domingo, 15 de noviembre de 2009

Llega el amor

Ay el amor, el amor...

Recuerdo el amor de la adolescencia con mucha ternura. Se ama intensamente. Y acaso, nunca más se siente esa ansiedad que retumba en el corazón al “verle desde lejos”, al esperar una llamada, darse el primer beso. Se ama con inocencia, se espera todo, se da todo...
Después del primer amor y especialmente, de las primeras lágrimas del desamor... cambian muchas cosas en nuestra forma de ver la vida. Nos hacemos un poco mayores; a veces, maduramos y todo.

El primer amor es doloroso. Especialmente porque no suele ser el último. Se sienten mariposas cuando es correspondido y cristales rotos cuando no lo es. Todas las canciones de amor están escritas para ti cuando se ama. Pero cuando todo acaba, parece que en la radio sólo ponen canciones tristes.

Hablo del primer amor; no del noviete de un día... del rollo de vacaciones. Hablo de la primera vez que los sentimientos se apoderan de la razón y los días se hacen cortos si está él y eternos, si no está.

Lo estoy viviendo de cerca. Casi lo siento en mi alma. Y no es por estar yo enamorada -que también- sino porque... se adivina? Ufff... casi ni me salen las palabras. Me cuesta escribirlas:

Mi Pioja, ama.

Qué verbo tan difícil y tan sencillo a la vez. Veo todo desde un palco, intentado ser discreta y prudente. Sólo pregunto si veo el camino llano, y agradezco mucho que ella confía en mi y me lo cuenta (¿todo?).
La veo ilusionada y feliz. Me aterra. Me dan miedo miles de cosas; supongo que las típicas cosas que dan miedo a las mamás de adolescentes. No quiero ni decirlo en alto, por si acaso...
Está enamorada. Ayyyy. Papá Conejo, mudo. Y yo, por lo menos suspiro aliviada de saber que es un niño como ella, que conozco a sus padres, que tiene permiso hasta la misma hora y que vive en nuestro barrio. No sé cómo hubiera reaccionado si hubiese sido un chico cuatro años mayor, con moto y mucha vida detrás... admiro a mi madre cuando le tocó y temo que un día, ese día llegue.
Escucho la música en la habitación de mi Pioja, ajena a lo que escribo. Ajena a mis pensamientos y a mis temores. Sonríe cuando pregunto; a veces soy su cómplice. A veces no… y sólo escucho risitas, murmullos.

Recuerdo mi primer amor, mi primer desengaño; las cartas eternas y las lágrimas sinceras. Era entonces una niña y me sentía una mujer. No tenía miedo de nada; creía que mi madre exageraba.
Hoy exagero yo, es parte de la vida…

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Enamorada la pioja!!!! MAdre mía, cómo pasa el tiempo!!!!!
Ánimo!!
Un beso
Luisa

Anónimo dijo...

Queremos protegerlos de todo, pero no se puede, tienen que tener su espacio, con alegrías y dolor, también. Eso es la vida, estar ahí en la sombra para salir a la luz siempre que te necesiten.
un abrazo
Marta.
P.D: gracias por contestar a mis emails, como te he dicho, sigo tu blog.

Kish dijo...

Sinceramente me dejas sin palabras, no se que decir, simplemente me quedo pensando en que podrá pasar, estará bien o estará mal que sea tan temprano!!!

Marcela dijo...

Clau como pasa el tiempo como nuestros niños poco a poco se hacen hombres y mujeres..y es cierto el primer amor siempre nos deja una "huella" lo interesante es la suerte que tienen las personas que abrazan la "huella" de su primer amor y pueden darle un beso de buenas noches.
Espero todo este bien para ti y tus nenas suerte con Vale.
Marcela

LuLú dijo...

Me has hecho llorar!! Me da vértigo mamita!

Ay Piojita! Qué Dios te bendiga!

Un beso Clau.

sonia dijo...

Mucho ánimo para llevar esta situación con mucho amor y dignidad de madre... Me imagino el torbellino de sensaciones y el miedo que sentirás. Tarde o temprano tenía que llegar. Espero que tu hija sea muy. muy feliz con ese chico.

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