viernes, 23 de diciembre de 2011

Nacer por cesárea


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Voy a tomar prestado el título del libro de mi querida Ibone Olza, para contar el nacimiento de dos niños queridos y el acompañamiento en la cesárea de su mamá, Dakota.
Conocí a Dakota cuando como todo buen perro verde que se precie, me encontraba en la búsqueda de otros perros verdes como yo.  Entonces tenía muy clara mi filosofía de crianza y maternidad, pero fue Dakota la que me presentó, “oficialmente”, el primer grupo de gente que conocí con ideas parecidas en Madrid.
De aquello han pasado ya muchos años… y nuestra amistad se ha hecho sólida y fuerte. He sido testigo de su búsqueda, del camino recorrido, de cada triunfo y de la pena  inmensa ante los fracasos. Por eso, cuando me propuso acompañar el nacimiento de sus pequeños, Martín y Aitana, le abracé emocionada. Es muy difícil entender lo que significa este nacimiento, si antes no se conoce la historia que hay detrás y todo lo que ha costado la llegada de estos niños al mundo.
El antes
Durante el último tercio de su embarazo tuvo cierta presión para planificar una cesárea. Le daban muchos motivos; ninguno causa real para sacar de su nido a los pichones. Todavía no entiendo por qué ese apuro y ese miedo.
Cuando le diagnosticaron colestasis*, tenían los motivos. Una noche antes, pregunté a un ginecólogo de mi absoluta confianza que era esto y luego de que me lo explicó y de entender en qué casos podía ser necesaria una intervención (casi nunca…) me quedé con la sensación de que sería una cesárea innecesaria. Cuando Dakota me contó que en su informe de entrada al hospital lo que ponía era “sospecha de colestasis”, las mías –mis sospechas- se confirmaron.
Entiendo que como madres, ante un pronóstico adverso,  hagamos lo que tengamos que hacer para procurar el bienestar de nuestros hijos. Es lógico que lo hagamos. Lo que no logro entender es el afán por asustar de aquellos que nos atienden y especialmente, el valerse del miedo para intervenir innecesariamente.
El día “D”, muy tempranito, nos encontramos en el hospital. Dakota y yo ya habíamos estado allí antes juntas, en otra situación muy diferente… Fue inevitable recordarlo…sin embargo, esta vez estábamos allí esperando vida , emocionadas ante el acontecimiento. Estuvimos un rato hablando a los bebés. Su madre, su tía y yo, llenando a Dakota de mimos. Una red de mujeres apoyándole y dando ánimos. Y también su hermano, ocupándose de todo lo logístico. ¡Qué gran familia!
En un momento me tocó coger la cámara y la tía Puri, una señora rubia encantadora, se puso a cantar a los bebés mientras acariciaba la barriga de Dakota. Mi emoción se desbordaba mientras grababa en vídeo aquel momento tan íntimo.
¡¡Todo listo!! ¡¡Nos vamos!!
Quirófano. El azul y el verde impera. Son gentiles y educados. Dakota y yo bromeamos sobre lo guapo que es el anestesista…  un chico joven, residente, que fue extremadamente cuidadoso y siguiendo las indicaciones de su jefa, se encargó de administrar la poción encargada de dormir a Dakota de cintura para abajo.
¿Atamos? Pregunta el residente.
Y yo, lo más dulcemente que puedo- pero no hará falta… además que necesita su brazo para poder coger a los bebés…
La jefa: Bueno, pues no atamos ¿Pero que sepas que atamos a todas las señoras, eh? Como te van a dar a los bebés te dejamos libre.
Una mujer a la que van a hacer una cesárea está, literalmente, crucificada. En otro contexto, parecería un sacrificio. Pies atados, madre inmóvil, brazos en cruz… atados por correas. Una cortina nos hace invisible el escenario. La diferencia es que en esta operación nacen los hijitos y se está despierta. Estar sola en un momento así, atada de esta manera tiene que ser terrible. A mí me han “dejado” pasar. Privilegio que sólo puede tenerse en una cesárea programada y sólo en este hospital. No entiendo porque no se hace siempre, si es que el acompañante está en un ladito que no molesta, que no interrumpe. Si un acompañante puede aportar tanto a la madre con su presencia.
Yo miro reojillo lo que va pasando. Acaricio la cabeza de Dakota. Le cojo la mano y le hablo un poco. De fondo se escucha a Rosa Zaragoza y es como si estuviéramos las dos solas y en otra habitación los demás. Dakota está en un estado de semi inconsciencia. Casi como si fuera a dormirse… pero habla.
Sacan a Martín. Lleno de energía, con un color perfecto, lleno de grasita y su olor de recién nacido. Se me escapan las lágrimas. Le ponen encima del pecho de su madre. Piel con trapo… “que se va a enfriar”. Intento sacar el trapo que les separa. Ya están piel con piel, tapaditos y juntos. Dakota le habla, le susurra y le abraza. Le llena de besos. Son las 12:22 es un gordito delicioso.
