miércoles, 19 de diciembre de 2012

Habemus piojillo - parte dos

Parte dos. ¿¿Y ahora qué??

Las siete. Llevaba una hora así... No tenía nada preparado excepto mi caja "kit de parto", regalo recibido pocos días antes, pero no importaba. No se necesitaba mucho más. Estaba eufórica y decidí que era el momento de llamar a mi matrona.

Mi primera opción, un parto en casa, había sido muy meditada. Pensé muchísimo antes de elegir a la matrona que deseaba que atendiese mi parto. Cuando la encontré y hablamos por primera vez, le dije que mi elección se basaba no sólo en otras experiencias maternas y el "buen rollismo" que podía haber entre nosotras, sino en que consideraba que ella era la persona que podía entender a una parturienta como yo: "cerebral y sin misticismos". Por eso, no quería sustituciones. Quería estar segura de que pasara lo que pasara, ella sería quien me acompañara. Así lo pactamos.

Mi segunda opción era parir en un hospital público, y que si se daba el caso de un traslado, hacerlo a este hospital elegido. Pero por varios motivos no pude hacer la canalización a tiempo y en las últimas consultas con la ginecóloga ésta no se había presentado por estar en huelga... No pude hacer el trámite y mi próxima cita estaba prevista para el 17. Sabía que podía, en todo caso, llegar "de urgencia". Pero mi temor a ser derivada al hospital que me correspondía era inmenso. Organización, método... Quería tener todo "cuadrado" antes del gran día; me quedaban tres semanas...

No hubo tiempo. Después de la gran fiesta de bendición de mi parto, donde al menos 30 mujeres se citaron para darme una sorpresa maravillosa... la oxitocina pudo más. Fueron cientas mis lágrimas de emoción ante tanto amor recibido. Y después de esa noche de abrazos y palabras cariñosas, liberada de las penas de los últimos días... mi cuerpo dijo basta y me abrí como una flor.

Las siete. Estaba muy tranquila y feliz, pensando en lo bien que me sentía, en lo poco que quedaba... dictando a mi hija mayor entre contracción y contracción las cosas pendientes de la semana para que pudiera echarme una mano. Me duché y me arreglé un poco. Quería fotos bonitas. Pedí a Papá Conejo que trajera un par de cosas de la vieja casa. Cogí el teléfono y marqué el número confiada. Hola!!! Siento interrumpir tu sueño, pero tengo contracciones cada siete minutos, bolsa fisurada y aguas claras, tapón expulsado... estoy de parto. 

- Vale. Pero tenemos un problema. Estoy en Bilbao.

De repente todas mis opciones se desvanecieron. A punto de parir, no tenía matrona, ni hospital ni nada.  Me sentí absolutamente abandonada y furiosa. ¿Cómo podía pasarme esto?
Necesitaba pensar con la cabeza fría... Necesitaba sentirme cuidada... Y empezar a decidir entre las posibles opciones. "te llamo en diez minutos, voy a pensar qué hacer", le dije y colgué...


PARTE TRES

11 comentarios:

Opiniones incorrectas dijo...

¡Qué ganas de leer el desenlace!

Esa niña que vive dentro de mi dijo...

¡No, hombre, no, Claudia!. ¡No nos dejes así!. ¿Qué ocurrió al final?. Espero que todo resultase genial y lo más parecido a lo que soñabas, porque la verdad es que vaya tela el imprevisto, que no ha sido cualquier cosa...

Un beso

Irene dijo...

Cómo? quiero saberrr!!! acá sigo, esperando la parte 3.
Abrazo grande!!!

GLORIA dijo...

Qué ya no me quedan uñas........jajajajaja espero ansionsa a tercera parte... Besos

Gema dijo...

Oh Dios, es como una telenovela. Yo conozco a una que andaba por esos lares entonces...ay que ganas de tercera parte.

Maximoto dijo...

Aaaayyyy, qué ganas de leer el final ....

Claudia dijo...

Gema, pero yo no quería a otra...

madre estresada dijo...

amos po dior !!! cómo duermo yo ahora ???? nos has dejado de piedra

Inma T.Guijarro dijo...

Aaahhhh casi me da un síncope... quedo expectante...

Anónimo dijo...

estamos en ascuasssss

Anónimo dijo...

nooooo el restooo el restooooo!!!

El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...