domingo, 23 de marzo de 2014

Respuestas a "las que No se informan"

Querida Matrona:

He querido dejar pasar un día antes de responder tu entrada,  para no escribir desde el enfado que anoche me ocasionó leerla. Como usuaria y activista, me ha dolido tu tono y tu reproche. 

Por favor lea atentamente las diferencias
entre parto medicalizado, natural y
humanizado. ¿información?
Voy a hablar del ámbito público, porque en el ámbito privado (especialmente con matronas que se han salido del sistema y atienden partos/mujeres yendo a contracorriente) las cosas pueden ser diferentes. He sido y soy testigo de ello a diario.

En cuanto a lo institucional, ya se sabe: en hospitales y clínicas privadas, "el cliente siempre tiene la razón" y lo mismo se hace una cesárea en la fecha "que a todos nos venga bien" que se ofrecen "partos a la carta". Esto último parece estar de moda, sino, no me explico el boom reciente de "unidades de parto de baja intervención" en centros conocidos antaño como fábricas de cesáreas. De alguna forma, alguien de marketing hospitalario se ha dado cuenta de que las mujeres están cada vez más informadas y quieren ser "las protagonistas". Ya no solo valen los partos educados. 

Pero hablemos de lo público. Donde casi no hay matronas atendiendo la salud reproductiva de la mujer, por lo que hay pocas posibilidades de información desde el profesional. Como no nos metamos a Internet o vayamos a una reunión de las locas del parto, difícilmente aprobaremos el parto-máster necesario para hacer elecciones informadas.  En mi último embarazo me pasé los nueve meses pidiendo que me atienda una matrona -aunque tengo que decir que la de mi centro de salud deja en muy mal lugar a las matronas de España- porque estoy convencida de que es la profesional indicada para esa atención. Fue la misma matrona la que me informó, de malas maneras, que en Madrid el seguimiento de embarazo lo realizan los gines. 

Y así fue. Las posteriores visitas fueron surrealistas. La estrategia de atención al parto normal no se conoce (espero que sea desconocimiento y no mala fe) ni en pintura. Que suerte tengo de ser "una mujer informada"... a las 12 semanas, la ginecóloga que "me llevaba" me advirtió de que, si a la 40 no me ponía de parto, me lo inducían. Mi FPP era el 6 de enero... parir en fiestas tiene esos riesgos.

Desde aquí, mi reconocimiento y admiración a esas matronas que trabajáis casi en la clandestinidad, atendiendo con amor y acompañando de verdad; peleando con vuestros compañeros por hacer las cosas bien. No sois muchas, pero tengo fe de que en poco tiempo, la nueva generación ganaréis terreno y las mujeres estaremos mejor atendidas. 

La responsabilidad

Estoy de acuerdo, y además la ley lo recoge, en que la responsabilidad final en lo que concierne a mi salud recae en mí misma. 

Toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento del paciente, que debe obtenerse tras recibir una información adecuada, y por escrito en los supuestos previstos en la Ley. (Leer más)

Como bien sabemos, en la gran mayoría de los casos se firma el consentimiento "informado" sin información previa (ni posterior...). Si por casualidad cuestionas cualquier procedimiento o requieres más detalles sobre algo que te interesa y quieres conocer mejor... según donde estés puedes caer muy mal y ser conocida como "la listilla". Hay hospitales -como el Puerta de Hierro de Madrid- en los que más te vale no presentar un plan de parto. Esto es una pena y no es nada más que un ansia de poder que no comprendo. Como bien dice mi amiga Fran, hay que tener más miedo (en cuanto a demandas se refiere) de aquella mujer que cual borrego firma lo que le pongan delante sin chistar. Será ella la que te denuncie cuando algo salga mal porque te está haciendo responsable de todo. 

Adoctrinamiento


Pero el tema es más complejo. Ejercer nuestros derechos durante el embarazo y parto requiere un empoderamiento -palabro de moda- que no llega de un día al otro. 

