro… no voy contando por ahí mis acompañamientos! Recuerdo la siguiente anécdota: una vez se organizó una mesa de debate en un colegio profesional en el que se interesaron por la labor de las doulas. Querían una doula que explicase su trabajo y debatir con ella sobre el tema. Alguien sugirió mi nombre y otra persona (que me conoce, pero por lo visto, no muy bien) se opuso a que yo fuese la elegida. La razón fue “que yo no estaba en activo”.
Y lo que había detrás de aquella razón peregrina es que procuro ser invisible.   JAMÁS publico en ninguna parte si acompaño a una madre así o asá. No me hago fotos con ellas (alguna de ellas se hace fotos conmigo, que no es lo mismo) y mucho menos la publico en Facebook o redes sociales similares. Me parece un descaro como una casa pedirle a una madre una foto para hacerse publicidad… y más en un momento tan vulnerable como es el nacimiento de su bebé, en el que estará tan eufórica que dirá que sí a todo.
Doulear (acompañar) no va de una. No somos nosotras las protas de la foto. Hay mil formas de hacer conocer nuestro trabajo sin necesidad de invadir la intimidad de nadie. Especialmente de nadie que haya confiado en nosotras un momento sagrado. Y eso, comunicar es la tercera pata de esta mesa:

www.claudiapariente.com es mi forma de ganarme la vida desarrollando proyectos en comunicación para la salud.  Ofrezco varios servicios relacionados, desde la consultoría, formación, asesoramiento sobre las formas de comunicar, de contar lo que un profesional sanitario quiere decir al público que le sigue. Comunicación en salud, un tema que es transversal a mis otras dos ocupaciones. Porque todo es comunicar e incide de forma directa en la salud pública.
 
Mi profesión me apasiona y desde que estaba en la facultad dedicaba mis trabajos prácticos a los temas de mujer, infancia y maternidad que tanto me gustan. Hacerme madre muy joven fue una inspiración para ello.


Y esta soy. Hoy escribo para quien tenga dudas y quiera cotillar un poco mi hacer. No pasa nada. Sé que soy una persona pública. Las búsquedas en Google con mi nombre son de lo más variopintas (no os podéis imaginar lo que la gente busca de mí…)

Gracias a quienes me siguen, a quienes me aprecian, a quienes valoran lo que hago. Hoy una madre me abrazó llorando emocionada acordándose de lo importante que fue para ella compartir su maternidad con otras madres hace casi ocho años. Para mí reunirme con ellas es catarsis. Cada semana, un regalo. Y tal vez por eso hay personas que se piensan que no trabajo o que mi trabajo es no hacer nada. Algo de razón tienen.

Me quedan cosas por hacer. Escribir más, publicar cosas. Dedicarle a este blog más tiempo, ir a más cursos, más encuentros, más debates. No siempre es posible…  Pero aunque no logre hacer todo lo que quisiera, amo mi trabajo y sentarme en mis cojines de colores mientras veo crecer a mis hijos y a niños ajenos.  Eso no se puede comprar y nunca estará a la venta. La gente – y creedme: ha venido gente muy poderosa a que le cuente lo que hago- puede inspirarse, copiar tal cual el color de las cortinas. Pero hay algo que nunca podrá llevarse y es mi espíritu, mi pasión. Cada una tiene lo suyo y esa es su marca; la huella que deja.


Y nada más… Después de este tocho os quedará claro que No sé venderme. Ni falta que me hace.  Pero os agradezco haber llegado hasta el final de este post y acompañarme. Saber que hay alguien ahí es lo que me ha animado a sentarme este rato al ordenador y recibir mi cumpleaños tecleando.  :-)  Gracias!

jueves, 5 de abril de 2018

Buscando cole: Puertas (semi) abiertas


Estoy rellenando el formulario de admisión al nuevo cole y no soy capaz. Me distraigo una y otra vez con esta reflexión que quiero dejar aquí, antes de que se me olvide o el tiempo que pensaba dedicar a la solicitud se me acabe y tenga que ponerme a otra cosa.

