sábado, 25 de diciembre de 2010

Un mes entero sin escribir...


No es que no haya pasado nada. Es que ha pasado de todo.
He estado sin tiempo físico (¿por qué los días sólo tienen 24 horas?), quitándole horas al sueño para todo lo que hay que hacer, llamar, escribir, preguntar, enviar....  No he podido hacer una sola entrada y tengo cientos de cosas que contar.


Este logo lo hice para ella,
bajo su dirección.
Somos nosotras dos


Ha sido un mes difícil en muchos aspectos y gratificantes en otros. No quiero aburrir contando todo lo que ha ido sucediendo, por lo que esta vez, mi post de diciembre - hoy mismo es Navidad- quiero dedicarlo a mi amiga Cósima, gran sabia y apoyo incondicional en general y en particular de este último sueño loco que es Entre Mamás.  

Fue la primera en creer en mí cuando parecía naufragar mi barco. La que más me llamó en mis horas más bajas y la que más se alegra cuando estoy feliz.

Un Pepito Grillo personal. El otro día que me quejaba de algo - es mi forma de quitarme el estrés, ser un poco pesimista e ir soltando quejas- Cósima aguantaba estóicamente mi letanía de "vayas" cuando me dijo:
A veces estamos tan concentrados en aquellas cosas que no tenemos, que somos incapaces de ver aquello que está a nuestro alcance...
Me quedé callada y luego dije: tienes razón. Como casi siempre.

Ya lo sé. Tengo tantas cosas que agradecer, que se me olvidan. Que no soy capaz de vislumbrar las luces que tengo a mi alrededor y hay días en los que sólo me concentro en las sombras. Y ella me lo recuerda.

Tengo que decir que veo el futuro con felicidad. Dentro de mí hay una optimista en potencia, pero cuando estoy desanimada, triste o llueve... necesito sacarlo de mí y expresarlo. Ponerle palabras a mis sentimientos; tal vez llorar un poco.
Es un ejercicio de catarsis. De depuración del alma, simplemente. Una vez que la queja está fuera de mi, que se hace palabra... se me pasan todos los males.
Pero a veces tengo días negros y llego con cara de pocos amigos. Esos días en los que parece que el mundo está contra tí: te levantas tarde, el espejo te odia, el autobus te abandona, llueve y no tienes paraguas, pasa un taxi y te empapa.
Llegar a la isla, ese espacio en el que mi amiga y yo hemos puesto toda nuestra energía y cariño, es un remanso de paz.  
Cósima está siempre allí, ofreciéndome siempre una sonrisa y una palabra amable. Dándome los buenos días y atropellándome con miles de ideas que yo voy apuntando como taquígrafa para que no se nos pierda ninguna. Y cuando le digo: Pero es que eso no se puede hacer ella siempre responde con picardía "yo sólo digo! apunta, apunta..."
Proponiendo cosas, inventando frases, contándome de resturantes exóticos y lugares increíbles a los que nunca he ido y a los que se puede llegar en metro.

¡Nos reímos tanto! y hacía mucho que no reía de cosas sin importancia, que no me emocionaba con cosas simples, que no me ilusionaba con cosas sencillas como comprar el café y cambiar los muebles de lugar.
Esa es mi amiga. Nos ha unido el amor por lo que hacemos y cada abrazo suyo es una energía vital.
Es mi compañera, mi socia, mi doula. 
Yo acompaño mujeres. Ella me acompaña a mí.

martes, 30 de noviembre de 2010

Visita de rutina

Citología. Una visita de rutina.... no tenía intención de ir, pero hacía un tiempo que no me hacía ninguna y también pensé que era una buena excusa para conocer a la matrona, hablar con ella de los grupos de madres, contarle de Entre Mamás...

Vaya error. Lo que voy a contar hoy me apena y me descoloca. Pasaron más cosas pero durante el día se han borrado de mi mente. Estoy escribiendo y sé que algo se me va... pero no recuerdo qué es.

Pongo aquí la conversación por puro desahogo. Antes de entrar, una chica rumana, muy gordita me pregunta si es "ahí" donde hacen los Paps. Yo le digo que sí, que estaba esperando a que alguien llamase. Ella está nerviosa, tiene un acento muy fuerte y un aspecto muy sencillo. Me dice: Es mi primera vez, tengo miedo.

Yo sonrío y le digo: no será nada, ya verás. Es un poco molesto pero pasa rápidamente.
A continuación, me llaman para que entre.

- ¡Buenos días! - saludo con mi mejor sonrisa. No me contesta nadie. Intento de nuevo.
- ¡Buenos días! La matrona no me mira. Tampoco me contesta. La residente sí; me dice buenas y me pregunta que a qué venía.
- Es que tenía hoy una citología. (sigo sonriendo)
La matrona sigue sin mirarme ni saludarme. Se dirige a la residente: Hazle la citología.
La residente me trata con cuidado, me enseña dónde debo desvestirme, me dice que me ponga en el potro y me da una sabanilla. Está en ello pero no puede con la muestra y se lo dice a la matrona.
La matrona se sienta frente a mí y me ordena: baja el culete, que así no puedo. Y relájate, no puedes estar tan tensa.
Yo obedezco, intento ayudar. Ella lo intenta al menos 4 veces, mete el espéculo cada vez con menos delicadeza, siento que abre algo.... me duele. Me quejo. Vuelve a sacarlo y me dice en un tono muy seco, casi enfadado: 

- Es que a ver... Esto es algo que no he visto antes. ¡Tienes la vagina muy larga!

Yo, creo que no he escuchado bien. - Qué? ¿Muy larga? 
- Sí, muy larga! y es que no tenemos material para una vagina así. El espéculo se queda corto.

Insisto dándo enfásis.  - Lar-ga? y ...? (pienso en contestar de otra forma, pero me callo.... quiero llevarme bien con ella. Esto es bueno? malo? Pienso en hacer un chiste tonto, pero me hubiera salido mal. Callo.)

- Sí, sí. La tienes larga, lo que no significa que seas muy alta (se ríe). Es que hay que ver. El cuello está en las profundidades. Quién se va a imaginar esto.
Y luego se dirige a la residente: Y como encima está gordita, pues se le pegan las paredes vaginales. No veo.

Yo alucino. Me ha llamado gorda en toda la cara... o más bien en otro sitio. No es por nada, pero ella está más gorda que yo.
La residente no dice ni mu. La "señora" sigue en lo suyo. Habla con la residente; no se dirige a mí.
Venga, baja el culete y no te pongas tensa. Abre las piernas bien. ¡Qué difícil hacerte una citología, vaya!
Yo, no puedo hacer más. Me siento mal. Pero no digo nada e intento "colaborar".
Finalmente termina. Yo miro hacia la parte baja de mi cuerpo de forma instintiva. Ella le dice a la residente:
- Y se mira la pobre. Como si le hubiéramos hecho algo.
Y luego a mí: - No te hemos hecho nada.

Me recompongo y me visto. Intento mantener la dignidad. Sonreir... Me pregunto cómo me puede pasar esto a MÍ, que supuestamente soy tan guerrera, que estoy tan informada, que lucho cada día porque no pasen estas cosas.