¿Cómo puede llegar una mujer a ese momento si durante años le han dicho que "no se toque ahí", que sus tetas son para el disfrute de otros, si los medios de información nos bombardean con publicidad sexista, que insulta nuestra esencia. Si cada programa de la televisión, empezando por los dibujos animados, nos incita a ser provocativas y sexys -incluso desde la infancia- y luego la sociedad nos penaliza por ir provocando; nos culpa de que nos violen con esas faldas tan cortas. Si se normalizan las pérdidas de orina y se pinta de azul la menstruación. Si se tapan pezones que amamantan y se enseñan tetas que invitan a comprar toda clase de productos. Si se le dice a las mujeres "parirás con dolor" y solo se le ofrece la epidural (bendita e imprescindible si estás atada al gotero de oxitocina).  ¿Cómo puede empoderarse la niña que no sabe nada de su cuerpo, no lo conoce, no lo aprecia? ¿Si recibe doctrina para preparar el día de su boda y jamás habla de partos con su madre, si lee en las revistas cómo tener un culo perfecto, cómo gustarle más a Él...? ¿Cómo le pedimos a la embarazada que ejerza el derecho y responsabilidad de estar informada y elija en consecuencia si son los profesionales los que, en la mayoría de los casos, dan información a medias? ¿O directamente falsa? ¿Qué información puede tener una mujer que tiene acceso en blogs y foros a cosas como ésta


Me temo, querida matrona, que es mucho más complejo que echarnos una regañina desde un blog para que no vayamos ciegas al parto. Y a veces, ni siquiera ir de listilla te salva de nada... te lo digo yo. Que cuando llegué a la clínica hace 8 años, mi matrona leyó "mi historia" y me sentenció: ¿Así que tú eres de las que no quieren epidural? Pues ya verás como la pides!! Y vaya si la pedí.... pero no estaría aquí, ni escribiendo esto si no tuviera esta anécdota que contarte. 

Pero hay más. 
Se te olvida, querida matrona, que no todas las mujeres tiene acceso a información "de la buena" o los conocimientos necesarios para filtrar lo que no sirve. Se te olvida que hay mujeres que no leen, que no escriben, que tienen situaciones socio-económicas difíciles... que hay mujeres que prefieren comer -y dar de comer a los otros 4 hijos- que buscar un buen parto. Que a lo mejor no habla el idioma, o lo habla pero no entiende lo que le dices cuando comentas "macrosómico", "perineal", "vulva".  Que es académica y tiene dos posgrados, pero nunca tuvo la oportunidad de conocer cómo funciona su útero, qué expectativas debe tener el día D... y que nunca le interesó saberlo porque ha sido educada como sugiero líneas arriba y sobre todo, porque CONFÍA. 

Porque también va de eso. De la confianza. Porque no podemos ir al parto, a la consulta, como si fuéramos a la guerra. Porque en ningún otro proceso de salud hacemos un máster, por si acaso nos cuelen una válvula que no es cuando nos operan el corazón. Porque necesitamos creer que, sin importar si somos analfabetas o cultísimas, tú y el resto de sanitarios nos vais a atender bien. Como habéis jurado aquel día hace años... Con la evidencia científica en la mano, sin prisa porque es viernes, sin juzgar mi cultura, mi religión, lo que sé o lo que no sé. Porque no conoces el contexto en el que me criaron y crecí. Porque se supone que tu profesión es vocacional. 

Porque el ideal sería que pueda llevar a mi hija de 11 años a conocer a su matrona. La que nos disipará las dudas sobre los primeros cambios en su cuerpo -si yo no puedo o no me veo en la capacidad de contestar sus preguntas- y así, que a lo largo de su vida reproductiva sea la profesional de referencia, la que está cerca para consultar cuando haga falta y no solo en el embarazo-parto-posparto y malamente.  Reivindicaciones que a lo mejor deberíais/deberíamos hacer vuestras/nuestras y que no son objeto de este post. 

Pero en vez de eso, llego a mi fecha de caducidad y me dicen que hay que inducir ya. Si dudo, me ofrecen un papel y me amenazan: "Será tu responsabilidad". Se les olvida contarme que TAMBIÉN ES MI RESPONSABILIDAD si firmo y accedo a la inducción. Y que nos rajen y nos hagan lo que haga falta... porque las madres somos así: por nuestros hijos, todo.  Si me dicen que mis hijos corren el mínimo peligro, doy mi vida si hace falta. 


