miércoles, 2 de agosto de 2017

Duelo perinatal, leche materna y amor

Me ha llegado el texto de una madre que generosamente ha querido compartir su experiencia como donante de leche materna después de una muerte gestacional. 

En la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que este año tiene como lema: Construyendo alianzas para proteger la lactancia: por el bien común, sin conflictos de interés -"Juntos podemos hacer que la lactancia sea sostenible", me parece importante este testimonio para que se conozca que este tipo de donación es posible y que puede ser de ayuda en el duelo, especialmente si se cuenta con profesionales empáticos y respetuosos alrededor. Es un texto potente y lleno de amor que copio tal cual me ha sido enviado para no modificar ni el sentir ni el deseo de la madre al compartirlo. 
  
Gracias Paola por ponerme en contacto con esta madre. 
Y un millón de gracias Yessi por tu generosidad y amor. 


Al amor por el dolor…Mi experiencia de donar leche materna, tras la muerte gestacional de mi pequeño Miguel

Recuerdos de amor...
Nunca sabré cuándo el corazón de mi hijo dejó de latir en mi vientre.  Yo me alarmé aquél viernes 4 de noviembre por la noche, porque después de cenar no notaba sus movimientos y él cuando yo comía, se ponía muy contento.  Ya en el hospital, al que acudimos de urgencias, los médicos confirmaron que su pequeño corazoncito había dejado de latir con 34 semanas, seis días y 2.600 kg de peso, y mi vida se precipitó al vacío más aterrador y absoluto del cual aún hoy lucho por salir.  Verle fue un gran alivio… era perfecto. Tres malditas torsiones del cordón umbilical, imposibles de detectar, según la autopsia. Desde entonces hasta ahora, vivo en una pesadilla de la que tengo, de vez en cuando dulces despertares, gracias al amor de mi marido y mi otro hijo Juan Antonio, con quienes comparto lo bueno que tengo y con quienes me curo de lo que me hace daño.  Una mamá, que es todo corazón, llamada Cheli Blasco; me motivó a contar mi experiencia de donar la leche.   

En medio del dolor que suponía no tener a mi hijo con vida, tuve la noche de la vuelta a casa, tres días después del parto; una ingurgitación mamaria severa, pese a la medicación que se me había administrado para atenuar la bajada de la leche materna.   No sabía qué hacer, pues una solución era utilizar el sacaleches, pero se me aconsejó en el hospital, no estimular las mamas de ninguna manera. 

Durante el tiempo que estuve pensando qué hacer, vino a mi mente la posibilidad de donar la leche materna, si aún podía hacerlo.  Tenía dudas si habiendo tomado cabergolina, podría donar la leche.   Al ser víspera de festivo y de noche (8 de noviembre 2016) no pude obtener información telefónica para saber si podría donar la leche o no.   Aguanté la noche como pude con paracetamol y al día siguiente llamé al Hospital General de Collado Villalba y la persona que me atendió, se sorprendió que le preguntase por un Banco de Leche Materna.  Al final decidí ir con mi marido al Hospital donde había parido, para informarme sobre la donación y me orientaran qué hacer con las mamas.  Una matrona me ayudó a base paños fríos y calientes a reducir un poco el dolor y despejó mi duda sobre donar la leche, sí se podía!..   Contenta porque se podría aprovechar mi leche, continué en casa aliviándome con calor y frío y el jueves siguiente, llamé al Hospital 12 de Octubre, donde la Dra. Clara Alonso, responsable por entonces del Banco de Leche Materna, me orientó sobre mi petición y me citó para una entrevista al día siguiente.  Mi marido Antonio, me acompañó en todo momento y me apoyaba mucho.

La atención de la Doctora Alonso, fue muy amable, primero quiso hablar de lo sucedido con mi pequeño Miguel, fue muy cercana.  Le sorprendió que en el Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda, nadie nos hubiese remitido a un grupo de duelo para padres, ni nos derivaran a ningún servicio psicológico de seguimiento.   Nos comentó su interés por informarse de las próximas sesiones en el Hospital Doce de octubre y que nos diría más adelante la forma de acceder a esta atención profesional tan necesaria en nuestro caso.  Posteriormente, nos contó cómo funcionaba la donación de leche materna y los requisitos que se debían reunir para ser donante.

Tras realizar la entrevista, se me practicó una analítica de sangre y se me explicó todos los pasos a seguir para una adecuada extracción de la leche para donar.   Ese mismo día, pese a que debía esperar para saber si era admitida como donante, se me indicó que podía empezar a sacarme la leche y almacenarla.  Para esto, se me facilitó todo el material necesario. 

