jueves, 29 de octubre de 2009

Maltrato y Violencias

Hace unos días en el encuentro de octubre de Entre Mamás, tuvimos la oportunidad de contar con Pepa Horno, responsable de violencia contra la infancia de Save the Children.
Fue un debate intenso y participativo en el que los papás y mamás que allí se encontraban preguntaron, asintieron y en algún caso, rebatieron el discurso. No sólo hablamos de violencia y maltrato, sino también de apego, de relaciones con los abuelos, nuestras propias relaciones afectivas.

Resumo algunas de las conclusiones más importantes:
¿Por qué maltratamos? Esencialmente porque podemos. Maltratamos porque tenemos una relación en la que podemos ejercer algún tipo de poder y podemos aprovechar de ella. Maltratamos cuando queremos que una persona haga algo en nuestro beneficio y utilizamos el amor (el que nos tiene la víctima) como arma de sumisión. Podemos aprovechar del amor para lograr manipular a nuestra conveniencia; usar el chantaje emocional que es también otro tipo de violencia.

Cuando decimos a nuestros hijos: Pórtate bien y te daré una chuche... O, si no te portas bien no te la doy. Si me quieres, no harás eso. No me quieres, por eso lloras... Estamos siendo violentos, manipulando sus deseos, sus miedos, su amor por nosotros.
La violencia es global. Se utiliza las mismas formas de coacción en todas partes, sin importar las latitudes. Justificamos el maltrato porque nunca lo vemos desde el punto de vista del que lo sufre, sino desde el punto de vista del que lo ejerce. El cachete es el último recurso de quien se quedó sin argumentos; sirve de descarga personal, pero no enseña nada. No deja nada positivo y menoscaba la relación entre los padres y el hijo.

Que es importante para la madre/padre tener un espacio personal que le permita seguir creciendo y seguir desarrollando alguna actividad que le haga feliz, para no agobiarse con la crianza y terminar "superado": 24 horas de criar a un niño pueden ser muy cansadas. (Al respecto, apunto yo, también habla Jean Liedloff en el Concepto del Continuum). Y bueno, algo me gustó mucho -más viniendo de una experta en el tema como es ella- es que nos cuente que aunque todo esto lleva estudiándolo muchos años; dando talleres por todo el mundo y revisando teorías y datos... sólo cuando fue madre pudo trasladar lo aprendido a la vivencia diaria y todos los conocimientos cobraron una nueva dimensión. Que ser madre le había supuesto un paso adelante y la apertura hacia una visión diferente de la realidad.


Y desde aquí, mis propios comentarios sobre el tema:

Las palabras violencia, maltrato, no se refieren sólo al castigo físico. La humillación verbal es también dolorosa y con el agravante de que tarda más tiempo en curar. Deja cicatrices eternas, angustia, baja autoestima... decir a un niño "eres tonto", puede que no parezca tan grave como verdaderamente es: debería compararse al hacer un agujero en la pared, que aunque se rellene o se arregle, jamás queda igual: las marcas quedan.
E. Punset decía hace unos días en su blog que Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto algo que está científicamente comprobado, por lo visto. Si tratamos con esmero las relaciones de pareja, si se hacen terapias para buscar soluciones a los problemas de comunicación entre un hombre y una mujer... porqué con los hijos es diferente? ¿por qué siempre tenemos la razón?
¿Por qué si vemos en la calle un hombre/mujer, pegando a su pareja, somos capaces de llamar a la policía o entregar nuestro pecho (salen luego los héroes en la tele) para evitar el maltrato y luego no somos capaces de reaccionar si vemos un padre/madre pegando a su hijo? Por qué está socialmente aceptado el "cachete pedagógico" (qué horror de nombre) aunque la ley lo prohiba?

Pero voy aún más allá: ¿no son los castigos una forma de maltrato? ¿No es una forma de ejercer un poder vertical? ¿De aprovechar nuestra "autoridad" sobre el hijo? No es la autoridad moral - esa coherencia entre el hacer, el decir y el ser, como me enseñaban los curas en el cole - más importante que el autoritarismo ligado al miedo y no al respeto?
Esos límites que tanto nos aconsejan a las madres que "debemos imponer" y de los que se habla tanto, no serían mejor entendidos desde el buen ejemplo que ofrezcamos? desde la confianza mutua y no desde la imposición sin sentido?
¿Que deseamos verdaderamente para nuestros hijos? ¿Que obedezcan porque "lo digo yo" o que vayan creando conciencia desde pequeños entre lo bueno y lo malo?
El debate podría ser infinito... y personalmente, me queda un largo camino que recorrer, muchísimo para seguir aprendiendo... Con Piojilla, lo tengo clarísimo. Pero con Pioja, me cuesta. Me ocurre que la veo tan mayor que sobreestimo su capacidad de razonar y a veces, muchas más de las que quisiera, se me olvidan mis 14 años...