No quiero que creas que deslindo responsabilidades. Al revés: Mi activismo y mi profesión consisten justamente en ello: difundir información con el riesgo de que me llamen intrusa. Es necesario informarnos; nadie compra un coche sin haber visto muchas marcas, modelos y colores. No debería ser diferente en un momento vital como este... pero somos criadas para seguir a la autoridad. En el fondo, todo esto no es más que una cuestión de género. 

Desde luego. Estoy convencida de que es mi responsabilidad -y la de todas las mujeres- cada una de mis/nuestras elecciones. En todos los ámbitos. Y también el no saber es una elección. Eso no nos debería convertir en víctimas. Porque tanto si soy una ignorante o voy de lista, es tu obligación atenderme en buena praxis, sea yo quien sea. 

Un abrazo. 
Claudia.

viernes, 21 de marzo de 2014

Lo que la lengua esconde

Vuelvo después de mucho tiempo y pido disculpas por estar ausente, pero es por una buena causa: mis labores de madre de deambulador me dejan poco tiempo para sentarme al PC (aunque tengo cientos de borradores en la cabeza). 
Prometo escribir más. 
o por lo menos dejaré archivos de voz :-) 


Las palabras nos juegan malas pasadas. Dejan ver de qué estamos hechos, quienes somos y en qué creemos. He recogido unas cuantas frases (las que me acuerdo rápidamente) y breves explicaciones de lo que se lee (de lo que leo) entre líneas. ¿Se os ocurren más? 

  • Hacer el parto: Un parto se atiende, se acompaña. No se HACE.  Cuando un profesional me dice que "HACE partos" me entra frío en el cuerpo. Leo intervención, cortar, dolor, mucha gente, muchas manos, poca intimidad. Piernas pariendo, sin mujer que sea la dueña...





  • En la misma línea: "te voy a ayudar" y que de repente te empujen la tripa con el codo, te corten el periné con un cortecito de nada, se abran paso a mano en tus membranas, te pongan un chorrito de algo en el suero y a continuación sientas un dolor que te obligue a pedir clemencia o la epidural. Todo esto, sin pedir permiso ni nada. Luego dirán que fue un parto "natural" solo porque el niño nació por la vagina. 
  • Parto por cesárea. ¿Qué dijo? O es parto o es cesárea. Dejemos de catalogar la cesárea como una opción de parto. Se trata de una intervención. Una cirugía mayor de abdomen que debería usarse para salvar vidas, no para ponerlas en riesgo. 
Parto en la naturaleza, que no es lo mismo...
(bella foto de Vladimir Bagrianski)
  • Parto natural. ¿Alguna vez se escucha decir a alguien que parió por parto artificial? ¿Por qué queremos ponerle adjetivos a la normalidad? los adjetivos son para lo demás. El parto normal no los necesita. Pero además, la palabra "natural" está tan mal usada (y abusada) que automáticamente encasilla en un tópico verde-ecológico-místico-esotérico a la madre que ose contar que desea un parto natural.  La gente empieza a elucubrar y se imagina delfines y sirenas, mientras la parturienta, con corona de flores en la cabeza, saca con sus propias manos al bebé y le corta el cordón con un cuchillo de pescador... (No tengo nada en contra de un parto como el descrito... solo apunto lo que la gente de a pie imagina fuera del mundo parto-teta o a veces incluso en él!  "Esas mujeres que quieren parir bajo un árbol" decía un señor de la SEGO refiriéndose a las activistas del parto normal.) 

Propongo contar que - si ese es nuestro deseo- contemos que queremos un parto acorde con la evidencia científica, en el que la seguridad de madre y bebé estén garantizadas (aunque, ojo, nada en la vida es 100% seguro). Un parto moderno, con la ciencia de nuestro lado. Porque así, aunque se complicase, aunque no fuese un parto vaginal, tendríamos la certeza de que todo cuanto se hizo se debería hacer.


