domingo, 7 de junio de 2009

Día mundial de los derechos del nacimiento

Se nace una vez. Debería ser un día hermoso.

Y sin embargo son pocos los relatos de partos respetados que escucho... y escucho muchos. Las mamás que llegan buscando apoyo a su lactancia, generalmente tienen muchas ganas de llorar, sienten que no hay vínculo real entre ellas y sus hijos, que "no saben qué hacer" una vez que llegan a casa. Les duele el cuerpo, el alma... y no saben la causa de su tristeza.

Sí. Por un lado es el puerperio... pero por otro, es que tienen una historia detrás. Un nacimiento "forzoso", intervenido, apurado. Mujeres que no sabían si el que entraba en la habitación era médico, enfermero, celador o curioso. A las que se les ha hecho una serie interminable de tactos, maniobras extrañas, lavativas inútiles y rasurados en aras de la ciencia y con la excusa de la inmediatez, de la saturación de hospitales, del puente nacional, del peligro inminente que supone el que el hijo salga solo, a que así se ha hecho toda la vida y no vamos a cambiar ahora, a la necesidad de controlar, al desconocimiento, a la prisa.
Son historias de agujas e intervención que acaban "felizmente": con el hijo fuera y la mujer convertida en madre. Nos nacen a los hijos.

Por eso es que un soplo de aire fresco siempre viene bien. Este fin de semana, gracias a la organización del Proyecto Terra Mater y su creadora, Isabel Fernández del Castillo, he tenido la oportunidad de asistir al curso impartido por Michel Odent, LA VIDA FETAL, EL NACIMIENTO Y LA SALUD.

Ha sido un curso intenso y enriquecedor desde todos los puntos de vista, enmarcado en la celebración del día mundial de los derechos del nacimiento. He disfrutado mucho con su exposición, brillante y sencilla; su humor agudo y su extraordinario sentido común. Hay cosas que nos las explican una y mil veces y sin embargo no cuelan; escucharlas de boca de Michel Odent es escuchar su experiencia. He tomado apuntes de todo lo que he podido, incluidos sus suspiros y chistes. A quien le interese, una vez que tenga todo en papel, puedo pasarle un resumen.

Este curso ha sido además un sitio de reencuentros bonitos porque coincidí con mi antigua matrona del CAP de Argüelles, Carmen Matey. Fue una alegría volver a verla y contarle cómo me ha ido en estos años.

También he disfrutado especialmente de este fin de semana porque me senté escoltada por dos mujeres en estado de buena esperanza: por mi querida cuñada Alejandra, hermosa con sus 7 meses y pico de embarazo y por Doña Polilla: la incansable y expresiva Paula que está a punto caramelo: 38 semanas.
Para mí gozar de la compañía de estas mujeres en un curso como éste, es la señal de que las cosas pueden ser diferentes. Mujeres que parirán a su primer hijo en libertad, con la máxima atención y respeto (sin casualidades) y que abren camino para las que vengan después. Os admiro y os quiero chicas.


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