jueves, 3 de agosto de 2017

Gracias por tanto...

Puede sonar raro, pero soy una enamorada de las tetas. Y si me conoces, me habrás escuchado decir que si existe un dios, a lo mejor se llama Teta. Cuanto más conozco de su funcionamiento y todo lo que son capaces de hacer, más admiración tengo por su perfecta sincronía, por sus poderes curativos, por su increíble adaptabilidad, su vida interior, etc, etc, etc.... 

Piojilla 2006
Mis tres lactancias me han enseñado muchas cosas. Especialmente la lactancia de la Piojilla, en la que tuve tantas dificultades y que me salvó -literalmente- la vida.  Básicamente, si no hubiera buscado un porqué para aquella hipogalactia, me hubiera enterado en el hospital y de mala manera, de la enfermedad autoinmune que padezco. Y desde luego, me cambió la perspectiva de todo... jamás volví a decir que la que no da la teta es porque no quiere. 

Durante estos años dando la teta, con periodos de sequía por el tiempo que entre hijo e hijo se llevan, he visto cómo mi pecho ha hecho su función en tres etapas distintas. De la nada, leche. De la leche, vida. Salud. Mimos. Sueño. Amor. Y así como he atravesado periodos duros y difíciles, también he disfrutado enormemente del placer de amamantar. 

Mis tetas me han enseñado que nada es blanco o negro. Que es un milagro, y una demostración de poderío, el hecho de que las madres amamanten a pesar de los tantos obstáculos que nos ponen sanitarios sin formación en lactancia, compañías lácteas con agresivas campañas de marketing, entorno difícil y poquísimo apoyo social para algo tan hermoso como es alimentar a nuestra progenie.

He aprendido que a veces, un biberón puede salvar una lactancia. Que las madres no siempre se sienten apoyadas en los grupos de apoyo. Que antes de sentenciar una lactancia (o a una madre) tenemos que hacer el ejercicio de imaginar todos los posibles escenarios que puedan estar haciendo que esa madre quiera tirar la toalla. Ofrecer escucha y atender a lo que esa madre nos cuenta, no a lo que a nosotros nos parezca "exitoso". Si finalmente da la teta (o no) el mérito no es nuestro. Como bien dice mi querida Ibone, el pecho no es lo mejor y en lactancia a veces lo mejor es enemigo de lo bueno. 

Y luego, mi propia historia... los miles de recuerdos acumulados. Los instantes que no volverán. 
Hace tiempo vi una página americana que hacía joyas preciosas con leche materna. Parecerá una rareza... pero son tan bellas que me moría de ganas por tener una. Me parece precioso y símbolo de la maravilla que supone amamantar.
Encontré por casualidad que en España también se están haciendo... pero me temo que ya no podré acceder a ellas. Hace un tiempo que siento no tener leche, y no me atrevo a intentar extraerme porque me daría mucha pena si no sale nada; no sé si estimular el pecho solo para eso tenga sentido. Quizá sí?  Mi piojillo dice que sí, que sí tengo, pero creo que me lo dice por amor.  Y me dice que la leche sabe a mamá. He estado sacándome fotos con él para que algo quede, aunque no tenga nunca la joya anhelada. 

Y efectivamente e inevitablemente... todo llega a su fin. Este último hijo me ha dado la oportunidad de sanar muchas heridas en torno a mi lactancia anterior. Llegó sin avisar, dulce, regalándome momentos maravillosos. Con cuatro años y medio ya no mama a diario, ni mucho tiempo... ni siquiera sabe hacerlo como cuando era bebé. Ya no le hace falta para buscar consuelo, ni para conciliar el sueño y es casi anecdótico el que se ponga a la teta. Es cuestión de tiempo, muy poquito, hasta que ya no mame más. Son nuestras últimas veces. Nunca más amamantaré a un bebé mío. 

Y por eso este post. Porque mis tetas han sido sabias. Han hecho lo que tenían que hacer y vuelven a su ser, tranquilo y reposado. Ha sido hermoso y quería darles las gracias. 








miércoles, 2 de agosto de 2017

Duelo perinatal, leche materna y amor

Me ha llegado el texto de una madre que generosamente ha querido compartir su experiencia como donante de leche materna después de una muerte gestacional. 