  • Beneficios de la lactancia. No. La lactancia materna no tiene beneficio alguno. Es la norma biológica y la normalidad. La realidad es que no amamantar tiene riesgos. Y así, los titulares de los periódicos casi siempre están mal escritos. Quien todavía ve "beneficios" en amamantar es que no se ha creído de verdad que no hacerlo trae consecuencias. 
  • Lactancia prolongada. Hace unos días, mi amiga Irene me leía un artículo en el que se afirmaba: "la lactancia es prolongada a partir de la salida de los primeros dientes". Es decir, que según este autor, si a un bebé le salen los dientes a los 4 meses, ya no debería mamar.
    Prologar es "estirar" más allá de la normalidad, "hacer que dure algo más tiempo de lo regular" (2..RAE).  Hay gente que toma leche de vaca siendo anciano... que clase de lactancia es esa? ¿lactancia artificial prolongadísima? La leche materna no pierde propiedades ni se hace vieja con el tiempo. No deja de ser buena nunca. Cuándo poner fin a amamantamiento es una cuestión que solo atañe a la madre y su hija/hijo. Cuando decimos "lactancia materna prolongada" de forma automática y tácita estamos diciendo que "se pasa de la raya". ¿Y a usted qué? 
  • Leche maternizada: No. Mil veces no. Fórmula adaptada, que eso es todo lo que puede llegar a ser ese polvo en una lata. La palabra "maternizada" quiere hacernos creer que es similar, parecida a la leche de madre. Es un término antiguo y propio de aquellos años en los que se vendía la leche de bote como una mejor opción a la leche materna. Aquí puedes ver una comparativa de ingredientes para ver su parecido. Increíblemente hay quien todavía usa esa palabra sin rubor. En la foto, una publicidad de Bezoya y su programa "bebe a bordo" de Divinity. 
Vergonzoso

  • Vaciar la teta. Mil veces escucho y leo este consejo. Dar de mamar hasta vaciar el pecho. Pero el pecho no se vacía jamás, así que la madre que lo intente quedará frustrada, pensando que no tiene suficiente. 


Estas son algunas cosas que se me ocurren hoy, respecto al mundo parto-teta, pero he encontrado estas otras dos que disfrazan malamente lo que verdaderamente son:
  • Contención mecánica: no es otra cosa que ATAR a una persona . Inmovilizarla con cinturones y correas A veces para que no se dañe a sí mismo (no habrá otra forma? snifff), pero en muchas ocasiones por simple comodidad de sus cuidadores o incluso como castigo. Atar ancianos, niños... qué más da? De vuelta al mundo parto-teta: ¿Quién no ha visto las correas en los estribos del antiparto-potro obstétrico? No son para adornar los tobillos... no 
salvafix05[1].jpg
Muy moderno

Tumbada, atada, con pujos dirigidos. Total ignorancia de la ciencia (con espejito incluido)
(Imagen extraída del programa de La Sexta, Baby Boom) 

  • Medida pedagógica: Castigar. Ni más ni menos. Si antes se decía que la "letra con sangre entra" (diooooooos) ahora se disfrazan los latigazos emocionales con palabritas más rebuscadas.  Aunque se llame silla de pensar, (cómo puede ser "pensar" un castigo??) son lo que son. 
La silla de pensar no es como esta...


En definitiva: Eufemismos. Disfraces que pretenden ocultar lo que la lengua esconde. 
¿Se te ocurren más?

martes, 18 de marzo de 2014

“Somos un #blogentrecienmil y vamos a poder contigo”


“Somos un #blogentrecienmil y vamos a poder contigo”


18 es un número especial. Es la edad de la mayoría de edad. La edad que tiene mi hija mayor; la edad de unos chicos (Leyre, Anabel, Beatriz, Andrea, Irene, Marta, Alejandro e Iliana) que decidieron participar en un concurso y crear una campaña para la Fundación Uno entre Cien Mil  e invitarnos, hoy 18 de marzo, a ser parte de su idea. Aquí estoy!!



Como bloguera y madre de una chica de esta edad, me encanta participar en esta causa. Quiero contaros por qué es tan importante conocer la labor de la Fundación Uno entre Cien Mil y su proyecto "Corre". Y lo fácil que es ser parte de esto: Solo tienes que comprar un dorsal y correr contra la leucemia infantil; da igual donde: en una gran maratón, en las cuatro paredes de tu casa, al salir a pasear por el parque. Adquiriendo este dorsal, desde un euro, puedes contribuir a que la Fundación financie el estudio de la enfermedad y las formas de erradicarla (por cierto, está abierta la convocatoria para investigadores*).