Buscar un sitio para parir dignamente puede ser un camino largo y tortuoso que finalmente termina en la elección de "EL LUGAR".  Parecía que ya estaba... y es solo el principio.  De repente te ves en medio de mil decisiones más en torno a la crianza. Desde la mejor cremita (o mejor sin cremita??) hasta si hemos de dejarle llorar o no, o cuándo. O no mucho ni tanto. 
Cuando prácticamente lo tenemos "todo hecho" llega el momento COLE. Y si elegir dónde parir es tremendo, no os quiero contar lo que se viene con la elección de un lugar para dejar a nuestro amor.

Tener vástagos de tres generaciones diferentes te da la posibilidad de investigar 20 años seguidos  (y 20 que me quedan...) las opciones existentes en cuanto a educación se refiere.  

Me conozco los atajos, las formas, los centros que existían, los que existen, los profes, los métodos... los que usaban en un cole y los que han adaptado 15 años después.  


Pero además, el conocer mucha gente y poder pedir información de primera mano es también un plus, y por eso, creo que soy una base de datos andante bastante fiable. Preguntadme!  

Lo dicho. En estos años he visto de todo. Abrir y cerrar centros con más o menos ilusión. Mamás de día que luego apostaron por crear una escuelita y lo lograron. Otras que no duraron ni un año. Coles tradicionales que no lo eran tanto. Coles modernos que solo lo eran de nombre. Me conozco el mundo cole casi tanto como el de hospitales. 

Pero de repente hay una novedad. El intenso trabajo de marketing detrás de muchos nuevos coles. Especialmente aquellos que se quieren decir alternativos, respetuosos y fantásticos. Este año he recibido muuuuchas newsletters, folletos, cartas personalizadas y llamadas para que desde mis plataformas se les dé publicidad... A mal palo se han arrimado: quienes me conocéis sabéis que no publicitaría nada que no eligiese para mis propios hijos o para mi propia vida. 

Dicho y hecho, y ya que este año nos toca de nuevo cambiar de centro (hacia la secundaria de la mediana, Oh My GOD!), me he tragado varias jornadas de puertas abiertas e iniciado una investigación para actualizar mis datos sobre coles que ya conocía. 

A los de siempre, ya los tenía fichados. Los nuevos, había que catarlos. Algunos los he descartado por descaro. Alguno encontré que en realidad no era ni cole...  Otro en el que la directora me habló (sin conocerme de nada) pestes e inventos de otros dos coles que yo conocía muy bien. Ya solo eso me daba una idea de la catadura moral de lo que me podía encontrar dentro.  Otros, porque el discurso era tan fantasma, con tantas promesas tan difíciles de cumplir, que una se pregunta si de verdad alguien es capaz de creer en todo o simplemente quiere hacerlo. 

Me he leído idearios, propuestas educativas, proyectos... y luego he ido a comprobar si entre líneas podía verse algo más. Preguntando a alumnos. Entrando a foros. Averiguando lo que otras madres/padres tenían como experiencia. Voy de incógnito. 

Hasta hace unos años era difícil encontrar un cole chulo. Hoy en día, especialmente para primaria, existen varias opciones. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Todos se llenan la boca web de "educación libre", "respeto", "metodologías activas", "TICs", "Integración", "Educación individualizada y por proyectos"....  (pero luego no puedes dar de mamar a tu hijo de infantil al recogerlo...como le pasó a una amiga mía en una escuelita muy conocida; o hay fichas y fichas y fichas y de proyecto, ni el proyecto. U otra en la que tenía fe y era mi casi elegido: Que me cuentan lo chuli que es todo y luego me sueltan: "Ahh deberes, sí, claro. Siempre. Porque así se consolida lo aprendido". Auch. Adiós).  

Pero todo esto que cuento no era nuevo. La novedad ha sido otra. En las jornadas de "puertas abiertas" de algunos de estos coles maravillosos y respetuosos NO ESTÁ PERMITIDA LA VISITA DE NIÑOS. Las advertencias se pueden ver en algunas Webs así, con negritas y mayúsculas.  ¿Perdone? Perpleja me hallo. Un lugar que quiere niños, no los quiere en su espacio según el día. 
puertas semi abiertas

Para mí esto es una absoluta incongruencia con el tipo de educación que se propone. El niño es el primer cliente (Sí, he dicho cliente... porque no nos vamos a engañar, la educación es un negocio por muy inspirador que sea el lugar).  Es el cliente al que hay que conquistar. El que debería poder probar los juguetes, los espacios e incluso la paciencia de quien le va a cuidar. Cómo quieren venderme -como madre- un proyecto educativo en el que no aceptan que lleve a mis hijos?  Y no me cuenten milongas que yo también sé lo que es tener padres y madres despreocupados, niños ilimitados y desastres y emergencias de fregona cuando abro las puertas de mi casa. Lo asumo porque sé a qué me dedico. 

