sábado, 4 de julio de 2009

No news, good news

De vez en cuando reviso mi registro de mamás (apunto a cada mamá con la que hablo y llevo un pequeño registro de su problema y contexto) y me acuerdo de cada una de ellas.

Me gustan especialmente las puérparas, de corazón frágil y lágrima suelta... son mujeres en todo el sentido de la palabra: con las hormonas revueltas, recién paridas y conversas. Es tan difícil esa primera etapa: hermosa y demoledora. Se nos caen los esquemas y todo lo idealizado. Reconstruir, duele.

Por eso volver a hablar con ellas después de meses, verlas felices, escucharlas seguras y totalmente madres, me reconforta.

Suelen pasar meses desde que hablamos por última vez hasta que vuelvo a tener noticias suyas. No news, good news. Si no hay noticias, es que todo va bien.

Cuando vienen a casa, se suelen ir esperanzadas y animadas. No hago nada especial... una pequeña técnica, un ligero cambio de postura... a veces sólo hay que escuchar y dejar que esa madre llore largamente.

Vuelve a llamar, volvemos a hablar. Vuelvo a escuchar. Viene y se va. Y de repente el silencio de meses....

Entonces recibo un correo, un mensajito al móvil, una notita metida en un libro que presté, una foto, una carta... son notitas que guardo con cariño.

Generalmente todos los mensajes empiezan: Soy fulanita... no sé si te acuerdas de mí. Y por supuesto que me acuerdo. Cada mamá es especial y única, como el bebé que es suyo.

Y a continuación escriben cosas como ésta:

Quiero contarte que mi bebé ya pronto hará un año (cómo pasa el tiempo!!!) y que aún seguimos disfrutando ambos de muchos momentos mágicos gracias a la lactancia.
Y, por otro, quiero aprovechar la ocasión para volver a agradecerte lo mucho que me ayudaste y lo apoyada que me sentí en aquel momento... (...) Conocerte fue todo un regalo.

Y entonces lloro de emoción, porque de verdad, la agradecida soy yo. Gracias por enseñarme a comprender el alma femenina y dejarme caminar a vuestro lado en un momento tan importante. A entender mis propias sombras. A estrenar con vosotros esa maternidad y dejarme compartir ese dulce momento. No soy yo, sino vosotras, las que lo conseguís.

Gracias porque cada mamá que acompaño es un pequeño paso para entender mejor a la siguiente. Cada problema es único y me ayuda a ayudar mejor. A comprenderme mejor a mí misma y sanar mis propias heridas. Conoceros es un regalo.

3 comentarios:

sonia dijo...

Sigo tu blog desde hace algún tiempo, me encanta ller tus pensamientos. Me reconfortan mucho asi que no me extraña que en persona ofrezcas una ayuda tan valiosa. En el puerperio fui lo que comentas, una mujer a merced de sus hormonas y sus miedos pero con un corazón que rebosaba amor por aquella cosita que acababa de nacer... Un año después sigo teniendo ese mismo amor o incluso mayor. Me alegra saber que hay mujeres tan generosas como tú para compartir penas y poder salir fortalecidas en todo momento gracias a esa ayuda. Eres un buen ejemplo!!

Mundo de Ariadna dijo...

que preciosidad de reflexion!!que maravilla sentirse asi y hacer que otras familias se sientan asi!
gracias

Sheila dijo...

Hola Clau, admirable tu generosidad; el acompañar a otras mujeres durante el puerperio es algo que debería nacer de aquellas que ha hemos transitado ese camino; te cuento que he tratado de hacerlo con mis amigas, aunque a veces siento que me estoy entrometiendo??, no sé me gustaría recibir más consejos tuyos sobre este tema. Besos desde Bolivia

El amor maternal

Parece increíble que sea preciso recordar de dónde venimos y cuáles son nuestras necesidades básicas. Que algo tan sencillo como nacer a lo...