martes, 16 de diciembre de 2014

Dos


Dos años han pasado desde aquel momento mágico en el que recibí al bebé que poco a poco deja de serlo. 
Le veo crecer y trato de tatuar en mi alma cada travesura, cada carita tierna, cada palabra nueva... atesorando esos momentos que no vuelven. Que sé con absoluta certeza, porque ya lo he vivido, que son imposibles de repetir, que se escapan entre los dedos como si fueran arena. 

Perdonad mi ausencia. Sé que casi no escribo. Mi blog está un poco abandonado porque mi energía está entregada a otras cosas. Especialmente a mi chiquito, Piojillo pequeño y dulce, que me acompaña a todas horas. 

Sube y  baja, trepa, canta, salta.... Las madres de un deambulador sabréis lo difícil que es concentrarse con esa pequeña presencia cercana y lo preocupante que puede llegar a ser el silencio. Hay muchas cosas que he limitado en mi diario hacer, a las que he renunciado para poder dedicarme en exclusiva a criar a mi hijo pequeño. No me ha costado nada. 

De hecho, me siento privilegiada de poder hacerlo. De estar con él en todos sus instantes. De que nadie me cuente "como fue el día" porque somos nosotros los que tenemos tanto que contar. Vivir otras maternidades, las mías y las de otras madres, ha sido clave para apostar por cambiar radicalmente mi espacio de trabajo y prepararlo todo para poder ofrecerle mi tiempo. 

Ya tiene dos años... la infancia dura tan poco... Sé que podré volver a todas mis actividades en cualquier momento. Que aquello que no me espere, pues no sería para mí. No tengo miedo de dejar pasar el tiempo sin estar presente en todos los ámbitos en los que profesionalmente me manejaba hasta hace poco. Ya volverá ese ritmo. Ahora, pausa. En total libertad y con la seguridad de que es la mejor inversión de futuro que puedo hacer.  

Y mientras tanto, quiero disfrutar de lo alucinante que es ver a una hormiga avanzar, buscar tractores y excavadoras en las obras, mirar al cielo cuando suena un avión, saltar desde piedras inmensas en los parques, recoger flores y palitos, dar la teta mientras huelo su cabeza, mirarle embelesada mientras duerme. 

Gracias hijo mío por darme tanta claridad mental. Por que gracias a ti entiendo, por fin, qué es lo verdaderamente importante. Te quiero. Felices 2. 


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Yo no quería una doula

Yo no quería una doula. O al menos, no había pensando en ello en este último parto. No sentí necesidad de alguien que me acompañara, salvo por mi propia familia. 
Por eso, cuando en el pack contratado se incluía una doula... no me gustó demasiado la idea. A pesar de ello, decidí darle la oportunidad de conocernos y tratarnos. Ya nos conocíamos en otros ámbitos, puesto que también acompaño madres, e inevitablemente nos habíamos visto muchas, muchas veces en otros contextos.

Pero ahora, la madre era yo y la doula ella. Que extraño se me hacía todo. 

Y el día de conocernos llegó y me pareció simpática, agradable, dulce. Hablamos de mis necesidades, de mis preferencias, de mis preocupaciones. Hablamos de plan de parto y le dije que no necesitaba escribirlo, porque sabía que mi voz era suficiente y que solo necesitaba una cosa: estar bien acompañada. Ella sabía exactamente a qué me refería.

Nos vimos unas cuantas veces más. Siempre fueron visitas tranquilas, sin prisa. Charlar y contar mis deseos, mis preocupaciones (que luego se hicieron reales), reírnos, llorar. 

El día de mi parto (lo cuento aquí) fue la primera en llegar. Aguantó pacientemente mi (mal) humor. Me ofreció algo de beber, intentó que esté cómoda. Casi no habló. Pero su presencia era la única cosa que me hacía sentir segura, a pesar de que yo sabía que ella ni era personal sanitario ni podría hacer nada si mi matrona no llegaba a tiempo. Pero jamás hizo el intento de intervenir, ni sugirió, ni ofreció hacer absolutamente cosa que no le correspondiese. Simplemente estaba. Sentada a mi lado mientras yo caminaba de un lado a otro, asintiendo lo que yo decía, ofreciendo una infusión, acomodando las cosas que se necesitaban, controlando los minutos según mis indicaciones... Casi todo el tiempo en silencio (que yo pedía) o hablando, cuando le preguntaba. 

Cuando sentí que perdía el control sobre mi parto soñado me dijo dos frases que me volvieron a la tierra y a todo aquello en lo que creo. Me devolvió la fe en mi cuerpo y en mi espíritu, perdidos durante dos contracciones intensas; las únicas que dolieron. Fueron solo palabras. Palabras llenas de fuerza y confianza. 

Y luego el timbre sonó (llegaba la matrona) y pedí que me desvistieran. Entre ella y mi marido me quitaron la ropa. Estaba en completa.  Yo sentía que mi doula se adelantaba a mis deseos. Rápida pero suave. Es difícil de explicar su "estar", porque realmente no era visible... 

Mi matrona hizo su trabajo. Me hizo un solo tacto. Atendió mi parto. Acompañó ese momento con gran profesionalidad; con amor. Mi doula estaba allí, junto a mí y a una distancia prudente. Puso un cojín para que esté cómoda, me puso una mantita encima cuando nació el bebé para que estemos calientes, encendió el radiador -era invierno- , acomodó el escenario casi sin ser vista. Habló con mis hijas, con mi marido. Les aportó serenidad. 

Ya nacido mi bebé, me entró sed, y antes de que acabase la frase pidiendo algo de beber me ofreció un zumo de naranja. Se llevó las fundas del sofá que se habían manchado y cuando escuché la lavadora sonar lejana, me sorprendió no haberme dado cuenta del minuto en el que había hecho todo eso...  yo había sentido su presencia en todo momento. 

Podría contar muchas cosas más. Todo lo que NO hizo. No me tocó, no hizo tactos. No pretendió ser matrona a pesar de que no hubo ninguna hasta casi el expulsivo. No dio consejos. No decidió nada por mí. No me sugirió absolutamente nada, sino que apoyó cada cosa que se me ocurrió en cada momento; con tranquilidad. Su presencia fue luz. No realizó ningún procedimiento sanitario ni intentó cambiar mi opinión. No vigiló nada ni hizo ninguna otra cosa que estar a mi lado, donde yo la necesité. Nunca me sentí juzgada, no sentí que tuviera galones. No escuchó el latido del corazón de mi bebé, no me tocó la barriga, no me dijo que estaba con tal o cual centímetro de dilatación. Me dio la mano.