Sr. dueño de cole: Si de verdad crees en lo que haces, montas una actividad paralela. Pones dos cuidadoras o las que haga falta. Les cuentas a los adultos de la familia que si vienen niños, al menos un adulto debe hacerse cargo del bebé/criatura que se traiga para la seguridad de todos. Haces diez jornadas en lugar de una si no tienes suficiente lugar. Pones azafatas y letreros... etc etc. Te puedo dar mil ideas si no se te ocurren. 

A los demás, padres y madres... Mi sugerencia de vieja loba es que no os dejéis engatusar. Mirad los detalles. Cómo hablan profes y autoridades. Haced preguntas clave: cosas que no esperen. Mirad el patio y cómo juegan los niños. Preguntad cómo se resuelven los conflictos. Tened en cuenta que ni las infraestructuras, ni los recursos técnicos, ni los materiales hacen un colegio. Son las profesoras  (uso las, porque son ellas, mayoritariamente) las que hacen la diferencia. A veces no hace falta mucho para darlo todo. 

Estos coles en los que te venden la moto, en los que suenan tantas palabras bonitas (que tú quieres escuchar) que no ponen pegas -al parecer- para lo que tu sueñas y quieres para tu peque. Con chino y un Ipad para cada niño, con materiales de madera y otras preciosidades; con métodos novedosos y laboratorios relucientes... y luego nanai, me recuerdan mucho a los hospitales "respetuosos con el parto" que te enseñan una bañera que jamás fue usada, te dicen que solo puedes rellenar "SU" plan de parto y te hablan de ayuditas educadas. Y perdonad, pero no. Prefiero escuelasaurias a las que vea venir. 

Termino este post con dos anécdotas. La primera de hace unos 8 años (las que estaban lo recordarán).  Una muy famosa madre de día vino a Entre mamás a contarnos su método y bla bla.  Desde luego todas las madres asistentes venían con sus bebés. Al terminar la charla se me acercó y me dijo que todo había estado muy bien y que le gustaría repetir otro día. Pero que por favor dijese a las madres que no trajesen niños.  Le dije que se había equivocado de sitio y de profesión. Que si no era capaz de concentrarse y hablar con los niños en el regazo de sus madres, a lo mejor debería dedicarse a otra cosa. Nunca más la he vuelto a ver.

Segunda, de este momento vital. Que después de ver tantos sitios y marearnos con las exposiciones,  me ha sorprendido encontrar en un cole normalito una acogida excepcional. El viejo cole de la hija mayor, en el que solo estuvo los dos años de bachillerato y del que ella siempre me habló con amor. 
No lo tenía tan cercano porque a esas edades ya no tienes a los hijos bajo tu ala y además ella siempre fue a "coles tradicionales"... pero mi marido insistió y le dimos una oportunidad. Fuimos a re-conocerlo. Nos encontramos una apertura en su discurso que no esperaba y que a la interesada - mi hija mediana- es el que más le ha cuadrado con lo que ella desea.  Ha elegido. 

Sabemos que nada es perfecto. Su cole querido, que dejará en breve, tampoco lo es. Pero cuánta felicidad hemos encontrado en su pequeño patio. Y con esa esperanza, con esa ilusión, estoy ahora a punto de rellenar el formulario... 

Aquí voy. "Datos del alumno...."


sábado, 16 de diciembre de 2017

Cinco


Mi pequeño. Mi dulce amor, bebé hecho de dulce y besos de azúcar. Cinco años que han volado y casi no puedo creerlo. Como si hubiera sido un suspiro: cinco desde que viniste al mundo tal y como tú eres. Fácil y tranquilo, llenándome de amor y poniendo cada pedacito de mi alma vieja en el sitio en el que tiene que estar.