En la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que este año tiene como lema: Construyendo alianzas para proteger la lactancia: por el bien común, sin conflictos de interés -"Juntos podemos hacer que la lactancia sea sostenible", me parece importante este testimonio para que se conozca que este tipo de donación es posible y que puede ser de ayuda en el duelo, especialmente si se cuenta con profesionales empáticos y respetuosos alrededor. Es un texto potente y lleno de amor que copio tal cual me ha sido enviado para no modificar ni el sentir ni el deseo de la madre al compartirlo. 
  
Gracias Paola por ponerme en contacto con esta madre. 
Y un millón de gracias Yessi por tu generosidad y amor. 


Al amor por el dolor…Mi experiencia de donar leche materna, tras la muerte gestacional de mi pequeño Miguel

Recuerdos de amor...
Nunca sabré cuándo el corazón de mi hijo dejó de latir en mi vientre.  Yo me alarmé aquél viernes 4 de noviembre por la noche, porque después de cenar no notaba sus movimientos y él cuando yo comía, se ponía muy contento.  Ya en el hospital, al que acudimos de urgencias, los médicos confirmaron que su pequeño corazoncito había dejado de latir con 34 semanas, seis días y 2.600 kg de peso, y mi vida se precipitó al vacío más aterrador y absoluto del cual aún hoy lucho por salir.  Verle fue un gran alivio… era perfecto. Tres malditas torsiones del cordón umbilical, imposibles de detectar, según la autopsia. Desde entonces hasta ahora, vivo en una pesadilla de la que tengo, de vez en cuando dulces despertares, gracias al amor de mi marido y mi otro hijo Juan Antonio, con quienes comparto lo bueno que tengo y con quienes me curo de lo que me hace daño.  Una mamá, que es todo corazón, llamada Cheli Blasco; me motivó a contar mi experiencia de donar la leche.   

En medio del dolor que suponía no tener a mi hijo con vida, tuve la noche de la vuelta a casa, tres días después del parto; una ingurgitación mamaria severa, pese a la medicación que se me había administrado para atenuar la bajada de la leche materna.   No sabía qué hacer, pues una solución era utilizar el sacaleches, pero se me aconsejó en el hospital, no estimular las mamas de ninguna manera. 

Durante el tiempo que estuve pensando qué hacer, vino a mi mente la posibilidad de donar la leche materna, si aún podía hacerlo.  Tenía dudas si habiendo tomado cabergolina, podría donar la leche.   Al ser víspera de festivo y de noche (8 de noviembre 2016) no pude obtener información telefónica para saber si podría donar la leche o no.   Aguanté la noche como pude con paracetamol y al día siguiente llamé al Hospital General de Collado Villalba y la persona que me atendió, se sorprendió que le preguntase por un Banco de Leche Materna.  Al final decidí ir con mi marido al Hospital donde había parido, para informarme sobre la donación y me orientaran qué hacer con las mamas.  Una matrona me ayudó a base paños fríos y calientes a reducir un poco el dolor y despejó mi duda sobre donar la leche, sí se podía!..   Contenta porque se podría aprovechar mi leche, continué en casa aliviándome con calor y frío y el jueves siguiente, llamé al Hospital 12 de Octubre, donde la Dra. Clara Alonso, responsable por entonces del Banco de Leche Materna, me orientó sobre mi petición y me citó para una entrevista al día siguiente.  Mi marido Antonio, me acompañó en todo momento y me apoyaba mucho.

La atención de la Doctora Alonso, fue muy amable, primero quiso hablar de lo sucedido con mi pequeño Miguel, fue muy cercana.  Le sorprendió que en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, nadie nos hubiese remitido a un grupo de duelo para padres, ni nos derivaran a ningún servicio psicológico de seguimiento.   Nos comentó su interés por informarse de las próximas sesiones en el Hospital Doce de octubre y que nos diría más adelante la forma de acceder a esta atención profesional tan necesaria en nuestro caso.  Posteriormente, nos contó cómo funcionaba la donación de leche materna y los requisitos que se debían reunir para ser donante.