No hizo nada... pero hizo tanto. Yo no quería una doula, y sin embargo, que diferente hubiera sido todo sin su presencia.  Gracias Paca.

En esta foto, tomada por alguna de mis hijas con el móvil, mi marido, mi matrona y mi doula,
junto a mí y mi bebé


miércoles, 20 de agosto de 2014

Como si fuera ayer

Nunca como ahora he sido más consciente de lo rápido que pasa el tiempo. De lo pronto que un hijo deja de ser pequeño, de lo poco que dura la infancia. 
Quizá por eso vivo la crianza de este último piojillo de manera diferente. Bromeo con mis amigas y les digo que es como si fuera un nieto. No por la edad (aunque biológicamente podría ser abuela, no soy tan mayor) sino por la sensación de llevar todo sin preocupaciones. Disfrutando cada pequeño gesto, cada pequeña mirada, cada besito, cada palabra. 
Seguramente no disfruté de ver crecer a mis hijas de la misma manera... lo digo con pena. Renegué con los "experimentos" que me dejaban la mesa sucia, me enfadé por la leche derramada por las manos de bebés autónomas. No me percaté de sus logros con tanto detalle y soñé tanto con cómo serían cuando se hiciesen mayores que no fui capaz de ver que el tiempo se escapaba entre mis dedos. 

Mi hija mayor cumple hoy 19 años. Recuerdo como si fuera ayer su olor a recién nacida, su vocecita dulce, sus manitas pequeñas entre las mías. Puedo recorrer con mi memoria cada cumpleaños, cada momento que me hizo reír y que me hizo llorar. Recuerdo perfectamente la última vez que quise llevarla a la cabalgata de reyes y darme cuenta de golpe y porrazo que ella ya estaba en otra cosa. Recuerdo el día de su primera regla y lo mal que me sentó... como si fuese una señal de que mi niña había dejado de serlo... y es que yo no estaba preparada para eso.

No sé que día dejó de creer en el Ratón Pérez, ni el día exacto en el que fue sola al colegio. Pero recuerdo a sus "amores" y las pequeñas peleas con sus amigas. Me doy cuenta de que los días han ido pasando y no he tomado nota de todas sus primeras veces; son momentos que no volverán jamás. 

La mujer que duerme al lado de mi habitación, hace mucho que dejó de ser mi bebé. Hace mucho que toma sus propias decisiones para lo que considera mejor para su vida. Y no he tenido tiempo de acostumbrarme a ello. Ha sido todo tan rápido y a la vez tan sutil... que ahora que caigo, ya no hay nada que pueda hacer. 

No queda mucho para ese día en el que decida también volar del nido. Y no puedo evitar sentir dolor, ese dolor egoísta que quisiera retenerla para siempre a mi lado... pero sé que es así como tiene que ser. Y que cuando nace un hijo, es solo un préstamo. Una oportunidad maravillosa de ver con tus propios ojos el milagro de la vida. No dejo de decirle a las madres primerizas que hagan muchas fotos, porque aquel bebé durará solo unos meses... y aquel niño no lo será para siempre. Y nunca hay suficientes besos, suficientes abrazos. Que no teman dormir con ellos y cogerlos en brazos, porque un día, de manera definitiva y sin ningún tipo de anestesia, nuestros hijos se irán. 

*********

Feliz cumpleaños pequeña Valú. Disfruta plenamente de la vida. Sal, ríe, viaja, ama. 
Te amo con todo mi corazón. 
Mamá




lunes, 18 de agosto de 2014

¿Madre vs Madre?


Cada vez que hay un debate en torno a la lactancia, irremediablemente se empiezan a escuchar "no soy mala madre por"; "no eres mejor madre por", "no me hace mala madre".... Como si se tratara de un concurso de madres. Nos enfrentan. Hay incluso una nueva tendencia para reivindicar "a la mala madre"; pero en este tema, el de lactancia, no hay madres malas o buenas. Hay madres que hacen elecciones. 

Esto no es un problema de madre contra madre. Las madres hacemos lo que podemos. Y nuestras elecciones se basan en la información que tenemos; el problema es que la mayoría de las veces esa información es falsa. ¿Quién da esa información? Los profesionales. 

Son los profesionales sin formación en lactancia -de los otros hay muy pocos- los que difunden sus prejucios como si fueran ley. Y aquí un ejemplo de antología. En el muro de una conocida tienda de puericultura, una profesional de la salud, que según ella misma ha dicho, es nutricionista universitaria, titulada de la Universidad de Granada, máster en alimentación infantil y con una nota media de ocho,  ha dicho lo siguiente, entre otras perlas (que muchas hemos podido leer): 

...que solo el calostro tiene inmonoglobulinas, y que "acabado" el calostro, la leche de fórmula es mejor porque tiene lo que tiene que tener para alimentar al bebé en su justa medida; que ella como profesional de la salud sabe de lo que está hablando y que sólo se puede dar de mamar si se tiene un pecho "bueno" y se está muy bien alimentada. 

Estos comentarios que ya han sido borrados convenientemente, como no podía ser de otra forma, son una muestra de lo que se difunde de manera general en las consultas, en los ambulatorios y en blogs y páginas de profesionales que ignoran por completo el tema de lactancia, basan sus teorías en creencias y prejuicios personales y se cargan de forma lenta pero sin pausa la confianza de la madres. Difunden sus prejuicios con las consecuencias que leemos a diario en cualquier foro de madres; madres que quieren dar el pecho y han sido mal aconsejadas y desinformadas y que han hecho elecciones basadas en falacias.

Pero además de mal aconsejar, de desinformar desde la prepotencia, lo que nos tiene que quedar claro a las "simples madres" es que quien sabe de lactancia es "la autoridad". Que no importa cuánto te informes o sepas: Si eres madre y no tienes galones debes hacer lo que la autoridad manda, aunque de lactancia dicha autoridad no tenga idea, porque sino serás encasillada como subversiva y talibana. 

Las que vamos de enteradas y hacemos lo que nos da la gana, lo tenemos mejor. Vamos saltando obstáculos y más o menos bien, conseguimos lactancias exitosas a pesar de las separaciones, innecesáreas, frenillos sin diagnosticar o sobre-diagnosticados, mastitis sin tratar o mal tratadas.... Pero incluso cuando sale bien, nos quitamos méritos: Si tienes mucha leche es porque tomas muchas agua y alguna infusión de plantas varias; y sino es que ha sido "suerte". 