Tú, mi chiquito feliz. Siempre conciliador y atento a los detalles… has crecido.  Me entra una nostalgia infinita porque esta vez sí es la última. Hace algo más de dos meses te destetaste de los últimos sorbitos que quedaban de mi leche de madre y dando unos besos a mi pecho vacío, despediste una de las etapas más dulces de mi vida.

Ha desaparecido mi bebé y hoy le digo adiós al acunarte, a alimentarte con mi cuerpo. Mi cuerpo, dador de vida y de alimento vuelve a funcionar solo para mí y aunque de cierta forma es como tiene que ser, es imposible no sentir tristeza por lo que nunca – nunca, nunca- más será.

Justo ahora cuando las madres cercanas anuncian su buena nueva, pariendo de nuevo a los cuarenta, a mí me toca cerrar y dejar pasar. Y peor que eso… tener la certeza de que ya jamás más estaremos tan cerca, que el hecho de que crezcas es perderte un poco cada día y que no hay juez más implacable que los hijos.

Que ahora me llenas de besos y en 20 años a lo mejor ya ni me dices adiós al irte de paseo. Que seré una espectadora desde el último anfiteatro. Porque así está diseñado todo y nadie te advierte de ello. Y es profundamente doloroso.

Te quiero hijo. Gracias por esta nueva perspectiva. Por ese regalo que fue tu llegada, sin anuncios y sin trámites. Por sorprenderme tanto: desde el mismo día de aquel positivo que me produjo asma ver y de aquel domingo cuando naciste casi sin avisar luego de un fiestón inolvidable. Por ser como eres, tierno y cariñoso conmigo, por arrancarme sonrisas cuando estoy enfadada. Por decirme “siempre hay una solución”.  

Gracias hijo por hacerme sentir madre.  Feliz cumpleaños.


Y esta sería la estampa hoy... mi bebé tan soñado durante años, el de la bandolera verde, ya no es más un bebé.
Las niñas han dejado de serlo. Mi bandolera amada ya solo lleva el recuerdo de lo que mis maternidades dejan.



martes, 17 de octubre de 2017

Efecto mariposa

No sé si con el paso de los años me estoy volviendo ñoña... pero cada vez valoro más la rutina, la normalidad, el que nuestras vidas sean despertar, llevar niños al cole, al parque, a cumples, ver dibujos, plantar semillas, barrer hojas en el patio, hacer comidas y cenas, ir al mercado, reunirnos los findes, poner lavadoras, dormir agotados, cogernos de la mano, visitar a los abuelos, preparar la navidad y todas las fiestas...
Bendito privilegio que cada día sea igual, todos tan comunes y corrientes; que no tengamos sobresaltos, que nuestras discusiones sean porque se acabó la leche y nadie avisó, porque en vez de las 6 eran las 7 cuando llegó marido, que estemos sanos y que no nos demos ni cuenta hasta que nos resfriamos.
Que no tenga ganas de irme de puente porque quiero estar en casa (y eso que no salgo nunca de casa, que es lo que tiene trabajar en ella), despertar tarde, disfrutar de los macro desayunos que hace mi amor, sacar al perro, limpiar nuestro hogar, mirar una peli y comer palomitas. Esperar que mi hija mayor llegue a casa (sana y salva) y me cuente las cosas chulas de la universidad, tierra de sueños. Desear buenas noches a mis hijos pequeños, verles dormir, verles despertar, mirar sus manos negras de tierra y juego.
Y todo esto lo escribo con lágrimas porque antes no me daba cuenta de que la normalidad de lo cotidiano es lo que más se acerca a la felicidad. Que antes ambicionaba no sé muy bien el qué. Pero de repente esa sensación de "lo efímero de la vida" entró en la mía y ya no se me fue nunca.
Y cada vez que me enfado de algo absurdo me golpeo el pecho y pienso en lo boba que soy. Que debería ser más como el piojillo, que siempre tiene solución para todo. Conciliador y práctico que es él con la sabiduría de sus 4 años. Que me tengo que quejar menos... agradecer más. Reñir menos a mis hijos cuando hacen cosasdehijos.
Llevo unos años entendiendo que de eso va todo... luchando contra mi mal humor, tratando de escuchar más, de dar más amor... y qué difícil. Lo intento cada día porque sé que un día igual a otro es lo mejor que nos puede pasar y antes no tenía esa certeza. Que la vida hace pito pito gorgorito y el caos pasa por tu lado, casi rozándote pero sin darte. Simple casualidad. Mañana quien sabe.
Y me da pánico que una llamada, una analítica, o el efecto mariposa lo cambie todo de repente. :-(

