jueves, 3 de febrero de 2011

Curiosidad por la muerte

Piojilla se muestra interesada por la muerte. Desde hace unos meses, y después de que falleciera el abuelo, nos ha hecho un montón de preguntas acerca de lo que significa morir y a dónde vamos.

No estamos muertos. Dice de repente. O "¿se va a morir?", cuando ve a alguien muy viejito o enfermo. No tiene todavía una idea exacta de lo que significa no vivir más, no existir.

Y sin embargo le inquieta.

Una noche vio una imagen en la televisión e intenté cambiarla antes de que pueda verla. Intento fallido. Me pidió que pusiera el mismo canal y no tuve más remedio que hacerlo; no quiero ocultar a mis hijas nada que de todas formas verán y de las que puedo explicar algo si estoy presente.

Era una escena de hospital en la que un hombre se despedía de su hijo y moría.

-Ha muerto? pregunta.
-Sí. Le digo yo.
-Y ahora ¿dónde está?

La pregunta me tomó por sorpresa, porque no sabía a qué se refería. Así que contesté torpemente "pues ahí... no le ves? está en la cama.

Y ella insiste: ¡¡Noooo!! ¿¿¿DÓNDE ESTÁ???

Entendí que se refería a su "ser". Que había dividido en su cabecita pequeña, sin que nadie le dijese nada, la idea de un ser corpóreo y otro... espiritual? o volátil... o algo.

Qué difícil. Qué difícil contestar a algo que no sabes y que no admite un "no sé" por respuesta.

- "Pues no lo sé... tal vez está por ahí, volando un rato" le dije, sin saber si estaba bien o no mi respuesta; si estaba libre de mis propios adoctrinamientos subconscientes o de verdad me creía que el espíritu salió volando.

Evité hablar de cielos (no creo en los infiernos, así que si hay que creer en algo, que todo sea bonito), que es la típica respuesta que se da a los niños cuando muere alguien, porque no quiero criar en el temor de ser "bueno" o "malo" (¿y según la vara de quién?).

Así que quedó coja mi respuesta, a falta de más sustancia y de una mejor explicación.

Pero fue todavía más difícil contestar a la curiosidad por su propia muerte. Fue duro porque me obliga a reconocer que el final nos llegará a todos; incluso a ella, algún día.

- ¿Me voy a morir un día, mamá?
- Pues... un día, todos moriremos; sí.
- Y yo?
- Pues sí hijita, también...
- Y ¿cuándo?
Trago saliva. No puedo ni imaginármelo. Ni quiero. Creo que ni siquiera debo.
- Pues eso nunca se sabe Pioji…
Callo y espero. Ya no pregunta nada.

Tabú invencible y doloroso. La muerte. No puedo contestar más a sus preguntas sin cuestionarme yo misma. No sé hacerlo. No sé a dónde vamos, si vamos a algún sitio...

¿Lo sabe alguien con certeza?



4 comentarios:

Myriam dijo...

En efecto nadie lo sabe, no podemos saber gran cosa sobre esto,por que nadie regresó para contarnos.
Yo le explique a mi hijo cuando me preguntó por ello, que todos moriamos y que habia diferentes motivos por los que lo haciamos y eso parece que le calmó un poco la duda, aunque tuve que ponerle un monton de ejemplos para que no confundiera dormir con morir, pelo cano con vejez, catarro con enfermedad mortal...:
"- se puede morir por una enfermedad muy grave, tan grave que los medicos no puedan curarnos.
Pero no te preocupes.
-Se puede morir por un accidente que nos haga tano, tanto daño, que no nos puedan curar.
-se puede morir de viejito, que es lo mas habitual y eso pasa cuando ya has vivido tantos,tantos años, que al cuerpo ya no le quedan pilas, ya esta desgastado."

No es faciñ hablarles de esto por que significa pensar en la posibilidad y eso es terriblemente doloroso y por que no queremos generarles miedos,ni que pasen un mal rato, pero como es una realidad enherente a los seres vivos, lo mejor que podemos hacer es ser sinceras y explicarles de la manera mas sencilla y natural posible....
Un abrazo.

Gema dijo...

Ay!!!! Gran dilema.

Por si te consuela, desde la perspectiva cristiana, no hay infierno. La muerte es solo un proceso por el cual descansamos hasta el regreso de Jesucristo, donde se realizará la selección final. Estamos acostumbrados a decirles a los niños que los seres queridos que mueren se van al cielo. En el cielo de momento, no hay nadie más que el Padre, el hijo y el Espíritu Santo. Solo estamos dormidos hasta que nos llegue el momento de regresar a un paraíso maravilloso sin dolor ni sufrimiento, con amor y alegría, sin guerras, sin hambre ni enfermedad y sin muerte.
Es inevitable que un día nos preguntan, y ¡que suerte que nos pregunten! Ellos aun viven en la inocencia y con sus inquietudes, buscando respuestas. A muchos de nosotros se nos fueron las inquietudes y pobres de los que no se pregunten por la muerte, por qué sucederá tras ella...Los niños lo pasan mal cuando oyen de infiernos y de ser buenos o malos, como dices. Simplemente se trata de ser felices haciendo feliz a la gente, sin pedir nada a cambio.

Bueno, es mi punto de vista, los mayores han vivido recientemente la muerte de una primita sin apenas nacer y nos pensábamos que por lo menos los mayores iban a preguntar de nuevo, pues son muy filosóficos, pero abordaron la crisis con gran madurez. Nos preguntaron que porqué llorábamos, y lo único que dijimos es que se llora porque hasta que llegue el momento del despertar, estaremos sin los que más queremos, pero sus memorias perduran en nosotros y tenemos que sentirnos felices cuando les recordamos, porque un día les volveremos a ver.

Clau707 dijo...

Bueno, Gemma, desde la perspectiva Católica será... porque no todos los cristianos tienen esa misma visión.
Yo me niego a adoctrinar. No puedo contarle cosas de las que no estoy segura o que no tienen nada que ver con mi fe.
Porque además, cada niño tendrá respuestas diferentes en su casa. Ninguna es la mejor, ni la verdadera... es imposible saber eso. Sólo sabemos que el cuerpo se queda inerte y termina convirtiéndose en polvo; nada más.
El resto, son suposiciones y cuestión de la fe de cada uno, me temo.
claudia.

pepeV dijo...

Bueno pero siempre podrás contarle lo que tu piensas, según tu fé o lo que sea, no es adoctrinar si no lo pones como verdad absoluta y le dices que tiene que creer eso.

La realidad es esa; nadie lo sabe con certeza, pero muchas personas piensan cosas diferentes, mamá y papá incluidos. Yo espero poder hablar con mi hija acerca de mis reflexiones sobre la muerte y otros asuntos sin temor a adoctrinarla, simplemente con ganas de compartir mis ideas en libertad con ella. Aunque claro a lo mejor tiene que ser algo mas mayor...

Creo que sería un bonito proyecto, investigar las diferentes creencias que diferentes religiones y pueblos tienen acerca de la muerte; llegado el momento.

besos

Niños

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