En cambio, quien va a consulta sin haberse hecho un máster de lactancia, saldrá de forma casi segura con ayuditas bajo la manga; con la idea de que si su hijo está bajo el percentil 50, es que no ha "aprobado", con pautas de alimentación ofrecidas en una hojita fotocopiada con un sospechoso logo en una esquina, con consejos fuera de toda evidencia como los muy conocidos 10 minutos de cada pecho y "a demanda", pero nunca antes de 3 horas. 

No es un problema de madres contra madres. Ni es una técnica de ventas de webs que nadie lee en verano y a quienes les viene genial tanto alboroto maternal.  No. Es una responsabilidad de los profesionales. Porque para que no se publiquen artículos penosos en los medios de información, para que no existan multinacionales lecheras que pongan publicidad en revistas médicas, para que dichas multinacionales no repartan "alegría y muestras" con sellos de la AEP, para que los ambulatorios y centros de salud dejen de regalar cajitas llenas de publicidad, son los profesionales los que deben decir NO GRACIAS. 

Y así, las madres tendríamos acceso a información de verdad. No compraríamos revistas con imágenes de niños preciosos tomando biberones bajo el eslogan "dale lo mejor a tu bebé", porque esas revistas o no existirían o tendrían otros mensajes.  Y después de eso, si con toda la información real y científica ofrecida, la madre decide no amamantar o dejar de hacerlo... entonces y solo entonces, será una decisión libre. Mientras tanto, todo es una vil manipulación. 


jueves, 10 de julio de 2014

Hospitales

Odio los hospitales. Me causan un sentimiento muy difícil de describir. Mezcla de angustia y miedo. El olor a medicina, las batas, el trajín, me hacen sentir muy vulnerable y temerosa. Alguna vez que mis padres han estado ingresados por alguna causa, soy incapaz de acompañarles sin transmitirles mis nervios y mi miedo a "que pase algo". 

Por eso cuando son mis hijos los que necesitan atención, tengo que hacer de mi corazón un nudo y "ser fuerte" para poder estar con ellos sin ser un obstáculo, un estorbo que impida curarles. 

Quienes me conocéis sabéis que soy muy crítica con la profesión médica, con las asociaciones y sociedades que les acogen y en general con los protocolos que se alejan de la ciencia y la evidencia. Por eso, y porque también quiero reconocer el trabajo bien hecho, escribo este post. 

Hospital de La Princesa

Ayer mi hija mayor se encontraba enferma. No solemos acudir a la medicina externa porque ya tenemos dos médicos en casa y normalmente es suficiente para cuando están resfriados o tienen pequeñas dolencias. Mis hijos son niños sanos. Pero Pioja se sentía mal a primera hora de la mañana y mis padres ya habían estado en casa, dando un primer vistazo antes de irse a sus respectivas consultas. No pensé ni parecía que fuera importante, así que me fui con los pequeños y la dejé en casa descansando. Cuando volví la encontré mucho peor y dormida. Al despertar le propuse ir a urgencias, esperando que me dijese que no hacia falta... pero me dijo que sí enseguida, cosa que me preocupó y decidí llevarla al ambulatorio del barrio. Allí, no nos atendieron rápidamente. Nos pusieron en lista y mi hija se encontraba cada vez peor: vomitando y doblada de dolor. Así que decidí, temiendo que fuese algo más, llevarla a nuestro hospital de referencia: La Princesa. 

En cuanto llegamos, con mi niña llorando y apoyada en mí, entregué su tarjeta sanitaria y antes de que terminara el registro teníamos un celador a nuestro lado, silla de ruedas lista, para llevarla a "clasificación" (donde se determina qué clase de urgencia y si es una urgencia el caso que llega) y una médica residente que hizo una señal y dijo, "me encargo". Me dejó sorprendidísima tanta rapidez. No llevábamos ni cinco minutos en el Hospital.

Desde el primer momento, empezando por la administrativa que nos hacía el ingreso, se mostraron educados, respetuosos y competentes. La primera médica tomó nota para empezar la historia, derivó rápidamente a sus compañeros y le pusieron un analgésico por vía. 

Estuvimos un poco más de cuatro horas allí. Durante ese tiempo mi hija fue revisada por varios equipos y derivada a su vez a otros. Medicina general, cirugía, ecografía, enfermería. Le pusieron una vía y le hicieron varias analíticas. Fue atendida con diligencia y cuidado. Aunque ella es mayor de edad y no pude estar presente en todos los momentos, me llamaban y me informaban de cada cosa que harían y me dejaban estar en algunas de las pruebas. 
No solo le atendieron con respeto y profesionalidad. Sentí cariño. Mucho cuidado y empatía. Todos los médicos que nos atendieron era muy jóvenes. Claramente menores que yo -hacía mucho que no sentía que un médico era más joven que yo... estoy envejeciendo- y el letrero de "residente" en su bata, pero con voces seguras y animadas. No fui la única. Vi y escuché como trataban de igual forma a todos los acompañantes y a todos los enfermos (y otros no tan enfermos que estaban en urgencias igualmente...) y sentí que mi hija estaba en buenas manos, que aún sin mi presencia, estaría bien. 
Finalmente, después de sueros y pruebas varias; de descartar algo más grave de lo que se veía, nos dieron la noticia de que no había nada que temer y que en poco tiempo le darían el alta junto con las indicaciones para casa. Salimos de allí de noche, en el mismo momento en el que llegaba en ambulancia un viejito con la cabeza rota y que seguramente se había caído... y ante mis ojos, todo volvía a pasar: el celador, la médica, la rapidez..."Pase, pase, no se preocupe, vamos.." 