Tras realizar la entrevista, se me practicó una analítica de sangre y se me explicó todos los pasos a seguir para una adecuada extracción de la leche para donar.   Ese mismo día, pese a que debía esperar para saber si era admitida como donante, se me indicó que podía empezar a sacarme la leche y almacenarla.  Para esto, se me facilitó todo el material necesario. 

A los pocos días, recibí una llamada de la Dra. Alonso comunicándome la admisión como donante.  También recibí en casa unos días después, una carta tipo donde se me comunicaba por escrito, dicha admisión, pero que por su contenido, era la misma que enviaban a madres con bebés nacidos vivos.  Este hecho no me afectó mucho, pero si fui consciente de ello y me entristeció un poco. Supuse que no era muy habitual, tener donantes de leche materna cuyo hijo hubiese fallecido. 

El proceso de extracción de la leche fue muy positivo para mí, mi entorno más cercano lo comprendía y me apoyaba.  Pese a ello, también hubo amistades que no lo entendían y consideraban que lo único que quería era recrearme en mi dolor.  Y sucedió, como casi siempre que tomo una decisión desde el corazón; todo lo contario.  Las extracciones de leche me daban una ocupación en mis días más tristes.   Me llenaba de esperanza saber que, si hacía todo correctamente, aquella leche iba a servir a muchos pequeñitos que por diversas razones no podían ser alimentados por sus mamás o necesitaban ayuda extra.  No sentía en ningún momento que confundiese las cosas, y tenía la certeza y la paz de que mi hijo Miguel estaba de acuerdo conmigo en aquel objetivo.

La entrega de biberones y la recogida de nuevo material, durante los casi dos meses que realicé la donación, fue siempre muy cómoda y no me importaba para nada la distancia de mi domicilio hasta el hospital, para hacerlo con gusto.  Algo muy positivo había en todo ese esfuerzo que me movía, me daba felicidad y sin saberlo, me ayudaba en mi duelo.  Desde el Banco de Leche, todo fueron siempre facilidades, incluso para aparcar el coche en la puerta, pues salía una profesional con un carrito a recoger la leche a pie de rampa en el Área Materno Infantil para que no tengas ni que bajarte del coche o te facilitaban un pequeño descuento en un aparcamiento cercano.   Todo se coordina telefónicamente y en función del número de biberones, podías llevarlos cada quince días.  

Decidí dejar de donar la leche materna cuando después de la primera regla del posparto, tuve una disminución importante en la cantidad de leche que me extraía y vi, con cierto malestar, que era el momento de dejarlo.  En el Banco de Leche, me habían dicho que el tiempo de donación era voluntario y que si no me encontraba cómoda o ya no quería hacerlo podría dejarlo cuando quisiese. 

De no haber disminuido de forma tan importante, la cantidad de leche, creo que hoy estaría donándola sin problema, pero éste hecho tan objetivo, me hizo darme cuenta que quizás mi cuerpo ya había cumplido su cometido natural.

Mi matrona, Pilar Toledano me ayudó mucho en este proceso, aplaudió mi decisión e incluso me fue comentando consulta tras consulta los beneficios para mi cuerpo y su recuperación, con la extracción de la leche.   Me comentó por ejemplo,  que al amamantar o extraer la leche se produce una liberación de oxitocina que ayuda a las contracciones del útero y a la estabilidad emocional, hay un menor sangrado durante el puerperio, la distención del útero se va reduciendo progresivamente y se previene un futuro cáncer de mama. 
Cuando tomé la decisión de dejarlo, mi matrona me aconsejó hacerlo poco a poco y fui paulatinamente reduciendo las extracciones diarias.  Cuando estuve preparada, coordiné la devolución del material y los últimos biberones con el Banco de Leche.   Como el día que disponía para entregar todo era víspera de festivo, tuve que ir al Área de Neonatos, porque el Banco estaba cerrado al público esa tarde.   Allí, la pediatra de guardia me atendió muy amablemente y recogió todo el material y la leche.  El destino quiso que ese día, viese con mis propios ojos a los beneficiarios de mi donación, pues tuve que atravesar un pasillo con diversas salas donde habían muchos bebés prematuros luchando por sus vidas. Al lado estaban padres y familiares con caras de esperanza y angustia que no olvidaré jamás.  
Estaré siempre agradecida a la Dra. Alonso del Banco de Leche del Hospital Doce de Octubre, a mi matrona Pilar Toledano del Centro de Salud Sierra de Guadarrama de Collado Villalba, a mi marido Antonio y a mi madre Carmencita, por sus cuidados en éste momento tan delicado de mi vida. También a mi hijo Juan Antonio, porque con sus tres añitos fue capaz de acompañarme sin drama, preguntar sin miedo…pintando a mi lado, cuando me extraía la leche para otros bebés que tenían que crecer.    