Me siento y me mira como si esperase que me fuera. No dije nada porque quería conocerla; caerle bien. Le intento contar sobre el grupo de apoyo en Entre Mamás. No me permite seguir y me dice, sin que pueda acabar de contar nada, que aquí ella no acepta publicidad (acabo de verla entregar una caja llena de muestras y "cositas de bebés" a la embarazada que iba antes que yo...)

Le intento decir que el grupo es gratuito, que se reúnen mamás para hablar de sus experiencias... Nada. No me deja continuar y no insisto.
Me voy.

No puse una reclamación porque no quería que pensase que la ponía por no haber aceptado mis papelitos. Porque pensé que ya tengo fama en mi CAP de ser "de esas"; porque mi madre pasa consulta en los CAPS y a ver si un día le toca allí... y también porque fui cobarde.

Tenía ganas de llorar. Me sentí indefensa; supongo que no hay otra forma de sentirse con las piernas abiertas ante una desconocida que urga en tu interior llamándote gorda y criticando tu vagina.

A la salida vuelvo a ver a la chica rumana. Es su turno. Me sonríe. Yo no puedo. Le había dicho que no sería nada... ella que está más gordita que yo, que es su primera vez... que tenía miedo. Si me han tratado así a mí, que iba de lista, no quiero imaginar cómo será tratada ella.

Salgo a la calle con la sensación de niña castigada y preguntándome un montón de veces cómo es que he podido volver a confiar en el sistema y pretender que podía manejarlo. Lloro. 

:-(



viernes, 26 de noviembre de 2010

Simposio Internacional de Lactancia

He estado hace dos semanas en el Simposio Internacional de Lactancia Materna, realizado en Bilbao.

Como siempre, encontrarme con viejas amigas, caras conocidas, mamás y compañeras de viaje en este mundo tan pequeño, ha sido un placer y una píldora de energía.

En general, me ha gustado. Tengo que reconocer que la organización ha estado muy bien, que las compañeras de La Liga han currado un montón y se ha notado. De ello, ninguna queja.

Del Simposio, hubo cosas que me gustaron más y otras menos. Me encantó el simpatiquísimo Dr. Paricio (le he visto y escuchado ya otras veces y siempre es igual de encantador) con su ponencia sobre la medicación en la lactancia.
Keka Pallás y su conferencia sobre los riesgos de no amamantar a bebés con necesidades especiales, también me gustó mucho.

Otra ponencia que estuvo bien fue la bebés con fisura palatina. Me aportó mucho el vídeo sobre la historia de un niño con este problema y su evolución. Compré el vídeo porque me parece que puede ayudar a muchas madres con esa circunstancia, a identificarse con ello y tener paciencia; ver que todo se va arreglando. Un único obstáculo para el vídeo: su precio...

Alguna de las ponencias internacionales me dejó bastante decepcionada. La charla de múltiples no me gustó en lo absoluto. Creo que no nos hubiera hecho falta irnos tan lejos para encontrar a alguien que sepa de lactancia con múltiples. Pongo de ejemplo a Multilacta que de esto saben un rato.

En ese sentido, creo que a veces queremos dar altura a estos encuentros trayendo gente de otros sitios, cuando en España tenemos un gran nivel de profesionales que podrían hacerlo mucho mejor. No me refiero a este encuentro de forma particular, sino en general.

También me quedé a medias en la última conferencia sobre la depresión posparto; aunque ya me había quedado un poco "coja" con la primera conferencia de la misma profesional. Me dejaba el avión (que luego no salió hasta muuuy tarde) y no terminé de escuchar a la ponente.

Hasta el momento en el que me quedé, no escuché entre las razones de una depresión, un parto traumático, una cesárea, un embarazo estresado. Ni tampoco el hecho de que los grupos de apoyo y las redes de madres son una gran ayuda para prescindir de fármacos; (algo que se publicó en el Lancet* hace poco). Me hubiera encantado escuchar a mi amiga Ibone Olza en la misma mesa redonda... Lo de la depresión como proceso inflamatorio no me quedó nada claro.

Me gustaría que en próximas ocasiones se hable más del parto y del embarazo como variables para una futura lactancia feliz. También del acompañamiento, de la logística que se precisa al llegar a casa recién parida. Es muy difícil amamantar después de un parto triste, de una separación temprana, después de una grapas por cesárea... Creo que podríamos hacer el esfuerzo de unir otras sabidurías que van de la mano y no analizar cada tema (parto o lactancia en este caso) de forma independiente, cuando deberían ser hermanos inseparables.

Y bueno... volveré al siguiente, desde luego. Me lo pasé fenomenal y aunque no tuve tiempo de ver Bilbao, fueron dos días de la leche!



* Tripathy P et al. Effect of participatory intervention with women's groups on birth outcomes and maternal depression in Jharkhand and Orissa, India: A cluster-randomised controlled trial. Lancet. 2010 Mar 5.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Dos días llenos de abrazos

Emocionada (y también debo decir agotadísima) vuelvo a casa después de dos jornadas muy intensas. Un año más de asamblea: debate abierto y un montón de ideas frescas, caras nuevas, bebés nuevos, niños que han crecido mucho, embarazos incipientes, otros a puntito... Las mujeres de El Parto es Nuestro, reunidas y abrazadas.

Ya desde el inicio nuestra amadísima Helena Eyimi nos esperaba con una bienvenida cálida: un pequeño ritual de saludo, intercambio de abrazos y miradas que nos arrancó lágrimas a muchas. Ha sido imposible contenerlas.

¿Cómo no llorar de emoción al abrazar a mujeres tan valiosas? He podido conocer a Nuria y Patricia, abrazarlas y agradecerles personalmente su camino para lograr su deseado PV2C.

Abrazar a Lucy otra vez, mujer valiente y generosa que ha convertido el dolor de haber perdido un hijo en energía para ayudar a otras madres.
A las amigas de siempre, Eva, Estela, María José, Candy, Pilar, Ángela, Paula, Paloma, Silvia, Ruth, Marta R, Els, Diana A...

A la "vieja guardia", presente y cariñosa: Ibone, Marta, Fran, Isabel, Azu, Ana María, Stella...

A todas las que vienen desde lejos, con el esfuerzo que supone dejar todo "perfecto" para que las ausencias en casa no se noten... A María R, a María Dolores, a las Marians, Marga, Irune, María M, Elisa, Mireia, Helena... A Ana que llegaba desde Níger para vernos y Andrea, infaltable en todas nuestras reuniones y volando desde Londres todos los años.

A las nuevitas, tan ilusionadas y tímidas... María P, María José B, Judith (la más joven, con sus hermosos 19 años), Begoña, Diana (a todas las Dianas, que tenemos una buena colección). A Irene, mi amiga y también madre PVDC, a quien no le había descubierto la vena guerrera hasta hoy.

A los maridos, nuestros chicos queridos, que participan en esto desde la primera fila o desde la última: Pagando el parto o pagando el pato, como dice Candy.

Abrazar a cada una y a su hijos. A las que no menciono porque la memoria no me alcanza, y a quienes os he tenido presentes aunque no estéis.
Abrazar a estas madres y compartir con ellas dos días maravillosos y sentir que el cambio es posible y que está aquí. Cerca.