Este post es para mostrar mi agradecimiento a aquellos profesionales que creen en lo que hacen. Para darles un abrazo a todos esos jóvenes médicos de ayer, para que no pierdan nunca el sentido de la humanidad, para decirles que admiro y valoro su trabajo y que me siento profundamente conmovida porque sé que no es fácil trabajar en según qué condiciones. Porque ayer nadie me preguntó nada raro, no hicieron mención a mi acento, no hubo un solo reproche por lo que hizo o dejó de hacer la paciente, ninguna palabra fuera de lugar, ningún tono de superioridad... 
Porque ayer no fue nada y dormimos en casa, pero le hicieron pruebas, varias y eficientes que descartaron rápidamente que no había que operar de nada y que podíamos estar tranquilas. Y no pagué. Pagamos todos... 
Porque creo, que parte de la responsabilidad para que siga funcionando un sistema de salud como el que tenemos, la tenemos los usuarios. Porque deberíamos usar este servicio cuando de verdad sea urgente y no colapsar-abusar de los medios que existen a nuestro alcance. 
Porque nunca se sabe cuándo vamos a volver... o para qué. 








viernes, 20 de junio de 2014

Hasta que volvamos a vernos...

Todavía con la resaca de un día entero pasado en la hermosa Granja La Limpia, repaso las fotos del año que acaba. Encuentro algunas de Piojilla en cumples y excursiones. Y otras, las más bonitas, al lado de sus compañeros de clase, las profes, el cole. Nuestro Cole.

Hoy es el último día de clase y los meses han pasado volando. Ha sido un año complicado para mí, pero ver a Piojilla tan feliz, contándome tantas cosas hermosas a diario, sintiéndose tan querida, disfrutando de sus cuadernos llenos de historias y caras felices... me lo compensa todo.

Nuestro cole es un sitio especial en el que me siento en casa. Es difícil explicar cuánto admiro la tarea que realizan todos y cada uno de los maestros que allí enseñan. Y digo "enseñan", pero la sensación de mi hija no es la de "tener que aprender por obligación", sino la de disfrutar cada pequeña cosa que hacen; desde los dibujos -siempre libres- hasta los proyectos que realizan en equipo para aprender las lecciones. Cada pequeña cosa es hecha con ilusión y ello se puede apreciar en cada cuaderno, en cada folio.

¿Deberes? Cuando Piojilla trae sus pequeños deberes a casa, no tienen nada que ver con lo que escucho de otros sitios:  jamás le llevan más de 15 minutos hacerlos y no son ni mucho menos obligatorios. La "orden" de la profesora es que si le llevan más de ese tiempo hacerlos, los deje para otro día. Que lo más importante que debe hacer un niño a esta edad, es disfrutar de su casa, del tiempo con sus padres.  En las vacaciones tuvo como "deberes" hacer la lista de la compra, ayudar a poner la mesa, escribir cuentos, leer lo que quiera. Piojilla se trajo un libro de chistes y adivinanzas que estuvo compartiendo con todos en casa.

¿Calificaciones? En general sus cuadernos no llevan correcciones. Ni siquiera ortográficas. Ellos mismos se dan cuenta de que las palabras se escriben así o asá en la medida de que van usándolas. Pero me llamó la atención un MMB que de vez en cuando aparecía en algún sitio. Piojilla me sacó de dudas: MUY MUY BIEN.

Este año ha sido particularmente bonito porque he visto a Piojilla desarrollando su potencial, animada por su amorosa profesora que con paciencia ha ido inculcando en ella más ganas de aprender y de hacer las cosas bien. Piojilla es una niña detallista, que se toma su tiempo en cada cosa que emprende. Muy creativa y discreta, podría pasar incluso por tímida en ocasiones.  Por ello sé que en un colegio "al uso", rápidamente etiquetarían a mi hija y ella terminaría odiándolo. Qué fácil parece todo en Nuestro Cole. Que ante la mínima preocupación que tengamos, sus profesores están no solo atentos a los niños, sino atentos a sus padres.

Pero no es la única. En Nuestro Cole, todo es así. Y es una casa pequeña, con una infraestructura sencilla, pero lo que ofrece es mucho más importante. Dan gran valor a la gestión de las emociones y por eso, desde muy pequeños aprenden a decir "no me gusta" cuando algo no es de su agrado. Grandes y pequeños respetan sus espacios y es excepcional escuchar malos rollos entre los niños. Son felices.

Ayer, en la Granja, una niña corría detrás de la que fue su profesora con ocho años.  Le perseguía con una pistola de agua y la profesora pidió paz. La niña, seguramente de último curso de primaria, dejó de disparar y escuché: Vale. Pero dame un abrazo Mer. Yo te quiero mucho. Y la profesora, abrazándola: Yo también te quiero mucho y te voy a echar mucho de menos! Y no pude evitar pensar: Yo también te quiero mucho Mer. Y a Lola. Y a todas y a cada una. Porque hacéis por nosotros tanto que no sé cómo contarlo al mundo.

Todavía no sé cómo vamos a pagarlo. Y no me refiero a lo económico que también es importante... sino a todo aquello que recibo a diario de este cole maravilloso donde mi hija es tan feliz.

Gracias por todo lo que hacéis. Gracias por amar tanto vuestro trabajo. Por amar a nuestros niños. ¡¡Ya me muero por volver a Nuestro Cole, que es nuestra casa!! ¡¡Adiós!! ¡¡Hasta que volvamos a vernos!!




Más sobre nuestro cole: FIN DE CURSO


sábado, 14 de junio de 2014

Fair play en pediatría

Las madres no pedimos mucho cuando vamos al pediatra. 
Un trato educado es lo básico. Pero un mínimo de actualización y evidencia detrás de cada consejo, también se agradece. 

Muchas madres me preguntan por qué los pediatras dan consejos tan desafortunados si existe un montón de información en Internet, en su propia página web, que es fácil de leer y difundir en las consultas de pediatría. Por qué se sigue diciendo que los bebés deben "descansar" entre toma y toma un mínimo de 2-3 horas, que deben mamar 10 minutos de cada pecho. Por qué se les da tablas como ESTA a las madres, y de forma tan vergonzosa el sello de la AEP (Asociación Española de Pediatría) comparte esquina con el logo de una famosa industria láctea. 

Me preguntan por qué acaba de salir un documento que - a pesar de que existe evidencia suficiente para debatir sobre el tema- vuelve a señalar el colecho como posible causa de muerte súbita... Cientos de preguntas que nos hacemos a diario a las madres y nos hacen visitar desconfiadas a los médicos de nuestros hijos, a cambiar una y otra vez de facultativo porque NO NOS PODEMOS CREER, que el pediatra tenga las cosas menos claras que una sencilla mamá. 