Según supe después, por una carta de agradecimiento, que me remitió el Banco de Leche; mi donación ha beneficiado a 22 bebés.  No sé, si por un día a todos o por varios días o quizás por unas horas… pero ha sido un regalo saberlo, un regalo con el que no contaba y que pude compartir con mi familia y mi pequeño angelito Miguel, leyéndole en silencio aquella noche, el cuento “Hermanos de Leche” cuando todos dormían, en ese momento especial donde nos abrazamos con el alma.

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Para saber más: 
DUELO Y  LACTANCIA

viernes, 24 de febrero de 2017

El amor maternal


Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a los brazos de nuestra madre y no separarnos más, tenga que ser discutido, debatido y puesto en duda. Que incluso profesionales de la salud pongan obstáculos y cuestionen el espacio sagrado del bebé y su madre, que se ofrezcan “nidos” como si fueran un lujo… cuando deberían estar prohibidos. Dice Michel Odent que cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión.

Peleemos a diario con el instinto de cuidar a la cría recién nacida, no vaya a ser que se acostumbre al amor. Dejémosle llorar para que ensanche sus pulmones (escuchado ayer mismo…). Oír que los bebés nos manipulan, nos toman el pelo. Que qué listo es… que solo quiere brazos.

Ya en el prólogo del maravilloso libro que tengo ahora mismo en las manos, El amor maternal, me encuentro esta frase contundente:

“Que alguien sea una gran persona, solo significa una cosa: Le han querido.” (1)

Así se resume la importancia del Amor Maternal en el desarrollo del cerebro humano y cómo afectará su carencia en la gestión de sus emociones cuando sea adulto.

El Amor Maternal, escrito por SueGerhardt, debería ser un libro de cabecera.  Leerse de forma obligatoria en las facultades de Ciencias de la Salud.  Ofrece un compendio de estudios y referencias de lo que es un secreto a voces: Los bebés necesitan ser amados. Porque ser amado y amar es no solo importante, sino definitivo para el ser humano que será el día de mañana ese bebé que hoy nace.

La madre pare, el  bebé llega al mundo y  en principio no tiene otra forma de comunicarse que el llanto (2). Su necesidad de ser atendido es vital. Vital quiere decir de vida o muerte. Porque el bebé nace absolutamente indefenso y vulnerable. Con un cuerpo que no conoce ni es capaz de mover a voluntad, con sensaciones que hasta ese momento no había experimentado como el hambre y el frío.  Sentir el abrazo de su madre, como lo único que reconoce seguro y   agradable, le da la oportunidad de ser bienvenido al mundo.

Pero no ocurre solo en ese momento… La personalidad de ese bebé se forma desde el embarazo y durante los primeros años de vida: su cerebro social adquiere forma y la respuesta al estrés  -al igual que su sistema inmunitario- desarrollan su potencial a partir de las relaciones que tiene con su entorno. Con su madre en primer término.

La importancia de atender el llanto del bebé, calmarle si está angustiado, ofrecerle un regazo cálido no son propios de “estilos de crianza” en particular, sino que tienen una base científica ampliamente estudiada: Hace mucho que se sabe y entiende lo perjudicial que el estrés puede ser para el cerebro del bebé. Sin embargo, siguen teniendo éxito métodos diversos de adiestramiento de las conductas puramente evolutivas como el dormir o el control de esfínteres.

Dejo aquí la entrevista que Eduard Punset realizó a la autora de El Amor Maternal  (primer vídeo de seis que pueden seguirse en Youtube) e invito a leer esta obra en su segunda edición, ampliada y revisada: El Amor Maternal. (3)




(1)    Prólogo de Steve Biddulph (psicólogo y autor de “El secreto del niño feliz”).