Abrazaros y abrazarnos. Acordarnos de las que no pudieron venir, de las que hicieron lo posible hasta el último momento. Brindar por Adela y su bebita, otro PVDC (hemos roto estadísticas!) nacida en la víspera de la Asamblea cual signo de triunfo.

Creo en esto con fe, con ilusión y optimismo. Cada vez que regreso a casa después de la reunión anual, me siento viva y con enormes ganas de llorar de puro agradecimiento.

Y agradezco desde aquí de forma especial la entrega y dedicación de una gran señora, curranta al extremo, dulce como ninguna; que se toma un merecido descanso después de estos años de duro trabajo. Para nuestra querida Ángela.

Y gracias a todas. Porque hoy escribo para vosotras, mujeres grandes que hacéis esto posible. Que hacéis camino con vuestros pasos y vuestras historias.
¡Salud por vosotras, mujeres! ¡Viva el parto! ¡Viva EPEN!


martes, 2 de noviembre de 2010

Simplemente gracias

Este último año ha sido difícil y he tenido unos meses de camino cuesta arriba, sin encontrar una salida que me permitiera ser feliz de verdad. Tenía un trabajo seguro, sueldo fijo, horario estupendo... y sin embargo no lograba encontrar mi sitio.
  
Durante todo este tiempo había dado mil vueltas a un proyecto que hacía mucho que me rondaba por la cabeza. Un espacio para madres, un espacio para mí.
Fue complicado atreverme a dar un salto que parecía ser dado hacia ninguna parte; una locura en tiempos de crisis, para continuar haciendo lo que amo hacer y dedicarle el cien por cien de mi tiempo.

Salté. Pero no he estado sola. Hoy escribo para agradecer todo el ánimo recibido, el cariño de mis amigas y compañeras de despacho, el empuje de mi buena amiga Enobi, la preocupación de Maximoto, la generosidad y la fe de Cósima.
Tengo que agradecer a mi familia entera por apoyarme en este salto, por permitirme soñar y alegrarse conmigo de cada paso logrado.

Pero especialmente quiero agradecer a la persona sin cuyo amor y dedicación no hubiera sido posible materializar mi sueño. A mi amadísimo Papá Conejo, que ha dedicado cada una de sus horas libres a hacer realidad mi ilusión, a poner color a lo imaginado, a complacer cada uno de mis deseos.

Cuando las visitas me dicen que se ve que Entre Mamás está hecho con mucho amor... no puedo decir que no. Está lleno del amor que ha puesto mi marido en cada uno de sus detalles, de fines de semana enteros trabajando para mí y para todas; de cientos de idas y vueltas a las tiendas, buscando pinturas, muebles, clavos y cables. Montando cada una de las cositas que hay puestas, sin quejas, sin una sola mala mirada cada vez que he vuelto sobre mis pasos o que he cambiado de idea.

Gracias cariño por ser siempre así, el perfecto compañero y el mejor amigo. Gracias por seguir mis sueños, por cuidarme tanto, por intentar hacerme feliz siempre y por enseñarme que el amor de verdad no es decir muchas veces "te quiero" sino tener la certeza de que soy amada. Te amo.

domingo, 17 de octubre de 2010

La era de las madres - vaca

La era de las “madres vaca”, así con este insulto se abre el reportaje central de la revista Magazine de El Mundo.

A pesar de haber dicho que no respondería ante un ataque tan provocador, despreciativo e irrespetuoso contra las madres que amamantan, a estas horas ya no he podido contenerme.

Por eso envío esta carta al Director de El Mundo y espero que –ya no que me la publiquen- pero al menos que se añada a los cientos de cartas que seguramente recibirá la autora de tanta barbaridad escrita.


REF: Reportaje Madre o Vaca

Señor Director:

Hacía mucho que no leía tanta falacia junta en un solo artículo. Desconozco cuáles son los intereses al publicar un reportaje tan poco objetivo, tan lleno de prejuicios contra las mujeres que amamantan, tan machista y tendencioso desde la primera hasta la última palabra.

Me refiero, desde luego, al reportaje aparecido hoy en la revista dominical Magazine, en el que ya desde la portada y el titular se falta al respeto a las mujeres que deciden dar el pecho a sus hijos. No sé con qué intención se aportan datos confusos y falsos. Tanto rencor en sus líneas se huele sospechoso.

No es verdad, por ejemplo, que la lactancia materna cause depresiones. Al revés, el organismo materno se refuerza químicamente contra ellas; esta afirmación puede ser fácilmente cotejada buscando la relación de estudios que existen sobre ello, dentro y fuera de nuestras fronteras.

No es verdad que se tenga que comer más para poder amamantar; la mayoría de los medicamentos se pueden administrar durante el periodo de lactancia; las mujeres hipotiroideas, con pezones planos o invertidos también pueden amamantar; en muy pocos casos existe una falta real de leche; la vida laboral es compatible con la lactancia materna, aunque podría serlo más si desde las empresas se incentivara –en vez de castigar- el deseo de amamantar de la madre.

Y desde luego, no es cierto que la lactancia materna “deje en manos de la mujer toda la responsabilidad de la crianza”; esta sentencia, además de ser machista y anticuada, es falsa. No sólo porque la leche materna puede ser administrada por otras vías si la madre se ausenta o descansa, sino porque la crianza no se reduce a proporcionar alimento al hijo nacido. Como mujer, periodista especializada en temas de maternidad, crianza y salud pública, feminista y madre, el reportaje aparecido hoy me insulta, me ofende y desprecia mi esencia femenina.

Saludos,

Claudia Pariente

lunes, 4 de octubre de 2010

Jornada de Lactancia en Puerta de Hierro


He estado en la Jornada de Investigación en Lactancia Materna que organizó el Hospital Puerta de Hierro de Madrid. Una jornada interesantísima en la que los concursantes nos hicieron partícipes de sus conclusiones y datos encontrados, respondieron preguntas y nos dieron pistas para nuevas investigaciones.

Me encantó encontrarme con otras forofas de la lactancia amigas mías y poder comentar, cotillar, aplaudir o dudar juntas de cada una de las investigaciones hechas.

Especialmente me gustó el trabajo que desarrolla Juan Miguel Rodríguez -veterinario y microbiólogo- de la Universidad Complutense de Madrid. La cantidad de información que tiene para dar y la velocidad con la que es capaz de contar su experiencia analizando leche materna, nos da una idea de cuánto bien ha hecho este señor.

Me puso triste el hecho de que no existen patrocinios para llevar adelante más estudios y de que para intentar llevarlos a cabo se necesite un dinero que brilla por su ausencia.

Me gustó que haya tanta gente joven implicada. Cada vez veo más MIRes y Residentes de Matrona en estos encuentros. Les veo con ilusión y con ganas de aportar muchas cosas, aunque no puedo evitar cierta crítica constructiva hacia algunas de las investigaciones novatas... en algunos casos se notó que detrás de la investigación no había (de momento) la riqueza que aporta la experiencia personal.

Hubo una gran diferencia de niveles en las ponencias; tal vez por eso me atrevería a sugerir dos categorías para una próxima oportunidad: Seniors y juniors. Competir entre iguales es siempre más justo.