Es verdad que no todas las madres están atentas a la información científica que la propia página web de la AEP difunde. Es cierto que no todas las madres buscamos datos en profundidad y que muchas confiamos y empezamos a dar fórmulas de ayuda y papillas con 4 meses porque así nos lo han indicado. Confiamos. Creemos. Y es que, la normalidad debería ser poder asistir con confianza al pediatra, sin hacernos un máster en salud-infantil.  Seguir las indicaciones del pediatra debería ser lo habitual, pero también debería serlo que el pediatra nos ofrezca unas indicaciones en línea con las buenas prácticas. 

Es cierto también que muchas madres abusamos de los servicios de la seguridad social y que las consultas están abarrotadas de emergencias que no lo son, de casos que no requieren otra cosa de descanso y sopita de pollo, de niños que podrían curarse solo con mimos y estar en casa. Aunque ese es otro tema del que hablaré en otro post, -desempoderar a las madres tiene estas consecuencias entre otras- entiendo perfectamente la situación de un médico que no tiene más de 5 minutos para "atender" al niño que viene. ¿¿¿Qué se puede hacer en 5 minutos??? por mucha buena voluntad que tenga, por muchas horas que pase leyendo sobre las nuevas prácticas, por mucho que intente cumplir con su juramento hipocrático: Es imposible hacerlo con calidad. Y aunque hay pediatras maravillosos y gente que día a día se juega su puesto ignorando a la industria, el común de los profesionales prefiere mirar hacia otro lado. 

Pero no hablemos de los casos particulares, sino de la Sociedad que los acoge. Las madres no podemos dejar de observar que algo raro pasa en la AEP. Las madres no somos tontas. Nos damos cuenta de que repartir a TODAS las madres un papelito con consejos nutricionales donde se indica un YOGUR específico de una marca específica, no es casual. Que cuando nos dicen que tome CEREALES (de caja; no arroz o sopita de pasta) y nos citan una a una las marcas que podemos comprar, incluso antes de los 6 y 5 meses, no es coincidencia.  Que cada vez que nos dicen que a nuestro bebé se le pasarán los "cólicos" si le damos el tarrito X -azúcar + manzanilla en polvo- algo raro está pasando. 

Recientemente me llegó una nota de prensa que me pareció escandalosa. FENIL, la Federación Nacional de Industrias Lácteas,  de forma clara y contundente nos informaba a los periodistas que el consumo de lácteos estaba bajando drásticamente en las familias y que de alguna forma tenían que volver a reforzar la creencia de que los lácteos eran imprescindibles y buenos. Y que para ello, era vital dirigir su campaña a los pediatras para que estos a su vez, actúen como parte importante de su técnica de ventas. Por ello, patrocinaban el Congreso Extraordinario de Pediatría. 

¿¿¿Asqueroso??? ¿ Inmoral? ¿de Vergüenza? 

Buscando cómo es posible que una industria sea tan cara dura y una sociedad científica permita semejante barbaridad y acepte sin ningún inconveniente venderse, vender su ética y ofrecer así información sesgada y manipulada, me  metí en la web del Congreso y encontré esta joya. No falta ninguno. Ahí tenéis las respuestas.




Más info:

DIMITE EL 60% DEL COMITÉ DE LACTANCIA MATERNA DE LA AEP

Plataforma NO GRACIAS

Revuelo en la Asociación Española de Pediatría

¿Por qué falla la lactancia?


martes, 13 de mayo de 2014

Así nos va...



Veo este vídeo de una nueva promoción de matronas y no puedo evitar sentir vergüenza ajena. 
Chicas de menos de 30 años, riéndose de las mujeres que atenderán en el futuro. No me parece ni un poco gracioso; y me pregunto cómo reaccionaría el colectivo de matronas si las mujeres hiciéramos un vídeo riéndonos de las absurdas barbaridades que se oyen a diario en las consultas, si nos mofáramos de su profesión y de su saber con un vídeo como este. En cambio, hacemos vídeos así.

Pero además, en cosas como esta es que se ve todo lo que han aprendido en estos años. Paternalismo puro. Intervención innecesaria. Faltas de respeto a la mujer, a su pareja. Miles de epidurales, cero acompañamiento.  Si hasta la misma letra lo dice: "hazla puérpera enseguida"...

Lo dicho. Así nos va.



El vídeo se llama "Niña sube la oxitocina" y os lo dejo aquí. Penoso. 
Supongo que en unos días este vídeo desaparecerá (a alguien le dará vergüenza infinita.... ojalá) pero no hay que olvidar que lo que se sube a Internet permanece para siempre.





miércoles, 7 de mayo de 2014

Violencia obstétrica, invisible

Ha llegado a mi muro de facebook el durísimo trailer "Puja" sobre violencia obstétrica.


Puja - El documental (trailer) from Max Boniface on Vimeo.


Os lo dejo aquí para la reflexión y el debate, porque esto que veréis, no es algo aislado que solo pase en sitios lejanos. A diario, llegan mujeres a Entre Mamás contando sus partos intervenidos sin necesidad, separaciones forzadas, inducciones fallidas, lactancias frustradas, sentimientos de culpa por no haber estado "a la altura", cuando en realidad después de haber pasado por todo esto, es una suerte que todavía puedan conservar las ganas de atender a su bebé.

Las madres lloran y cargan con sus sentimientos encontrados de forma silenciosa. Llegan a casa en la más profunda soledad, con la misión de sonreír y encontrar la maternidad "maravillosa", y lo que de verdad les pasa es que se sienten superadas por los acontecimientos y tardan un tiempo en procesar que "todo aquello" les ocurrió a ellas, tardan en cerrar sus heridas -físicas y emocionales- y como consecuencia, en hacerse con ese bebé que demanda atención y tiempo, pero sobre todo, amor.

Nos mandan negar nuestros instintos. Nos mandan a callar mientras parimos, nos tumban, pinchan, cortan, extraen. Hacen lo propio con nuestro cachorro. Nos prohíben que arrullemos a nuestros hijos, que se mal acostumbran y se hacen dependientes. Se niega una y mil veces desde todos los ámbitos la necesidad infinita que tiene el bebé de su madre y viceversa.  Nos ofrecen nidos y biberones. Nos dicen que todo es por nuestro bien.