Pasan 3 minutos. Llega Aitana. La coge una enfermera que sentencia: Este bebé tiene un poquito de distress**. Nos lo llevamos. Alguien le dice que se lo enseñe a la madre. “Dale un beso que se va con nosotras”. Un poquito de distress… nadie explicó a Dakota lo que significaba. Se lo dije. Nos dicen que será sólo un momento.
Con Martín en el pecho, los obstetras están a lo suyo, hablan de sus cosas. Veo la herida, no es muy grande. Ha sido lo que yo pienso que es una cesárea educada, pero todavía está lejos de ser una cesárea respetada. Las enfermeras están repitiendo a coro “mimame mamá, mimame mamá” de la Rumba de las madres. Cantan. Preguntan mucho por la música y nos parece curioso.
Entonces viene alguien que revisa a Martín en el pecho de su madre.  Un poco ruda maneja al bebé toscamente y  le dice a otra, les ves? Le ves? Y dice que tienen que llevárselo. Dakota escucha cianótico, pero el niño se ve bien y yo no lo escucho.  Un poquito más allá le pregunto a la enfermera qué pasa y ella me dice que nada, que todo está bien. Es que nos lo tenemos que llevar a revisar; enseguida os traemos a los dos. Entonces la médica (¿? nunca se presenta…) me dice que está todo bien, pero que no puede estar aquí porque el bebé se enfría. Y yo insisto, ¿pero hacéis método canguro no? Y ella: ¡Pero es que son dos! Yo en mis trece: sí, uno puede coger la madre y otro yo… Te he dicho que no. No insistas. No se puede. Esta vez ya de malas maneras.
Nos quedamos sin bebés unos 20 minutos. Luego traen a Aitana y nos dicen que al otro se lo quedan porque nació con distress. Yo: No, era la niña de la que dijeron eso. “pues habrán cambiado”, me contesta la enfermera. Le han quitado toda la capa de grasita con la que nació y está brillando de lo limpia que está. No puedo imaginar cómo tuvieron que frotar para dejarla tan limpia… eso me entristece.
La separación innecesaria en un Hospital IHAN y NIDCAP
Llevan a REA a Dakota.
Estuvimos hablando y admirando a Aitana unas dos horas. Durante ese tiempo fui varias veces a neonatos a ver qué pasaba que no traían a Martín. Primero me dijeron que había cambio de turno y que serían las enfermeras del siguiente turno las que devolverían al bebé en cuanto entrasen. Pregunté insistentemente si el niño estaba bien y siempre me contestaron que sí. Me dieron la orden de cambiarme de ropa (hasta ese momento seguía con el pijama del quirófano y mi presencia era imperceptible) y de que rellenara unos papeles súper importantes de afiliación. Que lo hiciera de forma inmediata. Como en teoría era súper importante, fui… y tardé. Faltaban datos que no habían puesto, la firma de los médicos que atendieron, etc., etc. Cuando volví lo primero que pasó fue que el médico de turno en REA me preguntó que por qué me había ido. Que no podía dejar a Dakota sola y que no era en lo absoluto urgente ni que me cambiase de ropa y mucho menos que rellene ningún papel. Me di cuenta de que en neonatos querían simplemente mantenerme ocupada. En los papeles figuraba que era Aitana la bebé que estaba en Nenonatos, y Martín con su mamá... exactamente al revés.
A la tercera vez, ya en el siguiente turno de enfermeras me dijeron: ¿Por qué no traes al otro bebé para hacerle la revisión por el pediatra? Mientras, te vas a comer y en 15 minutos cuando vuelvas, ya recoges a los dos…. Muy obediente, llevé a Aitana a neonatos, y le dije a Dakota cual era la situación. Mentí: Le dije que me dijeron 20/25 minutos  para darnos un poco de tiempo.  Ella se quedó sola mientras tanto y las dos nos despedimos con la esperanza de que al volver, tendría a sus dos bebés con ella.
Pero no fue así. Cuando volví, fui primero a neonatos donde no quisieron darme a los bebés. Volví junto a Dakota y le dije que tardarían un poquito más, un poquito más… Y así durante tantos poquitos que la madre empezó a estar intranquila y pensaba que había pasado algo.
Pero en realidad no pasaba nada. Los niños estaban perfectamente. No los devolvían porque no había un pediatra por allí… y cuando lo hubo y volví por enésima vez a neonatos a llevarme a los niños, prácticamente me echaron. Eran las ya 5 de la tarde y los bebés habían nacido antes de las 12:30.  Le pregunté a la pediatra qué pasaba, que porqué si los niños estaban bien, no se los daban ya a su mamá. Cuestiones burocráticas… Me dijo que estaba ella sola, que no daba abasto y que era lo que había.
-          ¿Sabes? –le dije- Esta mujer ha elegido este hospital porque tenéis un protocolo de no separación, de hacer piel con piel y método canguro. Sus bebés han nacido hace cinco horas y siguen aquí. Separados.
-          Pues si discutimos menos, tardamos menos.

