lunes, 6 de junio de 2016

Soy una radical...

Una mujer, por querer, puede querer lo que le de la gana. 
En cambio, el sanitario está obligado a conocer y ofrecer la mejor praxis posible. ¿Son estas dos cosas compatibles? 

A raíz de una pregunta que me hizo mi amiga Candy, me declaro formalmente RADICAL. 



Pregunta: 

Tú que eres una gran activista por la mejora de la atención al parto y defensora de la lactancia materna ¿Notas que haya habido una mejora sustancial en los últimos tiempos en estos ámbitos? ¿Hay más mujeres que quieran disfrutar de un parto sin intervenciones y de dar el pecho a sus bebés? ¿Está realmente mejorando la atención sanitaria?

Creo que son dos cosas diferentes. Yo me considero una activista y una radical del acompañamiento. No soy quien para decidir lo que para cada mujer-bebé sea mejor. Voy allí donde la mujer quiera ir. Incluso si quiere no dar la teta o desea una cesárea programada.

No fue siempre así. Yo antes pensaba que informarse lo era todo. Que tener un buen parto dependía de la información que tenías y cuán poderosa te sentías. Que ninguna lactancia podía frustrarse si tenías a mano los “recursos correctos”, la información “correcta”. Pero recibí una lección de humildad en mis carnes y hoy puedo decir que no existe “lo correcto” por sí mismo. Y que detrás de una frase como “no voy a dar la teta” o “a mí que me duerman” pueden existir miles de cosas y no es mi tarea juzgarlas. No creo en opciones. Creo en contextos.

¿Es la información una garantía de no sufrir maltrato en el parto? Absolutamente NO. En estos años he aprendido que nada es blanco o negro. Y una mujer puede informarse o no y sigue teniendo derecho a un parto digno y una maternidad feliz. No es posible que tengamos que hacer un máster en partos para conseguir lo aceptable, lo que debería ser la atención normal en cualquier paritorio. Y hacerlo, no nos garantiza nada tampoco. 

En cambio, a lo que la atención sanitaria se refiere, soy inflexible y drástica. El personal de salud tiene la OBLIGACIÓN de estar actualizado. Solo hay dos formas de atender un parto: bien y mal.  Si se atiende a las mujeres con la ciencia en la mano, con más facilidad se verán buenos resultados. Si, por el contrario, se atiende con creencia, sin actualizarse, se desinforma, se acomodan los horarios y las circunstancias a lo que se crea/considere mejor según si es viernes o festivo… seguiremos teniendo los números que tenemos en cuanto a calidad asistencial en parto y posparto. 

No considero que exista mala fe por parte del sanitario (soy hija de ginecólogo y pediatra… no tiraré piedras en ese tejado),  lo que creo que pasa es que se ha perdido la fe en la madre y el niño. Que se han aprendido tantas formas de “curar” lo que pueda pasar, que se olvida lo esencial del proceso. Y claro que hay que intervenir cuando sea necesario. Para salvar vidas, no para ponerlas en riesgo.


Cuando hablo de una buena atención, no me refiero solo a partos normales sino, y especialmente, a partos en los que se necesite intervención. Son esos casos en los que se necesita incluso una mayor empatía, un mayor cuidado de la diada. No solo queremos partos educados. Queremos partos libres, respetuosos. Incluso en una cesárea, todo puede cambiar si se cambia de modelo. No hace falta tener la última moda en infraestructura. Es solo cuestión de integrar que se atiende a personas.

En cuanto a la lactancia, aunque es verdad que en estos tiempos se está trabajando para cambiar los modelos de atención, realmente se ofrece poco apoyo ante las dificultades. Se aplaude y pone de ejemplo a la madre que da el pecho (un acto casi milagroso, teniendo en cuenta la escasa o nula formación de lactancia en la mayoría de profesionales) y se presiona a la que tiene problemas para que dé la teta porque es “lo mejor”. Pero no se le aporta ayuda, ni se hace seguimiento, ni se va a su casa a ver cómo se maneja, si hay algo que mejorar, si necesita ayuda logística, qué tipo de entorno familiar/social tiene, si tiene acceso a información fiable, ni se le apoya en su posparto de ninguna manera.

La mayoría de las lactancias frustradas tienen que ver con ese abandono y la falta de criterio de quienes las atienden en los CAPS. Formación deficiente y de “visitador médico”…  A Entre Mamás llegan madres que al mínimo dolor les han recetado probióticos sin observar una toma, sin verificar ningún otro dato. O incluso madres con bebés que claramente necesitan ser alimentados a cuyas madres se les ha dicho que “sigan con el pecho como hasta ahora” y la toma es deficiente y el peso del bebé es alarmante. Así que realmente creo que si vamos a hablar de lactancia y prevención en los Centros de Salud, o se toma en serio la formación profesional y se obliga a pediatras, matronas, enfermería pediátrica y ginecólogos a tener una cualificación IBCLC (consultora internacional en lactancia) o se contrata IBCLCs y que en ese terreno no entren los demás profesionales. Creo que es prioritario y urgente una consulta específica de lactancia y puericultura en todos los centros de salud.



¿Qué se necesita para disfrutar de la maternidad? 

Convertirse en madre no es la experiencia dulce y bucólica que se ve en películas y revistas. Es un camino complejo y de gran crisis vital. Nadie nos prepara para eso. Es un tornado que lo pone todo del revés y nos deja asombradas y con la emoción a flor de piel. Y claro que puede ser placentero.

Insisto en que la clave está en el apoyo que tenemos y en el que se nos debería ofrecer desde todos los ámbitos. Si fuese más fácil ser madre en lo logístico, seguro que sería más agradable la experiencia… Pero ahora, hasta salir a la calle es una odisea. La ciudad no está hecha para madres. Los bebés molestan en todos los sitios, nos callan en los autobuses, en las reuniones prohíben su entrada. Estamos recluidas a parques de bolas.

Si la sociedad entendiera que ser madre no es ser ciudadano de segunda, que cuidar de la maternidad y la infancia es cuidar el mundo en el que vivimos, si ofreciéramos más y mejores recursos para vivir la maternidad plenamente, sin renunciar a nada… si existiesen más espacios de acompañamiento, si se apoyase a las madres en sus decisiones sin presión y sin juzgar…

Eso es el cambio.


1 comentario:

Isabel Irabela dijo...

Muchas gracias, Claudia. La prueba de que hay que cambiar todavía tantas cosas es que muchas de las que queremos un parto respetado y una lactancia con asesoramiento profesional nos buscamos las castañas fuera del sistema, con partos en casa y grupos de lactancia independientes.
El sistema sanitario público me da que sigue siendo una lotería, por muy moderno y "alternativo" que sea el hospital.
De todas maneras, yo veo mucho más respeto y consciencia de 7 años para acá... Ya puedes portear sin que te vayan mirando caras embobadas por la calle. Ya muchas más mamás buscan parto respetado..
Es mi sensación, más bien desde fuera, porque parí hace ya 4 años la última vez... Un abrazo

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