Y luego están los múltiples inventos para que nuestros hijos nazcan mejor y quedemos menos maltrechas. Leo indignada sobre la invención de toda clase de artilugios para que no nos hagan episiotomías, no nos destrocemos el clítoris, no salgamos heridas de "ahí", como si estuviera en nuestras manos salir ilesa. y así es que luego llegan las mujeres pensando que no hicieron suficientes ejercicios de Kegel, que no se pusieron suficiente aceite de rosa mosqueta, que no usaron de forma conveniente el "EPi-no" (esa especie de pera de la angustia que no entiendo cómo se puede vender libremente...) y que no pasa nada por hacerse pis encima, mientras no huela, porque hasta María Adanez usa compresas para "sus pérdidas".  . Vomitivo.

Que las mujeres traigamos de esta forma a nuestros hijos no es casual sino causal. Es una forma de dominar nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Tanto mal se ha hecho en estas dos generaciones, que creemos que ESTA es la normalidad y la aceptamos, nos resignamos a ella e incluso ponemos una reclamación cuando por casualidad el profesional que nos atiende está actualizado y nos hace pocos tactos y nos deja dilatar en intimidad.

La violencia obstétrica está tan socialmente aceptada y es tan invisible que nos dejamos hacer...


domingo, 23 de marzo de 2014

Respuestas a "las que No se informan"

Querida Matrona:

He querido dejar pasar un día antes de responder tu entrada,  para no escribir desde el enfado que anoche me ocasionó leerla. Como usuaria y activista, me ha dolido tu tono y tu reproche. 

Por favor lea atentamente las diferencias
entre parto medicalizado, natural y
humanizado. ¿información?
Voy a hablar del ámbito público, porque en el ámbito privado (especialmente con matronas que se han salido del sistema y atienden partos/mujeres yendo a contracorriente) las cosas pueden ser diferentes. He sido y soy testigo de ello a diario.

En cuanto a lo institucional, ya se sabe: en hospitales y clínicas privadas, "el cliente siempre tiene la razón" y lo mismo se hace una cesárea en la fecha "que a todos nos venga bien" que se ofrecen "partos a la carta". Esto último parece estar de moda, sino, no me explico el boom reciente de "unidades de parto de baja intervención" en centros conocidos antaño como fábricas de cesáreas. De alguna forma, alguien de marketing hospitalario se ha dado cuenta de que las mujeres están cada vez más informadas y quieren ser "las protagonistas". Ya no solo valen los partos educados. 

Pero hablemos de lo público. Donde casi no hay matronas atendiendo la salud reproductiva de la mujer, por lo que hay pocas posibilidades de información desde el profesional. Como no nos metamos a Internet o vayamos a una reunión de las locas del parto, difícilmente aprobaremos el parto-máster necesario para hacer elecciones informadas.  En mi último embarazo me pasé los nueve meses pidiendo que me atienda una matrona -aunque tengo que decir que la de mi centro de salud deja en muy mal lugar a las matronas de España- porque estoy convencida de que es la profesional indicada para esa atención. Fue la misma matrona la que me informó, de malas maneras, que en Madrid el seguimiento de embarazo lo realizan los gines. 

Y así fue. Las posteriores visitas fueron surrealistas. La estrategia de atención al parto normal no se conoce (espero que sea desconocimiento y no mala fe) ni en pintura. Que suerte tengo de ser "una mujer informada"... a las 12 semanas, la ginecóloga que "me llevaba" me advirtió de que, si a la 40 no me ponía de parto, me lo inducían. Mi FPP era el 6 de enero... parir en fiestas tiene esos riesgos.

Desde aquí, mi reconocimiento y admiración a esas matronas que trabajáis casi en la clandestinidad, atendiendo con amor y acompañando de verdad; peleando con vuestros compañeros por hacer las cosas bien. No sois muchas, pero tengo fe de que en poco tiempo, la nueva generación ganaréis terreno y las mujeres estaremos mejor atendidas. 

La responsabilidad

Estoy de acuerdo, y además la ley lo recoge, en que la responsabilidad final en lo que concierne a mi salud recae en mí misma. 

Toda actuación en el ámbito de la sanidad requiere, con carácter general, el previo consentimiento del paciente, que debe obtenerse tras recibir una información adecuada, y por escrito en los supuestos previstos en la Ley. (Leer más)

Como bien sabemos, en la gran mayoría de los casos se firma el consentimiento "informado" sin información previa (ni posterior...). Si por casualidad cuestionas cualquier procedimiento o requieres más detalles sobre algo que te interesa y quieres conocer mejor... según donde estés puedes caer muy mal y ser conocida como "la listilla". Hay hospitales -como el Puerta de Hierro de Madrid- en los que más te vale no presentar un plan de parto. Esto es una pena y no es nada más que un ansia de poder que no comprendo. Como bien dice mi amiga Fran, hay que tener más miedo (en cuanto a demandas se refiere) de aquella mujer que cual borrego firma lo que le pongan delante sin chistar. Será ella la que te denuncie cuando algo salga mal porque te está haciendo responsable de todo. 

Adoctrinamiento


Pero el tema es más complejo. Ejercer nuestros derechos durante el embarazo y parto requiere un empoderamiento -palabro de moda- que no llega de un día al otro. 

¿Cómo puede llegar una mujer a ese momento si durante años le han dicho que "no se toque ahí", que sus tetas son para el disfrute de otros, si los medios de información nos bombardean con publicidad sexista, que insulta nuestra esencia. Si cada programa de la televisión, empezando por los dibujos animados, nos incita a ser provocativas y sexys -incluso desde la infancia- y luego la sociedad nos penaliza por ir provocando; nos culpa de que nos violen con esas faldas tan cortas. Si se normalizan las pérdidas de orina y se pinta de azul la menstruación. Si se tapan pezones que amamantan y se enseñan tetas que invitan a comprar toda clase de productos. Si se le dice a las mujeres "parirás con dolor" y solo se le ofrece la epidural (bendita e imprescindible si estás atada al gotero de oxitocina).  ¿Cómo puede empoderarse la niña que no sabe nada de su cuerpo, no lo conoce, no lo aprecia? ¿Si recibe doctrina para preparar el día de su boda y jamás habla de partos con su madre, si lee en las revistas cómo tener un culo perfecto, cómo gustarle más a Él...? ¿Cómo le pedimos a la embarazada que ejerza el derecho y responsabilidad de estar informada y elija en consecuencia si son los profesionales los que, en la mayoría de los casos, dan información a medias? ¿O directamente falsa? ¿Qué información puede tener una mujer que tiene acceso en blogs y foros a cosas como ésta


Me temo, querida matrona, que es mucho más complejo que echarnos una regañina desde un blog para que no vayamos ciegas al parto. Y a veces, ni siquiera ir de listilla te salva de nada... te lo digo yo. Que cuando llegué a la clínica hace 8 años, mi matrona leyó "mi historia" y me sentenció: ¿Así que tú eres de las que no quieren epidural? Pues ya verás como la pides!! Y vaya si la pedí.... pero no estaría aquí, ni escribiendo esto si no tuviera esta anécdota que contarte. 