Os copio este link (recogido por Adivina cuánto te quiero) desde el que se pueden seguir extrayendo bases de análisis y comentarios sobre castigos y castiguitos: otra forma de violencia, lo querramos ver o no. Aletha Soler nos habla del "tiempo fuera"... un inocente castigo que se usa con mucha frecuencia en las escuelas:
foto: Anuncio de la Juvenile Protective Association en una campaña para generar conciencia sobre las profundas heridas psicológicas que deja el abuso verbal. (Fuente: Delyrarte.) (del blog de E. Punset)

martes, 20 de octubre de 2009

cumple con mariachis

Habíamos estado planeando la fiesta por lo menos unas dos semanas. Queríamos algo especial y emocionante. Que no esperase nada y se sorprenda de verdad...
Así que este año hemos festejado el cumpleaños de mi papá con una fiesta con mariachis incluidos. Queríamos que tenga cerca a la gente que aprecia y por eso llamamos a una pareja de amigos suyos que llegaron desde Sevilla exclusivamente para la fiesta.

Hemos aparecido en su casa por sorpresa, con los charros por delante y toda la comitiva festejadora detrás, animando, dando vivas y abrazando al cumpleañero.
Decidimos festejar una noche antes para que sea realmente una sorpresa. Meditamos cada paso para que no nos "pille", cronometrando cada entrada y cada salida de su casa y fingiendo estar todos muy ocupados cada uno con sus cosas. Pero no...
Tocamos el timbre. Mi hermano tenía la cámara lista y al grito de Venga Marichiiiiiiiiiiiiis!!! (yo misma, a voz en cuello) comenzaron a tocar las mañanitas ante el ojiplático de mi papá, que abría la puerta. Mi mamá estaba súper contenta y se había cuidado mucho de no dar ninguna pista, pero al mismo tiempo había preparado en la clandestinidad una variedad de tapas y salsas que fuimos sacando de su escondrijo.

Bailamos, reímos, cantamos... hasta pasada la media noche, que sopló las velas de sus tres "ensaimadas cumpleañeras" (regalo de una gran amiga mallorquina que no pudo llegar a Madrid). Mi papá se emocionó muchísimo y aguantó las lágrimas todo lo que pudo (algunas se le escaparon, qué gustito llorar por estas cosas) y a nosotros también de verle tan feliz.
Pusimos la guinda del pastel al día siguiente, con unas "salteñas" que mi cuñada y mi madre hicieron para el almuerzo del domingo, recordando así también nuestra querida y lejana Sucre. Un cumple feliz.

Papito querido, espero que haya sido un día hermoso y que recuerdes siempre con cariño este día. Te quiero.

domingo, 11 de octubre de 2009

Llantinas

Hace un año mi madre intentaba consolarme cada vez que la Piojilla tenía una rabieta y yo un casi-colapso nervioso. Me decía que los niños son así, que es una fase, una etapa hacia su propia identidad. Siempre lo entendí así y, a pesar de que los ejercicios de paciencia nunca han sido bastantes, estaba "preparada" para la etapa rabietil.

Pero mi madre también me dijo algo que sólo ahora tomo en cuenta: Cuando se le pase la edad de las rabietas, llegará la edad "de las llantinas". Esta es una etapa que no todos los niños pasan; o que algunos viven como una mezcla de "rabietas + llanto" y muy pocos, como si no pasara nada. Suele coincidir con la entrada en el cole, la llegada de un hermano, el cambio de casa... es decir, con pequeñas crisis de existencia.

Cuando nació mi sobrinito, hace dos meses, Piojilla no le hizo mucho caso, intentó ignorarlo. Pero como el bebé vino para quedarse, se sintió celosa - aunque disimulaba bien los primeros días - y comenzó a llorar ante cualquier tipo de frustración, real o imaginaria. Yo pensaba que era cuestión de días, o semanas.... pero después de dos meses de haber nacido el pequeñín, creo que puedo afirmar que hemos entrado con los dos pies y de forma rotunda a la etapa de "las llantinas".

La diferencia entre rabietas y llanto es casi imperceptible, aunque las mamás que tengan un hijito que haya pasado ambas "etapas" creo que entenderán perfectamente cuál es. La rabieta es fuerza y vigor. Puede durar mucho tiempo (aunque dure 2 minutos, siempre parece más larga) y cuando pasa, da la impresión de que el niño se ha descargado y vuelve a estar contento. El llanto es un sonido eterno, no siempre acompañado de lágrimas. Parece que "hablan" llorando y que lloran por todo, enlazando causas y sin dejar apenas tiempo entre un llanto y otro:

Quiero agua; en ese vaso no, en el mío; agua fría; no está fría, está caliente. Del grifo no; no me gusta: de la jarra, de esa jarra nooooo. Hazme un dibujo, así no, más pequeño, más grande, más bonito, más arriba, yo queriba un perrito pequeño, no, más pequeño..... así hasta el infinito, en el mismo tono lastimero.