Hace un tiempo escribí un post sobre un día cualquiera... una pesadilla que empieza al abrir un sobre, recibir una llamada y darte cuenta en segundos de que la vida ha cambiado para siempre. Y que el azar ha elegido a tu cachorro.  Eres parte de una estadística... A partir de ese momento qué difícil tiene que ser encontrar sentido al mundo "normal". No puedo imaginármelo y tengo una profunda admiración por esas madres y esos padres que hacen de su lucha personal algo todavía más grande; que convierten su tristeza en energía y nos dan lecciones de vida y de fortaleza.

Porque Uno entre cien mil, antes de ser una Fundación fue un blog. Porque todo esto tiene una historia detrás. Es una historia de valentía y amor inmenso. La historia de Guzmán... un pequeño que fue diagnosticado de la enfermedad en 2010. Hoy Guzmán está bien. Aunque la lucha es diaria y por ello, sus padres crearon esta fundación. "Juntos podríamos conseguir que el 100% de los niños diagnosticados salgan adelante" dice Jose.

Así que aquí estoy. Escribiendo para ser de alguna forma parte de esa lucha.

Te invito a hacerlo: Compra tu dorsal. Corre una carrera. Vence a la leucemia infantil.


* Abierta Convocatoria 2013/2014.  Se concederá una ayuda financiera de 75.000 € a un proyecto de investigación sobre leucemia infantil, que se desarrollará bajo la supervisión de un Investigador Principal (IP) en una institución española.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Parto fiesta

Más de 30 mujeres gritaron ¡¡¡¡Sorpresa!!!! y a mí me dio un vuelco el corazón. Sin que yo supiera nada, casi un centenar de amigas, compañeras y madres se organizaron lideradas por mi hija mayor para ofrecerme una bendición de parto. Fue una sorpresa, claro que lo fue. Tanto así que por un momento sentí que iba a perder el conocimiento. Me abracé a mi amiga Zoila para no caer y lloré. 

Lloré todas mis tristezas. Todas las que habían empañado la última parte de este larguísimo embarazo -como todos los que precedieron- y que habían hecho aún más difícil la espera. Lloré, abrazada a cada una de ellas, dando gracias, siendo besada y animada, por una, por otra... en esta MI casa, Entre Mamás.

Recibí un homenaje épico que no sé si me merezco. Sentada en uno de los enormes pufs de colores, intenté dar las gracias y algo así como un discurso... pero no me dejaron. De repente un vídeo se proyectó en la pared y vi-escuché a otras tantas mujeres, amigas y compañeras -aquellas que no pudieron estar presentes pero querían estar allí- ofreciendo sus deseos de parto desde diferentes lugares; mandando besos y saludos cariñosos. Más lágrimas emocionadas y de fondo la voz de mi querídisma Ibone gritando ¡¡Viva esta parto-fiesta!!!



Pero había más. Me pasaron un sobre rojo y brillante. Lo abrí... y encontré en su interior el dinero que necesitaba para pagar la mitad de mi parto soñado. Un maravilloso regalo, hecho desde el amor y la generosidad de aquel círculo de mujeres: ya no necesitaba más. Respiré y sentí que ya solo faltaba esperar.

Liberada de mis profundas preocupaciones, del malestar del alma que me había acompañado en los dos días anteriores, querida y bendecida por aquellas mujeres increíbles, por primera vez en semanas llegué a casa ligera y aliviada. Dormí tranquila y sin sobresaltos toda la noche, sin imaginar ni por casualidad que solo quedaban unas horas para tener a mi hijito en brazos. Tanto amor, tanta oxitocina en el ambiente no podía ser para nada: me puse de parto. 

Piojillo llegó en un parto maravilloso e indoloro a las 9:15 de la mañana siguiente; acompañada de mi familia y, en el pensamiento, todas las mujeres que esa noche me dedicaron su tiempo y su amor. Las cosas no salieron como había planificado: siendo como soy necesitaba tenerlo todo bajo control; hasta el mínimo detalle. Pero desde el principio fue él el que marcó los tiempos: primero al enterarnos de su existencia, cuando rompió todos nuestros esquemas e ideas de futuro. Y luego naciendo el día que le dio la gana, entre cajas de cartón y cortinas sin colgar, como si fuera la guinda del pastel de aquella fiesta. 

