miércoles, 13 de mayo de 2009

Semana mundial por un parto respetado

Este año, la semana mundial por un parto respetado tiene el lema: Por la urgente disminución de las cesáreas innecesarias. Aunque las recomendaciones de la OMS hablan de que no debería existir un índice mayor al 10-15 % de cesáreas, la triste realidad es que en la gran mayoría de los centros de España no se respetan esas tasas y en algunos casos, como el de Puerto Llano, éste índice alcanza hasta un 55%.

¿No sabemos parir? ¿Estamos mal diseñadas? ¿En qué sitio está escondida la ética profesional de aquellos que realizan cesáreas a conveniencia, por no coincidir con una fiesta, por ahorrarse tiempo y esperas molestas, por curarse en salud ante una demanda..? ¿Por qué las mujeres permitimos que se nos atemorice, y se nos sentencie: después de una cesárea, cesárea; el niño viene demasiado grande; no aguantarás el parto; los niños de cesárea sufren menos (?¿?¿); el cordón es corto; el cordón es largo; tu útero es fino; viene de nalgas (y estás en la semana 32...) y así... cada vez más razones - ¿debería de decir excusas?- para abrir, cortar, sacar, extraer, quitar, robar un momento mágico para los dos.

Que no se me mal entienda. No estoy en contra de las cesáreas. Estupenda forma de nacer cuando es LA ALTERNATIVA; cuando las razones son válidas y resulte ser la mejor opción, médicamente hablando, para madre e hijo. Razones reales. Pero no lo que sucede por estos (y otros) lares. Sino, que alguien me explique cómo puede llegarse a practicar esta intervención a tantas las mujeres que ingresan con una labor de parto normal y que no sea noticia.

Tampoco entiendo las cesáreas programadas a gusto del cliente (perdón, debería decir paciente). No me explico que una mujer pueda decidir somerterse a una cirugía mayor abdominal por comodidad (?¿?¿), por miedo al dolor ( más ?¿?¿), por estética (!!!!) y poner la vida de su hijo -ya que la suya da igual, parece- en un riesgo innecesario.

Termino este post con un recuerdo de mi infancia. Cuando mi madre, que entonces preparaba mujeres para que vivan un parto sin temor, protestaba cada vez que se enteraba de que a alguna de sus pacientes le habían "nacido" al hijo sin motivo. ¡¡Esto es como arar en mar!! Mercaderes!!! Carniceros!!! gritaba ya a solas en casa.

Yo entonces no entendía su enojo. Hoy, lo hago mío.






Dejo aquí, después de este grito furioso, el hermoso vídeo que mi amiga Sol nos regaló hace un tiempo. Es un homenaje a las madres, valientes y escépticas de aquellas predicciones nefastas. Gracias Sol.



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