jueves, 25 de febrero de 2021

Quince

 


A las 16:05 nacía. Se la llevaron corriendo porque no respiraba, no tenía tono. La vi dos segundos; fugaz, como un pez en la pescadería: gris y flácida. No nos dejaron tomar fotos, literalmente: “por si acaso”. Por si acaso qué? Pensé que estaba muerta y esa sensación no se me olvidará nunca. La intubaron… lloró.  Entonces el alma también volvió a mi cuerpo y ya no solté más a mi hija.

Podría hablar de lo difícil que fue el postparto, la lactancia complicada, la soledad que sentí… pero echando la vista atrás, quince años después, me doy cuenta de que no cambiaría ni una coma de esta historia.

Aquellos tiempos oscuros dejaron un sol brillante. Sofía, maravillosa Sofía. Y todo lo bueno que ella trajo. Romperme. Reconstruirme. Ofrecer lo que sé. El activismo. Las hermosas y grandes amistades que a lo largo de estos años han surgido. Entremamás.

Sofía, sabiduría. Me dijo con tres años que ella no era un bichito de luz sino una persona. Soy una madre terrible… lo sé. Pero seguro sería peor si ella no hubiera nacido así, si todo esto no hubiera pasado. Porque ella despertó en mí la consciencia, la solidaridad con otras madres, el amor por la infancia.

Brindo por mi hija hermosa: Mi mediana. Mi niña arcoíris.  La adolescente que todos quisieran tener en su casa. Llena de luz, de energía. Creativa, amante de las cosas bonitas, excelente alumna y compañera. Amada hermana, sobrina y nieta. Querida por todos, siempre. Quien la conoce sabe que no miento.  Es un tesoro tenerla; un placer abrazarla, aunque sea ya más alta que yo.  Buena como un pan.

Brindo por ti hijita. Por cómo cambiaste mi vida. Por todo lo que nos has dado a tantas: Porque Entremamás existe. Felices Quince años y Gracias. Te amo.

jueves, 30 de julio de 2020

Sin maquillaje




Como profesional de la comunicación en salud (dedicada a la salud pública, la maternidad y la infancia) una de mis especializaciones es el análisis del mensaje. Tengo absolutamente clara la importancia del lenguaje y de la imagen y por ello considero primordial saber usar ambas cosas para transmitir lo que deseamos.  Es innegable que los medios de comunicación y las diferentes redes usan de forma estratégica (vender, siempre vender) sus impactos visuales para condicionar nuestro cerebro, para endosarnos su producto. Es lo suyo. Para eso trabajan y gastan miles de euros.  Obviamente ponen en valor un tipo de ser humano, un tipo de mujer, de hombre, de cuerpo. Se idealizan las acciones, se proyectan ilusiones. Nos enseñan la hamburguesa más deliciosa, el viaje más espectacular. 

Hace 50 años quizá todas estas prácticas eran un secreto. A estas alturas de la vida, cuando incluso en nuestros móviles y fotos son posibles los filtros y las ediciones…. pensar que alguien puede creer en esas “realidades” es como mínimo ingenuo.

Vender no tiene “principios éticos”. Ahora por ejemplo podemos ver un montón de campañas con “cuerpos reales”, “diversidad” y otras memeces. Nos venden “maternidades reales” como panes.   Incluso muchos –intervencionistas- centros de atención privada al parto se han subido a ese carro y nos ofrecen “parto natural”, “afectivo”, “humanizado” … es solo maquillaje. 

El sistema está hecho para consumir y que quieras siempre más y mejor. Se apela al placer y a la perfección; pero ya tenemos armas para desenmascarar estas quimeras y elegir con la cabeza. Se puede tener una mirada crítica hacia esta sociedad hedonista y vivir en ella igualmente sin deprimirnos por no llegar a los estándares de plástico.

Pero es una responsabilidad personal no mirarnos en los espejos ajenos y buscar ayuda terapéutica cuando nuestros ideales personales se parecen a los de la tele. Algo va mal.  No es solo culpa de los contenidos que consumimos sino mucho más profundo: cómo hemos sido criadas las personas, los valores que nos han rodeado mientras crecíamos, traumas y situaciones particulares. Amarnos a nosotros mismos es una asignatura que todos deberíamos trabajar.

Pilar Rubio parió hace unos días y me he cansado de ver críticas a esa primera imagen compartida. Cuando esta mujer sale preciosa en su foto de posparto y se le ataca por “perpetuar” esa imagen de perfección, nos equivocamos de sujeto de crítica. No es la madre, recién parida e igual de vulnerable que otras, la que debe ser objeto de mención. Querer salir guapa no es motivo para pedir perdón... y si el sistema nos molesta podemos hacer mucho desde lo individual para cambiarlo; hagámoslo en silencio. Lo demás es igual de postureo.  

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Quince

  A las 16:05 nacía. Se la llevaron corriendo porque no respiraba, no tenía tono. La vi dos segundos; fugaz, como un pez en la pescadería: g...