Pero hay más. 
Se te olvida, querida matrona, que no todas las mujeres tiene acceso a información "de la buena" o los conocimientos necesarios para filtrar lo que no sirve. Se te olvida que hay mujeres que no leen, que no escriben, que tienen situaciones socio-económicas difíciles... que hay mujeres que prefieren comer -y dar de comer a los otros 4 hijos- que buscar un buen parto. Que a lo mejor no habla el idioma, o lo habla pero no entiende lo que le dices cuando comentas "macrosómico", "perineal", "vulva".  Que es académica y tiene dos posgrados, pero nunca tuvo la oportunidad de conocer cómo funciona su útero, qué expectativas debe tener el día D... y que nunca le interesó saberlo porque ha sido educada como sugiero líneas arriba y sobre todo, porque CONFÍA. 

Porque también va de eso. De la confianza. Porque no podemos ir al parto, a la consulta, como si fuéramos a la guerra. Porque en ningún otro proceso de salud hacemos un máster, por si acaso nos cuelen una válvula que no es cuando nos operan el corazón. Porque necesitamos creer que, sin importar si somos analfabetas o cultísimas, tú y el resto de sanitarios nos vais a atender bien. Como habéis jurado aquel día hace años... Con la evidencia científica en la mano, sin prisa porque es viernes, sin juzgar mi cultura, mi religión, lo que sé o lo que no sé. Porque no conoces el contexto en el que me criaron y crecí. Porque se supone que tu profesión es vocacional. 

Porque el ideal sería que pueda llevar a mi hija de 11 años a conocer a su matrona. La que nos disipará las dudas sobre los primeros cambios en su cuerpo -si yo no puedo o no me veo en la capacidad de contestar sus preguntas- y así, que a lo largo de su vida reproductiva sea la profesional de referencia, la que está cerca para consultar cuando haga falta y no solo en el embarazo-parto-posparto y malamente.  Reivindicaciones que a lo mejor deberíais/deberíamos hacer vuestras/nuestras y que no son objeto de este post. 

Pero en vez de eso, llego a mi fecha de caducidad y me dicen que hay que inducir ya. Si dudo, me ofrecen un papel y me amenazan: "Será tu responsabilidad". Se les olvida contarme que TAMBIÉN ES MI RESPONSABILIDAD si firmo y accedo a la inducción. Y que nos rajen y nos hagan lo que haga falta... porque las madres somos así: por nuestros hijos, todo.  Si me dicen que mis hijos corren el mínimo peligro, doy mi vida si hace falta. 


No quiero que creas que deslindo responsabilidades. Al revés: Mi activismo y mi profesión consisten justamente en ello: difundir información con el riesgo de que me llamen intrusa. Es necesario informarnos; nadie compra un coche sin haber visto muchas marcas, modelos y colores. No debería ser diferente en un momento vital como este... pero somos criadas para seguir a la autoridad. En el fondo, todo esto no es más que una cuestión de género. 

Desde luego. Estoy convencida de que es mi responsabilidad -y la de todas las mujeres- cada una de mis/nuestras elecciones. En todos los ámbitos. Y también el no saber es una elección. Eso no nos debería convertir en víctimas. Porque tanto si soy una ignorante o voy de lista, es tu obligación atenderme en buena praxis, sea yo quien sea. 

Un abrazo. 
Claudia.

viernes, 21 de marzo de 2014

Lo que la lengua esconde

Vuelvo después de mucho tiempo y pido disculpas por estar ausente, pero es por una buena causa: mis labores de madre de deambulador me dejan poco tiempo para sentarme al PC (aunque tengo cientos de borradores en la cabeza). 
Prometo escribir más. 
o por lo menos dejaré archivos de voz :-) 


Las palabras nos juegan malas pasadas. Dejan ver de qué estamos hechos, quienes somos y en qué creemos. He recogido unas cuantas frases (las que me acuerdo rápidamente) y breves explicaciones de lo que se lee (de lo que leo) entre líneas. ¿Se os ocurren más? 

  • Hacer el parto: Un parto se atiende, se acompaña. No se HACE.  Cuando un profesional me dice que "HACE partos" me entra frío en el cuerpo. Leo intervención, cortar, dolor, mucha gente, muchas manos, poca intimidad. Piernas pariendo, sin mujer que sea la dueña...





  • En la misma línea: "te voy a ayudar" y que de repente te empujen la tripa con el codo, te corten el periné con un cortecito de nada, se abran paso a mano en tus membranas, te pongan un chorrito de algo en el suero y a continuación sientas un dolor que te obligue a pedir clemencia o la epidural. Todo esto, sin pedir permiso ni nada. Luego dirán que fue un parto "natural" solo porque el niño nació por la vagina. 
  • Parto por cesárea. ¿Qué dijo? O es parto o es cesárea. Dejemos de catalogar la cesárea como una opción de parto. Se trata de una intervención. Una cirugía mayor de abdomen que debería usarse para salvar vidas, no para ponerlas en riesgo. 
Parto en la naturaleza, que no es lo mismo...
(bella foto de Vladimir Bagrianski)
  • Parto natural. ¿Alguna vez se escucha decir a alguien que parió por parto artificial? ¿Por qué queremos ponerle adjetivos a la normalidad? los adjetivos son para lo demás. El parto normal no los necesita. Pero además, la palabra "natural" está tan mal usada (y abusada) que automáticamente encasilla en un tópico verde-ecológico-místico-esotérico a la madre que ose contar que desea un parto natural.  La gente empieza a elucubrar y se imagina delfines y sirenas, mientras la parturienta, con corona de flores en la cabeza, saca con sus propias manos al bebé y le corta el cordón con un cuchillo de pescador... (No tengo nada en contra de un parto como el descrito... solo apunto lo que la gente de a pie imagina fuera del mundo parto-teta o a veces incluso en él!  "Esas mujeres que quieren parir bajo un árbol" decía un señor de la SEGO refiriéndose a las activistas del parto normal.) 