También hubiera querido que más gente de los grupos de apoyo se apuntase. Vi a pocas madres-al menos mis conocidas-; en su mayoría todos eran personal sanitario y creo que las ponencias podrían ser más ricas si se pudiesen escuchar las voces de las mamás desde el estrado. Creo muy importante que además de los aspectos técnicos, científicos y estadísticos, se aporten aquellos datos que van más allá de la razón y que se hable de la importancia de recibir apoyo, cariño e incluso ayuda logística y doméstica para tener una lactancia feliz.

Ah! y además ganaron mis favoritos:

Un estudio (hecho por una residente) en el que se compara el aporte calórico de la leche materna y en el que habían diferencias relevantes de una madre a otra. Me parece importante continuar con esta investigación porque es todo un aporte y puede servir mucho... (para bien y para mal, me temo)

Y un segundo estudio del equipo liderado por Ibone Olza, sobre la oxitocina intraparto y su relación con las conductas de apego (realmente estaba divido en dos partes y con este título lo he resumido a su mínima expresión).

En resumen, me gustó y repetiré para una próxima convocatoria.

:-)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Madre libertina

Con bastante frecuencia escucho decir (en mi entorno próximo, naturalmente) que crío a mis hijas en demasiada libertad. Sonrío.

Esta afirmación va especialmente dirigida a mi forma de tratar a mi hija adolescente, a quién le permito hacer lo que mejor le parece. En estas pocas líneas quiero explicar, aunque no tenga por qué, en qué consiste criar en libertad y cómo estoy segura de que esta forma de crecer es la que mejor nos va y la que nos permite tener una relación de máxima confanza.

Considero que cada niño es único, pero que si se hace un uso constante de la libertad de elegir, de la reflexión autocrítica desde que es pequeño; de entender las cosas basándose en los errores que se van cometiendo, llega a la adolescencia con la cabeza bien amueblada y con capacidad de pensamiento autónomo. No quiero decir con ello de que los padres estamos "a salvo" de las locuras que se puedan hacer con esa edad... simplemente que serán menos y mejor meditadas.

Pioja es una niña tranquila, contestataria ante lo que consideran injusto como cualquier adolescente. Puedo poner mis manos al fuego por ella y por su sentido del bien y del mal, porque desde pequeña hemos ejercitado el debate, el análisis de lo que nos parece importante, la charla en confidencia.  Seguramente sepa pocas matemáticas y nada de física... (alguien en la sala puede decir que recuerda las fórmulas aquellas de memoria?? y´aún más: le sirvieron para algo en su vida útil?) pero sabe pensar y actuar en consecuencia con sus ideales y forma de ver la vida.

Colegio.- Este año no le ha ido bien en el cole. "Le he dejado hacer lo que le ha parecido". Efectivamente. Porque no es sino ella quien tiene que analizar la importancia del colegio, de suspender o aprobar. Nadie más que ella puede valorar ese fracaso y poner todo de su parte para retomar el año con fuerza y "ponerse las pilas". En ese sentido, la única cosa que puedo y que siento que debo hacer es guiar y prestar ayuda si me la pide. La última decisión es suya.
En cuanto a las injusticias que cometen los profesores (y no hablo de lo académico, sino de todo lo demás que es lo verdaramente importante), cuando me lo cuenta, me hierve la sangre... porque hay cosas que con 34 añazos no logro comprender. Pero sé que tengo que dejarle resolver sus propios conflictos y que sólo cuando vea que se convierte en algo personal, puedo intervenir.

Sección "novios y amigos": Seguramente pase mucho tiempo antes de que conozca al hombre de su vida. Pero hoy, su amor es éste. Y es importante. Y prefiero que tenga un buen recuerdo del amor de los 15 años, porque seguramente es el que recordará con ternura cuando tenga 30. ¿Por qué perseguir? ¿Negar la realidad? ¿Mirar con malas caras, si es un niño como ella y también está enamorado?
Hablo con ellos a "calzón quitado"; les hablo de la responsabilidad de estar enamorados, de hacer las cosas bien, de la importancia del respeto mutuo. Puedo sentarme con ellos a hablar porque me he ganado ese lugar, confían en mí. Estoy segura de que no me servirá de nada cerrar las puertas de mi casa y tapar el sol con un dedo. Todavía recuerdo mi propia adolescencia.

¿Y los amigos? Conozco a todos los amigos y amigas de mi hija. Su mejor amiga viene a casa como si fuera la suya y me cuenta sus cositas, pequeños secretos... escucha mis consejos. Quiero estar involucrada en ese pequeño mundo; me da ilusión y me siento parte de sus vidas. Quiero saber dónde están siempre. Que no tengan que mentirme para que "no me enfade".

Alcohol, drogas...  Pioja no bebe y no fuma. Es una decisión suya. Ha sido duro enfrentarse a la presión del grupo que prácticamente le ha excluido de sus actividades de "pandilla" porque literalmente "si no fumas ni bebes, aquí no pintas nada".
Pero ella ha seguido tratando a todos por igual y alguna vez está en el grupo charlando con otros, sin hacer nada que no quiere. Yo le he dicho que fumar o beber es una responsabilidad personal y que con toda la información que existe a mano, ella verá si decide hacerlo. Probablemente en algún momento le pique la curiosidad... o no. Pero estoy segura de que si llega el día, seré la primera en enterarme.

No quiero extenderme más porque puedo escribir páginas y páginas. Simplemente quería dar un pantallazo de mi forma de ver las cosas; de por qué hago las cosas como las hago. Creo que mi camino no debe estar demasiado equivocado y cualquiera que conozca a Pioja Mayor puede decirlo.

:-)

domingo, 19 de septiembre de 2010

5 herramientas de la mano de Jesusa

Acabo de volver de La Coruña, del taller "5 herramientas para la educación prenatal" impartido por Jesusa Ricoy, bajo la organización de Ser Doulas y al que he tenido la oportunidad de asistir como alumna.

Ha sido un taller muy práctico, lleno de buenos ejemplos y muy activo por parte de todas las que allí estábamos, en el que hemos aprendido técnicas y dinámicas para tratar los temas que rodean el parto. Jesusa ha hablado sobre la importancia de fomentar las decisiones informadas. Nos ha facilitado ejemplos y formas de ser creativos a la hora de transmitir información, aplicar las cinco herramientas: arte, comunicación, representación, drama y acción en temas diversos; hablar de pérdida, de lactancia, de inducción...

Cada vez que voy a estos encuentros de mujeres salgo renovada: con ideas frescas, con nuevas perspectivas, nuevas amistades... Me encanta escuchar las experiencias en otras ciudades, conocer caras nuevas, reconocer a quienes ya conocía de antes. Ha sido un placer, no sólo aprender de la mano de Jesusa tantas cosas prácticas, sino también compartir el café, hablar de nuestros hijos, de nuestros proyectos, y hacer "tesis de cinco minutos" sobre a dónde va el mundo y hacía dónde nos dirigimos nosotras.

Tengo que agradecer también la hospitalidad de Nuria Otero, de Ser Doulas, y la de toda su familia, por acogerme en su casa y alimentarme con cosas ricas. Vuelvo feliz, de la tierra verde coruñense y seguramente volveré muchas veces porque me ha encantado.