 3)   El amor Maternal. Sue Gerhardt. Segunda Edición. Editorial Eleftheria. 

jueves, 16 de febrero de 2017

"Ni un besito a la fuerza"

Ni un besito a la fuerza



Puedes decir NO
Aprovecho que me he ofrecido a realizar un pequeño taller y lectura de cuento en la clase de mi hijo pequeño para recomendaros la lectura de este libro. En él se trata un tema al que no hacemos mucho caso y que, en general, nos parece poco importante: El pedir a nuestros hijos dar besos aunque a ellos no les haga mínima gracia.

Desde que son bebés y cuando todavía no tienen sentido de la propiocepción, (de hecho, no saben ni que existen) pueden recibir con complacencia y alegría nuestras caricias y besos. Son sensaciones de bienestar y amor que se les transmite desde sus figuras de apego principales (normalmente, madre y padre, en ese orden), necesarias para su desarrollo emocional. Poco a poco empiezan a darse de cuenta de que es algo que ellos también pueden hacer y que reciben nuestros “vivas” y aplausos cuando logran tirar el primer besito en el aire.  

Hacia los 8-9 meses el bebé comienza a distinguir entre las personas de su entorno a los “conocidos” y “desconocidos”, y dentro de los conocidos, a quienes “le caen” mejor o peor por simple afinidad. Es entonces cuando empezamos a decirles a nuestros hijos cosas como “dale un besito a la tía/abuelo/vecina” y se producen los primeros rechazos por parte del bebé. ¿Qué hacemos? Normalmente insistir y forzar ese beso.

El contacto físico no deseado es un tema complejo de abordar con nuestros hijos, especialmente en una sociedad en la que se nos exige ciertas pautas de comportamiento social como saludar con dos besos a quienes nos visitan o al despedirnos.

A un niño (igual que a cualquier persona) le puede resultar muy violento tener que besar a quien no le apetece. Le ponemos en una situación incómoda y de rechazo cuando le insistimos en ello sin pensar en sus propios sentimientos. Es importante validar esos sentimientos, pero además, respetar su decisión si no desea tener contacto con alguien en particular, sea quien sea.  Como adultos nuestro deber es dar mensajes de que respetamos esa decisión, no ser invasivos (cuesta tanto no apretujar a un niño pequeño!! Son tan lindos!!... pero esta invasión satisface una necesidad del adulto, nunca del niño). En cambio, en muchas ocasiones podremos escuchar verdaderos chantajes como “si no me das un beso es que no me quieres” o “si no me das un beso, me enfado contigo”… etc etc. O incluso peor, de insulto al niño: “vaya niño mal educado”.

Respetar su espacio vital es un imperativo. Jamás acercarnos a besuquear/abrazar a ningún niño y mucho menos al niño ajeno sin su expreso consentimiento. Preguntar, incluso a los más pequeños. Esto, no solo refuerza su autoestima y le da una idea clara de que su cuerpo es suyo y de que él pone el límite, sino que le protege contra cualquier acción que atente su seguridad física y sexual. ¿Por qué hablar de abuso y su prevención en este contexto?  El abuso sexual sucede en el 80% de los casos en un entorno de cercanía con el menor. Que el niño/niña sepa decir NO y que no le gusta X situación, saber que puede contar con un adulto de su confianza, debería ser algo que fomentemos en su hogar.

Me parece importantísimo tratar este tema en las familias, en la escuela de nuestros hijos, en nuestros entornos de vida. Hablar de ello con sencillez pero con contundencia. Hay varios recursos en la red para hablar de ello y compartirlo.

Hace unos días, me llegó esta entrevista realizada a Pepa Horno, en el que trata el tema del abuso sexual Os la comparto AQUÍ.  

Y además, dos entrevistas que me hicieron en Radio Internacional (programa “Viva la educación” sobre Besos forzados – programa EDUCA 20170128 minuto 18.18 – y angustia de separación programa EDUCA 20170211, minuto 18.  

http://www.radiointernacional.es/programas/viva-la-educacion/


Más programas…

EDUCA 20170204 – minuto 27 (el cuidado de nuestro bebé por un tercero) 

viernes, 3 de febrero de 2017

La infancia dura diez años


Llevo rumiando este post por lo menos un año... Reflexionando en lo que significa el fin de la infancia y tratando de tapar el sol con un dedo. 