La diferencia está en que el llanto constante es también mucho más agotador que la rabieta. Y que muchas veces es un reflejo de nuestro estado de ánimo, de nuestra situación en casa, de los cambios que hay y de cómo reaccionamos ante esas lágrimas. A la piojilla le ha sentado fatal dejar de ser "la pequeña" de la familia... me pide que no coja al bebé, que no le hable, que le coja a ella. De repente se ha vuelto bebé también y cuando le pregunto qué quiere, qué necesita, me dice muy claramente: "quiero mamá" en un lenguaje y tono de bebé chiquitina.
Esta situación se repite cada vez que hay otro niño más pequeño que ella, pero siempre y cuando YO ESTÉ PRESENTE (o papá, con menos frecuencia). Si Piojilla está en el cole, con otros adultos, pues está más fresca que un limón y es la niña más tranquila del mundo. No sólo no llora, no gimotea, sino que se comporta como toda una niña-mayor (¿existe eso?), habla con absoluta propiedad y dice hasta "por favor y gracias". Alucino.

Creo que con toda esta explicación queda más que claro -me sirve para mi propio análisis también- que la necesidad de la Pioji soy yo y que tiene pocas ganas de dejar de ser "mi bebé", aunque la talla de los vaqueros y su andar de niña, griten lo contrario. Que tengo que armarme de (más) paciencia y abrazar más, acompañar más, jugar más... Más, Más, Más.

Suspiro....

He retomado "llantos y rabietas" por lo menos para sentirme acompañada en esta historia y también estoy buscando más información sobre el llanto, los celos y los 3/4 años. Desde luego también he vuelto a contar hasta 10, hasta 20... y hasta cien. Me supera, claro que sí!! pero cada vez que estoy a punto de perder la calma recuerdo aquella frase que tantas veces me ha ayudado: Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.* Aplicable a todo y siempre, a que sí?


(* Atribuida a R. Stevenson, autor de la gran obra, El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde que tanto me gusta y que es un gran manual sobre la conducta humana)

La viñeta, de google...

sábado, 3 de octubre de 2009

Fiesta de nacimiento

Para quienes estilan hacer un bautizo la "primera fiesta" del bebé y familia suele ser esa. Para quienes no lo hacemos, es un poco difícil ponerle nombre a la reunión de "presentación en sociedad" del pequeñín que ha nacido. Así que me referiré a este día como "La fiesta de nacimiento".

Realmente, de lo que se trata, es de una pequeña excusa para contar al mundo lo felices que estamos todos con la llegada del piojín; lo orgullosos que están los papás, lo ilusion
ados que están los abuelos. Que peleamos todos un poco por tenerlo en brazos, por arrullarlo, por oler su olorcito a bebé y darle doscientos besitos.

Os lo cuento: Este fin de semana mi hermano y mi cuñada han festejado la llegada al mundo de más pequeño de la familia. Para esta ocasión, además de ponerse guapísimos, se han esmerado en hacer todo tipo de tapas, tartaletas y comiditas en miniatura... cientos y cientos de ellas (todo hecho en casa.... tan rico!) y una sabrosa tarta de chocolate como postre.

Como invitados han estado las matronas: Juanjo y María. También Marce, compañera de Juanjo. Algunas amigas del mundo del parto, otras del mundo canguro, otras del mundo mamá: éramos el lado "hipi-guay". En la sección "solteros y otros amigos", otros tantos chicos acapararon la mesa de las comidas y nadie les movió de allí en toda la noche. Muy buen sitio, desde luego.
También estaba la sección "doctores y ramas anexas" en las que se ubicaron mis padres, los médicos jefes de mi cuñada y otras tantas personas del mundo sanitario. Podrían parecer los más serios, pero eran los que más bromas hacían. Éramos un grupo diverso y divertido y sólo hubo silencio cuando los papás festejadores anunciaron a todos que iban a discursear:

Con toda emoción, dieron las gracias por la presencia y nos explicaron que su ilusión era poder reunir a toda la gente importante en sus vidas para poder presentar al bebé y contarle algún día cómo fue la fiesta de su nacimiento. Para mi es una felicidad ser parte de ese grupo selecto.

Festejamos hasta altas horas de la noche. Los niños -hijos de todos- corrían como locos de un lado a otro y finalmente abrimos los regalos, como si fuera navidad. Fue una hermosa fiesta y cuando sea mayor se la contaremos y le enseñaremos las fotos del día en el que le dijimos: ¡¡Bienvenido al mundo!!

En la foto: Luciano, bello durmiente.

El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...