miércoles, 3 de marzo de 2010

Congreso en Las Palmas

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo.
De hecho, son los únicos que lo han logrado”.

Margaret Mead


Alrededor de 1450 personas, de 34 países diferentes nos reunimos en la ciudad de Las Palmas este último fin de semana. Un poco de caos pero especialmente un cálido ambiente de fiesta fue el factor común en estos maravillosos 4 días. La temperatura, ideal. Nunca llegaron las tormentas anunciadas (o por lo menos, no las vi) y fue tanto así, que el viernes por la noche, tenía a mi acompañante de siempre- La Pioja Mayor- metida en el mar junto a otras amiguitas.

Estuve en ponencias muy buenas. Otras... menos. Y alguna de la que salí huyendo. Pero es mi apreciación personal, porque hubo gente que huyó de aquellas en las que yo me sentí como pez en el agua. En ponencias y talleres, se reunieron los grandes nombres del parto y la salud primal: Michel Odent, Sheila Kitzinger, Carlos González, Anthony Costello, Mario Merialdi, Marie Claire Busnel, Kertin Uvnas-Moberg, José Mª Paricio, María Jesús Blázquez, Luis Ruiz, Isabel Fernández del Castillo, Isabel Aler.... seguro me dejo a varios.

Faltó la voz de las mujeres. De las usuarias. Hubo mucha técnica, mucha ciencia de vanguardia... pero pocas emociones y poco descubrir que detrás de cada nacimiento hay una historia que contar. Protagonistas eran todos, menos quienes de verdad se convierten en madres o los hijos que han nacido. Tal vez por eso, muchas mujeres fueron "echadas" con sus hijos fuera de las salas; primero de forma discreta y luego abiertamente. Allí no cabían. Algo muy extraño en un Congreso en el que se habla de tratar con respeto a mujeres y niños.  

Desde mi punto de vista, la mejor intervención fue la de Anthony Costello, que contó de qué manera los grupos de madres, las reuniones entre iguales, estaban logrando bajar los índices de mortalidad materna, los de mortalidad perinatal y neonatal y especialmente los de depresión postparto. El estudio sale en Lancet en marzo. No sé cómo fue la traducción (bastante mala en general), pero luego ningún medio de comunicación dio a conocer con exactitud el mensaje y pusieron cosas como "la mejora en la información baja los índices de mortalidad". Y ese no era el mensaje real.

Me encantó S. Kitzinger y su personalidad tan guerrera a pesar de los años. Fue emocionante conocerla y darle dos besos. Es una mujer que desprende energía.
Lo mejor fue poder ver, reconocer, besar, abrazar a todas aquellas caras queridas que llegaron al encuentro. Ver a sus hijos, reír, comer, charlar hasta lo interminable.

Alguien me dijo que era bastante irresponsable sacar a la niña del cole para llevarla a un congreso. No es la primera vez -desde luego, no será la última-  que me acompaña en estos andares. Me gusta llevarla y creo que disfruta de la libertad de sentirse entre gente querida, de conversar con mis amigas, de participar en las actividades para "grandes".  Dudo de que en 4 días de cole -tal vez ni siquiera en 4 años- pudiese aprender todo lo que estos viajes le aportan. Mi Pioja asiste en calidad de "hijita" pero alguna azafata nos puso pegas al entrar (está tan mayor!); finalmente entra y escucha. Comenta las idas y venidas, las conferencias, se autocuestiona y me pregunta. ¿Por qué hay una tela en la cesárea? ¿Entonces cómo va a ver nacer a su hijo? Me gustan tus amigas, mami. Qué dulce es Lucy. Qué divertida es Marta. He cuidado mucho a Anna... Ángela me ha dicho que me queda muy bien el bebé. Las hijas de Isabel son estupendas, me caen genial.
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Las cosas cambian, lentamente. Nuestra generación todavía contempla asombrada (y la anterior, a veces indignada) de qué forma luchamos por nuestro derecho al buen parir. En muchas ocasiones, pierdo la esperanza y siento que todo esto es arar en el mar; que nuestra lucha es apenas nada y que nuestras voces casi no se oyen.  Pero de repente escucho a Michel Odent dando las gracias a las mujeres por ser el motor del cambio. Escucho a Costello decir que las charlas entre mujeres son el bálsamo que repara las heridas y salva personas.  Escucho a Rosa Zaragoza cantar su rumba de las madres y a la gente bailar y cantar con ella.

Con el rabillo del ojo, veo a mi hija llorar emocionada. Siento que ya es parte de todo esto. Que su generación lo tendrá más fácil... que parirá como una diosa. Me mira y se seca las lágrimas. Sonríe y comenta bajito: "Es que me ha tocado lo que han dicho". Mi amor de madre se desborda cuando me dice: ¿Sabes mamá? quiero me traigas siempre.

3 comentarios:

nohemi dijo...

Tu "pioja mayor" no sabe la suerte que tiene de que su madre la lelve a "estos sitios"... sin duda el cambo empieza por enseñar a las futuras generaciones de muejres que podemos recuperar lo nuestro... y a nuestros hijos varones... a qe comprendan el poder de lo femenino y lo miren y admiren sin intentar interferir...
Gracias Claudia... me encantó verte de nuevo y abrazarte...
Te mando la foto con Sheyla Kitzinger para que la publiques si quieres..

GLORIA dijo...

Ay,por Dios que me has hecho llorar. La verdad es que para estar tan cerquita de Las Palmas me fué imposible asistir. Me alegra que la "pioja" lo disfrute tanto. Estoy segura de el camino que estás andando ahora con ella será el que la guíe cuando sera mayor y envidio en cierta manera todo lo que le estas transmitiendo. Sin duda será toda una DIOSA......
Saludos

Los Müller-Canos dijo...

Ay, Claudia, aqui me tienes llorando, emocionada. y recuerdo a tu hija. compartimos un taller sentadas juntas, ella con mi Anna- nuestra Anna- en brazos. Luego se ofreció cambiarla, que maja. Se le notaba como iba absorbiendo todo lo que escuchaba. que envidia, si solo mi madre me hubiera llevado a sitios como este...es lo mejor que podemos hacer, enseñar a nuestras hijas e hijos que la maternidad se puede disfrutar, alejarles de la mentalidad tan retorcida que se tiene a veces sobre este tema. un abrazo, Angela

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