Encuentro
Durante el tiempo que estuvieron en neonatos no dejaron pasar al hermanito de 5 años, que esperaba ansioso poder ver a los bebés. Como yo tenía que pasar por el mismo sitio en el que el hermano mayor esperaba, me detuve 5 segundos para que pueda darles un besito. Nueva reprimenda de la enfermera acompañante. Era sólo un beso…
Finalmente los bebés fueron reunidos con su mamá y fueron instalados en la habitación. En ella esperaba la familia: feliz y emocionada. La Tía Puri me dijo algo que fue muy especial en lo que no había caído. “hoy recé también por aquellos padres que han hecho este milagro posible”: Sin lugar a dudas, fue un gran acto de generosidad.
Llenaron de besos a Dakota y antes de irme pude ver aquel cuadro -tan esperado- en primera fila. Mi amiga, por fin, con sus tres soles. Iluminándolo todo.

En el largo camino a casa tuve tiempo para pensar en miles de cosas; en aquello que no salió como esperábamos, en aquello que dije y en lo que pude haber dicho y hecho por ella. Me quedó la sensación agridulce de haber sido “engañada” por simples destellos dorados: Esos galardones que ostenta ya este hospital y que me parecieron gato por liebre.
Pero tuve tiempo para más. Sobre todo, tiempo para pensar en lo valiente y perseverante que ha sido mi amiga. Tiempo para dar gracias a la vida por ser testigo de este milagro y a Dakota por haberme ofrecido el privilegio de acompañarla... para ver una y otra vez las fotos de esos pequeños luceros….
Mis ojos se nublan de nuevo. ¡¡LO HA LOGRADO!!




Contado por ella: 


* Colestasis:
es cuando la excreción de la bilis (del hígado) se interrumpe. Puede ser  grave cuando los índices de bilirrubina son tan altos que la madre se tiñe de amarillo, siendo visible a simple vista. Normalmente, en otros países no es una indicación de cesárea, salvo en casos extremos. En los demás casos el tratamiento suele reducirse a aliviar el picor, síntoma característico. 

** Distress: Dificultad respiratoria que suelen tener los bebés cuando son inmaduros o son extraídos antes de tiempo del útero materno. En todo recién nacido con dificultad respiratoria se indica una radiografía de tórax y gasometría arterial.





7 comentarios:

V dijo...

Hace un par de años recuerdo hablar con una amiga que trabaja de enfermera en el 12 de octubre, cuando comenzaron los cambios.
Ella no estaba siempre en maternidad pero si le tocaba de vez en cuando. Recuerdo que nos comentaba que estaban teniendo muchos problemas, porque se querían hacer muchas cosas de manera diferente pero que el hospital no estaba preparado logísticamente para ello y se creaban problemas nuevos, que siempre estaban chocando los de la "teoria" y los que luego tenían que poner los protocolos en práctica, porque no se podía hacer, o había factores que los teóricos no tenían en cuenta; nos puso un ejemplo, sobre la no separación. No podían tener una familia completa, con un bebe recién nacido piel con piel etc, al lado de una familia rota que acababa de perder a su bebé. Ambas partes necesitan intimidad. Hacían falta mas salas, mas ambientes distintos, donde una familia recién nacida feliz pudiera estar junta y otra que viviese un duelo no viera bebes y familias felices por todas partes, pero es lo que había.
Creo que esta historia es algo similar, Buenos deseos, buenas teorías, pero poca gente, pocos recursos, poca formación y poco control. El 12 ha estirado demasiado la goma para obtener este IHAN, han ido demasiado deprisa, y no están listos.