Jesusa Ricoy Licenciada por el National Childbirth Trust , ONG que lleva más de 50 años abogando por los derechos de los padres y bebés, y ofreciendo clases en el Reino Unido. Formada como doula (compañera de parto) por Michel Odent y Liliana Lammers. Colaboradora en la línea telefónica para la atención a mujeres traumatizadas por experiencias de parto, formada por Sheila Kitzinger, (autora, antropóloga y activista del nacimiento).
Colaboradora en la sección de apoyo psicológico online del blog de Eduard Punset
Doula registrada y acreditada por Doula U.K.
Madre de dos hijos paridos en hospital y en casa, amamantados y que están siendo educados en casa.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Mamá de cuatro

Agosto ha sido un mes muy movido. Un viaje en mi familia, no planificado y urgente, me ha dejado a cargo de cuatro hijos: dos mías y dos sobrinos de 8 y 10 años.  Durante casi un mes he sido mamá soltera de cuatro niños y lejos de sentirme agobiada, he sido feliz y he disfrutado muchísimo la aventura.

Ha sido divertido pasear con ellos y sorprender a la gente mirando, entre divertida y curiosa, a mi prole. Escuchar comentarios menos bien-intencionados como "tan joven y con cuatro" (gracias señora, por lo de joven, digo), entrar a los autobuses en fila india, pedir menús en la hamburguesería y recordar qué muñequito es de quién, jugar al fútbol, escuchar historias fantásticas una y otra vez...

Me he sentido completa. Dos niñas y dos niños. Era esa la familia que me imaginaba cuando aún no tenía ninguno y jugaba a las muñecas. Era esa la familia que quería cuando ya nacida Pioja, se anunciaron dos que no pude ver nacer. Son esos dos hijos lo que sentí que me faltaban y que me hubieran hecho Mamá de cuatro.

Durante estos días al mando de la tribu, he aprendido a ver las cosas desde la perspectiva de niño, de aprender su lenguaje y su visión particular de la vida. Hemos disfrutado paseando por los museos de Madrid, averiguando nuevas calles, visitando animales, reconociendo plantas y conociéndonos todos un poco mejor. Han sido hermanos de Pioja y Piojilla y han compartido sus juegos y algún que otro mal rato por un solo juguete para tanto niño.

Pioja, ejerciendo de semi-madrecita, poniendo orden a todo, igual de divertida que yo, ha sido hermana, hija y madre de todos. También le ha gustado ser hermana de tres.
Sí; la hemos pasado genial y ahora que han vuelto a casa, notamos su ausencia. Un solo detalle... no me da tiempo de tener actualizado el blog ;-)

sábado, 21 de agosto de 2010

Ha dado fruto la semilla

20 de agosto de 1995

Hija Mía:

¡Has nacido! Es el día más especial y el más importante de mi vida. Puedo asegurar que la alegría de traer un niño al mundo no es comparable con absolutamente nada. Es el suceso más intenso que alguien pueda vivir y el acto más lleno de amor de todo el universo.
Ya te tengo a mi lado. Te ves frágil y aún no puedo asimilar que con tu llegada me has hecho madre. Que soy capaz de dar la vida a otra persona, tan inocente y bonita.
......
Pensaba acabar este diario aquí, cuando nacieses, pero será imposible porque me doy cuenta de que es ahora cuando realmente la aventura comienza...

Y comenzó. Y aún tengo presentes tus primeras palabras, tu primer paso, tu primer cumple, aquellos besos que me mandabas al dejarte en el colegio. La única rabieta que tuviste porque no supe dibujar "una cabeza recta". Tus juguetes preferidos, aquellos dibujos tristes en los que sólo aparecíamos tú y yo. Tu primer día en España cuando pensabas que aquí sólo había playa, chiringuitos y mujeres vestidas de flamenca. El día en que te regalamos un perrito y el día en que te nació la hermana que tanto deseabas. La primera vez que viste el mar, las risas juntas, las confidencias de siempre, los momentos buenos y alguno que otro malo.

Y ya se te ha acabado la infancia.  Y ya he celebrado a tu lado tus primeros quince años. Y nuestra fiesta ha inaugurado la que, seguramente, será la mejor época de tu vida. Disfruta corazón; a tope.
Como si fuera magia, te has hecho mujer y yo te añoro niña, pero también disfruto de tenerte a mi lado como amiga, de salir contigo en plan colegas, de compartir otra vez tu mundo de sueños y futuro. 

Cariño, se me inundan los ojos de verte tan hermosa. Y como hace quince años, todavía no asimilo haber sido capaz de dar vida a otra persona: tan inocente y bonita.

Aquella mañana de sol, domingo de agosto y cielo limpio, te vi tan mía y tan pequeña, que el tiempo se detuvo brevemente y pensé que ibas a permanecer así para siempre. Supe en ese momento que serías la mejor compañera y lo eres. Ya no tengo miedo de que crezcas. Ya no tengo miedo a que vueles alto y lejos. Te has convertido en aquella mujercita que un día soñé que serías. Y sigues iluminando mi vida, como el primer día. Ha dado fruto la semilla.


Feliz cumpleaños mi amor.
Que sigas siendo como eres: hermosa, sana y buena.
En letra azul: extracto copiado del diario de "a bordo" que le escribí a Pioja durante mi embarazo. :-)

jueves, 19 de agosto de 2010

Salir de cuentas

Era también 18 de agosto, pero de hace 15 años. Salía de cuentas y no había ni atisbo de parto. Pioja dice que estaba muy a gusto en mi tripa, y que por eso tardó en salir.

Recuerdo esos últimos días como si los estuviera viviendo: mis ganas inmensas de verle la carita por primera vez, la ropita comprada, el olor de su pequeño jabón con forma de osito; las tardes de siesta tirada en la alfombra, sin preocupaciones... sin mayor ocupación que sentir cada contracción, cada patadita. Sin miedo y en libertad absoluta.

Durante todo el embarazo había escrito un diario para entregárselo cuando fuese mayor. "Mayor"... ¡sonaba tan lejano y mira! han pasado los años como si fueran días. Y ahora lo lee, una y otra vez. Pregunta, contesto. Le es difícil imaginarme niña y dejar de imaginarme madre. Y me abraza y me deja sin aire. Es la misma bebé que un día acuné y que cuando me atrapa entre sus brazos me dice cariñosa: Ya no quepo mami.

Aquel día pasó sin noticias. O quizá mi cuerpo daba alguna señal que yo no supe interpretar... nunca dolió nada; nunca tuve miedo. Su llegada al mundo fue exactamente como es ella: suave y delicada.
Ahora, quince años después, retomo aquel cuadernito viejo tantas veces leído ya. Mi espera de entonces cobra vida hoy y escribo, esta vez en el blog, las palabras que entonces aquel día dejé para ella :

Querido pequeñito de mi vida:
Seguimos esperando... ya casi se hace eterno que llegues. Cada vez que tengo una contracción me inundo de alegría y empiezo a controlar si viene otra, pero no.
.......
Estoy tranquila y feliz. A pesar de que sé que nacerás en cualquier momento no me siento asustada. Sé que todo va a salir bien.  Ya todo está listo. Sólo faltas tú y cada momento que pasa nos acerca.
Eres mi sol y te amo tanto que es imposible que imagines cuánto.
Mucho amor, tu mamá.

