viernes, 24 de febrero de 2017

El amor maternal


Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a los brazos de nuestra madre y no separarnos más, tenga que ser discutido, debatido y puesto en duda. Que incluso profesionales de la salud pongan obstáculos y cuestionen el espacio sagrado del bebé y su madre, que se ofrezcan “nidos” como si fueran un lujo… cuando deberían estar prohibidos. Dice Michel Odent que cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión.

Peleemos a diario con el instinto de cuidar a la cría recién nacida, no vaya a ser que se acostumbre al amor. Dejémosle llorar para que ensanche sus pulmones (escuchado ayer mismo…). Oír que los bebés nos manipulan, nos toman el pelo. Que qué listo es… que solo quiere brazos.

Ya en el prólogo del maravilloso libro que tengo ahora mismo en las manos, El amor maternal, me encuentro esta frase contundente:

“Que alguien sea una gran persona, solo significa una cosa: Le han querido.” (1)

Así se resume la importancia del Amor Maternal en el desarrollo del cerebro humano y cómo afectará su carencia en la gestión de sus emociones cuando sea adulto.

El Amor Maternal, escrito por SueGerhardt, debería ser un libro de cabecera.  Leerse de forma obligatoria en las facultades de Ciencias de la Salud.  Ofrece un compendio de estudios y referencias de lo que es un secreto a voces: Los bebés necesitan ser amados. Porque ser amado y amar es no solo importante, sino definitivo para el ser humano que será el día de mañana ese bebé que hoy nace.

La madre pare, el  bebé llega al mundo y  en principio no tiene otra forma de comunicarse que el llanto (2). Su necesidad de ser atendido es vital. Vital quiere decir de vida o muerte. Porque el bebé nace absolutamente indefenso y vulnerable. Con un cuerpo que no conoce ni es capaz de mover a voluntad, con sensaciones que hasta ese momento no había experimentado como el hambre y el frío.  Sentir el abrazo de su madre, como lo único que reconoce seguro y   agradable, le da la oportunidad de ser bienvenido al mundo.

Pero no ocurre solo en ese momento… La personalidad de ese bebé se forma desde el embarazo y durante los primeros años de vida: su cerebro social adquiere forma y la respuesta al estrés  -al igual que su sistema inmunitario- desarrollan su potencial a partir de las relaciones que tiene con su entorno. Con su madre en primer término.

La importancia de atender el llanto del bebé, calmarle si está angustiado, ofrecerle un regazo cálido no son propios de “estilos de crianza” en particular, sino que tienen una base científica ampliamente estudiada: Hace mucho que se sabe y entiende lo perjudicial que el estrés puede ser para el cerebro del bebé. Sin embargo, siguen teniendo éxito métodos diversos de adiestramiento de las conductas puramente evolutivas como el dormir o el control de esfínteres.

Dejo aquí la entrevista que Eduard Punset realizó a la autora de El Amor Maternal  (primer vídeo de seis que pueden seguirse en Youtube) e invito a leer esta obra en su segunda edición, ampliada y revisada: El Amor Maternal. (3)




(1)    Prólogo de Steve Biddulph (psicólogo y autor de “El secreto del niño feliz”).

 3)   El amor Maternal. Sue Gerhardt. Segunda Edición. Editorial Eleftheria. 

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