jueves, 5 de octubre de 2017

Parir, el poder del parto

Ibone Olza fue la primera persona que llegó a casa a celebrar la llegada del bebé. Fue recibida por la hija mediana, que con la solemnidad que la caracteriza le informó muy seria: Aquí ha habido un parto.  Se notaba: El olor, dulce y extraño, todavía permanecía en la casa… pero especialmente la luz, el calor – como muy bien cuenta Carol sobre el suyo en el spot de Flex- y un indescriptible halo de amor que lo envolvía todo. La familia no solo estaba enamorada del bebé, sino unos de otros.  
La madre recién parida era yo, y el recién nacido, mi último hijo: El piojillo. El éxtasis dura todavía.


Nos vimos dos días antes en la presentación de su libro Nacer por cesárea que coincidió con un momento muy intenso para mí, que cambió el rumbo de aquel futuro por llegar y en el que también estuvo sosteniéndome…   Y la noche previa al nacimiento: en la fiesta maravillosa de bendición de parto que me había organizado mi hija mayor junto a mis cómplices amigas. Sus abrazos y mis lágrimas emocionadas liberaron un volcán de oxitocina que precipitó todo…


Cuento esto porque leyendo su reciente libro: Parir, el poder del parto, no he podido dejar de recordar cada detalle y el contexto de aquel día (y de mis otros partos, tan diferentes y  las tantas lecciones que dejaron cada uno), ordenar las piezas y encajar perfectas, cual un puzzle con toda la evidencia científica que nos presenta. Me he sentido emocionada y privilegiada por haber podido sentir, en mi ser: cuerpo y alma, la diferencia.

Leer a Ibone es como escucharla. Y para mí, que la tengo tan cerca, siempre es un placer oír de su boca lo importante de recibir a los bebés con amor, de ofrecer a las madres ese espacio de libertad y cuidado para poder parir como deseen.

Parir, el poder del parto (Ediciones B, 2017) es un libro absolutamente imprescindible para los profesionales de la salud materno-infantil y que fácilmente se puede entender por madres y padres. Se degusta desde la primera página, con un delicioso prólogo escrito por Iciar Bollaín, y nos lleva de la mano, con el lenguaje cálido, claro y científico que caracteriza a Ibone, hacia el milagroso momento de traer al mundo a un bebé. Nos cuenta todo lo que tiene que estar en su sitio -como si se tratara de una danza perfecta y delicada- para inaugurar la vida y el amor. Nos ofrece múltiples estudios, autores y citas (ella es amante de leérselo todo y su fuerte son las publicaciones científicas) para comprender mejor por qué es tan importante respetar aquella magia de hormonas y de piel.

Y también qué ocurre cuando no se respeta. Los aspectos psíquicos y físicos de un mal parto, incluso traumático, y las secuelas que ello puede dejar de cara a la edad adulta. Nada es gratuito…  Queda en la memoria de madres e hijos. Una vez más, desde la neurobiología, Ibone habla sobre las consecuencias de interferir con el proceso y cómo, cuando la intervención es necesaria pero respetuosa e informada, las madres viven la experiencia de otra forma.  

Parir, el poder del parto es un libro que resume, documenta y evidencia diferentes facetas en torno al parto y nacimiento, no solo desde el argumento científico, sino desde el emocional, los testimonios y, el a veces, camino doloroso que significa comprender, aceptar, que nuestros partos no fueron lo que esperábamos… y la energía poderosa que se te queda en el cuerpo y en el cerebro cuando es gozoso. Las activistas lo sabemos. Algunas hemos tenido el privilegio de saborearlo…


Recomiendo leer a Ibone no solo por el cariño inmenso que le tengo, sino por la gran maestra que es y cuánto la admiro como profesional. Y le agradezco a la vida que los nacimientos de nuestros hijos nos hayan unido para, como ella bien dice en el libro que me ha dedicado: “que sigamos aprendiendo juntas, por las madres, por los bebés”. 




*Parir, el poder del parto se presenta en Madrid mañana 6 de octubre a las 19:00 hrs. en el FNAC de Goya. 

Padrazos

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