Mi piojilla cumplirá pronto once. Despierta su cuerpo de niña hacia la mujer que será. Aparecen dos botones en su pecho y su figura se alarga, como un cisne. La miro desde lejos y lo sé: La infancia dura diez años. 

Ya sus juegos no son los mismos y se aburre con aquellas cosas que antes tanto le gustaban. Sus juguetes van poco a poco siendo relegados. Su carta a los Reyes ya no pone las mismas cosas... 

La infancia dura diez años y no vuelve. El bebé se hace niño enseguida y sin darte cuenta, has dejado de dar teta, de llevar en brazos. No recuerdo cuándo fue la última vez que la llevé en mi amada bandolera verde ni cuando aprendió a bañarse sola. 

De repente los días se han juntado, uno detrás de otro y han dado paso a una niña grande. Cada instante me aleja más de la pequeña que aún me escribe cartas llenas de corazones, "mamá eres la mejor del mundo", que juega a las profesoras y sueña con ser bailarina. Cada momento me aleja más de mi bebé chiquita... 

Y no sé cómo me parecían tan eternos sus dos años. Sus miles de rabietas encendidas. No sé qué pasó ni en qué día resolvió no tirarse más al suelo para pedir las cosas. No apunté qué día fue el que aprendió a pedir las cosas por favor ni el instante en el que se convirtió en la niña discreta, tranquila y cariñosa que es. 

Y miro el futuro a conciencia. Sabiendo ya lo que me espera en la siguiente década. El dolor de que crezca junto a esa mezcla de orgullo y felicidad. Saber que es cuestión de días para no estar más dentro de sus planes, para parecer caduca con mis formas y mi música. Para dejar de ir de la mano a su lado. Dejar de ser su heroína y pasarme de un día al otro al bando de las brujas de los cuentos que antes leíamos.

Me inunda de preguntas que a veces no sé responder. Le sorprende y llena de ilusión cada cambio de su cuerpo. Hablando sin tapujos como hemos hecho siempre. Y su extrema sensibilidad y amor a la justicia la hacen vulnerable y fuerte a la vez. Se empieza a dar cuenta de lo difícil que es ser mujer en un mundo en el que empezando por sus propios amigos y terminando en la televisión y otros medios, se ríen de lo femenino. Y el miedo... la pérdida de la inocencia que supone entender el significado de las "malas palabras" que antes no eran nada. 

Quisiera no tener que ver cómo explota su burbuja de juegos y fantasía. No tener que ser testigo de esa metamorfosis que inevitablemente ocurrirá. Esconderme bajo una armadura para que no me duelan en el futuro sus reproches de adolescente. 

La infancia dura diez años. Me lo dicen sus zapatos que ya no se compran en la zona "niños"... su altura que se acerca cada día más a la mía, sin piedad y sin pausa. (Y no te he acunado suficiente hija. Tan poco, que el otro día me dijiste que te faltaban abrazos). Hace un tiempo una madre me preguntaba qué festejar... si Navidad o Reyes. Festéjalo todo, le dije. Hazle mil fiestas de cumpleaños. Porque en breve ya no tendrá la misma ilusión por aquel juguete que tanto pedía y escribirá diarios en los que tú ya no aparezcas. 

Tanto que nos preocupa que no se vaya nunca de nuestra cama. Que quiera ser llevado por siempre en brazos. Que las rabietas duren para siempre... Qué ilusos somos. Que nos creemos que la crianza está hecha de dogmas y que los hijos nos pertenecen. 

Y así, el tic tac inexorable suena en mi alma de madre y me hace un pequeño agujero en el corazón. Cuenta atrás para que su útero abra las alas, inunde de rojo su día y tenga que abrazar a mi niña por última vez.... 


Gracias por tanto...

Puede sonar raro, pero soy una enamorada de las tetas. Y si me conoces, me habrás escuchado decir que si existe un dios, a lo mejor se llam...