miércoles, 3 de agosto de 2016

Mi Santo


La primera vez que escuché decir “mi santo” para referirse  a la pareja de una, me pareció una exageración. Era una amiga centroamericana que hablaba sin parar y a mil por hora. Sus relatos, con su santo de protagonista, me parecían divertidos e histriónicos.

Años después, cuando la vida me dejó toparme con el mío, sentí que el sobrenombre le iba como anillo al dedo… me lo callé porque pensé que era el enamoramiento que me cegaba y que pronto “la realidad” saldría a la luz y sería un hombre normalito, como tantos con los que me había cruzado. Pero ahora,  incluso son mis amigas las que se refieren a él de esa forma. “Es que es un santo”. Y yo les digo medio en broma (aunque me lo estoy pensando), que si de verdad lo piensan, voy a ponerle un altar en la casa nueva con una hucha para las dádivas. Nos vamos a forrar.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, escucho de fondo el sonido de las risas –y peleas- de mis hijos jugando en el jardín y el taladro con el que mi chico le está dando forma a mis ideas.  Él es así.
Bajo a verle y ahí está, ya que pinta, que pica, que mide… ¿Amor, esto te gusta así? ¿Y si ponemos un cristal para que deje pasar la luz?  (Nunca me llama por mi nombre, de tal forma que cuando me dice “Claudia” me suena a que no me llamo así).  Y yo, cual experta en el tema debato y decido los cambios. Pero en realidad no sé nada, solo he bajado a verle. Como si tuviera quince años.

Van pasando los años y me es inevitable sentirme cada día más enamorada, sentir cada día más admiración y respeto por él. Por el ser humano increíble que es, por cada uno de los “te quieros” que me deja desparramados por la casa con sus acciones, como levantarse sin hacer ruido nunca y vestirse en la ducha para no despertarme, o salir de la cama a las 7 de la mañana un día de vacaciones, como hoy, para adelantar la obra en la que le he metido, una vez más.

Él, sinónimo de abnegación y templanza. Es reservado, tranquilo, paciente…  el complemento perfecto para quien, como yo, no tiene esas virtudes.  Y al mismo tiempo, igual de apasionado, práctico, terrenal y simple que yo.  ¡Y nos peleamos! ¡Por supuesto!  A diario también. Pero nuestras broncas son tan domésticas y claras que es muy sencillo olvidarlas. Nos vamos a la cama siempre en paz, en un pacto no formulado nunca, y dormimos como cucharas aunque estemos a 39 grados.

El otro día mientras íbamos en coche, le leí un artículo de El País sobre las bases del amor. Era un artículo simple pero con el que estuvimos ambos de acuerdo y debatimos lárgamente. Aunque el amor es mucho más complejo, estoy absolutamente convencida de que el respeto y la admiración debe ser mutua para seguir construyendo y encontrando en el otro la chispa (todas las chispas). Y yo me siento profundamente amada.

No cuento todo esto por ñoña. Es que hace dos días llamó mi suegra. Es una mujer pequeñita y morena, que como él, no hace ruido.  Aunque ya está jubilada, dedicó su vida a formar grupos de mujeres, a liderar espacios para madres (llamados allí “clubes de madres”), premiada hace unos años por su trabajo en ese campo como concejala. Matrona,  madre de cuatro de los que tres nacieron en su casa, ha tenido una vida muy activa en torno la participación de las mujeres en su comunidad.  De esa madre, este hijo. Y de su padre. Hombre amable y educadísimo que no solo apoyó a mi suegra en cuanto proyecto ideó, sino que fue por sí mismo gran autodidacta, líder en su pueblo y muy reconocido y querido por todos.

Hablé con ella unos minutos, recordando a mi queridísimo suegro que murió hace 6 años en estas fechas. Le contaba cómo, al despedirnos antes de subir al avión, me dijo: “Cuida de H. Te estás llevando al mejor de mis hijos”.  

Y ella contestó: Sí… mi hijo es extraordinario.


Señora. Solo quería contestarle como el asunto merecía.  Creo que se ha quedado usted corta.  
Pero como mínimo, extraordinario. Sí. 

3 comentarios:

Claudia Pinto dijo...

Querida Clau, que forma más hermosa de honrar a tu esposo. Es tan cierto lo que dices con relación al amor. La vida en pareja no es una taza de leche, lo importante es salir adelante juntos sobre la base del amor, el respeto, la admiración del uno hacia el otro. Me encantó tu artículo, tanto, que no pude dejar de leerlo hasta llegar al final. Tu tocaya Claudia P.

Claudia Pinto dijo...

Querida Clau, que forma más hermosa de honrar a tu esposo. Es tan cierto lo que dices con relación al amor. La vida en pareja no es una taza de leche, lo importante es salir adelante juntos sobre la base del amor, el respeto, la admiración del uno hacia el otro. Me encantó tu artículo, tanto, que no pude dejar de leerlo hasta llegar al final. Tu tocaya Claudia P.

Claudia dijo...

Gracias Tocaya!

Como bien dices, nada es una taza de leche. Pero donde hay respeto, florece todo. Un abrazo grande desde estas tierras!

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Mi pequeño. Mi dulce amor, bebé hecho de dulce y besos de azúcar. Cinco años que han volado y casi no puedo creerlo. Como si hubiera sido...