Mi bebé, mi dulce Piojillo, es sin lugar a dudas un regalo de la vida. Hoy cumple un año y me siento inmensamente feliz de su llegada; completa en todos los sentidos. Este niño delicioso, con su carácter alegre, siempre sonriente, ha hecho que el año pase sintiéndome en una nube, disfrutando plenamente de la maternidad, sin prisa, sin dudas; más segura que nunca de mis convicciones. 

Y por eso hoy quería recordar a las mujeres de ese círculo especial; mujeres que me otorgaron el poder y me abrazaron una noche antes, porque de alguna forma estuvieron conmigo recibiendo a mi bebé. Agradeceros infinitamente por vuestra compañía y afecto, porque cuando Piojillo crezca tendré algo hermoso para contarle sobre su llegada al mundo: Más de 30 mujeres gritaron ¡¡¡¡Sorpresa!!!! y a mí me dio un vuelco el corazón.



jueves, 10 de octubre de 2013

Mis tetas me limitan


MIS TETAS ME LIMITAN 

Nunca pensé que diría esto... hacía tanto que había dejado de dar la teta, que se me había olvidado lo discriminadas que podemos ser las madres que amamantamos: Con tetas no hay paraíso.


Recuerdo que hace años, con Piojilla todavía bebé, fui a merendar a un Vips con unas amigas. Merendábamos todas y Piojilla también. Teta, claro está. De repente se me acercó una mesera (de origen sudamericano, al parecer) y me dijo en un tono de superioridad y desafío: Perdona, pero en este país no se puede hacer "ESTO".  Refiriéndose al sublime acto de amamantar. 

Recalco el origen de la señora por dos razones. Una: me aclaraba muy bien (viendo mi tono de piel y escuchando mi acento, supongo) "las normas" del país en el que nos encontramos y que me vio nacer. 
Primera discriminación. 


Dos: La señora no era española! pero había hecho suya "la supuesta norma nacional" -segunda discriminación- que impide dar el pecho en lugares tan señoriales como el que cito. Y vuelvo a recalcarlo porque en Sudamérica, bello continente del que soy originaria aunque mi DNI ponga otra cosa, amamantar en público no es ni más ni menos prohibido que dar el biberón. 

Eso sí, cada vez con más fuerza y de forma más evidente, se relaciona la lactancia artificial con el estatus social y así es que se está introduciendo en el pensamiento de la gente que amamantar es de pobres. Triste realidad de la globalización. 

Como de momento no existe una ley que prohíba el amamantamiento (y entonces tampoco existía) le dije con mi cara más amable "muchas gracias por su preocupación; le ruego que traiga una hoja de reclamación y llame a su encargado". 
Minutos más tarde el encargado me pedía disculpas, explicando que la llamada de atención de la camarera había sido un impulso absolutamente personal, que nada tenía que ver con la empresa. Vamos, que era bienvenida a dar la teta sin problema. 

¡este artilugio se llama cubre lactancia!
He de decir que soy más o menos discreta a la hora de dar el pecho. Entre otras cosas, porque llegué tarde al reparto de tetas y no hay mucho que ver. De todas formas, y aunque no tengo en absoluto pudor por alimentar a mi prole allí donde me pidan, ya se sabe que "si no se ve pezón, no se ve teta" y sino, que le pregunten a los dueños de facebook que tienen una verdadera guerra despezonadora. Pero es que por muy grande que sea la teta, no se ve: La cabeza del niño/niña tapa prácticamente en todos los casos a las indecentes tetas alimentadoras y sus diabólicos pezones (y si de todas formas le incomoda, señora, también es muy fácil: mire mejor a la izquierda, donde está el calvo de gafas). 

Cuento esto porque en esta última época en varios lugares públicos se ha llamado la atención a las madres con este tema, invitándolas a salir a las casi siempre poco agradables salas de lactancia, o en algún caso, a la calle. Se concluye rápidamente: Los hijos molestan. Y si toman la teta, más. 