Foto, Anne Geddes.com

miércoles, 11 de agosto de 2010

Asilo conejil

Siempre me han gustado los animales. Especialmente los perros. De hecho, creo que en una casa sólo se deberían tener perros y gatos (que por experiencia sé que conviven muy bien en casas humanas) y que los demás animales no deberían salir de su habitat y menos para ser encerrados en jaulas o circos. 
Cuando era pequeña no dudaba en llevar a casa cuanto perro desvalido, solo o callejero encontraba y le daba comida o le encontraba casa. Mis padres ponían el grito en el cielo, pero finalmente me ayudaban a dar asilo a los perros y encontrarles un hogar.  

Recuerdo especialmente un perro amarillo gigantesco que adopté, por decirlo de alguna manera. Era un perro callejero. Nunca entró en casa porque era un perro libre y paseaba por las calles de la ciudad como si fuera suya. Le puse el nombre de Boby y cada vez que me lo encontraba, aunque él estuviera en una esquina y yo en otra, gritaba: Boooobyyy y el perro venía corriendo a mi encuentro. Cualquiera que hubiera visto la escena podría haber pensado que aquel perro enorme corría a atacarme, pero yo me acercaba con mucha confianza a él y el perro me saludaba con lametazos y movimientos felices de su cola. Un día desapareció y después de meses de buscarlo en cada paseo, comprendí que nunca más volvería a verlo.

Entonces tenía yo unos 9 o 10 años y en la ciudad en la que vivía existían muchos perros callejeros, (no como en Madrid donde no es usual ver perros sin nombre, correa, chip y amo) así que era muy fácil encontrar perros desamparados.

Recuerdo que mi hermano, cuatro años menor que yo, siempre se oponía a estos "albergues improvisados", no porque odiara a los animales, sino justamente por lo contrario. Amaba -y ama- a los animales y le daba muchísima pena tener que decirles adiós a los pocos días de entrar en casa. Siempre hemos sentido que nuestras mascotas eran parte de la familia.

Por esa razón, cuando hace unos días mi Pioja me pidió "permiso" para traer una coneja durante unos días, no pude decirle que no. Me contó que se la habían regalado a una amiga pero que sus padres no querían a la coneja y que, incluso, ya le había caído un libro muy gordo "por accidente" (??) lastimándole una pata. Se trata de una conejita pequeña y como se trataba de sólo unos días, acepté.  Pioja me aseguró que ya tenía un padre adoptivo para el animalito y que se trataría sólo de un asilo temporal.

Ahora resulta que el niño que se pensaba quedar con la coneja (porque había muerto el suyo hacía poco) no había contado nada en su casa y no tenía el OK de su padres para llevar una mascota nueva: se armó un lio muy gordo. En menos de 24 horas la pobre coneja nos fue devuelta con todo y jaula....

Ahora tenemos a Tomasa - que así la hemos bautizado- en espera de conseguirle una familia nueva, puesto que no podemos quedárnosla. Tenemos ya un perro para cuidar a la que no le hace mucha gracia tener competencia. Pero además, está Piojilla que no entiede que a la coneja no se le puede llevar de aquí para allá como si fuera un juguete.  No quiero que la conejita sufra en mi casa, pero tampoco quiero dejársela al primero que pase, sin saber cuál será su destino, lo que hace más dífícil su adopción. 

En fin... ese es mi dilema esta semana. ¿Sugerencias?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Te queremos Abuelito

Para los piojillos pequeños de nuestra familia 

El abuelo Hugo no nos ha dejado
simplemente vuela hacia un lugar mejor
Va a poder mirar desde lo más alto
su mejor cosecha: la que da el amor

Va a seguir sembrando naranjas de oro
va a seguir mirando como nace el sol
va a poder llenarnos de besos a todos
cuando sople el viento su dulce canción

Vamos a escuchar su voz amorosa
cuando baje el río, cuando haga calor
y recordaremos su dulce mirada
en cada arbolito de manzana en flor

Cuando nos sentemos al calor del fuego
en las noches claras y se apague el sol
cantaremos zambas, cantará el abuelo
Cantará la luna, cantarán los dos

Porque el abuelito no nos ha dejado
simplemente vuela hacia un lugar mejor
solo se han cerrado sus ojitos claros
en la verde tierra que tanto adoró


:-(

lunes, 19 de julio de 2010

Felices para siempre...

Y se casaron, tuvieron hijitos y fueron felices para siempre.
¿El final de la historia? O más bien el principio de todo?  Muchas veces llegan a casa papás y mamás desbordados que no saben explicar porqué después de aquel final de sueño: casa bonita, boda hermosa, bebé en los brazos... no logran acomodarse al nuevo status, añoran su "vida pasada", sienten que "todo esto" les supera. 

¿Qué pasa? ¿Nos sentimos engañados? ¿No era cómo nos lo habían contado? En qué momento creímos que nuestra vida sería tan vaporosa como aquellas que salen en las revistas, con niños inmaculados, casas perfectas, maridos entrañables, mujeres bellas y dispuestas? Y ahora, de repente tenemos un niño que llora, un marido enfadado, una mujer agotada, la cena fría y los platos sucios. Qué timo. Vamos, que si fuera como ir al cine, devolveríamos las entradas.

Ir al cine es siempre una experiencia cuando llevo a Piojilla. Para ella, la aventura es casi igual que ir a Disneylandia. Realizamos una serie de rituales antes de ir, llenar la botella de agua, sacar unos pañuelitos por si lloramos, hacer pis antes de salir... y luego allí, entregar las entradas, comprar palomitas (¿porqué las palomitas del cine están tan buenas?), buscar un sitio cómodo y esperar la función. Piojilla mira todo con ojos alucinados. Le impacta la oscuridad, el silencio de todos, el tamaño de las imágenes, las voces, los colores...

Esta vez hemos ido a ver la última parte de la película Shrek y me ha encantado. Se la recomiendo especialmente a los papás de hijos pequeños. Trata exactamente de esto. De cómo después del "fueron felices", la historia continúa y Shrek tiene una vida real, como la de todos. Le supera, se siente estafado y ansía volver a ser el de antes al menos por un día. De esa forma hace un pacto con el malo de la peli, con todas sus consecuencias.

Como no quiero reventar el resto de la cinta, para quien no la haya visto que deje de leer aquí.
Porque el final es que, como siempre, todo se soluciona. El mensaje es claro: la felicidad es tener con quien compartir la vida. Se fabrica con los pequeños detalles, con las sonrisas del día, con la salud de todos, con ver jugar a nuestros hijos y comérnoslos a besos. Se construye con las piedritas que nos encontramos en los zapatos de los niños, con la flor que nos regalan, con las mariposas que ven.
Ser feliz es un estado de ánimo pasajero y dulce; por eso debemos saborear el instante y mezclarlo con la rutina diaria y los pequeños amargores del día. No se trata de acumular riquezas, sino de tener cuatro cosas y poder compartirlas.
Ser feliz es que en media película, Piojilla me diga en un susurro: Mamá, ¿a que nos la estamos pasando fenomenal?




jueves, 8 de julio de 2010

Pioja vuela

Pioja acaba de embarcar el avión sola. Vuela rumbo a Alemania por vacaciones, a visitar a Piojen y su familia. Es un viaje corto que hemos planificado con ilusión todo el año y que hasta última hora nos ha tenido ocupadas:, guardando lo que llevará, sacando lo que no llevará, pesando la maleta una y otra vez... No es su primera vez lejos de casa, pero es la primera vez que se va así, en un viaje que ella ha planeado "como mayor".