Propongo contar que - si ese es nuestro deseo- contemos que queremos un parto acorde con la evidencia científica, en el que la seguridad de madre y bebé estén garantizadas (aunque, ojo, nada en la vida es 100% seguro). Un parto moderno, con la ciencia de nuestro lado. Porque así, aunque se complicase, aunque no fuese un parto vaginal, tendríamos la certeza de que todo cuanto se hizo se debería hacer.


  • Beneficios de la lactancia. No. La lactancia materna no tiene beneficio alguno. Es la norma biológica y la normalidad. La realidad es que no amamantar tiene riesgos. Y así, los titulares de los periódicos casi siempre están mal escritos. Quien todavía ve "beneficios" en amamantar es que no se ha creído de verdad que no hacerlo trae consecuencias. 
  • Lactancia prolongada. Hace unos días, mi amiga Irene me leía un artículo en el que se afirmaba: "la lactancia es prolongada a partir de la salida de los primeros dientes". Es decir, que según este autor, si a un bebé le salen los dientes a los 4 meses, ya no debería mamar.
    Prologar es "estirar" más allá de la normalidad, "hacer que dure algo más tiempo de lo regular" (2..RAE).  Hay gente que toma leche de vaca siendo anciano... que clase de lactancia es esa? ¿lactancia artificial prolongadísima? La leche materna no pierde propiedades ni se hace vieja con el tiempo. No deja de ser buena nunca. Cuándo poner fin a amamantamiento es una cuestión que solo atañe a la madre y su hija/hijo. Cuando decimos "lactancia materna prolongada" de forma automática y tácita estamos diciendo que "se pasa de la raya". ¿Y a usted qué? 
  • Leche maternizada: No. Mil veces no. Fórmula adaptada, que eso es todo lo que puede llegar a ser ese polvo en una lata. La palabra "maternizada" quiere hacernos creer que es similar, parecida a la leche de madre. Es un término antiguo y propio de aquellos años en los que se vendía la leche de bote como una mejor opción a la leche materna. Aquí puedes ver una comparativa de ingredientes para ver su parecido. Increíblemente hay quien todavía usa esa palabra sin rubor. En la foto, una publicidad de Bezoya y su programa "bebe a bordo" de Divinity. 
Vergonzoso

  • Vaciar la teta. Mil veces escucho y leo este consejo. Dar de mamar hasta vaciar el pecho. Pero el pecho no se vacía jamás, así que la madre que lo intente quedará frustrada, pensando que no tiene suficiente. 


Estas son algunas cosas que se me ocurren hoy, respecto al mundo parto-teta, pero he encontrado estas otras dos que disfrazan malamente lo que verdaderamente son:
  • Contención mecánica: no es otra cosa que ATAR a una persona . Inmovilizarla con cinturones y correas A veces para que no se dañe a sí mismo (no habrá otra forma? snifff), pero en muchas ocasiones por simple comodidad de sus cuidadores o incluso como castigo. Atar ancianos, niños... qué más da? De vuelta al mundo parto-teta: ¿Quién no ha visto las correas en los estribos del antiparto-potro obstétrico? No son para adornar los tobillos... no 
salvafix05[1].jpg
Muy moderno

Tumbada, atada, con pujos dirigidos. Total ignorancia de la ciencia (con espejito incluido)
(Imagen extraída del programa de La Sexta, Baby Boom) 

  • Medida pedagógica: Castigar. Ni más ni menos. Si antes se decía que la "letra con sangre entra" (diooooooos) ahora se disfrazan los latigazos emocionales con palabritas más rebuscadas.  Aunque se llame silla de pensar, (cómo puede ser "pensar" un castigo??) son lo que son. 
La silla de pensar no es como esta...


En definitiva: Eufemismos. Disfraces que pretenden ocultar lo que la lengua esconde. 
¿Se te ocurren más?

martes, 18 de marzo de 2014

“Somos un #blogentrecienmil y vamos a poder contigo”


“Somos un #blogentrecienmil y vamos a poder contigo”


18 es un número especial. Es la edad de la mayoría de edad. La edad que tiene mi hija mayor; la edad de unos chicos (Leyre, Anabel, Beatriz, Andrea, Irene, Marta, Alejandro e Iliana) que decidieron participar en un concurso y crear una campaña para la Fundación Uno entre Cien Mil  e invitarnos, hoy 18 de marzo, a ser parte de su idea. Aquí estoy!!



Como bloguera y madre de una chica de esta edad, me encanta participar en esta causa. Quiero contaros por qué es tan importante conocer la labor de la Fundación Uno entre Cien Mil y su proyecto "Corre". Y lo fácil que es ser parte de esto: Solo tienes que comprar un dorsal y correr contra la leucemia infantil; da igual donde: en una gran maratón, en las cuatro paredes de tu casa, al salir a pasear por el parque. Adquiriendo este dorsal, desde un euro, puedes contribuir a que la Fundación financie el estudio de la enfermedad y las formas de erradicarla (por cierto, está abierta la convocatoria para investigadores*).

Hace un tiempo escribí un post sobre un día cualquiera... una pesadilla que empieza al abrir un sobre, recibir una llamada y darte cuenta en segundos de que la vida ha cambiado para siempre. Y que el azar ha elegido a tu cachorro.  Eres parte de una estadística... A partir de ese momento qué difícil tiene que ser encontrar sentido al mundo "normal". No puedo imaginármelo y tengo una profunda admiración por esas madres y esos padres que hacen de su lucha personal algo todavía más grande; que convierten su tristeza en energía y nos dan lecciones de vida y de fortaleza.

Porque Uno entre cien mil, antes de ser una Fundación fue un blog. Porque todo esto tiene una historia detrás. Es una historia de valentía y amor inmenso. La historia de Guzmán... un pequeño que fue diagnosticado de la enfermedad en 2010. Hoy Guzmán está bien. Aunque la lucha es diaria y por ello, sus padres crearon esta fundación. "Juntos podríamos conseguir que el 100% de los niños diagnosticados salgan adelante" dice Jose.

Así que aquí estoy. Escribiendo para ser de alguna forma parte de esa lucha.

Te invito a hacerlo: Compra tu dorsal. Corre una carrera. Vence a la leucemia infantil.


* Abierta Convocatoria 2013/2014.  Se concederá una ayuda financiera de 75.000 € a un proyecto de investigación sobre leucemia infantil, que se desarrollará bajo la supervisión de un Investigador Principal (IP) en una institución española.

El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...