A los pocos días, recibí una llamada de la Dra. Alonso comunicándome la admisión como donante.  También recibí en casa unos días después, una carta tipo donde se me comunicaba por escrito, dicha admisión, pero que por su contenido, era la misma que enviaban a madres con bebés nacidos vivos.  Este hecho no me afectó mucho, pero si fui consciente de ello y me entristeció un poco. Supuse que no era muy habitual, tener donantes de leche materna cuyo hijo hubiese fallecido. 

El proceso de extracción de la leche fue muy positivo para mí, mi entorno más cercano lo comprendía y me apoyaba.  Pese a ello, también hubo amistades que no lo entendían y consideraban que lo único que quería era recrearme en mi dolor.  Y sucedió, como casi siempre que tomo una decisión desde el corazón; todo lo contario.  Las extracciones de leche me daban una ocupación en mis días más tristes.   Me llenaba de esperanza saber que, si hacía todo correctamente, aquella leche iba a servir a muchos pequeñitos que por diversas razones no podían ser alimentados por sus mamás o necesitaban ayuda extra.  No sentía en ningún momento que confundiese las cosas, y tenía la certeza y la paz de que mi hijo Miguel estaba de acuerdo conmigo en aquel objetivo.

La entrega de biberones y la recogida de nuevo material, durante los casi dos meses que realicé la donación, fue siempre muy cómoda y no me importaba para nada la distancia de mi domicilio hasta el hospital, para hacerlo con gusto.  Algo muy positivo había en todo ese esfuerzo que me movía, me daba felicidad y sin saberlo, me ayudaba en mi duelo.  Desde el Banco de Leche, todo fueron siempre facilidades, incluso para aparcar el coche en la puerta, pues salía una profesional con un carrito a recoger la leche a pie de rampa en el Área Materno Infantil para que no tengas ni que bajarte del coche o te facilitaban un pequeño descuento en un aparcamiento cercano.   Todo se coordina telefónicamente y en función del número de biberones, podías llevarlos cada quince días.  

Decidí dejar de donar la leche materna cuando después de la primera regla del posparto, tuve una disminución importante en la cantidad de leche que me extraía y vi, con cierto malestar, que era el momento de dejarlo.  En el Banco de Leche, me habían dicho que el tiempo de donación era voluntario y que si no me encontraba cómoda o ya no quería hacerlo podría dejarlo cuando quisiese. 

De no haber disminuido de forma tan importante, la cantidad de leche, creo que hoy estaría donándola sin problema, pero éste hecho tan objetivo, me hizo darme cuenta que quizás mi cuerpo ya había cumplido su cometido natural.

Mi matrona, Pilar Toledano me ayudó mucho en este proceso, aplaudió mi decisión e incluso me fue comentando consulta tras consulta los beneficios para mi cuerpo y su recuperación, con la extracción de la leche.   Me comentó por ejemplo,  que al amamantar o extraer la leche se produce una liberación de oxitocina que ayuda a las contracciones del útero y a la estabilidad emocional, hay un menor sangrado durante el puerperio, la distención del útero se va reduciendo progresivamente y se previene un futuro cáncer de mama. 
Cuando tomé la decisión de dejarlo, mi matrona me aconsejó hacerlo poco a poco y fui paulatinamente reduciendo las extracciones diarias.  Cuando estuve preparada, coordiné la devolución del material y los últimos biberones con el Banco de Leche.   Como el día que disponía para entregar todo era víspera de festivo, tuve que ir al Área de Neonatos, porque el Banco estaba cerrado al público esa tarde.   Allí, la pediatra de guardia me atendió muy amablemente y recogió todo el material y la leche.  El destino quiso que ese día, viese con mis propios ojos a los beneficiarios de mi donación, pues tuve que atravesar un pasillo con diversas salas donde habían muchos bebés prematuros luchando por sus vidas. Al lado estaban padres y familiares con caras de esperanza y angustia que no olvidaré jamás.  
Estaré siempre agradecida a la Dra. Alonso del Banco de Leche del Hospital Doce de Octubre, a mi matrona Pilar Toledano del Centro de Salud Sierra de Guadarrama de Collado Villalba, a mi marido Antonio y a mi madre Carmencita, por sus cuidados en éste momento tan delicado de mi vida. También a mi hijo Juan Antonio, porque con sus tres añitos fue capaz de acompañarme sin drama, preguntar sin miedo…pintando a mi lado, cuando me extraía la leche para otros bebés que tenían que crecer.    


Según supe después, por una carta de agradecimiento, que me remitió el Banco de Leche; mi donación ha beneficiado a 22 bebés.  No sé, si por un día a todos o por varios días o quizás por unas horas… pero ha sido un regalo saberlo, un regalo con el que no contaba y que pude compartir con mi familia y mi pequeño angelito Miguel, leyéndole en silencio aquella noche, el cuento “Hermanos de Leche” cuando todos dormían, en ese momento especial donde nos abrazamos con el alma.

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Para saber más: 
DUELO Y  LACTANCIA

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