Tal vez parezca una tontería, pero estoy un poco rara. Siento muchas cosas...  una mezcla de nervios y alegría; como cuando la dejé por primera vez en el colegio, como el día en que nació y le cortaron el cordón. Cada día da un paso hacia la madurez, hacia el ser adulto que será en unos años. Y hoy ha volado... pero no sólo hacia otro país, sino también lejos de mis brazos.

En el camino del aeropuerto a casa pregunté a Papá Conejo:
- ¿No tienes miedo?
- ¿Miedo a qué? me respondió.
- No sé, a que haga alguna tontería de adolescente estando lejos.
- No. Para nada. Pioja es una niña muy centrada...

Y es verdad. No es sólo la visión que tiene su padre. Con casi 15 años, Pioja es una niña tranquila, cariñosa, con las cosas muy claras. Contestataria como todo adolescente, pero buena en todos los sentidos. Para ciertas cosas, todavía es una niña pequeña que busca refugio y luego en otras me sorprende defendiendo sus ideas a rabiar, analizando lo injusto, opinando de "cómo va el mundo".

Los años pasan muy rápido. No da tiempo a darles todas las armas, a darles todos los consejos, a salvarles de todos los peligros; a ponerse delante de las balas que, en algún momento de su vida, tendrán que esquivar. El tiempo pasa sin pena y nos deja huellas y canas... Ver a los niños crecer es la forma que tiene la vida de hacerte ver que no hay tiempo. Que se te escapan de las manos, que crecen y vuelan con sus propias alas.

No da tiempo. Y así, de repente, como si no hubiera pasado más de un segundo desde que atravesó mi cuerpo para tener su propia vida, hoy le he visto cruzar el control de seguridad antes del embarque. Con su bolsito negro y su pasaporte en la mano; más alta que yo, hermosa y feliz. No me ha dado tiempo a cursilerías de madre antes de verla desaparecer entre la multitud.  Sonriendo, nos ha mirado por última vez y nos ha dicho ¡¡adiós!!

jueves, 1 de julio de 2010

Saltar al vacío


A veces hay que saltar. 
A veces hay que cerrar los ojos y dar el paso siguiente; arriesgando, jugándose todo. 
Hoy, he saltado. Todavía tengo vértigo por los días que vendrán, pero al mismo tiempo el corazón me rebalsa de alegría ante la nueva vida que empieza. He saltado. Sin ver... pero con la certeza de hacer lo correcto.
Mi último post resumía un poco mi estado de ánimo. Pues bien.... hoy, después de años en un gran despacho, he renunciado. Ha sido una decisión meditada, pero en la que no había forma de "perderse". Hacía mucho que quería irme y volcar mis energías en los proyectos personales, tantas veces aplazados por la comodidad de tener un sueldo seguro y un trabajo fijo. Pero no se pueden posponer las ilusiones definitivamente. Es dañino para la salud y para el alma.
¿Y qué haré? Quiero dedicarme más a mi familia, a mis grupos de mujeres, a comunicar, a transmitir. Esa es la vida que me llena y que me hace feliz.
Nadie podría decir que soy la misma que hace 20 años soñaba con trabajar un día en una gran empresa... ser alguien "importante" y tomar decisiones "importantes". Pues bien. Ahora que soy una mujer me doy cuenta de que no hay empresa más importante que mi vida al lado de los que amo. Y que mis decisiones no son sólo importantes, sino vitales en el seno de mi familia.
Por eso he saltado. Porque como dice muy bien la publicidad: "hay cosas que el dinero no puede comprar"...

:-)

En la foto, la última escena deThelma & Louis, dos mujeres que prefirieron morir antes que perder su libertad

- Thelma: ¡Oye Louise! No nos dejemos coger.
- Louise: ¿Qué quieres decir?
- Thelma: ¡Continuemos avanzando!
- Louise: ¿Es decir?
- Thelma, indicando la dirección del Gran Cañón: ¡Vamos!
- Louise, esbozando una sonrisa: ¿Estás segura?
- Thelma: ¡Sí, hazlo!

http://es.wikipedia.org/wiki/Thelma_y_Louise

lunes, 14 de junio de 2010

treinta y tantos....

Acaba de ser mi cumpleaños y lo "he celebrado" en medio de una crisis existencial-profesional que me tiene cabizbaja desde hace un mes.
Por primera vez en años, me he planteado hacia donde voy y qué sentido tienen todas las cosas que estoy haciendo y las que he dejado de hacer. Me he preguntado mil veces si enterrarme en mi despacho gris, bajo la aburrida rutina diaria y vivir en medio de corbatas uniformadas y serias, tiene algún sentido. Si de verdad estoy creciendo como mujer y como madre mientras juego "a las oficinas" o simplemente he dejado pasar los años en busca de la oportunidad que no llega.

Día a día se me hace más pesado disfrazar mi alma para salir a buscarme el pan y añoro más tiempo en mi casa, con mis hijas, con mi amor, con los grupos de madres en los que mi actividad es siempre frenética.  Día a día, la jornada laboral me pesa como una losa y poca gente puede entender que teniendo un trabajo al lado de casa, bien pagado, con un horario flexible y en una compañía de alto renombre, lo quiera cambiar por otra cosa. Además, tengo que estar agradecida: este trabajo me ha permitido ser mamá casi a tiempo completo, disfrutar de los paseos buscando hormigas en el suelo y de ver las tardes caer a última hora en el colegio. Pero quiero más.

Ya lo sé. No se puede tener todo. Pero yo no sueño con grandes riquezas ni posesiones imposibles. Sueño con poder dedicarme a lo que me gusta. Sueño con seguir haciendo comunicación para organizaciones de mujeres y niños y poder sobrevivir con ello. Sueño con dedicarme 100% a los grupos de apoyo y crear espacios para madres en los que se comparta la crianza y la ilusión. Sueño con dejar los tacones y volver a ser yo, con mis vaqueros viejos y mis calcetines divertidos. Sin renunciar a mi vida, sin renunciar a mi familia, sin renunciar a mi sonrisa.

No hay forma. No veo la luz. Ya no sé quien soy y he llorado mucho en estos días. La única sensata es Piojilla, que esta mañana le decía muy convencida a un compañero del cole: ¿Sabes? Mi mamá no es doctora, pero es "ayudanta de tetitas".  Por lo menos ella, lo tiene claro.