Sofía dijo...

Creo que muchos de los errores contados en esta historia no dependen de más salas, más personal, más medios... sino de más educación, respeto, formación y voluntad de hacer bien su trabajo.
No está justificado en ningún caso que se confundieran de bebé, ni que estuvieran separados de su madre sin un motivo real.
Ni las reprimendas, olvidos, malos modos...
¡Y hablar de otra manera es gratis!
Enhorabuena a Dakota y a su acompañante

María José dijo...

Desde Luego mi enhorabuena a Dakota y a los pequeños, sobre todo por estar ya en casa lejos de ese hospital.
Clau, esto que voy a poner tienes toda la libertad de moderarlo como mejor creas, pero siento en el alma que en el nombre de las cosas bonitas y maravillosas se siga mintiendo, haciendo daño y actuando de manera irrespetuosa, de la misma manera prepotente en que nos trataron a mi hijo y a mí hace seis años y de la misma manera agresiva medio encubierta en que hacen lo que les viene en gana a unos pocos en nombre de una razón ilógica y que constaté trabajando allí a los dos años de nacer mi hijo.
No es cuestión de sitio espacial ni de dinero ni de nada mas que de simple humanidad, ganas de actuar y acción.
Yo he pasado por allí, primero como usuaria y después como profesional hasta trasladarme a mi puesto actual mas cerca de casa, sé lo que he sufrido en ambos casos y sé que he actuado como persona y mi recuerdo de mi grano de arena es el mejor, agradezco a las personas que trabajan humanamente, espero que se prodiguen mas.

Clau707 dijo...

Queridas:
Yo también siento que no están listo para estos galardones. Que les quedan grandes y que todavía no están preparados para ofrecerlo. Pero creo, y en eso coincido con María José, que no se trata de una cuestión de infraestructura, de medios logísticos, económicos o parecidos... sino una simple cuestión de humanidad y saber ser profesional. De tener verdadera vocación. Para eso, no hay papel que pueda obligar a los profesionales a sentir su trabajo como algo querido... así que falta mucho para poder hablar de verdaderos cambios.

Nuria dijo...

Hola Clau,lo primero gracias por cantarnos todo...de estos relatos se aprende mucho y se previenen ,uchas situaciones...

yo tampoco creo que el 12 esté preparado, pude comprobarlo cuando nació mi ahijada y montaron una innecesaria separación absoluta de ambos padres de 6 días. En aquellos momentos Dakota nos brindó todo su apoyo y sus "redes".
Un besito...ahora se les ve preciosos, eso sí...

Gemma y la manada dijo...

Menudo relato....me parece una historia emocionante y si me pongo en tu piel me altero de inmediato! Me he planteado formarme como Doula y sé que aún necesito tiempo, tiempo para poder respirar hondo y acompañar a la madre sin perder los estribos ante semejante falta querer hacer bien las cosas. En una situación no comparable pero del estilo en que quise ayudar a mejor amiga con su lactancia porque nadie lo estaba haciendo acabé peleándome con la enfermera de turno y odiando a todos los que irrumpian constantemente por la puerta no dejando que las cosas tomaran su rumbo natural. Queda aún tanto por hacer!! Felicidades por tu capacidad de acompañamiento y a Dakota por sus dos tesoros.

Maria dijo...

Hace unos días me hicieron una versión externa en el 12. En general, bastante bien. Después de pelearme con todos los médicos de mi centro de referencia y soportar que me llamaran mala madre, me planté en urgencias con el volante que me habían dado en mi tocólogo para que me programaran una cesárea y le pregunté a la gine que me atendió si no me podría hacer la versión. Me miró todos los informes y me programó la maniobra para 4 días después. Ahora mi peque está cabecita abajo y nos hemos librado de una cesárea. Solo podría poner como pega, que antes de llevarme a quirófano, llena de vías y medicación, me puse un poco nerviosa (creo que justificádamente) y se lo dije a la enfermera, que me espetó, "Pues no deberías estar nerviosa, esto te lo haces porque quieres". Afortunadamente, mi marido estaba allí para contestarle que por eso tenía más mérito. Creo que los cambios en los hospitales empiezan por la actitud de los profesionales. Si todo va bien no hacen falta tantos aparatejos ni batas verdes. El problema es que muchas veces el personal no está de acuerdo con estos cambios porque para ellos es más engorroso, y ya sabemos que estamos en una era en la que todo tiene que ir rapidísimo, incluso nacer.

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