SER MADRE ME LIMITA

Ser madre, me limita. 
Quien me conozca y sepa algo de mi historia, sabrá que fui a la universidad con la mayor de mis hijas en el regazo. Prácticamente asistió a todas las clases y el día de mi titulación, el decano bromeó con ello: Nos titulábamos dos: mi hija y yo. Nunca ningún profesor puso obstáculo alguno para que pudiera asistir a las asignaturas con mi bebé en brazos. No era la excepción: éramos unas cuantas las universitarias-madres y cuando los hijos estaban inquietos solíamos turnarnos para cuidarlos en el patio o la cafetería. ¿Raro? Antes de que penséis que "en este país no se hacen esas cosas", dejadme decir que lo hice también en la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid y seguramente no hubo nadie más en toda la Facultad de Ciencias de la Información a quien se le haya ocurrido tamaña idea. A mí si. O eso, o no podía estudiar. Pioja mayor puede dar fe de ello. 

En Bolivia solo tuve una clase en la que no me permitieron estar con mi bebé. Deontología y Ética. Así que como la clase era enorme y tenía dos puertas, yo me metía por la puerta de atrás con la niña escondida y me sentaba en la última fila, detrás del alumno más grande, para que no se me viera. 

Un día la niña dijo TA
El catedrático miro al fondo de la clase. Dejó de hablar, me miró con ojos de fuego y me gritó: ¡Salga usted ahora mismo del aula! y entonces yo pregunté por qué. "Porque su hija no entiende mi clase" dijo. 
Me levanté. Cogí mis cosas, mi hija y antes de salir le dije: Si señor: mi hija no entiende su clase, pero ninguno de los que aquí estamos tampoco. Aprobé la asignatura con la calificación más baja posible. Por los pelos. 

LA ACTUALIDAD

Me acordaba muy poco de ese episodio... hasta que quise asistir a un evento de más de cuatro horas de duración: "No se admiten bebés". 
¿No se admiten bebés? Bueno, sí. Pero sólo los más pequeñitos. No se admiten "bebés grandes". 
De nada sirvió mi "enchufe" con la organización... No se admiten bebés grandes y punto. 
Ya se sabe de los bebés: Su ruido es molesto, los niños lloran, se mueven, distraen, perjudican. No hay sitio para ellos. Mejor guardarlos, callarlos, dejarlos en otras manos para que el mundo siga girando. No se confía en el buen criterio de la madre que asiste (Las madres pensamos que como a nosotras no nos molestan los "ta-ta-ta" de nuestros hijos, a nadie le molestan... somos así de desubicadas) 

Eran por lo menos cuatro horas de ausencia y mi bebé, tal y como recomiendan los expertos en lactancia, mama a demanda. Imposible dejárselo a nadie.

Así que me vi limitada por dos razones: Una, por ser madre. Si no lo hubiera sido, no hubiera pasado nada y podría haber asistido tranquilamente. 
Dos: por dar la teta. Si yo alimentara a mi hijo con biberón se podría haber quedado en casa con alguien sin problema. 

Y entonces, me planteo: No podemos entrar a cualquier sitio con nuestros bebés... no podemos alimentar a demanda con la leche que fabricamos, ni sacar la teta según qué sitios. No se nos deja. Se nos condena al exilio. Se nos dice que es "feo" dar la teta en cualquier lado. Como las gitanas, como las sudamericanas, como en África, como si no tuvieras para darle otra cosa (y otras lindezas que se oyen). Se nos ofrecen salas de lactancia malolientes y alejadas de la civilización. Que no se nos vea. Se nos llenan los buzones de correo con imágenes de hermosos burkas de lactancia que sirven para todo menos para pasar desapercibida.

Después de los seis meses, más le vale al niño comer otras cosas porque sino la madre que lo parió estará confinada a asistir solo a eventos en parques de bolas y similares, a juntarse solo con otras madres. No podrá tener vida intelectual, no podrá ir al teatro, ni al cine, ni hacer un curso, ni comer en otro sitio que no sea Macdonalds. Y luego nos dicen que la maternidad es solitaria... 

No es país para madres. No es país para tetas.