:-(



martes, 8 de junio de 2010

Parir sin miedo, Parir con placer

A los once años, soñaba con parir. Tal vez porque me críe viendo embarazadas entrando y saliendo de mi casa, o porque muchas veces espíe a mi madre mientras charlaba con mujeres puérparas y sus niños recién nacidos a la teta. Las veía poderosas, femeninas, bellas.

Recuerdo que alguna vez, con esa edad, le comenté a mi mamá cómo quería que fuese mi parto: música suave, luz bajita y bañera grande. A ella le pareció una magnífica idea. Mi mente infantil imaginaba así, de forma instintiva, cómo me sentiría más a gusto en el día del nacimiento de mis futuros hijos.
Pocos años después, embarazada de mi pioja mayor, tuve la suerte de tener a mi lado la mejor doula, la mejor matrona, la mejor médica que pudiera tener cerca: Mi mamá.

Durante el embarazo, los "cursos de preparación al parto" que tuve consistieron en largas charlas sobre todos mis temores, mis ilusiones, mis ganas locas de ver nacer a mi bebé. Me puso vídeos y slides de partos felices en los que salían mujeres sonrientes y bebés acabaditos de salir del horno, sin bañar ni vestir, cogidos del pecho de mamá. Leí a Verny y "la vida secreta del niño antes de nacer", y me pasaba horas escuchando a Mozart y escribiendo un diario de "a bordo".

No había tenido la oportunidad de hablar con nadie de partos ni similares. Mi única experiencia en el tema había sido, meses antes, la cesárea de mi mejor amiga. Nunca hablamos de ella porque una vez que le pregunté me dijo que había sido horrible. Así que evité tocar el tema de nuevo. Mi cerebro estaba "virgen" de historias terroríficas y los libros sobre embarazo y nacimiento que habían en mi casa (y que me ocupé de escudriñar desde la infancia) hablaban sobre el parto "sin temor". Cuando alguna vez pregunté a mi madre sobre el dolor del parto, ella siempre me contestó que es una sensación de gran esfuerzo físico. Pero que no hay dolor.
Así pensaba que eran los partos.  Y con esa fe, sin miedo y absoluta confianza en mi cuerpo y en mi madre, llegó el día.

Mi embarazo fue complicado y sufrido. No dejé de vomitar ni un solo día. He de decir además que soy de las que me corto un dedo y llamo a la Cruz Roja. No soporto los dolores, no me gustan las heridas y lloro cuando me corto con un papel muy filo. Soy un poco llorona, sí.

Pero parí. Y cómo!! Había tenido contracciones durante todo el embarazo -durezas de tripa, les decía yo- y estuve en reposo absoluto con amenaza de parto prematuro. Mi única idea de "contracción" era esa; no asociaba "contracción - dolor". Nunca me dolió nada. Sólo aquella sensación de dureza.

El día "D", 2 días después de mi FPP, había sentido pequeñas contracciones de madrugada. Normalitas, pensaba. A las 5 me levanté con ganas de hacer pis, pero no salía nada. Pense que seguramente me había enfríado. Desperté a mi madre y le dije que tenía durezas de tripa muy seguidas. "Vamos a controlarlas" me dijo, pero a continuación se durmió. A las 6 volví a despertarla y esta vez, luego de cerciorarse de cuánto duraban y cada cuánto venían, me miró y con la serenidad de quien habla del clima me dijo: Estás de parto. Así me enteré de que había llegado el momento. Yo no me inmuté porque vi a mi madre tan tranquila que pensé que teníamos para largo. De hecho se lo pregunté y me dijo que seguramente hasta medio día no pasaría nada.

Estábamos cerca de la clínica, así que primero nos duchamos, desayunamos, contamos chistes y nos hicimos fotos. No había dolor. Pero sí una presión muy fuerte por dentro. Como si me estirasen de los brazos en direcciones opuestas. Era un poco molesto, pero nada más. En el taxi, sentí que la bebé se salía y que no podía controlarlo. 

Llegué a la clínica prácticamente en dilatación completa. Nunca me dolió nada; no sufrí, no sentí nada más que la presión esa. Sólo hubo un momento en que grité como una loca y me quise ir a mi casa: Con el único tacto que me hicieron.

Apenas terminó, la paz volvió y volví a mi planeta. Eran las 7:30 y seguía con la idea de que hasta medio día, nada. Entré en expulsivo. La sensación era tan placentera y me avergoncé un poco de sentir esas cosas en un momento tan importante. Estaba relajadísima... tanto que por un momento las contracciones pararon.
Copio y pego lo que escribí sobre ello:

Recuerdo que había allí un residente de 25 años, guapísimo, guapíiiiisimo (no le volví a ver, qué pena) y yo estaba en pleno expulsivo y pensando en el tío buenorro al mismo tiempo . Me dio hasta vergüenza en ese momento y pensé (jo!! pariendo y pensando en sexo! cómo se puede ser así?? cómo se puede sentir esto??) Y se me pararon las contracciones de repente. Este chico (que seguro fue el primer parto de su vida porque estaba más nervioso que yo), me trató como si fuera su novia y me decía "venga mi amor, falta poquito corazón", me cogía de la mano y me daba besitos en la frente ...fue súper cariñoso. Al pararse todo me empezó a hacer cosquillas en la barriga y las contracciones volvieron.

Tres pujos. Es extraño, pero hasta no empezar a pujar por tercera vez, no me di cuenta de que YA iba a nacer. Pensaba que estaría así, pujando toda la mañana y que hasta medio día no vería a mi bebé.
Pero cuando iba a pujar por tercera vez, mi madre sonriendo y todos tranquilos y espectantes (estaba el tocólogo, el residente guapo y mi madre), el médico me dijo: La próxima vez que tengas ganas de pujar, nacerá tu bebé. ¡Y entonces caí del guindo! ¡¡Mi bebé iba a nacer!!! Pujé con todo lo que me dio el cuerpo y sentí el suyo atravesarme, sin dolor, simplemente un esfuerzo extraordinario que me proporcionaba alivio. Placer.
Vi el reloj de la pared y eran las 7:45. La pusieron en mi pecho; había nacido y era maravillosa. La euforia que sentí no puedo describirla.

Disfrutar de esta forma un parto es posible ¿Suerte? No. Releyendo a Casilda y "Pariremos con Placer" y A Consuelo en "Parir sin Miedo", no puedo estar más de acuerdo con sus ideas. El parir es un acto sexual y disfrutarlo debería ser lo normal.

Tengo la certeza de que parí sin dolor porque parí sin miedo. Porque confíe en mi cuerpo y en mi madre. Porque no sólo no tenía ninguna idea preconcebida, sino que mis pensamientos, eran todos positivos. Dejaron que mi cuerpo actuase sólo y por eso pude soltarme absolutamente. Me trataron con cariño. Me acompañó mi madre con todo el amor del mundo, aquel agradable desconocido y un médico que supo respetar mi tiempos.  No tuve vías, cables, ni  nada que me impidiese moverme en libertad. Fui dueña de mi cuerpo.

Mi útero fue una medusa vibrando, mi vulva una flor abierta.

¿Es posible parir con placer? Sí. Si nos dejan.

Feliz Semana Mundial por un Parto Respetado
Feliz Día Mundial de los Derechos del Nacimiento
(un poco tarde, pero con el mismo cariño. Clau)

El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...